Viernes, 14 de Diciembre de 2018
Última actualización: 07:58 CET
REPRESIÓN

Interrogado por más de dos horas el director del Centro de Estudios Convivencia

Dagoberto Valdés. (CONVIVENCIA)

Dagoberto Valdés Hernández, director del Centro de Estudios Convivencia (CEC) con sede en Pinar del Río, fue sometido a un nuevo interrogatorio por la Seguridad del Estado el pasado domingo tras un viaje a EEUU.

"Mi cita de hoy, 27 de agosto de 2018, fue con el Mayor Joaquín y el Capitán José, ambos de la Seguridad del Estado, en la oficina de Inmigración de Pinar del Río y duró dos horas", escribió Valdés Hernández en su Perfil de Facebook.

Según Valdés Hernández, las preguntas de los agentes de la policía política "giraron" alrededor de su participación en la conferencia anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE) que se celebró recientemente en Miami.

También fue interrogado sobre el proceso de investigación abierto a Rosalía Viñas, miembro del Consejo de Convivencia y esposa del hijo de Valdés Hernández.

El director del centro de estudios independiente describió el nuevo interrogatorio como parte del continuo "hostigamiento al proyecto Convivencia".

A finales de septiembre del año pasado, la economista Karina Gálvez, miembro del equipo de Convivencia, fue condenada a tres años de privación de libertad. En abril Convivencia condenó todo el proceso alrededor de la economista y consideró que "formaba parte del hostigamiento continuado y creciente" contra su equipo. Frecuentemente los integrantes del proyecto son citados por la Seguridad del Estado y amenazados por sus actividades.

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Estas acciones deliberadas de interrogar, despojar y encarcelar a miembros del Centro de Estudios Convivencia son equivalentes a tortura, parte de un proceso de exterminio tal y como lo demuestra Daniel Goldhagen, y tienen que terminar inmediatamente.                                                                                                                                                        La "normalización" del terror deshumaniza tanto al torturador como a la víctima; desensibiliza al guardia para aminorar los efectos de realizar actos repugnantes y "acostumbra" al ciudadano a la obediencia que en el futuro facilita el exterminio de grupos humanos enteros.                                                                                                                                                    Hacia el exterior, la "normalización" funciona como parte de la "diplomacia de rehenes" en la que el castigo público de los rehenes pretende acallar a los críticos de Castro y estimular una conducta dócil y estéril de "diplomacia callada". Por ejemplo, me gustaría ver a los intelectuales y académicos que colaboran en libertad con Convivencia hacer público su rechazo a la tortura en las mismas páginas donde aparece la noticia.                                                                                                                                                                                                      Soren Triff, Bristol, Rhode Island

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