Sábado, 15 de Diciembre de 2018
Última actualización: 16:11 CET
Poesía

La fiesta

(WESTWING)

 

Levantaron la compuerta del baúl

y salimos arando hacia el fondo del cielo.

Carreras, equilibrios y verticales-puente

en ámbitos que se levantaban y caían

a nuestro paso, según nuestra voluntad:

galerías con arcos y columnas,

infinitos gimnasios con pisos de madera,

tinglados ásperos con reverberaciones,

y así...

 

Figuras finas y flexibles, fuimos, en esa tela inmensa

donde el mayor esfuerzo del pintor había estado en la luz:

llegar al tipo exacto de luz con el óleo

y de paso atrapar la blandura del aire;

el punto exacto, en óleo, de esa consistencia.

 

A los grandes los volvimos a ver

dos o tres veces a lo largo del día.

Por el momento no eran más que una idea

o varios pares de sombras demarcantes:

esto es centro, esto es suburbio y lo del medio es no-terreno,

sin saber que tragábamos aire casi ilegalmente

de y en cada una de esas franjas

siempre a punto de pasar a ser otros.

 

Todo cambió cuando corrieron el toldo con la noche.

 

Sin la velocidad de los espacios abiertos

nos subsumimos en zonas apretadas,

pozos a compartir con las luciérnagas.

 

Tanta luciérnaga en los ojos,

tanta humedad y reflejos estelares

—como el confeti o el rocío de sal,

o ese humo abrillantado de las grandes explosiones—

funden los cinco sentidos en un sexto.

Pispeamos desde ahí a nuestros padres en sombras:

y resultó que se habían puesto a administrar

una fluida intimidad en la que cada recoveco

servía de altarcito para un símbolo.

 

Tierna es la noche, parece, nos dijimos.

O qué nos podemos haber dicho.

 

Salvo que sí, hay una subcorriente

nocturna, como en cualquier día de playa

bajo la sólida costa, por las venas iodadas

transcurre lo decapitado en general.

 


Laura Wittner nació en Buenos Aires en 1967. Sus libros más recientes de poemas son La tomadora de café (Vox, Bahía Blanca, 2005), Lluvias (Bajo la luna, Buenos Aires, 2009) y Balbuceos en una misma dirección (Gog y Magog, Buenos Aires, 2011), al cual pertenece este poema. Ha traducido a Charles Tomlinson, James Schuyler, Charles Reznifkoff y Keneth Rexroth, entre otros.