Sábado, 21 de Julio de 2018
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Música

La música del enemigo

The Beatles. (EL PERIODICO)

En un parque de La Habana se celebró el pasado 1 de junio un concierto al aire libre para conmemorar el cincuentenario del lanzamiento del álbum Seargent Pepper's Lonely Hearts Club Band de The Beatles. No recuerdo quién acuñó la idea de que si Kafka hubiera nacido en Cuba, hoy sería considerado un escritor costumbrista. Creo que se la oí por primera vez a un condiscípulo mío del Preuniversitario de Marianao, José Ramón Solsona, al que todos apodábamos El Gordo, por razones que no vienen a cuento. Con su peculiar sentido del humor, El Gordo Solsona coleccionaba frases políticamente incorrectas y anécdotas absurdas. Fue el primero de nuestro grupo que aplicó al sistema castrista la definición de un mundo donde todo lo que no estaba prohibido era obligatorio.

Cuando leí esta noticia del homenaje extemporáneo a The Beatles pensé inmediatamente en mi amigo, que falleció en EEUU hace dos años. Al Gordo Solsona le hubiera encantado esta noticia. Porque nada resume mejor el disparate cotidiano de esa isla, donde la vida parece discurrir en una dimensión ajena al tiempo y paralela a la realidad del mundo exterior.

Una de las causas de ese anacronismo constitutivo de la sociedad cubana, es el afán del Gobierno por controlar los gustos y las expresiones culturales de la población. Tras los fracasos sucesivos de la ingeniería social en todos los experimentos marxistas del planeta, los gendarmes cubanos deberían de conocer ya la diferencia que hay entre el perrito de Pávlov, que salivaba cuando sonaba el timbre aunque no hubiera piltrafa a la vista, y cualquier rockero —adolescente o no— del millón que fue a aplaudir a The Rolling Stones el año pasado.

Sin embargo, el principio del reflejo condicionado con espoleta retardada sigue inspirando las decisiones de los comisarios culturales del régimen. Y como el otro principio inspirador parece ser el de la necesidad histórica (dicho de otro modo, todo lo que no es obligatorio está prohibido), la vida espontánea y la cultura real se retuercen entre las dos pinzas de ese alicate, en busca de un poco de verdad, que es el oxígeno del que ambas se alimentan.

¿Cuántos cubanos se enteraron en 1967 de la existencia del Seargent Pepper's Lonely Hearts Club Band? Muy pocos y menos aún escucharon el disco. Algunos jóvenes de entonces que no teníamos miedo al sambenito de "diversionismo ideológico" que las autoridades les colgaban a los amantes del rock conseguimos el álbum y lo copiamos en placas de vinilo o cintas magnetofónicas para compartirlo con los amigos. (El sambenito era peligroso, porque solía tener consecuencias desagradables sobre la carrera universitaria, el puesto de trabajo y la atención adicional que el Comité de Defensa de la Revolución del barrio les prestaba a los sospechosos habituales).

Otros alcanzaron a oír canciones sueltas, en los espacios musicales de emisoras del sur de EEUU que se escuchaban en La Habana, ya fueran de Nueva Orleans, Miami, Atlanta o la celebérrima KAAY de Little Rock ("Fifthy thousand watts of music power: K-Double-A-Y, from Little Rock, Arkansas") que por las noches nos regalaba tres horas de música underground, en el inolvidable programa "Beaker Street" que presentaba Clyde Clifford.

Esos escasos aficionados al rock, el rhythm and blues, y más tarde al underground y la sicodelia musical, éramos los que el régimen denostaba con calificativos como "muchachitos del filin", "enfermitos", "pepillos de Miramar y El Vedado", "desviados", "antisociales" y otros piropos. Los demás —la inmensa y aplastante mayoría, supongo— eran buenos compañeritos revolucionarios, que bailaban casino con la orquesta Aragón en La Tropical, vestían correctamente, no llevaban melena y estaban, más o menos, en una categoría social que ellos mismos denominaban "la guapería". Nosotros, en revancha, les llamábamos "los cheos".

La familia de mi novia de entonces tenía una casa muy amplia no lejos del cine Metropolitan. Allí nos reuníamos de vez en cuando a escuchar "la música del enemigo", como la definían los comisarios de la época. El Gordo, otros amigos y yo, que hablábamos inglés y nos interesábamos seriamente por la música contemporánea, tratábamos incluso de descifrar y reproducir las letras y las sonoridades de las canciones que más nos gustaban.  

El Sgt. Pepper’s..., que llegó a nuestras manos en 1967, no fue para nosotros una sorpresa. Fue simplemente la culminación de una espléndida trayectoria que había comenzado con dos discos también memorables: Rubber Soul (1965) y Revolver (1966). Una mezcla de innovaciones armónicas y efectos sonoros de una extraordinaria capacidad expresiva, que superaban y empequeñecían a los demás conjuntos de la época. Era una música cada vez menos bailable y más experimental (que por eso no gustó a algunos que añoraban los ritmos de carrusel característicos de los años iniciales de la beatlemanía), donde reverberaban letras surrealistas, instrumentos orientales, disonancias y efectos acústicos hasta entonces inéditos en la esfera del rock y el pop.

Aquello no era diversionismo, era creatividad, imaginación, talento, pirotecnia sonora, diversión pura. Pero en algo tenían razón los comisarios: era una música transgresora, libertaria, profundamente amenazadora para la anquilosada y aburrida ideología de "la revolución", que para entonces ya era un dogal de acero soviético que asfixiaba nuestra juventud.

Toda esa experimentación desembocó meses después en la maravilla del Sgt. Pepper's..., el álbum de todos los récords, la materia de los sueños hecha realidad musical. Era lo nunca oído en el ámbito de la música juvenil y popular: la sicodelia y la imaginación elevadas a la enésima potencia de experimentación sonora. Hoy está considerado por los críticos como el álbum más acabado e influyente de todos los tiempos (Rubber Soul y Revolver también figuran entre los diez mejores en casi todas las listas). Entre 1965 y 1967 The Beatles alcanzaron el cenit de calidad artística que les garantizaría la inmortalidad farandulera y quizá algo más. Fueron los años de mi adolescencia y la de miles de mis coetáneos, cuando descubrimos los límites de la jaula y unos pocos empezamos a rompernos la cabeza contra los barrotes.

Los carceleros de antaño son ahora comisarios-gerentes de conmemoraciones kafkianas, en las que ensalzan lo que entonces ignoraban y trataban de aplastar. Son los mismos —o casi— que en los años 60 y 70 impusieron una especie de nacionalismo musical arbitrario y reduccionista. Como si la música cubana no hubiera importado ritmos de África, melodías de España y armonías de Francia hasta constituirse en lo que llegó a ser y no hubiese luego influido a su vez en el jazz, el rock y tantas otras corrientes "extranjeras".

La burda manipulación actual no cambia en nada la memoria de quienes en esos años vivimos y disfrutamos realmente de "la música del enemigo", a pesar de la censura y las represalias que el régimen aplicó durante largo tiempo. Toda la innovación musical angloamericana de la época —de Lou Reed and The Velvet Underground a los Iron Butterfly— forma parte de nuestra memoria como vivencias auténticas, no como la falsa evocación interesada y anacrónica que ahora perpetran en La Habana, hecha de consignas rancias, estatuas kitsch en los parques y conciertos patrocinados por el gobierno.

Los comisarios de entonces nunca comprendieron por qué el caballo Henry bailaba el vals y Lucy aparecía en el cielo ataviada con diamantes. Los de ahora tampoco lo entienden, pero aplauden obedientes cuando el jefe chasquea los dedos —como solía decir el Gordo Solsona— y hasta tratan de pronunciar correctamente ese galimatías de Seargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band, talismán musical de nuestra adolescencia.


A José R. Solsona, in memoriam

15 comentarios

Imagen de Anónimo

Yo fuí elegido primer Diversionista Ideológico de mi escuela "Batalla del Jigüe", debían haberme entregado un Certificado, tan solo por escuchar la WQAM, inventar una antena Yagi para ver todos (a escondidas) The Midnight Special y...... "me echaron pa'lante".......Diversionista de catorce añitos.......Pero, en los 70's se disfrutaba de aquellas fiestas de Río Cristal y Rincón Criollo, con Sesiones Ocultas y El Conde, Los Tempu con El Abuelo, Almas Vertiginosas, la Guerrila de Aristide en San Antonio, fué la era de La Cochambre, todos rodeados de policias, sabiendo que aquello era perseguido nos alentaba a sentirnos más yumas, más gusanos y "a mucha honra".........Inmundo García.

Imagen de Anónimo

Alguien menciono mas arriba al legendario PERUANO que era el que conducia el programa "Ritmo" que luego le agregaban "66" , o "67" , etcetera de acuerdo al an`o que transcurria y su nombre era Juan Peyrano (con "y' griega en el medio) a este Sr (magnifico conducto,  mas bien  EXCELENTE! ) tuve la oportunidad de cartearme con el par de veces (sorpresa estando en CUBA , creo que la SEGURIDAD DEL ESTADO nunca CHEQUEO las cartas POR ERROR) en mi epoca juvenil en mi natal Santiago de Cuba. Para el comienzo del milenio (los 2000) lei un articulo en la pagina de la BBC el cual hablaba del retiro de este BRILLANTE Y EXCEPCIONAL Peruano que emigro` muy joven de su natal pais a ejercer el periodismo en Londres, lei su e-mail y le escribi` y para sorpresa MIA , me contesto el Sr. con una nota muy afable, amable, y placentera (caracteristica intrinseca) de este profesional de la radio que ejercio por muchos an`os en el SERVICIO LATINOAMERICANO de la BBC de Londres, esto me trajo recuerdos, satisfaccion y sobre todo NOSTALGIA de mi epoca de adolescente cubano que escuchaba y disfrutaba la musica mas genuina, creativa y excepcional de la epoca , y de paso disfrutrar todos los Sabados de la musica de estos GENIOS que se llamaron The Beatles o como le llamabamos todos los que hablabamos el idioma castellano en el mundo; "Los Beatles".Beatles FOREVER !. Como nota agregare` que el SR. Peyrano, los conocia y los veia personalmente en los estudios de la BBC ocasionalmente, ya que lo menciono` en alguna ocasion. Yo poseo en cassette una edicion de canciones grabadas en la BBC por ellos en "vivo", EXCELENTE ya que tiene una coleccion de "covers" que ellos hacian en su epoca de Hamburg, o The Cavern, que son ejecuciones BRILLANTISIMAS !. En fin muy buen articulo y Saludos !. Gracias,..., Rudy

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Por favor soy de los 60,quiera ver algun video o foto de" Los alma's vertiginosa",obseciones ocultas,sonido x,los pumas,los taxon,genesis,la guerrilla del donyAlgunos concertos terminaban a Palo limpio por parte de Ramiro valdez

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Un compañero de clase tenía placas de distintos grupos musicales, por supuesto que lo invitaban a cuanta fiesta había. Para llevarlos por la calle los metía en sobres de otros LP, como la Orquesta Aragón o Pacho y sus bocucos. Fue una época difícil para los jóvenes que gustábamos de la música "del enemigo". A mí siempre me ha gustado Beny Moré y Lino Borges, pero también me gustaban Los Beatles, Los Rolling y otros grupos más que haría la lista interminable, sólo una mente enferma como la del difunto cenicero podía ver en esa clase de música algo malo. Muchas veces he pensado que la mayoría de las prohibiciones eran sólo por el simple hecho de j... al personal.

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Estimado Miguel:Muchas gracias por el comentario tan bien definido en el espacio y el TIempo.Yo vivía en Camagüey, algo mas lejos pero oíamos y grabábamos las canciones en AM de la antigua WQAM. Algunos amigos que estudiábamos electrónica hicimos un sintonizador de banda ancha sin condensador variable, sintonizábamos con las 4 bobinas, aquello nos permitía recibir las notas de audio mas y sobre todo en las mañanas que no tenían tanta interferencia. Fueron tiempos duros, también grabábamos las placas de aluminio y vinil allí debajo del pabellón Cuba en La Habana. Todo difícil, pero era la manera de seguir al rock y alejarnos del odioso "Pello el afrokán"

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Excelente articulo.. Mi memoria vuelve a los años 60 cuando escondidos en una casa escuchabamos todos, TODOS los discos de LOS BEATLES, pues teniamos un amigo marino mercante que en cada viaje que daba , nos traia  esos excelentes discos de oro. Con las glorias se olvidan las memorias.. Yo nunca olvidaré..

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Wow!! Qué buen artículo. Yo también vivía por el Metropolitan y al lado de mi edificio había una casa adonde se mudaron un par de hermanos "pepillos". Y allí por primera vez oí a The Beatles, con el álbum Rubber Soul y luego el resto de todos los discos de ese grupo que siempre llegaban a esa casa. Luego en la secundaria Enrique Maza me uní a otro grupo de pepillos, cuyo padre era piloto de aviación y les traía siempre lo último: Led Zeppelin, Chicago, Black Sabbath... Y por las tardes comentábamos las canciones que habiamos oído en la KAAY, en aquel mítico programa de Beaker Street que se transmitía desde la medianoche hasta las 3 de la madrugada. Y los días de Halloween, nadie se lo perdía porque ponían las canciones más sicodélicas, misteriosas y terroríficas que uno se podía imaginar.... A pesar de toda la represión, siempre nos las arreglábamos para jugarle cabeza a las autoridades y oír clandestinamente lo que nos daba la gana. Creo que mi "disidencia" empezó por esa época. Qué jodido me tenian aquellas prohibiciones tan estúpidas.

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 Excelente artículo, Miguel.  Yo también vivía por el Metropolitan y asistí a la institución docente cerca del Obelisco en la época que era dirigida por insigne “Boniato”. Gracias a un amigo que tenía un vecino cuya madre era diplomática y le traía cositas de “fuera”, pude deleitarme a mis anchas con el Sgt. Pepper, además del Let It Be, el Abbey Road y LPs de otros artistas, entre ellos Iron Butterfly.  ¡Cuánto disfrutaba aquella música del enemigo, a pesar de que salía de la bocinita de 4 pulgadas de mi tocadiscos monofónico de los años 50!   Por la igualmente monofónica bocina de mi radio Philco de la misma década, entraban los sonidos diversionistas de The Guess Who, con su épico “Friend of Mine” --que jamás volví a escuchar ni siquiera después de haber venido a las entrañas del monstruo en el 80—y tantas otras versiones largas de canciones que solo se podían escuchar en Beaker Street. Recuerdo también haber escuchado en Beaker Street la versión en vivo de “No Quarter” de Led Zeppelin, que siempre preferí a la de estudio. Gracias mil, Clyde Clifford y Casey Kasem, por rescatarnos de la cheada suprema de Eva Rodriguez y Juntos a las Nueve con Clara y Mario 

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Y gracias, John, George, Paul and Ringo.

Imagen de Anónimo

El mejor articulo que se ha publicado en Diario de Cuba en muchisimo tiempo. 

Imagen de Anónimo

¿Alguien que no fuese yo tendría un voluminoso radio viejo de bandas y bombillas que tosía el mismo menú de  proteínas musicales los fines de semana (creo q los sábados por la noche) por la BBC de Londres mediante la voz en español del animador Juan Peirano, no recuerdo si peruano?

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