Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Historia

Alejo Carpentier y Pérez-Jiménez en la misma foto

En el grupo que avanza por la caminería, el único que mira al fotógrafo es Alejo Carpentier, escritor cubano entonces residenciado en Venezuela. Y lo mira con gesto tenso, prevenido. "Era un hombre cauto hasta la cobardía y desconfiado hasta la soledad", diría de él Guillermo Cabrera Infante. Tiene razones para estar incómodo. Sus comercios con Pérez Jiménez van a ser recordados por sus detractores con mucha frecuencia en el futuro, como queda sugerido en la citada descripción.

Esta fotografía, de la colección del Archivo Fotografía Urbana, fue tomada, seguramente el 29 de noviembre de 1954, cuando se instaló el Primer Festival de Música Latinoamericana de Caracas.

La Concha Acústica

Vamos a detenernos un momento en el lugar donde fue captada la imagen. Se trata de la Concha Acústica de Bello Monte, que había sido estrenada unos meses antes, un 19 de marzo, tras haber sido construida en apenas 45 días; y, por cierto, decorada con murales, relieves y policromía en los arcos de las gradas, hechos por Alejandro Otero. La inauguración se hizo con un concierto cuya primera parte fue dirigida por el maestro Vicente Emilio Sojo, al frente de la Orquesta Sinfónica Venezuela, con obras de los músicos coloniales venezolanos Lamas y Caro de Boessi; y la segunda parte estuvo a cargo del maestro alemán Wilhelm Fürtwangler, quien condujo obras de Haendel, Strauss y Wagner, para júbilo de sus admiradores, quienes estaban deslumbrados por la presencia en Caracas de uno de los directores más destacados de su tiempo.

El promotor del desarrollo urbanístico de Colinas de Bello Monte había sido Inocente Palacios, a quien vemos en el extremo derecho de la foto. "Interesado siempre en las artes", dice el arquitecto y ensayista Enrique Larrañaga. "Entiendo que Palacios concebía Colinas de Bello Monte como una suerte de Parnaso. De hecho, en esa 'Colina de la Cultura' iría el museo que proyectó Niemeyer (la pirámide invertida, que no se llegó a construir) y la Concha Acústica, que sí se construyó, con diseño de Julio Volante, especialista en acústica. Y aunque el anfiteatro se financió con dinero de Palacios, Pérez Jiménez supo sacarle buen provecho, promoviendo actividades culturales de tipo musical en esa realidad esquizofrénica que celebraba por igual las innovaciones de Inocente Carreño y las Semanas de la Patria".

Una de las manifestaciones de esa realidad esquizofrénica a la que alude Larrañaga fueron los Festivales Latinoamericanos de Música de Caracas, de los que se hicieron tres: 1954-1957-1966, dos de ellos en tiempos de Pérez Jiménez.

Alejo Carpentier en buena compañía

El instante que congela la foto es la salida de Pérez Jiménez del escenario de la Concha Acústica. Ya el Primer Festival Latinoamericano de Música ha quedado inaugurado y el dictador abandona el recinto un paso delante de su séquito, que se compone de la siguiente manera: en el extremo izquierdo, caminando por la grada, un hombre cuya identidad desconocemos. Aunque recuerda a Carlos Raúl Villanueva, su hija Paulina Villanueva niega que lo sea. "Ese no creo que sea mi papá, no con ese traje y esa corbata. Tiene un gran parecido, eso sí".

Lo sigue, de izquierda a derecha, Alejo Carpentier (Lausana, 26 de diciembre de 1904–París, 24 de abril de 1980). Según expone Miguel Astor, en su tesis doctoral Los ojos de Sojo. El conflicto entre Nacionalismo y Modernidad en los Festivales de Música de Caracas 1954-1966, el Festival Latinoamericano de Música fue organizado por la Institución José Ángel Lamas, integrada por Inocente Palacios, Enrique de Los Ríos y Pedro Antonio Ríos Reyna. Alejo Carpentier fungió como secretario.

Alejo Carpentier, quien no solo había nacido fuera de Cuba sino que se había pasado la mayor parte de su vida fuera de la Isla, llegó a Venezuela en 1945 y aquí estuvo hasta 1958.

En el capítulo dedicado al autor de El reino de este mundo, en su libro Vidas para leerlas, Guillermo Cabrera Infante escribe: "Por esa época Carpentier debió adoptar también la nacionalidad venezolana, ya que vivía, trabajaba y escribía en Caracas. Inclusive su editor americano lo daba, en una de sus solapas, como venezolano. No es extraño porque era en Venezuela codueño de una firma publicitaria, además de jerarca cultural, que no había podido serlo nunca en Cuba, y sus actividades se extendían hasta organizarle eventos artísticos al dictador Cerdito Pérez. No volvió a ser tan importante hasta que se hizo acólito de Fidel Castro en los años 60, primero como consejero cultural, luego de director de la Imprenta Nacional ('el zar del libro', lo apodó un periodista en fuga) y finalmente fue enviado oficial a Francia hasta que murió en París".

Quizá no llegara a ser copropietario de Ars Publicidad, de cuyo Departamento de Radio era director, pero no hay duda de que tenía una posición de influencia. Era, por lo demás, una situación muy habitual para Carpentier, quien en Venezuela tuvo gran aprecio y fue objeto de notables deferencias. El legendario periodista Arístides Bastidas publicó en El Nacional, por esos días de finales de 1954, que cuando Alejo Carpentier visitó la flamante Concha Acústica en compañía de su segunda esposa, Lilia Esteban Hierro, ella comentó: "¡Qué magníficos festivales de música se harían aquí!".

Y reseñó el maestro Bastidas: "Estas palabras fueron simiente arrojada sobre tierra fresca. Alejo dijo: '¿No podría ser eso posible?'. E Inocente [Palacios] terció: '¿Quién ha dicho que no?'. Así, aparentemente como una casualidad, como una ocurrencia fortuita, parece haber surgido la idea de hacer unos festivales de música latinoamericana en Caracas".

Miguel Astor, por su parte, prefiere creer "que Palacios y Carpentier ya tenían la idea en mente, como un proyecto posible, cuando aparentemente sin ningún estímulo se plantearon la necesidad de construir una estructura como la Concha Acústica de Bello Monte, destinada no solo a servir de sede a la Orquesta Sinfónica Venezuela, sino como recinto para la difusión de las artes en general".

Ese Primer Festival, que se realizaría entre el 22 de noviembre y el 7 de diciembre de 1954, tuvo un enorme impacto y muy profusa cobertura de prensa. El propio Carpentier se aplicó con gran diligencia a la crítica de las obras presentadas, en su columna, en El Nacional, llamada "Letra y solfa".

El evento incluyó el Concurso de Composición, que había sido convocado el 25 de agosto de 1953, con bases firmadas por los miembros de la Institución José Ángel Lamas: Palacios, De los Ríos y Ríos Reyna y Alejo Carpentier en calidad de secretario. También le correspondería al cubano pronunciar unas palabras en el acto de clausura.

Llegaron decenas de obras de todo el continente. No era poco el estímulo. Según recuerda Miguel Astor, "los premios eran muy atractivos". Se otorgaría un Gran Premio "José Ángel Lamas" de 10.000 dólares y dos premios llamados respectivamente "Juan José Landaeta" y "Caro de Boesi" de 5.000 dólares cada uno. "Pocas veces en la historia de la música venezolana un concurso de composición ha ofrecido una remuneración de este tipo al ganador". Entre los estrenos se contaron dos clásicos de la cultura venezolana: la Suite Margariteña, de Inocente Carreño, y la Cantata Criolla de Antonio Estévez.

Concierto más que barroco

En la época que nos ocupa, Alejo Carpentier gozaba de excelente fama como escritor, musicólogo y hombre de cultura. Tampoco le iba nada mal en sus finanzas. Escribe Cabrera Infante que "Le confió a un amigo cubano que tenía fuertes ahorros de sus días venezolanos en una cuenta numerada de un banco suizo". Y hasta era convidado a integrar los selectos grupitos que rodeaban al dictador, de quien no podía decirse que abundara en curruñas.

Pero estas frecuentaciones le acarrearían también acerbos señalamientos. Escribió el poeta cubano Heberto Padilla: "Cuando lo conocí en La Habana en 1959, venía de Caracas, precedido de la peor reputación política. Los exiliados cubanos destacaban su indiferencia ante la causa revolucionaria, y los venezolanos radicales le reprochaban su colaboración profesional con el dictador Pérez Jiménez, que acababa de ser depuesto".

Carpentier abandonó las mieles venezolanas para darse a las de Cuba, donde se instaló, nada más llegar, en un lujoso apartamento junto a la bahía, en la mejor zona de La Habana. No estaba dispuesto a ceder ni un ápice en su nivel de vida.

"Incluso quienes lo censuraban por su indiferencia hacia los grupos revolucionarios cubanos que radicaban en Venezuela, apenas tuvieron oportunidad de impugnarlo, pues fueron destruidos políticamente, debido a sus posiciones. Alejo no tenía otra que no fuera apoyar al Gobierno, cuya radicalización no parecía perturbarlo", puntualiza Padilla. Y Cabrera Infante, por su parte, hace notar que Carpentier había regresado a Cuba, tras larga estadía en Europa, bajo el gobierno del todavía dictador Batista; y que luego, cuando hubo un gobierno demócrata continuado en Cuba, se largó a Venezuela, donde permaneció incluso cuando llegó al poder Pérez Jiménez, "otro caudillo acogedor": "Carpentier colaboró con un tirano mayor, Fidel Castro, en un juego de simulaciones: Carpentier no era ni nunca había sido revolucionario, Castro no era ni nunca había sido comunista".

Los otros en la foto

El tercero, entre Carpentier y el general Pérez Jiménez, es Enrique de Los Ríos, quién era el tercer miembro de la Comisión de Estudios Musicales. Era violoncelista. Fue integrante y presidente de la Sinfónica Venezuela. Era, como hemos dicho, miembro del equipo organizador del festival.

Luego está Pérez Jiménez, quien al decir de Enrique Larrañaga encabezó una dictadura peculiar: "Quizá por los tiempos y por la influencia de Vallenilla Lanz, puesto que entremezclaba un control férreo y una represión cruel con una cara de modernidad culta y 'aggiornata'. Solo así se explica que mientras se hace la parodia fascista y exagerada de la Academia Militar y Los Próceres/Los Ilustres, se construya también el Aula Magna y se auspicien estos festivales tan refinados".

Un poco detrás de Pérez Jiménez está el teniente coronel Alberto Paoli Chalbaud (Mérida 1912- Caracas, 1982), jefe de la Casa Militar y primo de la primera dama Flor María Chalbaud Cardona.

Y en la punta derecha, Inocente Palacios (Caracas, 1908-1996). Intelectual, músico, político, empresario, mecenas y promotor cultural venezolano. Fundador de la revista literaria Gaceta de América, del Partido Democrático Nacional y de Acción Democrática. Director fundador de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela y del Taller Libre de Artes de Río Chico, estado Miranda.

Epílogo

En 1978, veinte años después de marcharse de Venezuela, Alejo Carpentier terminó de escribir su novela La consagración de la primavera. Allí hay una alusión al tachirense de quien lo separa un metro escaso en esta foto.

Dejamos aquí el párrafo: "Y, cayendo en sus propias redes, Laurent me confesó que él mismo estaba haciendo negocios con Leónidas Trujillo, dictador fanfarrón, empenachado y ridículo, de santo Domingo y el Gómez-Jiménez, o Suárez-Jiménez, o Pérez Jiménez —no se acordaba bien— gnomo castrense, engreído y lardoso que, por obra de cuartelazo, reinaba sobre la inmensa Venezuela. A todas esas gente bastaba —decía Laurent— con pasarle cuantiosas comisiones 'por debajo de la mesa', para amañar licitaciones, obtener concesiones y privilegios, vender grandes cantidades de cualquier cosa… Pero él no sabía que esos personajes a quienes veía como meros histriones vocingleros, pintorescos y megalómanos, fuesen grandes oficiantes del horror…".

 


Este artículo apareció en Pro Davinci. Se reproduce con autorización de la autora.

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Comentarios [ 34 ]

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Si leíste Paradiso, si llegaste hasta el final sin saltarte un párrafo, y encima de eso dices que te gusta, que sí, que es una novela excelente, cima de la literatura, eres genio, cool, chic. Si te la leíste, aunque hayas analizado sopotocientas novelas en varias lenguas y sepas qué es literatura y se te ocurre decir que Paradiso no es novela ni la cabeza de un guajolote, la Brigada de Respuesta Rápida, de verde olivo, brazalete rojonegro, boina estrellada, chillará que eres un inculto, incompetente, vulgar, idiota, ser inferior, pendejo, estúpido, cretino, oligofrénico. Se desgañitará vociferando que no sabes lo que dices, que no estás preparado para entender tal sublimación de obra, porque lo dijeron fulano, zutano, mengano, perencejo. Y, sobre todo, porque ellos sí son los que son. Y nadie ha nacido con coeficiente de inteligencia tan elevado, como ellos, para entender a Lezama.

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Hay un problema y es que defender las preferencias de alguien o de uno mismo, no es comportarse como un dictador. Un dictador impone su voluntad e ideas por la fuerza y la muerte, como Fidel Castro o Adolfo Hitler y aquí muy pocos están imponiendo su criterio de modo análogo a esos elementos. En cuanto a las opiniones en contra de Paradiso, saben que son subjetivas, porque los grandes novelistas del siglo XX han defendido la importancia y calidad de la novela, tanto desde la izquierda como desde la derecha. Y sí, efectivamente el Ulises de Joyce también es de arroba, pero es una gran obra, como lo es Paradiso, que le llevó a Lezama más de 20 años para terminarla. Lezama es difícil, no es un escritor fácil de digerir como no lo fue Góngora tampoco, pero eso no es óbice para negar su calidad. Ya lo dijo Roberto González E. : "Lezama es superior a Carpentier", le guste a quien le guste y le pese a quien le pese.

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Ano. 4:39, ¿donde está el nazicomunismo en que se discuta sin insultos sobre el valor de varios escritores? Da risa eso de "hordas de nazis". ¿Dónde están los insultos, la llamada a acallar o los insultos de los que han opinado aquí? Aprenda que en el mundo libre se discute. 

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A algunos de los que escriben aquí, se les ve la pluma, tienen una buena formación fidelista. Lo son de corazón, como los pioneros de seremos como... Si no estás conmigo, eres gusano. Yo, Fidel Castro, soy el único que tiene la razón. Si no haces lo que yo, si no piensas como yo, eres indigno, inculto, gusano pues, mi enemigo. Tenemos que quitarnos ese nazicomunista que tenemos dentro. Si alguien entiende que Lezama es una mierda, o que Carpentier lo es, se admitiría en una sociedad democrática y libre. Excepto en este foro de cubanos. Parecen hordas de nazis. Aprendan a aceptar el criterio ajeno que ustedes no tienn la última palabra, es el criterio de una persona contra unos ochocientos millones de habitantes que actualmente pueblan la tierra. Una gota de agua. Un grano de arena. Nada. Aprendan a aceptar que todos pensamos diferentes. Que no somos iguales. Fidel Castro borró el individuo. Ya es hora de que aprendamos a que es todo lo contrario y de que, para gusto, colores.

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Anónimo 3 y 51, hizo usted bien en regalar su ejemplar de la primera edición de "Paradiso". Esa novela no es para lectores como usted, evidentemente.

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Leerse Paradiso es una tortura. Eso no es novela ni ocho cuartos. Es un mamotreto de mierda escrito por un hombre culto. Lo demás es esnobismo. Los que la defienden no la han leído. No se lo creo. O lo han hecho como un trabajo no por amor al arte. Yo traté, pero no pude. Alguien me regaló la primera edición que se hizo en La Habana y terminé por darla, pues sabía que jamás la iba a leer. No, me negué a flagelarme. No soy masoquista ni me gusta dármelas de culta.

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Ano. 3.18, si aprender a leer es terminar como tú, que parece estar hablando de pelota cuando hablas de literatura, mejor será no aprender. Lo tuyo es alardear de autores haciéndote primero creer que los demás no lo han leído. Ahora te sacas a Macedonio Fernández como si fuera un desconocido que me vas a presentar, jajajaja. Y luego, que no puede faltar en gente tan elemental como tú, la premiación de la competencia deportiva entre escritores, la del "más grande de los argentinos". ¿De qué showcito de televisión sacaste esas ridícula manera de acercarte a la literatura? 

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Anónimo 10:25 y 10:57 p:m. En primer lugar, en cuanto a EDUCACIÓN, evidencia usted no tener no ya tres doctorados; sino ni una licenciatura o ni un bachelor, por tanto, vamos a respetarnos, que acostumbra usted a descalificar y no, no le voy a contar lo que tengo yo, porque no lo necesito. Por otra parte, el modo que tiene usted de referirse a lo escrito por otras personas evidencia su talante y catadura (desde el anonimato) muy pésimas y no, no soy yo la persona de influjo pioneril que dice; sino que es usted, que para nada tiene 80 años, porque usted es asidua de estos foros y se disfraza como buena espía que es y si no que lo verifique el FBI, porque usted va de sobrada (aparentemente de anciana masculina y doctora ahora) pero no es cierto, que se le ven muchas cosas, aunque trate de disimularlas. Lo diga quién lo diga y ahora lo digo yo, Paradiso es una novela "rompedora" y anticipada a su tiempo (fragmentada, con múltiples líneas narrativas, con poesía, etc.) como las grandes obras literarias; pero lo que hizo Carpentier es todo decimonónico y fuera de época. Con respecto a Montes Huidobro, si tiene usted decencia dígale a la cara en Miami lo que ha dicho aquí; y sí, Labrador Ruíz supera en muchos momentos a Carpentier, como lo hizo Arenas, al que quiso ningunear Carpentier, sin conseguir al final su propósito, por bajo, como usted, por eso lo defiende, porque es de su mismo bando: se arrastran y no no es usted lo que pretende demostrar.

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11:25 pm. Por favor, aprende a leer. Lo que se le dice es que porque otro lo haga, o diga, usted no tiene que hacerlo o decirlo. O, peor, repetirlo. Siento pena por usted, tan seguidor de lo que los otros le ordenan. Imagino que como le gusta Cortázar, todavía estará leyendo "Rayuela" y lo seguirá haciendo hasta el final de sus días según le indica su otredad narrativa. Por otro lado, sepa usted que hay un nombre en Argentina sin el cual ese Cortázar que usted admira, yo también (al narrador, no a su persona/personaje), no hubiera hecho muchas cosas: Macedonio Fernández a quien el más grande de los argentinos reverenciaba. Déjeme darle nombre no vaya a ser que, con las tantas neuronas que usted posee, piense que hablo de Perón, de Evita, de Fangio, Maradona o de aquel a quien le encantaba fusilar por ver la sangre correr. Para mí, el más grande de los argentinos, es Jorge Luis Borges.

Imagen de Anónimo

¡Ay, qué bueno se ha puesto esto! Parece "la esquina caliente de la literatura cubana"... Me encnata el apasionamiento de las opiniones. Además, como son anónimas, nadie se siente personalmente ofendido. Por otra parte, se advierte que aquí están metidos algunos "heavy weights".. Pero no se falten el respeto, por favor, que van bien. Sigo pendiente, con mis palomitas y un refresco...