Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
12:42 CET.
Opinión

La tozuda y morbosa vocación de servilismo de los intelectuales cubanos

Desde principios de julio la obra teatral El Rey se muere, montada por Juan Carlos Cremata, fue censurada por las autoridades ideológicas de la cultura cubana. Poco después, Cremata fue removido de su trabajo como director de cine y de teatro. Que yo sepa, solamente el escritor y cineasta Eduardo del Llano en su blog, así como el cineasta y crítico de cine Enrique Colina alzaron su voz públicamente en defensa de Cremata. El resto de los cineastas y escritores cubanos hicieron un silencio cómplice. Como sabemos, el que calla otorga.

No conozco personalmente a Cremata, solamente conozco su obra y algunas de sus anteriores declaraciones públicas y me parece completamente prescindible. Ahora bien, una vez que un artista se convierte en el objeto de la censura, sin importar nuestra opinión sobre su persona o sobre su obra, merece nuestro más urgente apoyo.

Pero los cineastas cubanos, desde hace casi dos años, están empeñados en lograr que se decrete una nueva Ley de cine. Quieran más libertad y apoyo para la creación y distribución independiente del cine cubano. Es una batalla contradictoria, pues le están pidiendo limosna y condescendencia al propio censor, al organismo que ha controlado su destino artístico. Parece que se han acostumbrado a vivir de las migajas y en vez de pedir la desintegración del ICAIC, ya obsoleto y mero controlador del quehacer cinematográfico de la Isla, le piden que se mantenga ahí y que actúe como un papacito bondadoso.

A pesar de que con las nuevas tecnologías se puede hacer cine con bajo presupuesto, o de forma independiente, y algunos jóvenes lo han demostrado, los cineastas cubanos quieren oficializar los permisos una vez más. Maquillar la censura. Desean tener autorización para filmar con bastante libertad y que el censor les garantice la distribución.

En los últimos meses se nota una creciente preocupación por comercializar la obra, incluso ha habido quejas porque Cuba, el ICAIC, no presentó ninguna película candidata al Óscar. Piden censura de baja intensidad a cambio de que se les propicie divulgación internacional y para ello entregan su complicidad intelectual.

En la última reunión de los cineastas con los burócratas del ICAIC, en la cual finalmente se atrevieron a redactar una declaración de condena a la censura de Cremata, dando muchas vueltas y utilizando las indirectas de siempre, se apareció el disidente Eliécer Ávila y los burócratas la emprendieron contra él, denunciando su presencia como un acto de provocación y finalmente usando los paleolíticos términos de que la crítica solamente se les permite a los revolucionarios y citando de nuevo las palabras del Comandante en Jefe en su viejo discurso de la Biblioteca Nacional.

Acto seguido, los miembros de la UNEAC, ni cortos ni perezosos, redactaron una declaración de apoyo a la postura oficial de los apparatchiks del ICAIC y volvieron a citar las famosas "Palabras a los intelectuales". O sea, que en el campo minado de la cultura, las barricadas se mantienen en su sitio.

Después, los escritores y matarifes culturales se reunieron para buscar una posición respecto a cultura y turismo. Temen que la "gran cultura nacional de la Revolución" quede manchada por la presencia callejera de negras disfrazadas de brujeras tirándole los caracoles a los turistas con un tabaco apagado en la boca. Se alzan contra la caricaturización del folclore y expresan su preocupación. No les preocupa la censura ni los ataques a los grupos disidentes, no, la mayor afrenta a la elevada cultura revolucionaria son los reguetoneros, los tríos callejeros improvisados y los que especulan con los sacrosantos rituales afrocubanos (a pesar de que los mercenarios oficiales le prepararon, como ellos mismos dicen, una boda típica afro al cantante Usher. ¡Qué bien! ¿Qué es una boda afro?).

Por otra parte el flamante Premio Princesa de Asturias, Leonardo Padura, se presenta en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y dice que los problemas económicos han limitado la creatividad de los escritores cubanos. ¿Qué es lo que temen? ¿Qué se les acabe el salario de la UNEAC, que ya no resuelva casi nada? Buscan garantizar el apoyo institucional, al menos para buscarse los dólares en el extranjero. Padura y Pedro Juan Gutiérrez, quienes aseguran que jamás les han cambiado una coma en sus obras, no padecen de ese problema. Han reunido bastante dinero porque se les ha permitido publicar en el extranjero a cambio de decir sandeces como esas y otras más.

¿Desde cuándo la escasez monetaria ha afectado la creación literaria? No quiero salirme de los ejemplos del patio, pero antes del 59, Lezama Lima se las arregló para sacar revistas y publicar su obra con pequeñas ayudas y sin recibir compensación monetaria por sus escritos. En el exilio Esteban Luis Cárdenas y Guillermo Rosales vivieron en la miseria sin que ello impidiera que siguieran creando.

A Carlos Victoria le tomó muchos años ser publicado y se tuvo que financiar muchas de sus obras, pero eso no lo detuvo. Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Manuel Ballagas y yo comenzamos revistas literarias costeándolas con nuestros propios bolsillos, cuando apenas nos alcanzaba el dinero para comer. Para colmo, fuimos atacados en los foros y revistas internacionales por la poderosa maquinaria del Gobierno cubano. Nada nos detuvo.

Según Padura (lo ha dicho varias veces), hay un gran movimiento literario cocinándose en la Isla, aunque casi nadie se haya enterado. El debe saber algo que muchos no sabemos. De sus declaraciones pudiera deducirse que en Cuba hay una inmensa cantidad de escritores que merecen atención. Sí, como no. Parafraseando el chiste ruso, diría yo que: "¡Cuán maravilloso es ver la cantidad de escritores que ha producido la revolución! Antes solo teníamos a Piñera, a Lezama y a Baquero".


Este artículo apareció originalmente en el blog Diletante sin Causa. Se reproduce con autorización del autor.

 

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Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

La casta de suedointelectuales cubanos son los que se han encargado desde hace años de censurar, legitimar y recaudar (para su bolsillo), por lo que los productos del arte cada vez son más mediocres. No es cuestión de presupuesto.Hay algunos que se han destacado sobre otros por su tremenda capacidad de alabar (a los hermanos en jefe) y eludir (sus propias responsabilidades). He ahí a Silvio Rodríguez, siempre dispuesto a hablar, pero cuando le molestan las preguntas, esquiva el guante.En cuanto a Leonardo Padura, pienso que el autor de la nota ha sido duro con él, porque el escritor ha traspasado límites que otros - con más espalda - no tuvieron el coraje de hacer. Por ejemplo, ha concurrido a reportajes en medios anti chavistas sin siquiera sonrojarse. Más de uno de sus colegas se ha cag... encima ante situaciones semejantes.Recuerdo haber presenciado a un intelectual cubano muy renombrado hace unos años, en una Feria del Libro, como le rogaba a un corresponsal extranjero que no le hiciera nota alguna, porque quería viajar al exterior a presentar su obra.

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"Mercenarios Oficiales" es la frase del siglo, me la robo con permiso. #MercenariosOficiales

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ellos no tienen opinion tuya porque no eres nadiey muchos d ellos forman parte d la historiade la cultura cubana y tu,eho ?

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Buen artículo, solo que el verbo "remover", en español no significa lo que el autor supone. Id al mataburros con celeridad.

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MIs respetos para el articulista y el artículo, al que no le cambiaría ni una coma. Toda la mongolería acerca de la obra de Cremata, uno de tantos seudoartistas seudocríticos, sirve para tapar el problema mayor: que sigue estando todo controlado por los de siempre y que los conatos de rebelión de los carneros seudoletrados de la granja son sólo para ver si le dan un poquito de pienso y menos palos, porque ni por la cabeza les pasa rebelarse (eso lo entiendo, es peligroso y no todos tenemos los berocos de El Sexto) ni escaparse (doloroso término medio para lo que tenemos algo de decencia pero sin los ídem de El Sexto, Gorki, las Damas de Blanco, etc.), ni siquiera la tercera opción de quedarse por lo menos callado. Estos no se callan nunca, pero no hablan en español, sino en carnero y en cómplice, cuando no directamente en esbirro. Teniendo acceso solamente a esos tres idiomas, no es raro que nigún Lezama ni Virgilio hayan salido de la cloaca aquella. 

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Ese es el problema,el miedo a perder el salario mensual haciendo nada.

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La propuesta continua siendo las palabras a los intelectuales de Castro hace 55 anos. La respuesta de los Intelectuales continua siendo la que diera entonces Virgilio Pineras, "tengo miedo, tengo mucho miedo",  vigente 55 anos despues. Nada ha cambiado por mucho que algunos se empecinen en vendernos el "cambio". Nada se mueve. El miedo que causa la paralisis o, la mas oprobiosa complicidad, continuan estando ahi. Gracias Roberto. Que mejor termometro para desmentir con hechos y no con retorica, a los esbirros de alla y, de aqui.