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Drogas

Aumento del consumo de drogas en Cuba, ¿alarma o conveniencia para el régimen?

Habaneros consideran las alertas del Gobierno respecto al consumo entre adolescentes como un intento de desviar la atención de otros graves problemas.

La Habana
Área deportiva de una escuela en La Habana.
Área deportiva de una escuela en La Habana. Diario de Cuba

La alerta del régimen ante el aumento del consumo de drogas ha despertado suspicacias y especulaciones entre muchos cubanos. ¿Es proporcional a lo que realmente sucede o es una cuestión de conveniencia para desviar la atención hacia un fenómeno permanente, al menos en los últimos diez años?  

"No conozco a nadie que pueda negar que en Cuba el consumo de drogas se ha extendido, pero ese es un asunto viejísimo y ahí está precisamente lo curioso. ¿Por qué ahora el Gobierno lo reconoce con ese nivel de estridencia?", dice Rodrigo, joven habanero de 30 años de edad y consumidor ocasional del cannabinoide sintético conocido popularmente en la Isla como "Químico".  

"Utilizar la pantalla de que tanto en las escuelas como en las calles hay un 'brote' de adolescentes consumiendo Químico es querer borrar que en épocas anteriores miles de menores y adolescentes consumían otro tipo de drogas, fundamentalmente marihuana y pastillas. Podría decirse que el Químico es nuevo, en comparación con aquellos tiempos donde el polvo [cocaína] y la yerba [marihuana] reinaban en las calles, y tenían más demanda que el agua potable", añade Rodrigo, quien invita a buscar en la prensa controlada por el Partido Comunista "a quién está culpando el Gobierno sobre esta supuesta pandemia de Químico".

El pasado 26 de junio el portal oficialista Cubadebate acusaba al Gobierno de Estados Unidos de ser el principal emisor de drogas hacia la Isla: "en Cuba esta sustancia denominada Químico es introducida al territorio nacional a través de pasajeros y agencias de paqueterías, de fácil enmascaramiento en los alimentos, condimentos, efectos electrodomésticos, en estado líquido, picadura, hojas de papel y en polvo. Se significa que pequeñas cantidades de esta droga genera alto nivel de adicción y percepción de consumo, fundamentalmente en jóvenes", destacó la nota.

"Cuba no es un país productor, almacén o tránsito de drogas hacia terceras naciones", añadió Cubadebate en una afirmación que ninguno de los habaneros consultados pudo respaldar y que deja en entredicho la invulnerabilidad de las costas cubanas, cuya custodia es competencia del Ministerio del Interior (MININT) y las Fuerzas Armadas (FAR).

"De existir una oleada de consumo de drogas en la magnitud que ellos aseguran, ya sea el Químico o cualquier otra sustancia, el Gobierno entonces tiene una gotera enorme por todas las fronteras", dice Dylan, joven habanero de 25 años de edad, quien asegura consumir Químico con fines recreativos. 

"Para ser claros, al menos en La Habana se consume cinco veces más la Piedra que el Químico. Teniendo en cuenta que la Piedra cuesta 1.000 pesos y el Químico 200 pesos, la lógica indica que los menores y adolescentes deberían ser más consumidores del Químico por el costo del producto. Por tanto, si hubiera un consumo masivo de Químico entre los menores, tendríamos que ver, por fuerza, a docenas de estos menores como zombis en todas las aulas de todas las escuelas y en las esquinas de cada barrio. El Químico tiene un efecto que es imposible de disimular. Personalmente, considero que la alarma está muy exagerada", considera Dylan. 

Las primeras referencias al Químico, coinciden los jóvenes habaneros consultados, datan de 2014. Entonces se vendían "paquetes de tres gramos a tres dólares aproximadamente en estaciones de servicio, tiendas, funerarias y páginas de internet". Las marcas con más demandas en aquellos años eran Scooby-Doo, King Kong, La Bailarina y Ojo de Diablo. Su precio desde entonces no ha variado: entre los 100 y 200 pesos. 

Pocos de los habaneros consultados recuerdan una de las leyes más temidas hasta el presente por los "jíbaros" en la Isla: el Decreto-Ley 232/03 del Consejo de Estado, aprobado precisamente en una de aquellas "épocas en que el tráfico de estupefacientes en Cuba tenía la pista caliente". 

"El 232 incluía, entre otras cosas, el decomiso de la vivienda lo mismo si el propietario era o no quien traficaba con drogas, y sin importar si el tráfico era con marihuana, cocaína o medicamentos controlados. Y sí, ahora mismo en Cuba el consumo de Químico está disparado, pero del mismo modo que está disparado el consumo de alcohol y los precios de la comida y las medicinas. Por qué el Gobierno no se hace la pregunta correcta: ¿a qué se debe que menores, adolescentes y jóvenes anden por la vida 'enquimicados'? ¿Qué opciones recreativas hay para ellos que se ajusten al bolsillo de sus padres? Ahí lo dejo", dice Liam, dependiente y ocasionalmente dealer de uno de los bares más exclusivos de La Habana Vieja.

En la comunidad rockera de La Habana, los veteranos también albergan sospechas sobre la insistencia del régimen cubano, desde hace meses, en crear un ambiente de pandemia de consumo de drogas, "usando como excusa que tales consumos están a nivel de escuela".

"Lo que veo es un método cíclico del Gobierno para desviar la atención, en este caso de la crisis económica sin precedente que se entroniza en el país. ¿O acaso nos olvidamos de cuál fue la excusa para cesar el proyecto Rock & Sida y el cierre de su emblemática sede, El Patio de María, en octubre de 2003? Este espacio se había convertido de la noche a la mañana en un antro de consumo masivo de estupefacientes", recuerda Sergio Gabriel López, promotor cultural y rockero asiduo del Patio de María desde su fundación hasta su clausura. 

Para el artista visual Julio Llópiz-Casal, la alarma del régimen ante la presunta pandemia de consumo del Químico podría ser una cortina de humo.

"Cuba está atrapada en un proceso destructivo que no acabará nunca, porque se repite en bucle. Esto no es una metáfora; es, de hecho, una grave amenaza para quienes viven en la Isla. En buena parte de las denuncias y la cobertura a los asesinatos violentos en peleas callejera, asaltos, robos y feminicidios, han referido el consumo de una droga que modifica la conducta peligrosamente y que llaman Químico", añade.

"Hay graves alertas en torno al Fentanilo alrededor del mundo, debido a que, entre otras cosas, su producción es barata y rápida. El Químico podría ser Fentanilo combinado que lo convierte en esa arma de destrucción masiva. La situación puede ser más delicada de lo imaginable", dice.

"Desde que soy muy joven escucho, sobre todo en boca de conspiranoicos y gente de izquierda, el relato de que en los 70 el poder en Estados Unidos diseminó la Heroína por las calles del país para acabar desde dentro con los hippies, el activismo y otras inconformidades. Muchas personas meterían sus manos al fuego para demostrar que esto es verdad. En la Cuba de hoy, hundida en el desamparo, el hambre y el terror, y llena de presos políticos, no sería descabellado pensar en que el castrismo está aplicando un plan similar. El castrismo puede estar usando la violencia inducida como catalizador y herramienta de control", concluye Llópiz-Casal.

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3 comentarios

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Curiosamente ocurrieron varios fenómenos en la sociedad yanqui casi simultáneamente:
- la guerra de Vietnam
- el movimiento hippie
- el rock en la música
- descontento social masivo
- lucha por reivindicaciones raciales
- epidemia de las drogas.
No parece descabellada la idea "conspiranoica" de una estrategia gubernamental secreta de enajenación social masiva con la combinación rock-drogas-propaganda.
Sacar a la gente de las calles era prioridad.
No creo que alguien pueda aportar jamás las pruebas de esto pero.....tendría lógica.
En Cuba......no tengo elementos de juicio.
Lo que si está claro que, desde hace dos o tres años, las calles ya no son de los revolucionarios ......son de los delincuentes.
Las dictaduras, tradicionalmente, tienen altos niveles de seguridad.
Nicaragua, en medio de la ruta de la droga, tiene niveles de violencia muy inferiores a sus vecinos.
Ya es preocupante el aumento de la violencia en Cuba.
Pero la tibia respuesta del gobierno preocupa aún más.

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Sinceramente, no veo cómo la denuncia de esta situación le es conveniente al régimen. En definitivas es bajo su mandato que se da este fenómeno. Por décadas estuvieron diciendo que en Cuba no había consumo de drogas. Luego la realidad se les impuso y con ella la famosa Causa Uno, que reventó solo cuando EEUU amenazaba con exponer el tráfico desde Colombia. Los jóvenes y otros nada jóvenes de entonces sabían del consumo de esas sustancias en Cuba. Y hoy, cuando todo el país está en declive, la droga sigue su agitado curso in crescendo. Que Cuba es tránsito de drogas, siempre lo ha sido; almacén, es lo más probable; habría que investigar si participa y cómo en la producción. Para construir tantos hoteles el dinero tiene que salir de algún lugar, y allí no se produce nada noble o útil.

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El socialismo del siglo XXI a diferencia del totalitarismo clásico, usa en forma más efectiva a la delincuencia como su aliado.

Los nuevos gánsteres comunistas, a diferencia de sus antecesores, se han dado cuenta que el adoctrinamiento ideológico perdió la batalla contra la escasez perenne y la miseria sin límites, por lo que emplean a los criminales del barrio para preservar el terror entre sus vecinos, incluso mejor que los depauperados CDRs.

Tanto los asesinos y rateros, como los zombies adictos a las drogas, serán esclavos incapaces de revelarse contra el amo y contribuirán a evitar que otros lo hagan.