Lunes, 11 de Diciembre de 2017
19:42 CET.
Educación

¿Cuántos cubanos leen?

Un artículo de Juan Cruz en el diario español El País apunta cifras escalofriantes acerca de los hábitos de lectura en España: 39,4% de españoles adultos no ha leído un libro en los últimos 12 meses. Añade que el 57,5 % no ha pisado una librería y el 74,7 % no ha ido a una biblioteca.

Si en el país de habla hispana donde más se publica y donde mayor acceso gratuito a libros existe —con el nivel de vida de la Comunidad Europea a pesar de la crisis local— nada menos que cuatro de cada diez personas no ha abierto un libro desde 2014, ¿cuál será la cifra de cubanos dentro y fuera de nuestro archipiélago?

Cuando se añade a la desbocada banalización globalizada los calamitosos problemas de la economía cotidiana en Cuba —de la comida baja en proteína al transporte para la biblioteca, del bombillo para leer a la precariedad y hacinamiento en una de cada dos viviendas—, supongo que ni el más desbocado de los triunfalistas del oficialismo —un Abel Prieto, por ejemplo—  se atreva a decir que hay más lectores que en España.

La lógica es inexorable: más de la mitad de los cubanos —siendo generosos— no ha abierto un libro. La pregunta —válida para cualquier país— es una obvia inferencia: ¿Y por cuántos años viene repitiéndose el fenómeno? Lo que da lugar a otra: ¿Qué porciento de la población tiene el hábito de leer?

Los estudiosos del tema —aún antes de Robert Escarpit— coinciden en que el hábito se sitúa en un mínimo de una hora diaria de lectura, promedio semanal. Desde esa cota se establece el deslinde, hoy sin distinciones entre el soporte papel —que aún predomina, mucho más en Cuba— y el electrónico, que avanza indetenible por su precio, rapidez, interactuación, constante actualización y comodidad de almacenamiento; sobre todo entre los jóvenes, aunque el acceso a bibliografía actualizada vía internet todavía presente candados, sobre todo cuando se trata de temática de las llamadas Humanidades o Ciencias Sociales.

Esa triste cifra —la mitad de los cubanos adultos no lee— parece que no cambiará en los próximos lustros. A las visiones rousseaunianas, que falsamente suponen un beatífico inmovilismo casero y rural dentro de Cuba que promueve la lectura como entretenimiento inevitable y forzado, se añade una pregunta que nunca el Ministerio de Educación se ha atrevido a responder objetivamente: ¿Cuántos maestros leen? Y su consecuencia, por muy buena actuación que se tenga en el aula: ¿Puede inculcarse un hábito que uno no tiene? ¿Con qué ánimo, entusiasmo, amor? ¿O es que los alumnos son bobos?

La próxima generación de adultos está hipotecada en Cuba: en el 2030 apenas uno de cada tres leerá; sin contar —me permito una rápida digresión— otras "bondades" derivadas de la mala educación social y de la improvisación de maestros; de los hábitos políticos de trancar la boca y aplaudir mirando para el cielo.

A lo que se añade una oferta sectaria de libros, donde a la censura ideológica y política que mantiene el Partido Comunista (PCC) sobre lo que se publica, se une año tras año el incumplimiento —solo se cumplió el 30% en 2015— de los planes de edición y distribución del Instituto del Libro; incluyendo en la cacareada Feria, donde ya se venden tantas "artesanías" y emparedados de croqueta mística como libros.

Con escasas ofertas novedosas y la mayoría poco atractivas, con precios cada vez más distantes del bolsillo común o sencillamente en CUC..., ¿quién se incorpora —sobre todo entre los estudiantes universitarios— al club de lectores? Nunca la lectura ha sido más elitista en Cuba,  donde hay bibliotecas municipales —como la de Manzanillo— que llevan años clamando porque les entre un lote nuevo, arreglen las sillas, cojan las goteras, tengan acceso libre a internet.

Aquella lejana época real de la revolución —entre 1959 y alrededor de 1968 o 1970— quizás fue la de más lectores en la historia de Cuba. La Imprenta Nacional dirigida por Alejo Carpentier, Ediciones R, la importación y venta barata de libros españoles, la densa red de bibliotecas y librerías, la gratuidad de la educación y la de adultos bajo los axiomas pedagógicos de la educación continua y la lectura como su centro..., parecen avalar la hipótesis. De ahí que el contraste con la actualidad sea más lastimoso. Y genere tanta pena la indigencia material y tanta rabia la represión. Una represión que lleva a censurar, no solo a escritores cubanos con textos disidentes aunque hayan fallecido como Guillermo Cabrera Infante; sino de otras lenguas: Milan Kundera, Vasili Grossman...        

¿Y el hábito de lectura dentro de los cubanos del exilio? No parece que ninguno de nosotros haya llegado de otra galaxia sino del mismo caldero "revolucionario".  Así que sobre todo los más recientes arribos padecen los mismos defectos. A lo que se suma la multiplicación de opciones y diversiones, la mayoría tan triviales como seductoras. Además, niños y jóvenes cuya lengua materna es el español aquí en EEUU pronto leen y escriben solo en inglés, por lo que las estadísticas son otras, aunque no —por complejas razones— demasiado distantes.

Entonces, ¿cuántos cubanos leen? ¡Pocos! Me atrevería a afirmar que el porciento no sería ni la mitad del español. Si la revolución hace rato que se fue a bolina, con ella también se fue la lectura como afición compartida, normalmente mayoritaria. Y nada de elogio o refugio en el pasado —hábito de nonagenarios mentales a lo Castro Ruz—, porque ni la saturación mediática de entretenimientos para tontos ni los disparates impuestos por pedagogos pragmáticos en programas de estudio y textos escolares impiden que nos enfrentemos a la crisis que trata de arrinconar la forma más hermosa y eficaz de alimentar la inteligencia y la sensibilidad.

Porque lo cierto —revuélquense los catastrofistas— es que hoy se lee más en el mundo que nunca antes en la historia de la humanidad, lo que no impide reconocer crisis, retrocesos, errores... Y aunque a los proyectos para aumentar la cantidad y el porciento sea sensato añadir: ¿Qué leen los que leen?

Ahí lo dejo. Porque a veces —me consta— hasta sería preferible no saber leer. 

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Comentarios [ 15 ]

Imagen de Anónimo

En Cuba se lee la libreta de abastecimiento, el numero de la guagua y las marcas de los pulóveres de los aseres guapos de Alamar! Solo eso!!!!

Imagen de Amadeus

@ 16:43Me alegra oir su comentario, porque es una información que desconocía y que le pasaré a una amiga que es maestra en las afueras de Viena y que persigue otro programa con igual propósito.El problema de la lectura es un fenómeno iniversal, no sólamente de Cuba. Esta amiga se ha montado un grupo de teatro con los niños con adpataciones que ella misma hace de los clásicos, de manera que los pequeños tinen que leerse los parlamentos originales para interpretar los personajes. El truco consiste en que varias veces a las semana "ensayan" es decir cada uno tiene que leer sus partes y de paso ella aprovecha y los pone a leer otras cosas. Me pareció interesante. Todo no está perdido.

Imagen de Anónimo

Anónimo 16:43, sorprende y alegra su comentario. En cambio hay que reconocer que el fenómeno es alarmante y no sólo en Cuba, puesto que en verdad las personas leen menos, en proporción con el número de habitantes del planeta y el ascenso del nivel cultural en muchos países y la mejora del nivel de vida; como prueba de ello, ya ve que varias librerías del exilio (por no contar otras en todo el mundo) han tenido que cerrar desde hace unos años, desde La moderna poesía (en Miami) hasta Ediciones Universal (de Salvat) también allí. Y el propio Salvat, admitía que el cierre de la Librería de ellos en Miami, venía condicionado por un descenso considerable de lectores de habla hispana fundamentalmente y que eso además, condicionaría la política editorial de ellos también en el futuro. Sin embargo, en varios países tiende a frenarse el fenómeno últimamente, buscando las librerías nuevos recursos para atraer clientes. En Cuba, ojalá las cosas cambien, porque es cierto que escriben mal y hablan mal las nuevas generaciones y eso como los valores, se mejora también con libros, libertad y mejores condiciones de vida. ¿Cuándo llegará la Noche Buena...?

Imagen de Anónimo

Amadeus, ud estuvo en Cuba antes de la campaña de alfabetización, sus comentarios tienen 50 años de antiguedad.

Imagen de Anónimo

Como bibliotecario puedo hablar con propiedad. Yo no tengo estadisticas, puedo hablar de las personas que van a la biblioteca en Miami Dade. En la bilioteca que yo trabajo, mas del 80% de los usuarios es hispano, y leen lo mismo en español que en ingles. De esos, mas del 50% son cubanos. Muchas de estas personas son retiradas y han hecho gran parte de su vida en USA. Este grupo de personas tienen un gran habito de lectura y visitan la biblioteca regularmente. Hay otro grupo de hispanos mas jovenes, que muchos son padren con hijos en edad escolar. Acuden a la biblioteca regularmente para traer a sus hijos a programas de lectura y tambien para hacer las tareas despues de la escuela. Yo creo que como en todo no hay que generalizar. Yo conozco muchos padres hispanos, y cubanos, que se esfuerzan por darle una educacion a sus hijos, incluyendo el habito de la lectura. Y eso es admirable.

Imagen de Amadeus

Ya desde mi estancia en Cuba conocí a profesionales graduados con pésima ortografía, mala redacción y letra de niños de 7 años. La revolución se ha jactado de la famosa "educación en Cuba", argumento que siempre me sacan los tontos útiles de este país, pero lo que no saben es de la mala calidad de esa educación.Se gradúan médicos e ingenieros como se producen malangas, es decir al trozo y pa`cumplir, pero cutura no tienen y dudo que los conocimientos técnicos de sus especialidades sean realmente de confianza, por una cuestión lógica: no hay información ni intercambio internacional y cuando lo hay los que lo reciben son los afines al régimen.Así cualquiera.Debo decir, por otra parte, que los lectores digitales han abierto una nueva era para la lectura. Yo leo más porque en la tableta que me cabe en el bolsillo, hay más de 20 libros. Se acabó eso de cargar con la Biblia o Joyce en papel, gordos y voluminosos, ahora están en una biblioteca de 11 x 16 cm y un lomo de 0,5 mm. Fantástico!

Imagen de Anónimo

Marx (un comunista nada menos y creador de esa ideología además) fue claro sobre el goce estético y otro tipo goces humanos -incluída la lectura- y dijo aproximadamente lo que sigue: "Antes de hacer cualquier cosa [en este caso leer]: los seres humanos tienen que comer, vestirse, tener un techo... [es decir, tienen que tener sus necesidades materiales resueltas]." Y en Cuba ésto no ocurre. Visto lo que comentamos, las carencias traen como resultado el desasociego de nuestros paisanos, cansados de teques y sin esperanzas. De hecho, en las ferias del libro de La Habana, se ha dicho que el precio de los libros está en muchos casos por encima del alcance de los cubanos y si a eso se le suman las bibliotecas sin recursos, profesores que no leen, padres que no lo han hecho [y hasta Raúl Castro, que no creo que haya leído más de tres libros en su vida -si lo hizo-; sin contar a Raulito que  de seguro no se leyó ninguno] ya tenemos una representación de aquel país... Antes de la Revolución se leía y el sólo hecho de contar Cuba con revistas y periódicos de una calidad excepcional, ya bastaba para tener cuentos, novelas, entrevistas interesantes... al alcance de la mano, sin contar los libros que regalaban los periódicos (Prensa Libre, por ejemplo). Ello y la comida resuelta, eran entonces un acicate para leer, sin contar las novelas radiales o televisadas (en las que no entraba la ideología) y que la gente veía por distintos medios.

Imagen de Anónimo

La falta de lectura se demuestra en los cubanos actuales en los comentarios que aquí mismo se escriben. Una v por una B y una y por una ll. Y más ejemplos que es ocioso enumerar. Y son muchos profesionales los que escriben así.  Mi hijo salió de Cuba a los siete años y años después fue a visitar a su abuela, la única que le quedaba en Cuba. Visitó a los que habían sido sus amigos cuando niños. Rumbeó con ellos y al más allegado le dijo que le escribiera aunque fuera por carta. El joven bajó la cabeza; le dijo que él no sabía escribir. Mi hijo pensó que lo decía por el inglés y muy contento le cont:estó: no importa chico, yo sé escribir en español. El niño dijo yo no. Mi hijo disimuló pues casi se le hacen las lágrimas.Mi mamá siempre dijo que si el cambiarlo todo hubiera resultado en una sociedad superior, hubiera valido la pena(menos los muerto. Tanta campaña de alfabetización, tanta enseñanza obrero campesina, tanta...y nada. No lectores, no tenemos ni decodificadores. Muy triste.

Imagen de Anónimo

El tema es complejo: mientras en muchos países los consumidores compran muchos libros que después no necesariamente leen (pero son los que cuentan en las estadísticas de ventas) en Cuba (y otros países en condiciones de control y censura) UN MISMO libro puede ser leído por infinidad de lectores, en virtud de esas maravillosas "redes subterráneas de distribución" que burlan a los censores: así se han leído -y se leen- numerosas obras prohibidas (o mal vistas polìticamente) como las de Cabrera Infante, Vargas Llosa, Montaner, Zoé Valdés y hasta del propio Padura.

Imagen de Anónimo

Los cubanos de Cuba leen lo que pueden, y los de Miami  muchísimas etiquetas y  manuales de uso.