Martes, 23 de Octubre de 2018
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Opinión

El 'Zeitgeist' del Che Guevara

Ernesto Guevara.

Fue Hegel —pensador post-kantiano y al mismo tiempo precursor de Marx en el énfasis puesto en la dialéctica (lucha de contrarios)— quien situó en el centro de la filosofía de la historia el concepto de Zeitgeist (espíritu de la época). Se trata del conjunto de ideas, principios y objetivos que dominan un periodo dado y de hecho alcanzan el rango de verdades incuestionables. Dicho de otro modo, cada época, según Hegel, tiene una escala de valores que le es propia.

Lo más difícil, por supuesto, es descubrir o identificar tal escala de valores. Para ello, un método eficaz, piensa el autor de este artículo, consiste en echar una mirada retrospectiva a los crímenes y abusos que, por ser compatibles con los valores vigentes en el inconsciente colectivo de una época, pasan desapercibidos o llegan a ser justificados.

Este fenómeno se puso especialmente de manifiesto en los tiempos de la Inquisición. Quemar herejes era visto como un acto normal, incluso beneficioso y salvador para quienes perecían ardiendo en llamas en las hogueras, pues, según algunos teólogos de aquellos tiempos, eso les permitiría redimir aquí en la tierra sus pecados y por consiguiente librarse del fuego eterno del infierno en el más allá.

Algo similar ocurrió durante la Conquista del Nuevo Mundo. Perseguir y sojuzgar a los indígenas de la América recién descubierta se hacía en nombre de la propagación de la religión cristiana. Poco importaba que esos seres humanos evangelizados a la fuerza (se decía entonces, por su propio bien) fuesen así humillados y condenados a la explotación y el exterminio.

Igualmente, la trata de esclavos provenientes de África no provocaba la más mínima reprobación en la época de la expansión de los imperios coloniales. La razón: dicha trata encajaba con el racismo que prevalecía en ese entonces.

Los últimos cien años tienen también sus crímenes y desmanes consentidos por el Zeitgeist reinante. No se trata de todos los crímenes y otros actos censurables perpetrados a lo largo de esos años. Los crímenes del nazismo fueron objeto de un juicio ejemplar que tuvo lugar en Núremberg después de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, la utilización de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki y del napalm en Vietnam ha dado lugar a múltiples iniciativas tomadas por la comunidad internacional (no siempre coronadas de éxito, es menester precisar) con el fin de detener la proliferación nuclear y prohibir el uso de minas antipersonales y armas de destrucción masiva.

En lo que respecta a nuestra América Latina, las dictaduras militares de derecha del siglo pasado han sido objeto, muy merecidamente, del oprobio general.

Lo que, en contraste, brilla rotundamente por su ausencia es un reconocimiento de la misma índole con respecto a los estragos causados por regímenes autoproclamados socialistas que presumen de representar y defender a los explotados y oprimidos del mundo. Los campos de concentración de la Unión Soviética y la China de Mao Tse-Tung, el gulag del castrismo, es decir, las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), el asesinato de kulaks (campesinos) por órdenes de Stalin, las hambrunas generadas aviesamente por Stalin y Mao Tse-Tung, los desafueros de Mengistu en Etiopía, así como otras brutalidades de la misma naturaleza perpetradas en nombre de la "construcción del socialismo", arrojaron un macabro saldo que, a la caída del Muro de Berlín, se elevaba a cien millones de víctimas según el recuento harto bien documentado que presenta el Libro Negro del Comunismo, trabajo colectivo de un grupo de investigadores de renombre mundial dirigido por el historiador francés Stéphane Courtois.

Por ser compatibles con el Zeitgeist de nuestro tiempo, en el que la pretendida lucha contra las desigualdades sirve de pretexto para validar y justificar cualquier tipo de fechorías (como ayer quedaba justificado todo lo que se hacía en nombre de la propagación y afianzamiento de la cristiandad o de la civilización occidental), los crímenes de los regímenes socialistas son vistos con indiferencia y relativizados, cuando no son simple y llanamente disculpados, por los abanderados de la "Revolución".

Con la excepción del genocidio perpetrado por Pol Pot y sus jemeres rojos en Camboya (excepción que confirma la regla), los responsables del socialismo no han sido sometidos nunca a un juicio similar al de los criminales nazis en Núremberg.

Por regla general, la izquierda revolucionaria solo admite, y condena, los crímenes de su campo cuando sus amos ideológicos, es decir, los regímenes socialistas, le dan la autorización. Pasó con los crímenes de Stalin, negados obstinadamente por dicha izquierda hasta que el 20º congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, celebrado en 1956, decidió reconocerlos y condenarlos (no en aras de la verdad o de la justicia, cabe precisar, sino con el propósito de tranquilizar a los nuevos jerarcas del partido y persuadirlos de que la época de las purgas estalinianas había quedado atrás).

No hay mejor prueba de la detestable y selectiva aceptabilidad de las atrocidades del socialismo que las declaraciones de Eric Hobsbawm, intelectual "revolucionario" inglés de prestigio internacional. Cuando un periodista de la BBC le preguntó en 1994 (es decir, a raíz del desplome del bloque soviético) si la pérdida de quince a veinte millones de seres humanos hubiera quedado justificada si la misma hubiese servido para consolidar el comunismo, Hobsbawm no tuvo reparo alguno en responder que "sí".

¿Cree usted, amigo lector, que alguien que hubiera dicho algo similar con respecto a los crímenes del nazismo habría podido escapar a la execración y condena públicas como lo logró el izquierdista Eric Hobsbawm?

Tan patente ha sido la hegemonía del discurso de izquierda en los valores dominantes de nuestra época, que dicho discurso ha logrado incluso fabricar un icono de dimensión internacional: Ernesto Che Guevara.

He ahí un revolucionario cuyo retrato adorna las camisetas y gorras de hombres y mujeres en más de un continente. Hombres y mujeres que no conocen ni tratan de conocer, o a quienes les importa un bledo, la actitud intolerante y violenta que siempre mantuvo el Che y que lo llevó a afirmar, cuando estaba en la Sierra Maestra: "Aquí en la selva cubana, vivo y sediento de sangre".

Las perlas del Che incluyen las siguientes frases:

  •       "Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre y debe continuarse la ruta de la liberación, aunque sea a costa de millones de víctimas atómicas". Poco les ha importado esa frase a los adoradores del Che que al mismo tiempo condenan con brío el uso de la bomba atómica por el "imperio" en Hiroshima y Nagasaki.
  •       "Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba, los habríamos usado contra el propio corazón de los Estados Unidos, incluyendo la ciudad de Nueva York". Poco les ha importado esa frase a los adoradores del Che que al mismo tiempo se autoproclaman defensores de los migrantes latinoamericanos que viven "explotados" en las ciudades del "imperio", incluyendo la propia Nueva York.
  •       "El negro indolente y soñador gasta su dinero en cualquier frivolidad o diversión, mientras que el europeo tiene una tradición de trabajo y economía que lo sigue hasta estos lugares de América y lo lleva a progresar". Poco les ha importado esa frase a los adoradores del Che que al mismo tiempo se manifiestan contra el racismo subyacente en la sociedad norteamericana.

Es precisamente ese Che Guevara a quien la alcaldesa socialista de París, Anne Hidalgo, tuvo el tupé de calificar de "icono militante y romántico" con motivo de una exposición de imágenes y frases de dicho personaje —celebrada recientemente en el Ayuntamiento de la capital francesa— provocando así una ola de críticas tan fuertes como apropiadas.

Hoy, ya no se queman herejes en Europa, ni se someten aborígenes en América, ni se practica la trata de esclavos en nombre de la expansión colonial. Pero sí se encarcelan, se torturan y se asesinan a disidentes y opositores de regímenes "progresistas", en particular en Cuba y Venezuela. Todo ello bajo la mirada indolente, aprobadora e incluso admirativa, de los descendientes políticos del Che.

Y así como las autoridades de la Inquisición argüían que la muerte en la hoguera podía beneficiar a quienes se les suprimía la vida, y que los conquistadores tenían la potestad de decidir lo que era mejor para los indígenas sojuzgados, los jerarcas revolucionarios de nuestro tiempo pretenden saber mejor que los propios pueblos sometidos a su yugo lo que a éstos les conviene. En base a esa premisa absurda y vil a la vez, les niegan a dichos pueblos el derecho a escoger sus gobernantes en elecciones libres, pluralistas y justas, con la repugnante connivencia de los abogados de la construcción del socialismo.

Los abanderados de la "Revolución" se presentan como quijotes prestos a deshacer los entuertos de la desigualdad, cuando en realidad no son sino cómplices de los crímenes horrendos de su campo. Se ofertan como heraldos de la sociedad futura, cuando en realidad no son sino insubstanciales desechos de su tiempo.

A ellos, la historia les tiene reservada la misma suerte que a los panegiristas de la Inquisición, de la Conquista de América y de la trata de esclavos, es decir: serán denunciados con desdén y sin ambages una vez logremos superar, como con certeza ocurrirá, el Zeitgeist del Che Guevara.

31 comentarios

Imagen de Balsero

Hay que tener en cuenta que el socialismo que promovió el Che era violento y dictatorial, por más máscaras que le hayan querido poner en un principio. Otro socialismo - que uno puede o no estar de acuerdo pero no es violento - es el de los países escandinavos. El "hombre nuevo" pretendían que fuera una máquina de adoctrinar y de matar, y hoy es un pordiosero, que marcha el 1° de Mayo pero le pide los tenis al primo que vive en Miami porque "no alcanza ni pa' la comida".

Imagen de Anónimo

A quien se haya pasado una vida venerando al Che, esperando el triunfo del socialismo y anunciando que el capitalismo entro en su crisis final, tiene que serle duro, y tragico, tener que admitir que el socialismo fracasa en todas partes, que el capitalismo surge fortalecido de cada una de sus crisis y que el "hombre nuevo" del Che lo que hace es jugar al "salvese quien pueda" y a "resolver". Despues de haber creido estar del lado de la historia, es esa historia la que ha condenado a la muerte  moral a los hijos del Che.

Imagen de Anónimo

En Argentina, el Che hubiera sido un delincuente subversivo, salvo para el gobierno de los KK's, que aplaudieron la guerrilla setentista. El mito debe ser destruido, porque adorar hoy a un fundamentalista del Isis, no tiene nada de.romántico.

Imagen de Anónimo

A Anonimo de las 16:28. Tienes razon: nadie podra devolver a los muertos del socialismo, y por ende a los del Che. Pero sus adoradores de hoy, es decir, quienes acompagnan esa abyecta caravana, presumen de estar del lado de la historia. En realidad recibiran el oprobio de dicha historia, como lo recibieron finalmente los que acompagnaron las caravanas de la Inquisicion y de la opresion colonial. 

Imagen de Anónimo

Sí todas las caravanas pasan, pero dejan consecuencias. ¿Quién devuelve a los muertos?

Imagen de Anónimo

Y yo al final me pregunto ¿ Que razón o derecho tenia el Che Guevara de convertirse en un asesino enfermizo de cubanos?,fusilar y fusilar era su ideario cruel y vino a ejercerlo a Cuba,¿En que plano pondrían los argentinos o ciudadanos de otros países a un cubano que fuera allí a fusilar y fusilar a quien él crellera conveniente?.Fue ese sr argentino quien impulso e impuso su ideología a sanguinaria a ciudadanos de un país al que no pertenecía ni había nacido,¿no tenemos los cubanos a caso la razón sobrada de de odiarlo hasta la saciedad?,si,si la tenemos,el fusiló a hombres que en lo personal no le habían causado daño alguno a su persona, ni a su pueblo imponía condenas a su antojo,sin juicios y sin defensas,convirtió su idea y su ansias de sangre en ley en un país que le era ajeno,sirvió de punta de lanza para hacer el trabajo sucio de aniquilar a algunos culpables y muchos inocentes,ese trabajo que muchísimos cubanos veían como desmedido e innecesario,que lo convirtió en mercenario de un mal nacido llamado Fidel Castro,ese fue el sr argentino, para al final convertirse en un asqueado por el pueblo que perdió sus hijos en sus manos,y por quien lo uso de mercenario,dejándolo abandonado a su suerte en las selvas bolivianas,ese fue ERNESTO GUEVARA,hombre sin piedad y sediento de sangre que tuvo el final que se se merecía, sucio,andrajoso,descalzo y acobardado a la hora de rendir cuentas por sus desmesuras y sus crímenes ///el bobo alipio*+

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Bravo por Jacobo Machover.

Imagen de Anónimo

@11:03. Como paso la caravana de la Inquisicion, y de la Conquista de America, y de los imperios coloniales, tambien pasara la caravana de los adoradores del Che. 

Imagen de Anónimo

"Los perros ladran, pero la caravana pasa".

Imagen de Anónimo

¡Pobre mujercita!

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