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Crítica

Las memorias de Belkis Cuza Malé

Este libro tiene como centro el acontecimiento que dividió las vidas de la autora y su esposo, conocido como 'el caso Padilla'.

La Habana
Belkis Cuza Malé y Heberto Padilla.
Belkis Cuza Malé y Heberto Padilla. Pinterest

Llegado el año 2023 y poco después de la aparición de un documental de Pavel Giroud que no hacía justicia a la historia que contaba, Belkis Cuza Malé decide publicar sus recuerdos. Ellos tienen como centro el acontecimiento que dividió su vida y la de su esposo, conocido como "el caso Padilla" —una embestida de la censura que constituyó la última gran batalla del pensamiento libre contra el poder estalinista que terminó adueñándose de la Isla—. Para ser pareja también en lo evocado, Cuza Malé titula su libro La buena memoria, espejo de aquel que lanzara su esposo, Heberto Padilla, La mala memoria.

El mero hecho de haber sido protagonista de uno de los momentos más cautivadores de la historia de la Revolución de Fidel Castro, ya merece nuestra atención. Este interés aumenta si el libro quiere participar de detalles que el poeta omitió en la evocación suya, por diversas razones.  En sus memorias de 1989, Padilla elude, por ejemplo, casi todos los pormenores de la vida cotidiana que rodearon su proceso, y también la larga espera por el permiso de salida del país, que duró casi diez años. Belkis Cuza Malé informa de ellos, dotando de mayor humanidad a los personajes que vemos distantes en la historia. También se detiene más en los amigos, en las personas que los rodeaban y en La Habana, que es como un personaje discreto que los acoge.

Quizás lo más interesante de estas memorias sea la revelación de los métodos que la Seguridad del Estado ensayaba en ellos. Técnicas que se habrán perfeccionado con los años, pero que, sorprendentemente, mantienen hoy el mismo concepto. Esto es: fuera de la burda represión (a la que acuden cuando no queda otro remedio), el trabajo de esta policía política prefiere lo sicológico, la inspiración de Estocolmo. Y funciona. Funcionó en ellos y lo hace en el presente, para sorpresa, incluso, de los implicados. También de Belkis Cuza Malé: "luego que hacía su entrada en la casa (el oficial encargado de sus casos) no había dios que lo sacara, porque siempre tenía un pretexto para volver, de modo que se iba haciendo sicológicamente necesaria su presencia. Ese elemento enloquecedor y 'estabilizador' a un mismo tiempo, que constituía la presencia de estos señores en las casas de los intelectuales, había sido ampliamente estudiado por los siquiatras de la Seguridad del Estado".

No sé si Heberto Padilla omitió las referencias a este tenaz trabajo de la inteligencia en su libro por pudor, repulsión, o porque fue demasiado importante en su vida. Siempre me he preguntado por las precisas causas que impidieron que ese escritor, con talento suficiente para convertirse en uno de los primeros de la literatura insular, no acabara de producir esa gran obra que él podía hacer. No es imposible, como afirma Guillermo Cabrera Infante, que la respuesta esté en el tormento de aquellos años de cárcel en La Habana, rodeados de agua.

El destino de complementar a Heberto Padilla es cumplido también en este libro, de fácil lectura. Forma parte de la necesaria cohorte de volúmenes que discuten la historia oficial revolucionaria con la que nos hemos confundido todos, acercándonos a la verdad.


Belkis Cuza Malé, La buena memoria: la verdadera historia de "El caso Padilla" (Linden Lane Press, 2023).

Fe de errores
La foto que acompañaba esta reseña ha sido cambiada por otra para evitar lo que podría entenderse como una alusión contra la autora del libro reseñado, alusión que en ningún momento fue intencional de parte de DIARIO DE CUBA.
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1 comentario

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