Martes, 20 de Agosto de 2019
Última actualización: 19:04 CEST
Artes plásticas

'Líneas' en la calle Línea

''Spectrum. order-disorder' (2017), de Liset Castillo. (DDC)
Chrislie Pérez muestra 'Cifra', obra de Iván Capote. (DDC)

Hasta finales de marzo la Galería Habana, situada en la calle Línea, no. 460, exhibirá Líneas (dis)continuas, muestra colectiva de artistas como Lázaro Saavedra, Esterio Segura, Réne Peña, Roberto Diago, Jorge Otero, Moisés Finalé, Roberto Fabelo, Iván Capote, René Francisco Rodríguez y Glenda León, entre otros.

Con la muestra a cargo de la curadora Chrislie Pérez, la institución pretende relanzar a sus artistas y calentar motores de cara a la próxima edición de la Bienal de La Habana. "La noción del límite"es la idea curatorial. Bajo esa premisa, Pérez unifica trabajos que aborden la temática desde propuestas conceptuales y formales: 

"Los límites pueden ser entendidos desde diferentes aristas. Pueden ser políticos, sociales, físicos, mentales o naturales. Alentamos a los creadores a pensar en los límites subjetivos desde el arte. Para Líneas (dis)continuas, en algunos casos, visitamos los talleres de los artistas e hicimos una selección de trabajos ya realizados que encajaban con la idea rectora. En otros, los creadores realizaron propuestas específicas para la exposición", comenta Pérez.

En la museografía de Líneas (dis)continuas, se desvanecen los límites explícitos. Las obras se entrecruzan sobre las paredes de la galería y conviven con naturalidad. En esta dinámica, "Levitación" (2017), tela de gran formato de Roberto Fabelo, y "Emigrante" (2019), escultura de Esterio Segura, comparten pared. De una parte, apreciamos la bidimencionalidad de la pintura; de la otra, las llamativas formas tridimencionales de la escultura. A pesar de la distancia formal, un nexo común vincula las dos obras: ambas son monocromas.

"Injerto" (2019), de Jorge Otero, desdibuja los limites entre fotografía, instalación y escultura. Haciendo uso de macro-imágenes de cuerpos humanos, Otero recurre a la impresión digital sobre vinilo para más tarde elaborar tiras con las reproducciones. Con el material resultante trenza y conforma una nueva imagen que, a primera vista, nos recuerda a las pieles exhibidas como trofeos por los amantes de la cacería. Básicamente con fotografías, los límites entre sexo, color o identidad son transgredidos deliberadamente por el autor en un ajiaco visual que tiene como remante sensorial la abstracción.

Liset Castillo, en cambio, utiliza la pureza de los pigmentos naturales en "Spectrum: order-disorder" (2017). Al rellenar recipientes de metacrilato transparente con pigmentos de colores, intenta disipar los límites entre pintura, escultura e instalación.

En "La espera" (2010-2012), Humberto Díaz recurre a la captura de distintos espacios conformados por elementos arquitectónicos urbanos desde la fotografía. Selecciona y registra diferentes paradas de guaguas diseminadas por la capital cubana. En cada uno de esos espacios públicos comienzan y terminan sus viajes cientos de persona cada día, conformando líneas temporales que son trazadas intermitentemente en las calles de la ciudad.

Diana Fonseca, en la vídeo-instalación Con la piel del otro (2015), travistedos flores. De manera quirúrgica extrae los elementos que definen a una rosa y los transplanta utilizando hilo y aguja en el tallo de un girasol y viceversa. Las flores resultantes del travestismo vegetal no son más bellas, pero sí "más humanas".

Glenda León, por su parte, se apropia del jardín y de una de las paredes exteriores de la galería, la cual discurre en paralelo con la céntrica calle Línea. En su obra "Hierba Mala (12 pulgadas)" (2018-2019), trasplanta hierbas de distintas medidas para configurar una regla o unidad de medidas a gran escala. Como un medidor social, descubrimos una pequeña aglomeración de elementos vegetales implantados deliberadamente que han sucumbido a las condiciones atmosféricas del lugar, tiempo y manipulación. Tan solo una mala hierba se rehúsa a morir y crece verde como la esperanza.

Más allá de los aciertos de la muestra, las condiciones lamentables en que se encuentra el emblemático espacio expositivo y la precaria iluminación atentan e impiden un disfrute pleno de las obras. Por esta razón, algunas de las piezas expuestas pierden la sutileza o, por el contrario, su contundencia.

La pluralidad de la propuesta es un acierto de su curadora y, en nuestro viaje por las Líneas (dis)continuas diseñadas por Chrislie Pérez, hemos decidido hablar sobre los trabajos de artistas menos conocidos. Entre los más jóvenes y los veteranos no encontramos ni condicionantes ni distanciamiento generacional, sino más bien la voluntad expresa de cada creador de ser libre en un contexto plagado de límites.