Música

«¡Mi revolución era yo!»

Alfredito Rodríguez recuenta para DDC una carrera artística de enorme popularidad y grandes dificultades.

"Cada vez que vengo a este pedazo de Cuba, que es Miami, vuelvo a sentirme querido por mi público, por mis iguales —afirma Alfredo Rodríguez—.  Aunque soy un cubano raro. No me muero por la yuca y los frijoles negros. Ser cubano es mucho más. Te lo siembran en la sangre cuando naces".

Pero tú no cantas sones, ni guarachas, apenas algún bolero (excepto un tardío álbum Empapado en sudor) —protesto—, sino baladas románticas, fáciles, pegajosas. "Donde quiera que se pare Roberto Carlos no necesita cantar samba, ni ponerse una camiseta del Brasil. Como yo tampoco vestirme con guaracheras, ni cantar una conga para ser cubano".

"¿Te sientes el Roberto Carlos de Cuba? ¿No te parece demasiado?", le digo. Ocho Premios Girasol, 1983-1990, responden por Alfredo como el cantante más popular de Cuba. Pero han pasado sobre él un Período Especial demoledor, crisis creativas, ausencia de los escenarios, el regreso a dirigir, animar y conducir programas de televisión: Su noche con Alfredo, Sábado especial y La diferencia, donde su entrevista al expresidente del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), Papito Serguera, provocó encendidas protestas y quizás, que Alfredo acabara estableciéndose en Mérida, Yucatán.

"En la Cuba de los 80 desbordabas estadios, en Miami 2011, te presentas en un cabaret para 200 personas, ¿te duele?"

"Tengo los pies en la tierra. Claro que me gustaría llenar el Orange Bowl, o la Plaza de toros de Madrid, pero tampoco me quita el sueño, sé la edad que tengo. A no ser que ocurra un milagro: ahí tienes a Compay Segundo".

"¡Nada de Buenavista Social Club! Alfredito parece de 40 años, está entero, igualítico", me comentó el productor ejecutivo de Televisa, Federico Wilkins, que asistió al reciente concierto de Alfredo con Mirtha Medina en el cabaret The Place de Miami. ¡Éxito de la nostalgia! Repleto de sus fans de entonces. Cabezas teñidas coreaban su dúo Siempre es igual, y sus éxitos en solitario de los 80: Empapado de sudor, Tiritando, Y yo qué, Buena Persona… Alfredo miraba con orgullo a su acompañante de lujo, su hijo, Alfredo Rodriguez Jr., pianista rankeado internacionalmente, promesa del jazz, pupilo de Quincy Jones.

'Ay, que me encapricho'

Al único hijo de Rogelio y Celina, le han dado muchos portazos en la cara. Criado en un cuarto de una casa de inquilinato en Lealtad entre Laguna y San Lázaro, en el popular Barrio de San Leopoldo, su padres se rompieron el lomo para mandarlo al colegito privado América. Pero Alfredito niño soñaba ser cantante. Encendía y apagaba el interruptor de la luz, ponía Radio Cadena Habana, y a cantar con Antonio Molina, Pedrito Rico y Pedro Vargas.

A los quince logró entrar en el coro de la Ópera de La Habana. Estaba feliz, cuando su profesor de canto (Carlos Altizaraín), le dijo: "dedíquese a otra cosa, usted no sirve para cantar". Otro se derrumba, pero Alfredo como Palomo Linares retó al portero de la Plaza de Toros de Madrid: "algún día entraré por aquí". Se fue a ver al director de televisión Manolo Rifat, quién para quitárselo de arriba le dijo: canta una y luego otra, y al fin sentenció: "Mira muchacho, pronto comenzaré un programa que se llamará Buenas Tardes…" Por supuesto, nunca lo llamó...

Pero Alfredo se fue a buscar a Rifat y recordárselo, y acabó en Buenas Tardes (año 1968) que, por entonces, lo animaban, una semana Mirtha y Raúl, y otra Ariel y Leonor. Cuando Ariel se dedicó a la medicina, Alfredo se empató con Leonor, como animador y más. Su padre tuvo que firmar por Alfredito el acta de la boda, era menor de edad. 

"Buenas Tardes fue mi escuela, animábamos, actuábamos en los sketchs, lanzábamos canciones nuevas, montábamos tríos, cuartetos… Ahí comencé a grabar mis primeros temas, que no eran discos, si no cintas que se pasaban por la radio. Llevaba dos años en la televisión, cuando el pueblo me eligió para el Festival Varadero 1970."

¿Cómo llegas a ser el cantante más popular de la Isla? En una época en que era casi imposible grabar un disco, lograste quince de larga duración. ¿Quién te respaldaba?

¡Nadie! ¡Mi revolución era yo! Representantes humanos nunca he tenido. Aún no tengo quien vele por mi carrera. Luz y  Caballero dijo "hay una fuerza motriz más rápida que la electricidad que es la voluntad del hombre". Jamás me dio pena pedir trabajo.  Me criticaron. Prohibieron mis canciones. Pero insistí, a palos si era necesario.

Recuerdo que una vez fuiste con un bate para Radio Progreso porque habían prohibido una canción tuya, ¿a quién ibas a pegarle, a Rosillo?

Me prohibieron baladas internacionales, entre ellas la de Danny Daniel… que decía "Por el amor de una mujer vi mis venas desangrar". Un salvaje la prohibió porque decía que los hombre no se cortaban las venas. A la que decía "Éramos como aquellos niños que ríen y rezan" la editaron, porque los niños no podían rezar… La de Miguel Ríos, El Vagabundo, la eliminaron porque en Cuba no podía haber vagabundos con el pelo largo… ¿Qué te puedo decir? Rosillo no era el culpable, obedecía órdenes de los mismos que me hacían la vida imposible, me mandaban a pelarme, me prohibían usar sacos cruzados, porque consumían más tela que un saco de dos botones.

Con mis propios temas fue peor. Buena Persona pegó tanto que llegó hasta las iglesias, suficiente para que lo prohibieron en la radio, me subiera la presión del ojo y Arístide, el caricaturista, me tuviera que llevar al hospital Calixto García. Tengo el récord de ser el artista cubano más criticado por Juventud Rebelde, por El Caimán Barbudo, por los críticos de la UJC que envenenaban la radio. Me acusaban de hacer canciones ridículas, que deformaban el gusto de la población. Yo creo que más que la sencillez de mis letras o mis melodías, fue que no quise cantarle a la revolución, ni ponerme botas, seguí cantando canciones románticas en traje y corbata… Y sobreviví. Aunque escribí Me salen canas y lo peor es que eran por dentro.

¿Nunca te enviaron a festivales internacionales? ¿No estabas en la lista de los artistas viajables?

Pensé que no iba a salir nunca. Mi primer viaje fue en 1980, con Rosita Fornés a México. A Rosa la fueron a ver desde las Dolly Sister hasta Mario Moreno "Cantinflas" y Emilio Ascárraga, el dueño de Televisa, que me dijo: "con  usted no hay que hacer absolutamente nada, solamente ponerlo a cantar, pero el precio es que se quede", y le respondí que no podía quedarme porque tenía una madre en una silla de ruedas y no la dejaba por todo el oro del mundo. También Roberto Cantoral me propuso hacer un álbum con sus canciones, y fui tan ingenuo que se lo comuniqué a los oficiales de Seguridad que iban conmigo, y me dijeron que iban a llamar a La Habana. El disco jamás se hizo.

¿Tuviste algún enfrentamiento con la gente de la Nueva Trova?

Si no me gustaban las canciones de Silvio y Pablo no las cantaba. Yo estaba más cerca de Marco Antonio Múñiz que de Bob Dylan. Una vez Héctor Téllez me dijo: "no sé como puedes seguir cantando baladas románticas, de dónde sacas fuerzas, es arar en el mar". Tenía razón. Por cada balada mía que los cubanos repetían me caían arriba los defensores de las canciones metafóricas, acusándome de deformar el gusto de la población. Dejé de componer. El escenario se convirtió en rutina… Hasta que comencé a conducir en televisión Mi noche con Alfredo, donde entrevisté a Celina González, a Silvio Rodríguez, a una monja del Sanatorio del Rincón.

¿Fue ahí que entrevistaste a Papito Serguera?

Lo invité a una serie de cuatro programas que llamé La Diferencia. ¡Maldito nombre! Comenzaron los problemas. Portillo de la Luz dijo que no creía en los que lo dirigían artísticamente; Carilda Oliver expresó que para ella tenían el mismo valor José Angel Buesa que Mario Bennedetti, y Papito Serguera dijo lo que tenía que decir. Era un programa para que la gente hablara, su oportunidad de expresarse.

¿Pensabas que en Cuba se podía decir la verdad?

Nadie me había dicho que Papito tenía problemas. Sabía que su entrevista iba a ser  controvertida. Sí, logré un 90 por ciento de teleaudiencia, pero lo pagué caro. Los funcionarios que conocían la lista de los invitados al programa, dijeron que no sabían que yo había invitado a Serguera. Me sentí burlado. Hubo una guerra de e-mails, la agarraron contra Serguera, contra mí, contra el programa, se firmaron cartas, como si no fuera necesario repasar la historia.

Aún así, me pidieron que siguiera haciendo programas grabados. Pero se perdía la espontaneidad. Iba a pasar más tiempo en un cuarto de ediciones, corrigiéndome, que frente a las cámaras… No entiendo a los censores.  El que está seguro de lo que tiene, no debe tener miedo. Pues deja que los curas tengan su espacio en la televisión, que todo el mundo diga lo que le venga en gana.

Eres como la balada de Nicola di Bari, 'El último romántico del mundo'.

¡Lo soy! La canción romántica va a estar para siempre. Puede que ahora no disfrute del favor de quienes la retransmiten, pero cada vez que en Cuba se pregunta qué artistas quieres escuchar, junto a reguetoneros y raperos piden a José José, Luis Miguel, Alvaro Torres, a los románticos.

¿Has vuelto a cantar en Cuba?

Hace dos años hice un concierto por Navidad, canté Noche de Paz. Y es que nunca escondí mi crucifijo. Siempre dije en lo que creía. Y si Él me ha dado problemas, también me ha dado fuerzas para resolverlos.

Algunos le llaman a a los artistas que viven en el exterior sin romper con La Habana, 'el exilio de terciopelo'. Tú vives en Mérida, sin romper con el régimen cubano. Como dicen los mexicanos, ¿cómo ves, Alfredito?

Yo vivo donde me vaya bien. Y ningún cubano que piensa así me ha dicho que me va a dar un trabajo para mantener a mi familia. En Miami tengo a mi hijo menor Daniel que acaba de llegar. En los Ángeles, a mi hijo mayor Alfredo; en Mérida a Mayra, mi esposa, que ha sido lo mejor de mi vida. Gonzalo Roig escribió "mis alegrías las compartiste, pero mi penas no, para qué". Eso no ha sucedido en mi matrimonio. Mayra ha estado a mi lado en las buenas y en las malas.

¿Ves el futuro de Alfredo Rodríguez en Cuba?

No pienso mucho en el futuro. Pienso más en el presente. Sé que voy a volver a cantar en mi Isla. Aunque como el hijo que se separa de la madre, no necesito ver a Cuba para seguirla queriendo.