Jueves, 23 de Noviembre de 2017
21:10 CET.
Opinión

El Hombre Invisible

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Pocos días antes de salir de Cuba invité un amigo a casa para dejarle parte de mi biblioteca médica. Reunir cientos de volúmenes fue una labor paciente, familiar, de años y no poco dinero. Ahí estaba el colega-amigo, dándose banquete, sorprendido por este y otro tomo, del cual había oído hablar, o permanecía guardado como un texto prohibido en los anaqueles —ocultos a los mortales, scriptorium medieval— en ciertos hospitales habaneros.  

Terminada su labor, colocados los textos en una carretilla tirada por su bicicleta, el colega y amigo me preguntó por qué me iba de Cuba. Él, militante del Partido Comunista, y uno de los secretarios del núcleo de la clínica, no tuvo otra despedida que esa pregunta incoherente, inculpadora de traición.

Le dije que me había vuelto un hombre invisible en mi propio país. Al convencerme de que el futuro de mi familia y el mío no estaba con el socialismo ni con el comunismo, y no creía en la dirigencia del país —demasiado tiempo en el poder para ser buenos—, no tenía espacio y oportunidad en la tierra que nos vio nacer a ambos.

Mientras él, comunista, podía aspirar a un cargo público, a dirigir la clínica, a subir en la escala social y profesional, muchos como yo éramos transparentes; estábamos, le dije, en la categoría de no-personas, de no-confiables, o como un día me etiquetó un policía, de un "potencial predelictivo".

Pero en pocos segundos comprendí que nunca podría entenderme. A no ser que la llamada Revolución lo convirtiera también en hombre invisible. Entonces, como el personaje de H. G. Wells, habría un cambio en su índice refractario; su cuerpo ya no absorbería las "mieles del poder"y dejaría pasar la luz; la Luz —divina— de la Revolución, la única que puede y debe brillar en toda la Isla.

Hubiera querido decirle, pero a esa altura no merecía la pena amargarle la vida a quien debía o quería quedarse allí, que bastaría alguien de "arriba" ambicionando su puesto, el talento, o acaso, su esposa; simplemente sería suficiente que diera su opinión en el lugar y el momento equivocado, y pasaría a la invisibilidad.

Porque a veces hacerse invisible no es voluntario. Aquel ministro, delegado, embajador que salía en la prensa y en la televisión, de pronto dejaba de existir. Y jamás se enteraba por qué; nunca sabría el pasado que le esperaba. Y los demás tampoco teníamos certeza de qué fue de las vidas de Humberto Pérez, Carlos Lage y su infiel escudero Felipe Pérez Roque, o de quien llamaban el canciller-reguetonero, el Don Johnson —Miami Vice— de la diplomacia cubana, Roberto Robaina.

Unos se tornaron incorpóreos artistas del pincel y del vidrio; otros, hoy cazan mosquitos en los antiguos humedales de Ciénaga; los últimos andan de taller en taller, en la producción directa. Ninguno hace una reversión de su invisibilidad, un proceso que a 90 millas es fácilmente asequible y sobre todo, remunerable. Quien sabe gracias a qué pócima de desmemoria.    

En Venezuela, es doloroso decirlo, hace rato echó a andar el invento de Griffin, el personaje de la novela de Wells, y su fórmula de la invisibilidad. Aunque algunos políticos venezolanos quieran escapar, porque no soportarían pasar inadvertidos, ha llegado la hora de su vaporización del ámbito público, a no ser que tomen otras aptitudes. Creen, tal vez honestamente, que la maquinaria ensamblada en Cuba no funcionará bien en su país —a pesar de tantas demostraciones de que los cubanos tienen copyright de control ciudadano—. Olvidan los olvidados: existen decenas de militares, funcionarios, ministros e intelectuales que acompañaron al chavismo desde sus inicios, y hoy los jóvenes no conocen ni sus nombres.

Olvidan también, y solo parecen comprenderlo en estos últimos días, que el chavismo aún cuenta con cierto apoyo popular. En Latinoamérica tenemos memoria muy corta. Los chavistas de corazón —que los hay— no mienten cuando dicen que en sus primeros tiempos, y por las razones que fueran, Hugo Chávez sacó a grandes masas de venezolanos de su centenaria invisibilidad.

Justamente, más allá de las sanciones que pueda o no implementar la llamada Comisión de la Verdad que la Asamblea Constituyente pretende echar a andar, su objetivo primero es hacer intangible la Asamblea Nacional, legítimamente electa. Después, uno a uno, aplicarle a los líderes opositores la receta cubana: quien no sea chavista no tendrá la menor oportunidad de volver a la vida pública. En un par de años nadie se acordará de quién fue Capriles, Ledezma o María Corina Machado; nadie tampoco recordará a aquellos que tratando de permanecer bajo la Luz, retrasando el "tratamiento", hicieron pactos para retrasar su inevitable evaporación.

Para concluir, una historia real que ilustra estos manicomios totalitarios. Durante la entrega de guardia de un hospital habanero, el Departamento de Admisión informó de un fallecido en Emergencia, enviado para necropsia en la madrugada. Y mostró el correspondiente certificado de defunción. Pero el Departamento de Anatomía Patológica dijo no haber recibido ningún fallecido en toda la noche. Admisión y la morgue se enredaron en acusaciones mutuas.

Al fin el director intervino. Dio una solución salomónica: si el Departamento de Admisión decía que el individuo estaba muerto, muerto estaba. Habría que buscar el cuerpo en otro lado. Y añadió una frase que desde entonces me acompaña: "Ustedes deben saber que en nuestro país la muerte es social, no física".               

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Comentarios [ 17 ]

Imagen de Anónimo

Almagro, Maduro quisiera que Venezuela fuera ya Cuba totalitaria y que la oposición y los opositores pasen a ser invisibles como fuiste tú en Cuba y hasta yo en su momento, pero tu pasa por alto que en Venezuela existen partidos políticos legalmente establecidos y organizados en MUD, a Maduro no le ha quedado más remedio que convocar las elecciones para gobernadores y la MUD está presentando candidatos para los 23 estados y seguramente saldrán elegidos varios gobernadores de la oposición. En contraposición en Cuba la oposición, no legalizada, está tratando postular candidatos independientes a las elecciones a delegados del poder popular y el PCC ya está en campaña para evitar ese minúsculo hecho comparado con las elecciones para gobernadores en Venezuela, COMENTARIO de Esopo.  http://www.talcualdigital.com/Nota/146661/el-voto-universal-derecho-de-resistencia

Imagen de Anónimo

No es raro que le haya dejado a un militante sus libros más queridos. En primer lugar, el que se va quiere despojarse de muchas cosas, quiere quemar las naves como decían los españoles, porque piensa que al menos en lo inmediato no vuelve. Y en segundo lugar, Cuba se ha hecho un país chivateril, que todos - en mayor o menor medida - trabajan para el régimen. Desde los funcionarios hasta los que no opinan ni se quejan. El resultado de eso es un ser desagradable, que miente al descaro, hasta en sus sentimientos.

Imagen de Anónimo

Para 20:17ojala Venezuela no este ya perdida y sin remedio y con un tirano payaso, ignorante y ridiculo, verguenza para la raza humana, el titere de Fidel y Raul, Maduro. que verguenza! Triste y como cubana lo siento mucho. Pero no insulte, señor, que Venezuela votó por Chávez, los cubanos nunca hemos tenido elecciones reales, ustedes escogieron su camino y tal parece que ahora al igual que nosotros,  no sabem salir de el. Su anti cubania diríjala hacia la isla o mejor hacia Miraflores en Caracas, nosotros somos del otro bando.

Imagen de Anónimo

Lo que no pude entender es por que habiendo tantos médicos que no son militantes en Cuba le dejó su tesoro a uno comunista??. Me parto la cabeza y no entiemdo. Sera un caso para Sherlock Holmes. 

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@20.17, paso por alto tu mala ortografía. Conozco muchísimos venezolanos en EEUU con la barriga llena, y cada vez son más los que se van: igualito que en Cuba. En todos estos años Cuba tuvo años y años de lucha armada en el Escambray, algo que tú en tu incultura no conoces. Vamos a ver si la calle les resuelve, ojalá que sí y que sea pronto. Pero bien que decían los venezolanos que Venezuela no sería otra Cuba. Bueno, en muchas cosas, están mucho peor, por arrechos que digan ser ustedes y por mucho petrólego que tengan. Suerte y aquí vamos a seguir hablando de Venezuela porque nos da la gana. Y si tienes algo contra los cubanos que se entrometen en Venezuela, sácalos de allá. Comentando aquí no vas a encontrar a ninguno de ellos. 

Imagen de Anónimo

Ano 16:40 ...pero no venimos aqui o a otra pagina ha hacer escritosdonde se mencionen y se hagan comparaciones con los cubanos. ya artos estamos de la intromision cubana en nuestros asuntos. 68 años y aun estan esperando que EEUU los libere. Nosotros estamos en las calles ustedes estan en EEUU con la barriga llena.

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Excelente articulo. Algo relacionado es el término "asesinato de la reputación" que le aplican en Cuba al que "mete la pata". 

Imagen de Anónimo

En Cuba, muchos altos funcionarios fueron transformados en personajes invisibles. Fueron enviados a trabajos sin contacto ni relación alguna con lo que venían desempeñando. Le ocurrió a aquellos que parecía que jamás les pondrían un dedo encima, como Marcos Portal o más acá, Carlos Valenciaga. Al respecto, dicen que éste último en cada actividad de la Biblioteca Nacional, se transformaba en un showman, ya que imitaba al dedillo a los hermanos Castro hasta que fue apercibido por la Seguridad del Estado, luego que se supiera que llevaba a las reuniones un sombrero tipo militar y un vestido para darle más realismo a sus dotes histriónicas. Con Shakira no se juega.

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Todo el sistema de educacion/adoctrinamiento esta dirigido a eso, a invisibilizar al oponente/adversario y a neutralizar la autoestima de los seguidores quienes estan absolutamente convencidos de que la vida que llevan, es la que se merecen. En tiempos de aislamiento ello era comprensible. Ahora ya no lo es mas. Muy buen articulo.

Imagen de Anónimo

El artículo es muy bueno y en este tema, hay material para escribir varios libros y filmar unas cuantas películas. Esta "invisibilidad" con que trata el régimen a quien no comulga con él, tuvo su antecedente en la Edad Media, con la denominada "muerte civil", en la que el individuo perdía casi todos sus derechos, si bien no su existencia física. Esto me recuerda a un amigo que trabajaba en una empresa en la cual hubo un explote, y de forma paulatina, fue perdiendo su status social a tal punto que sus amigos no le contestaban las llamadas o sus vecinos dejaban de saludarlo. En la nota, es importante la reacción del socio, que, lejos de importarle lo que le sucedía a su supuesto amigo, aprovechaba su actitud "contrarrevolucionaria" para hacerse de libros destacados. En ese gesto, hay mucho de la sociedad cubana, que obedece al régimen pero le pide al primo de Miami que le compre un celular o unos tenis.