Sábado, 16 de Diciembre de 2017
01:31 CET.
Reportaje

Varadero

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Bajo un sol de mil demonios, cientos de personas se cobijan como pueden en los raquíticos árboles que circundan el Capitolio Nacional. Son turistas cubanos. Aguardan a que el reloj marque las 11:45 para abordar el ómnibus climatizado con destino al balneario de Varadero.

No se les pudo ocurrir mejor lugar a los burócratas que diseñan los paquetes de "todo incluido", que poner a los veraneantes locales al asador en una plazoleta descampada, en el Paseo del Prado, en el corazón de La Habana.

Da igual. El gentío está contento. La mayoría va por primera vez a Varadero y también por vez primera se alojará en un hotel de categoría. La boca se les hace agua de pensar en las cantidades de comida. Están locos por colocarse la manilla plástica que dan a los huéspedes del "todo incluido", darse un chapuzón en la piscina, y a consumir se ha dicho.

Excursionistas y gerentes negros, los menos

Ya calientan motores los 16 ómnibus chinos con capacidad para 44 pasajeros cada uno. Entre las 704 personas prestas a turistear solamente hay 39 negros o mestizos. Carlos es uno de ellos. Es militar de rango medio, y por su conducta intachable se ha ganado unos días en una villa radicada en Varadero.

Por su parte, Óscar, un negro retinto, soldador en un fábrica de acero, espera tomar sol en una tumbona, beber cerveza clara, ron con agua de coco y mirar a las europeas que hacen topless en las finas arenas de la playa más famosa de Cuba.

En su puñetera vida, trabajando a destajo por un salario de risa, pensó hacer turismo en un hotel de lujo. Pero el destino se la puso en la mano. Tiene dos hijas esculturales. Óscar y su esposa están orgullosos de ellas. Las dos contrajeron matrimonio con extranjeros.

"Los maridos de mis hijas invitaron a la familia. Fue un regalo por mi cumpleaños. Y que conste, mis negras no son jineteras. Se casaron por amor", aclara el padre ante posibles suspicacias.

Una pareja mestiza con un niño intranquilo se guarece como puede del sol de plomo. La vida les ha dado un mejor status gracias al trabajo particular. Arturo es fotógrafo. Con lo ganado tirando fotos de quince y bodas, reunió lo suficiente para estar una semana con su mujer y su hijo. "Me merezco unas vacaciones", dice antes de abordar el ómnibus con destino al hotel Meliá Las Américas.

Varias mulatas espectaculares, con pinta de jineteras, se pavonean con soltura como si estuviesen en una pasarela de moda. Convoyaron a familiares junto a sus "novios" foráneos.

Más allá, Ricardo es otro prieto con suerte. Su mujer canadiense tiene una cuenta bancaria próxima a los seis ceros. Se le nota. Viste como un rapero neoyorquino, un ramillete de cadenas de oro colgadas al cuello. Cuando mira a su alrededor, nota que son pocos los negros que van de turistas en el grupo.

"No es fácil en Cuba para un negro hacer turismo. Si no es músico, santero, jinetero o deportista famoso resulta imposible. Son los que peor viven. Si acaso tienen parientes en el extranjero, están igual de mal que ellos. Es normal que sean minoría dentro de la élite cubana que puede alojarse en hoteles de 4 o 5 estrellas", dice, gesticulando.

Ya en Varadero, entre el personal del hotel también se notan las diferencias. Gerentes y puestos importantes: blancos. Dependientes, ayudantes de cocina, mucamas y limpia pisos: negros o mestizos.

En un campo de golf con 18 hoyos, cerca del hotel Internacional, han vuelto los caddies de piel oscura. Unos mexicanos regordetes hacen swing de amateurs a bolas de golf que viajan sin sentido y se pierden en un paraje repleto de follaje. Allá va el caddie negro a buscar la bola. Y a cargar los palos.

Precios excesivamente caros para el cubano promedio

La primera vez que Raimundo, 53 años, estuvo hospedado en un hotel de 4 estrellas, fue hace dos años. "Aquello fue tremendo. Imagínate, mi familia estaba acostumbrada a las deterioradas casas de la playa que antiguamente tenían los sindicatos. O el campismo. Gracias a los dólares que me gira mi hermano, hemos podido hacer reservaciones en instalaciones turísticas de primera. Cuando uno le coge el gusto al buen trato, quiere repetir la visita. Ojalá tuviese suficiente para alquilar por más tiempo", cuenta mientras bebe un ron collins en una de las piscinas del hotel Brisas del Caribe.

Desde 2008, cuando Raúl Castro eliminó de un golpe las arcaicas prohibiciones que impedían a los nacidos en Cuba ser turistas en hoteles de lujo, rentar coches o disponer de una línea de móvil, el número de cubanos que aprovechan esas opciones crece en flecha.

Ya en la Isla existen más usuarios con celulares que con teléfonos fijos. También se ha disparado el número de cubanos que hacen turismo en hoteles de 4 y 5 estrellas. Roberto, de la agencia de viajes Cubanacán, habla con cifras en la mano. "Si en 2009 72 mil cubanos fueron turistas en su país, este año las cifras se acercarán a los 100 mil. Para 2013 se prevé que más de 150 mil cubanos paguen paquetes de 'todo incluido'".

Los precios, sin embargo, son excesivamente caros para el cubano promedio. Para dos personas y un menor de 12 años, dos noches y tres días en un hotel 4 estrellas como Brisas del Caribe, en Varadero, cuesta 210 pesos convertibles (230 dólares).

Las cadenas españolas Meliá o Barceló cobran más, pero todas las ofertas, al margen del precio, son con "todo incluido". Los huéspedes tienen derecho a desayunos, almuerzos y cenas en mesas-buffet donde es común que haya varios tipos de carnes y pescados diferentes.

También pueden utilizar los servicios hoteleros. Y beberse toda la cerveza y ron de factura nacional que desee. Algunas instalaciones incluyen vodka y whisky. En los hoteles, los cubanos conviven con extranjeros de paso por Cuba.

A Ana, turista española, le fascina interrelacionarse con cubanos. "Visito Cuba desde hace 20 años. Y no me gustaba estar en una urna de cristal. Los nacionales no podían entrar a ciertos hoteles. O eran mal vistos. Yo no podía subir amigos a mi habitación. Eso ha cambiado para bien de los cubanos", dice, mientras toma un baño de sol en el hotel Paradiso.

'No se nos está haciendo un favor'

Según la abogada independiente Laritza Diversent, prohibir el acceso a cubanos a las instalaciones turísticas fue una violación de la Constitución.

"El artículo 43 lo expresa de forma clara. Todos los cubanos tenemos derecho a utilizar los servicios de ocio. No supimos exigirlo. Por miedo, pereza o desconocimiento. No se nos está haciendo un favor. Sólo se está haciendo cumplir la letra de nuestra Carta Magna".

Aunque pernoctar dos noches cueste el salario anual de un ingeniero de nivel, los que pueden hacerlo, salen complacidos. "Hay deficiencias en el servicio, dependientes que te tratan distinto. Pero, en general, la atención es excelente. Vale la pena estar un fin de semana viviendo como ciudadano del primer mundo. Uno regresa con las pilas cargadas", cuenta Diego, un camagüeyano alojado en Las Sirenas.

A algunos empleados cubanos les disgustan determinados comportamientos de sus compatriotas. Nieves, quien labora en la mesa-buffet de Villa Tortuga, aclara:

"Es penoso ver cómo cargan con jabitas de nailon llenas de carnes, mariscos, dulces y hasta pan, para llevarse de vuelta. También llenan pomos plásticos de cerveza y ron. Es un problema de educación. Hay cubanos que no saben comportarse civilizadamente".

Valga decir que quienes pueden optar por un fin de semana en un hotel de lujo, salvo excepciones, suelen ser personas educadas, profesionales en su mayoría. Pero las carencias de todo tipo durante más de medio siglo han tirado en saco roto los buenos modales y las reglas mínimas de conducta y urbanidad.

La carne de res es manjar de dioses en Cuba. Igual que los camarones y langostas. Comprar buen pescado cuesta un ojo de la cara. Y las carnes de cerdo y pollo, las que habitualmente se consumen, tampoco son baratas. Cuando un turista como el pinareño Ernesto, ve durante tres días tal abundancia de carnes, ensaladas, arroces, frijoles, quesos, frutas y postres, siente el impulso de comer a reventar. Mientras, su esposa e hijos, disimuladamente, introducen trozos de carnes de res y postas de pollo en un bolsa plástica.

El día de la partida cargan tres de esas bolsas repletas con trozos de pargo y sandwiches. "El paraíso es muy corto. Mañana volveremos al infierno. La cantidad de comida es asquerosa. Si en Cuba no hubiese problemas con los alimentos, nadie se los llevaría. Pero siempre hay que pensar en el día después", confiesa Ernesto.

El 78% de los cubanos alojados en el hotel Brisas del Caribe pueden hacer turismo por un par de noches gracias a las remesas enviadas por sus parientes. Otros han ahorrado dinero en sus misiones oficiales a Venezuela o Ecuador. También hay dueños de restaurantes y cafeterías privadas, entre otros cuentapropistas, quienes gracias a su trabajo pueden pasarse un fin de semana en las aguas azules de Varadero.

"Lo difícil es irse. Después que uno se acostumbra al aire acondicionado, canales por cable y tres comidas abundantes al día, volver al ventilador chino y a la escasez es del carajo. Lo otro bueno es que aquí no hay carteles revolucionarios ni de los cinco espías. Y te tratan de 'señor'. Eso me hace sentir bien en mi propio país", comenta Raimundo, antes de subir al ómnibus de regreso a La Habana.

Varadero, el municipio más rico de Cuba

Varadero supera incluso a La Habana. Por mucho. No se pueden confrontar datos. Ya se sabe que el gobierno controla las cifras e informaciones. Pero se nota a vuelo de pájaro. Recorra las calles del municipio. Observe sus casas pintadas y bien equipadas. Hable con sus trabajadores o con cualquiera de sus 20 mil residentes. Y llegará a la conclusión que quienes viven o trabajan en el balneario de Varadero son privilegiados. Los precios de los taxis, particulares o estatales, son escalofriantes. El precio del kilómetro es un peso convertible (algo más de un dólar). Y en altas horas de la noche aumenta la tarifa. Desde el Aeropuerto Internacional de Varadero a la discoteca Palacio de la Rumba (24 kilómetros) el taxímetro puede marcar hasta 27 dólares.

El hospedaje no se queda atrás. Una habitación particular, en temporada alta, sin grandes lujos, con aire acondicionado y desayuno incluido, cuesta entre 33 y 40 dólares por noche. Una casa amplia te puede salir en 50 dólares una noche.

Sin embargo, el municipio no es el de mejor nivel de vida por los salarios devengados, que son altos, comparado con la media en Cuba, sino por lo que se negocia de forma clandestina

Anselmo, cocinero en un hotel 4 estrellas, gana casi 600 pesos mensuales. Y 30 pesos convertibles (34 dólares), por concepto de estimulación salarial. Así y todo, no tiene prisa en pasar por la ventanilla de pago los días veinte de cada mes.

Cada noche, entre propinas y alimentos que se lleva y luego revende, regresa a su casa en Santa Marta, a tiro de piedra de Varadero, con 100 dólares. "Antes tenía días de buscarme 400 dólares. Pero ahora hay más controles. De cualquier manera, siempre se 'inventa'", explica Anselmo.

No pocos de los trabajadores proceden de otras provincias.

Luisa, promotora turística, vendió su casa en La Habana en 36 mil dólares para adquirir una en Varadero por 32 mil. "Era lo mejor, para estar cerca de mi trabajo. No me quejo. Varadero es lo más parecido a Miami. Hay de todo. En divisas o por debajo de la mesa. Me compré un coche. Y puedo darme ciertos lujos", señala al volante de su Nissan rojo.

Raidel, mientras tanto, es taxista de un BMW amarillo de la agencia estatal CubaTaxis. Paga 200 dólares al mes por un alquiler privado. Es de Camagüey, a 450 kilómetros al este de Varadero. "Me es negocio. En un día malo me busco de 40 a 60 dólares. Varadero es la danza de los millones. Sobre todo en temporada alta, cuando vienen los extranjeros".

A tono con las nuevas regulaciones para el trabajo por cuenta propia, desde hace unos meses, taxis privados fueron autorizados a 'hacer piquera' (alquilar) en cualquier hotel o villa.

Cerca de mil 'almendrones' fabricados en Estados Unidos en los años 40 y 50 transitan hoy por las calles de Varadero. También cientos de Ladas y Moskovichs rusos. Exmarinos mercantes, militares, médicos o funcionarios del Estado que adquirieron sus autos en el exterior y residen en La Habana, Matanzas o Santa Clara, se dan un 'salto' por Varadero, para hacer plata.

Península de capitalismo

Leonardo es pediatra. Con lo ahorrado en tres años de misión médica en Sudáfrica, adquirió un Audi plateado. Los fines de semana va a Varadero en plan de taxista. "En un día gano más de lo que me pagan en un mes como doctor".

Cuando usted observa los parqueos de hoteles como Meliá Las Américas o Brisas del Caribe, notará que muchos trabajadores, dependientes, ayudante de cocina o simples maleteros, tienen coches o motos. Viejos autos estadounidenses o rusos. Las motos son MZ de la desaparecida Alemania Oriental. Los gerentes y personal de nivel tienen modernos Audi, BMW o Toyota Yari.

Carlos, lunchero, lo aclara: "Cuando se llevan cinco años trabajando en Varadero, aunque sea 'inventando' a media máquina, da para comprarse al menos una moto".

Esos burujones de pesos convertibles, dólares y euros que se mueven en Varadero han beneficiado a numerosas familias. Como la de Renato, que lleva 15 años alquilando habitaciones. "He podido reparar mi casa y comprarme un carro".

Así mismo, la información circula sin trabas. Todos los hoteles tienen televisión por cable e internet. Gran número de pobladores tienen antenas satelitales ilegales. Cuentas piratas de internet. Ordenadores y móviles Iphone o BlackBerry de último modelo.

La Península de Hicacos, donde se encuentra Varadero, está a 90 millas de la Florida. En los días despejados, como un cañón, entran los canales de Miami.

Después de tres días y dos noches a todo trapo, no se puede evitar sentir enojo hacia el sistema socialista diseñado por los Castro. Si lo dudan, pregúntenle a los turistas cubanos en Varadero.

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