Viernes, 15 de Diciembre de 2017
18:26 CET.
Crítica

Medio siglo después del alba

Reinaldo Arenas no era un bicho raro, ni un monstruo descomunal que aterrizó en un paracaídas rosado, en el verano de 1943, en Aguas Claras, en el oriente de Cuba y se envenenó después, enfermo y solo, en una Nueva York helada y ajena, bajo las nieves de diciembre de 1990. No. Él era nada más que un muchacho talentoso, hijo de una familia de campesinos muy pobres, un tipo irreverente y sin miedo que amaba la libertad, la literatura y los hombres.

Arenas fue un escritor extraordinario, un inventor de sueños desbordado de imaginación y un testigo sincero de la realidad de su país, que escribía en un idioma español que dominaba, a su manera, y que aprendió, en los años 60, mientras trabajaba como limpiador de pisos y escribidor clandestino de cuentos con faltas de ortografía en la Biblioteca Nacional en La Habana.

Entre esos relatos que pergeñaba detrás de sus escobas comenzó a surgir una novela. Le puso Celestino antes del alba, la envió a un concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1967 y se ganó el primer premio. Poco después la publicaron. El autor no sabía que ese sería el único libro que publicaría en el país donde nació porque tampoco sabía que su obra se convertiría en el tiro al blanco de la censura oficial a lo largo del siglo XX. Ahora se cumple medio siglo de aquella publicación.

Todavía con sus escobillones y los cubos de agua con detergente a cuestas, Arenas escribió El mundo alucinante. El libro recibió otra mención en el concurso de la asociación de escritores, pero esta vez no tuvo premio.

El éxito de Celestino antes del alba entre los lectores y la crítica en Cuba hizo que su figura pasara de repente a los primeros planos del mundo cultural y a su ubicación definitiva como enemigo del régimen porque la novela se publicó sin autorización oficial en Francia y por otros dos graves asuntos pecaminosos: su amistad incondicional con escritores que no apoyaban al régimen como José Lezama LimaVirgilio Piñera y las preferencias sexuales que Arenas defendía y ostentaba en público bajo un sistema machista.

La obra de Arenas desapareció de las imprentas en Cuba. El escritor no existía para el Gobierno. El que existía era el ser humano, el guajiro rebelde que hacía una intensa vida en el perseguido universo de la homosexualidad criolla. Por ese motivo fue arrestado muchas veces y cumplió una condena de dos años en la fortaleza de El Morro, en la capital cubana, y tuvo que trabajar por unos meses en la construcción de viviendas para los técnicos soviéticos que empezaban a llegar Cuba.

Arenas salió de la Isla, por fin, en 1980, por el puerto de El Mariel, con una identidad falsa. Esta vez su homosexualismo le sirvió de pasaporte porque el régimen permitió la salida directa en barcos a Norteamérica a los grupos humanos que consideraba parte de la escoria de la sociedad. El escritor estuvo un tiempo en Miami y luego se mudó a Nueva York. En Estados Unidos vivió los últimos diez años de su existencia.

Los críticos y la academia han inscrito su literatura en la parentela cercana del neobarroquismo. Lo cierto es que una de las características fundamentales de su manera de escribir es que Arenas parte de episodios de la vida real y los transforma con su fantasía, los convierte en sucesos, diferentes, en un nuevo retrato de la realidad.

El escritor cubano Jacobo Machover ha señalado la importancia de esa estancia de Arenas fuera de Cuba porque la mayor parte de su obra fue escrita en condiciones difíciles de acosos y urgencias y porque muchos de sus textos fueron confiscados o destruidos por la policía. Por ello, dice, los volvió a reescribir en el exilio muchas veces "confiriéndoles de paso otra voz, otras palabras o imprecaciones más libres pero con menos matices".

En su afán de ofrecer su visión personal del proceso político que se desarrollaba en su país, Arenas escribió, además de Celestino antes del alba, El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El asalto y El color del verano. En 1987 escribió Antes que anochezca, su autobiografía, llevada al cine por Julian Schnabel. El español Javier Bardem hizo una interpretación de Arenas por la que lo nominaron al premio Oscar al mejor actor.

Arenas publicó once novelas, cuatro libros de cuento, tres cuadernos de poemas y escribió también ensayos y una obra de teatro.

Me hubiera gustado terminar esta nota con unos versos suyos, pero creo que se sentiría mejor si comparto con los lectores las líneas finales de su última carta, firmada en Nueva York, en diciembre de 1990, en la que destaca que de la decisión de suicidarse hay un solo responsable: Fidel Castro.

La misiva termina así: "Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla le exhorto a que siga luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza. Cuba será libre. Yo ya lo soy".


Este artículo apareció originalmente en el diario español El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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Comentarios [ 16 ]

Imagen de Anónimo

En paz descanse hoy, 7 de diciembre, Reinaldo Arenas.

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

A mi, este articulo de Raul Rivero me parece muy bueno. No siento el sonido de la cascabel que otros parecen encontrarle. Me parecen ridiculas las comparaciones que algunos hacen. Ambos, Rivero y Arenas, son muy distintos, tanto en su vida personal como en su obra. Reinaldo Arenas fue un buen escritor. Salio de la nada, de la miseria caracteristica de los campesinos cubanos. Resulto un milagro que se hiciera escritor, asi que no hay por que dudar que haya tenido faltas de ortografia en sus inicios. Su prosa es fluida, pero enrevesada, asi como los argumentos de muchas de sus novelas. Reinaldo Arenas vivio una vida de vicisitudes y angustias. Fue muy valiente al enfrentar su karma de opositor, homosexual e intelectual. Demasiados "defectos" para la Revolucion. Su propia lucha contra los demonios le creo enemigos encarnizados con los que peleo fieramente, como en cualquier guerra, sin mucha etica en el combate. Tuvo tambien amigos, pocos, pero admirables amigos. Su mejor obra no fueron sus novelas, ni sus poesias, ni sus ensayos, sino su autobiografia. Es conocido internacionalmente por ese libro. Al cine no se llevo ninguna de sus novelas, sino su vida. Y ha pasado a la historia de Cuba mas por su homosexualismo y las terribles consecuencias que enfrento por mantener su dignidad de homosexual que por su obra literaria. Asi lo veo yo. Y no creo tener carga ni contra Rivero ni contra Arenas.

Imagen de Anónimo

Según Anónimo 19:50, para que un escritor pueda escribir de otro tiene que superarlo en fama y/o calidad. Él es académico y hablar de la biografía de un escritor es chanchullo, él nunca menciona datos biográficos porque eso es chanchullo y envidia. Y el señor académico termina su argumentación invocando las películas de Hollywood. ¡Tremendo "académico"!

Imagen de Anónimo

19:50 Raúl Rivero es un buen poeta. No lo niego. Pero en fama, jamás alcanzará el lugar de Reinaldo Arenas, a quien lo conocen hasta las hormigas. Su obra, de total denuncia, está por encima, por muchas otras cosas, que la obra de Rivero y de muchos otros cubanos. Yo soy académico y jamás, cuando hablo de una obra, menciono para nada la vida del escritor. Esto, en mi medio, suena a chanchullo, a trapos sucios, a vendetta y, en última instancia, a envidia personal. Por lo demás, no es cierto que Arenas hiciera tales trabajos. Y lo de las dichosas faltas de ortografías es muy dudoso, pues que Reinaldo no era un analfabeto. Antes de 1959 había un gran cuidado en la ortografía de los estudiantes en Cuba. Y Reinaldo Arenas luego trabajó en la UNEAC y no dejó de escribir. En fama internacional, en obra lograda, traducida, reconocida, jamás Raúl Rivero podrá compararse con Arenas. ¿Dónde está el célebre filme, propuesto incluso para un Óscar, en la meca mundial del cine, sobre Raúl Rivero? Por favor.

Imagen de Anónimo

A mí Raúl Rivero no me levanta roncha alguna, francamente. Señalo en qué se equivoca, porque cuando yo conocí y trataba a Reinaldo Arenas, en Cuba, Rivero no andaba por todo eso. Y la verdad es que Reinaldo nunca limpió pisos en la Biblioteca Nacional, como escribe erróneamente Rivero. Sí tenía faltas de ortografía, pero también luego tuvo buenos editores que las corrigieron.

Imagen de Anónimo

Quiéralo quién lo quiera, o no, la realidad es que José Martí, José Lezama Lima y Reinaldo Arenas son los tres escritores más importantes de la Literatura Cubana. Y vamos, que las faltas de ortografía de Arenas no eran tan significativas como para sacarlas a relieve. Empezó a escribir sin una formación completa y de niño, para terminar de hacerlo después en La Habana, eso explica sus faltas especialmente al inicio. No consta en ninguna parte que limpiara pisos en la BNJM, porque llegó a La Habana a completar estudios de Economía, dio a conocer un cuento en un concurso en la BNJM y terminó ascendiendo como empleado en la propia BNJM, con la ayuda de María Teresa F de A.

Imagen de Anónimo

Lo que si es cierto que Raul Rivero, otro grande de la literatura cubana como Arenas, levanta ronchas cada vez que escribe algo en DDC. Pueden hacer una busqueda por su nombre y por cada articulo suyo publicado aqui ir a los comentarios para que vean que hay siempre unos cuantos, disparandole sin ton ni son a Rivero. El Anonimo 17:32 lo ha dicho muy bien.

Imagen de Anónimo

Yo nunca conocí la historia de que limpiaba la Biblioteca Nacional. De hecho María Teresa Freyre de Andrade lo protegió hasta donde la ilustre señora pudo hacerlo en aquel contexto sucio, que se comenzaba a gestar. Quiero señalar dos cosas: primero, el hecho de que se mencione que Reinaldo Arenas fuera homosexual no constituye, de manera alguna, un demérito y quien lo señala muestra el complejo de culpa, que sociedades machistas nos inculcaron, incluso en los propios homosexuales y que perdura aún en las genereaciones que vivieron esas etapas de persecución y ostracismo. Cuando aprenderemos a ser "maricones con dignidad" porque el hecho no constituye una afrenta y es tan normal como admitir que José Martí era mujeriego.  Segundo, el hecho que escribiera con algunas faltas de ortografia no le resta mérito al genio que fue. La realidad no se puede ocultar. Hasta cuando estaremos arrancando páginas de diarios personales, solo porque queremos idealizar una realidad historica. 

Imagen de Anónimo

No sé de dónde sacó Raúl Rivero que Reinaldo Arenas limpiaba pisos en la Biblioteca Nacional. Hasta que en el año 68 le dieron empleo (con todo y faltas de ortografía) en La Gaceta de Cuba, Reinaldo trabajó en el departamento circulante, en la planta baja, donde siempre nos saludamos y donde, en efecto, escribía en sus ratos libres. No hay por qué exagerar. Después de todo, archivar papelitos y cargar libros es un tarea tan anodina como usar el palo de trapear.

Imagen de Anónimo

¿Dónde está la bajeza de Raúl Rivero al homenajear en la prensa española a Reinaldo Arenas por el cincuentenario de la publicación de su primer libro? ¿En decir que cometía falta de ortografías? Pues fue verdad y muchos de los que conocieron a Arenas pueden afirmarlo, y eso no significa demérito alguno nada más que para los beatos y beatas de la cultura, esos estúpidos que creen que todo lo que se admira tiene que ser impoluto. En cuanto al Ano. 16:40, no es vil, sino miserable. A ver si él aguanta el juicio y la cárcel que aguantó Rivero en Cuba. 

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