Sábado, 16 de Diciembre de 2017
06:11 CET.
Crítica

Boleto a College Station

En su conocido ensayo sobre Wallace Stevens, Harold Bloom coincide con Helen Vendler en que para el poeta de Transport to Summer  la disección es el instrumento decisivo, su marca por excelencia. Desde luego que siempre teñida de ironía, como disfrutamos en The Man with the Blue Guitar. Tal disección irónica navega por este Libro de College Station, último volumen  de juventud de un poeta clave entre los de habla hispana nacidos cerca o en 1980. Ahora —en este 2016—ya en el precipicio ontológico y estético que le desmantela el borde de los 35 años a Pablo de Cuba Soria.

El análisis —otra disección— involucra con sorna y desparpajo —la ironía— cualquier referencia temática, sin excepciones por respetabilidad o extrañamiento. No hay nada que temer ante la inevitable —peyorativa para populistas—calificación de poesía hermética, dada su exigencia de una cultura literaria, artística y filosófica para su más plena intelección, disfrute, placer de leer. Requerimiento que suele cumplir la actual elite degustadora de poemas, limpia del fanguero electrónico donde todos los gatos son cenicientos.  

Quizás por este deslinde la poética de Pablo de Cuba Soria y escritores afines; así como la editorial Casa Vacía —que amplía su círculo órfico con este libro—; fundamentan su desafío artístico en una inequívoca cita del Zaratustra de Friedrich Nietzsche que declara arrogante: "Sobre ello podría yo cantar una canción, y quiero cantarla: aunque esté yo solo en la casa vacía y tenga que cantar para mis propios oídos".

Tal altanería expresiva bambolea la inteligencia y sensibilidad del lector. Cruza indemne los charcos facilistas donde desaparece la sugerencia, tan comunes en esa avalancha de textos que hoy se publica en cualquier lengua, bajo el truco barato del relativismo apreciativo y el respeto al derecho ajeno; que incluye al ridículo y la cloaca, a lo cursi y lo lerdo.

Bien lejos de este Libro… alguna concesión al didactismo, bajo una enorme distinción al que es otro, al que lee intuido por los románticos simbolistas. De ahí su pertinencia contra tiempos —contratiempos— donde saber más de menos demora segundos en cualquier laptop. Y su extrañeza. Aquí lanzada a participar en referencias y alusiones que jaquean cualquier inteligencia y cultura para multiplicar el disfrute artístico del texto.

La noche del 18 de marzo de 2011 —hace cinco largos años— cuando presenté su cuaderno Inestable en La Otra Esquina de las Palabras, el popular sitio en el Café Demetrio de Miami que cada viernes dirige Joaquín Gálvez, insistí en las peculiaridades que determinan el tipo de lector para textos fraguados bajo esta poética.

No hice énfasis aquella noche en que se trata de un recinto ontológico donde Pablo de Cuba Soria, como si manejara un carro loco en una feria, rebota de los costados del rectángulo para chocar con vivencias buscadas o recibidas; que le obligan a giros inusitados, aceleramientos o detenciones sintácticas, cruces  metafóricos donde se traslada a una alusión o a una intertextualidad que incita al lector.

Desde la propiedad precedente, Inestable se proyecta a el Libro de College Station, bajo sesgos que caractericé por su afición a los cortes abruptos: malabares de palabras y silencios que potencian como virtud singular la disfemia o tartamudez. Tal como transforma en el cuaderno Gago mundo, donde los anacolutos bailan y se detienen, aventuran y presagian un itinerario estilístico no sólo inconfundible sino coherente en sus intermitencias.

Las memorias de su estancia en College Station, universidad donde cursó la maestría y el doctorado en literaturas hispanas, se benefician de una experiencia creativa que comenzó en su adolescencia, además de contactos inéditos con autores y poemas incluidos en los programas de las asignaturas que se vio obligado u optó por cursar;  más lógicas lecturas colaterales que sus curiosidades —siempre efusivas— llevaron a lo que José Lezama Lima llamase "horno transmutativo", como parte de la relación dialéctica entre canon y agón dentro de la poesía de habla hispana de hoy. Y hacia su peculiar disección, no alejada —reitero— de la poética de Wallace Stevens. Parecida entre los poetas de habla hispana que fueron coetáneos de Stevens —nacidos alrededor de 1880—, como Antonio Machado, tan cercano al mesurado vanguardismo transgresivo del poeta de Pensilvania. Ni uno ni otro —ni Pablo de Cuba Soria— se propusieron agredir sino transgredir. No aceptar líneas ni fronteras, pero sin escandaleras estridentistas, de vanguardiasruidosas pero efímeras.

Libro de College Station trae un epígrafe que prohíbe (Apocalipsis, 5:3) la lectura por su peligrosidad. La alusión es válida para sí mismo, como de inmediato se lee, sobre todo gracias al uso de la letra cursiva. La advertencia vale reiterarla: estar atento a cada una de las señales gráficas. Ese es el tipo de vanguardia que le interesa al autor: la que disecciona para advertir, sacudir al lector. Y como uno de los fantasmas que constantemente sobrevuela el memorial es Beckett, las tensiones que genera son a la vez argumentales, en difícil interacción con los guiños verbales, como la supresión de artículos, la separación de pronombres enclíticos, los paréntesis...

Ferlinguetti Batista espanta las ideas: "hasta que se confunden con los silbidos del aire". Su cuento —siempre con Nietzsche al costado— transcurre en el pueblecito universitario, pero no deja de estar en el mundo, no solo germano. La estación de trenes que le dio nombre, aún mantiene el constante pase de ellos cerca de la calle principal, lo que abre la especulación dentro de la constante ironía al humor, al distanciamiento que aligera la historia: del sonido a la probable colisión, dice que "armoniosa".

Entre citas e intertextualidades su tren —diario de apuntes— aclara: "Aunque, a medida que esta historia no se puede relatar —de hecho no se relata, se sitúa—, concurrirán saltos de agua para disimular las contracciones". Ellos son precisamente los que al jugar, como con Sócrates y su muerte, crean la subyacente armazón del Libro…, sin dejar las bromas, la autoburlas que lo limpian de pedanterías y arrogancias, como cuando —en broma— afirma que "se propuso escribir veinte líneas al día", en clara alusión burlesca a su amigo, el admirado poeta José Kozer, clinamen —desvío— inexcusable a realizar en su obra. Lo mismo que huir de "La obesidad de las formas", como declara en la sección VII antes de casi abrumar con los constantes intertextos. Quizás porque en primera instancia: "Cuando encontrar le sentido a la sintaxis, quiso, la polilla prosiguió su curso". Es decir, siguió comiendo papel, signos, mensajes.

Porque alarma "Esto de tener que llamar se", que tal vez sintetice la vocación de contar su historia. El poeta encara su identidad, lo que convierte el Libro…  en una suerte de bildungsroman, no novela pero sí texto poético de iniciación y aprendizaje sobre la marcha del tren, de sutren que disecciona al escribirse. No es casual que una próxima estación-sección, indique que carece de aprendizaje, que no ha aprendido nada. Lo que incluye el aprehender fenomenológico, epojé que dentro de su paréntesis no tiene nada.

Ese vacío existencial que se anuncia como parada final —recordar que Nietzsche es pasajero de honor—  determina la confesión, que le otorga la máxima emoción cuando confiesa: "A veces cansa llamar/se Pablo, una de las tantas formas del dolor. Por ello, en muchísimas ocasiones, soy exactamente lo que leo, aquello que me robo para entonces apropiarme lo en Taller de Resonancias".

Ante la encrucijada de la existencia —muy Albert Camus—, que siempre conduce a las aporías de la vejez, la enfermedad y la muerte, el personaje-autor, leído como desdoblamiento, no se amilana. Y ahí está el desafío. Un desafío que Pablo de Cuba Soria logra ir diseccionando para que nos emocionemos. Emoción, verdadera encrucijada anímica que aquí se produce y nos produce. Como para no bajarnos del tren.


Pablo de Cuba Soria, Libro de College Station (Casa Vacía, Richmond, 2016).

Pablo de Cuba Soria en DDC: Mme de Asbaje, A Lume Spento (Napoleón entre los altos), Cuando poesía volvió a escribir los (Perdidos unos, otros inspirados) y Una temporada en Realidades (Cerca de Bellville, colindante con Auschwitz).

 

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

El libro de College Station y el del desaparecido poeta Lorennzo Garcia Vega ya pueden adquirirse en Amazon, tanto en ebook como en papel. Éxitos a la nueva Editorial Casa Vacía

Imagen de Anónimo

"la actual elite degustadora de poemas"… Esperemos que el libro de Pablo de Cuba sobreviva a semejante cosa.