Viernes, 15 de Diciembre de 2017
01:49 CET.
Narrativa

Tan triste como 'Los paraguas de Cherburgo'

A  mi correo han enviado una encuesta donde hacen preguntas acerca de la intimidad y el amor. Según reza en el encabezamiento, debe ser contestada en menos de veinticuatro horas y reenviarse a la página web mujeres de hoy, para ser revisada por una comisión de especialistas que se encargarían de seleccionar las tres mas sobresalientes para ser publicadas en el próximo número de la revista digital Romantic Time.

El sujeto que me la hizo llegar, un tal Gonzalo Mendoza, estaba errado, pues algo así solo atañía a amas de  casa y a fervientes adoradoras de Corín Tellado. Aunque repasando las últimas preguntas me sentí animado, por lo que comencé a rellenarlo con la inmediatez que se precisaba en el asunto.

¿Es cursi la palabra amor?

Prefiero el vocablo sexo, tal vez por ser esta una palabra más abarcadora, el sexo encierra ternura, violencia, en ella está inmerso lo prohibido, la pornografía, pueden entrecruzarse tanto pasiones intensas como sentimientos reprimidos que varían en dependencia del tipo de individuo, ¡sí! Porque cada persona tiene la posibilidad de experimentar disímiles estados anímicos, incluso, un asesino en serie podría sentir especial adoración por alguna de sus víctimas sin llegar a deshacerse nunca de ella, y algo semejante no puede tratarse de otra cosa que de amor.

¿Cree que en la intimidad, el rendimiento de un hombre negro, puede ser mejor que el de un hombre blanco?

Estaba en la tercera pregunta, y parecía destinada a un entrenador deportivo. Leyendo la segunda no me sentí bien, y aunque sabía que todas debían ser contestadas opté por dejarla en blanco.

He tenido sexo con hombres negros y blancos, pero no he sido capaz de discernir las diferencias, solo sé que los hombres negros, algunos, besan en la boca con lengua, y antes de meter las manos donde quieren, se sientan en una esquina de la cama y en un minuto me cuentan de su mujer y los respectivos problemas. Los hombres blancos, algunos, también besan  con lengua, y antes de meter las manos donde quieren se sientan en una esquina de la cama y en un minuto me cuentan de su mujer y los respectivos problemas. Eso me hace pensar que tanto hombres negros y blancos son seres muy comunicativos, y por lo general en la intimidad ambos luchan por conseguir aquello que sus mujeres se rehúsan a darles.

Lo del rendimiento es algo superfluo, unos sobresalen más que otros, y otros no son tan satisfactorios. Tengo la certeza de que las razas no tienen nada que ver con el asunto.

Desconfié de la respuesta, ciertamente no creí haber entendido del todo la pregunta. Releí la número dos y esta vez sentí melancolía, una sensación como de haber ingerido pastillas con alcohol. Casi lloro, pero me contuve, y sin mucho ánimo fui a la cuarta pregunta. ¿De los objetos que usa o tiene  en el hogar, cuál distingue como un elemento erótico?  Con esta comencé a desconfiar de la revista, más que de algo serio, parecía tratarse de una broma. Por mi parte no supe si ser sincero, o que lo mejor era inventar una contestación similar de estupida e intrascendente. Pero no lo hice.

En casa tengo una gran variedad de frascos de vidrio. Colecciono botellas, de las cuales unas son mas alargadas, y otras no tanto, algunas se diferencian por su grosor y colores, a todas les he otorgado un nombre. Las más insignificantes en tamaño tienen nombres muy cortos, y las que sobresalen por su altura les he puesto nombres más viriles, como por ejemplo: Alessandro, Napoleón, etcétera, etcétera. Yo mismo he confeccionado botellas de cerámica que sobrepasan los cinco metros, a estas les he conferido nombres largos y compuestos.

Desde hace unas semanas, he comenzado a acaparar tubos de desodorantes. A estos solo los diferencio por sus olores. La colección va en aumento, y para ser franco, es muy  bonita.

¿Se ha masturbado alguna vez, pensando en el amor, o nunca se ha masturbado?

Me hago pajas con frecuencia, pero no recuerdo haberlo hecho alguna vez pensando en esa frase. En ese instante de frenesí  o nirvana suelo anular ciertos sentimientos, y es que prefiero ocupar la mente en imágenes mucho más sugestivas, pensar tal vez en algunas celebridades: Brad Pitt y sus fotografías tomadas in fraganti, donde se le ve tan real, desnudito, untándose crema en el cuerpo. O  pienso en las fotos donde aparece Bruce Willis, haciendo jogging en una playa nudista, casi excitado por el movimiento y el roce continuo de la pinga contra sus muslos.

Definitivamente, nunca, jamás, me he hecho una paja pensando en el amor. Pude haber continuado  respondiendo pero llegué a un punto en el que comencé a sentirme incómodo, reducido al tamaño de una pasa. Sentado allí, dejando correr el tiempo en vano, dándole respuesta a un formulario que me hacía parecer un imbécil, un montón de preguntas que de ser contestadas no resolverían ninguna de mis carencias afectivas.  Determiné dar un click en borrar y desaparecí el mensaje, todo no era otra cosa que un juego inútil. Apagué la máquina y me fui a la calle. Caminé más de diez kilómetros y sentí mucho cansancio. Tengo mala la circulación, pero no le di importancia al dolor, ya estaba acostumbrado a las caminatas y a la búsqueda incesante de ese alguien añorado. De regreso, no dejé de pensar en la incontestada pregunta, y en cómo  se les pudo ocurrir preguntar: ¿Cree que hay muchas personas solas?


Nonardo Perea ha publicado el libro de cuentos Vivir sin Dios (Extramuros, La Habana, 2009). La editorial Montecallado publicará próximamente su novela Donde el diablo puso la mano. Este cuento pertenece a un libro inédito.

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