Martes, 19 de Febrero de 2019
Última actualización: 13:54 CET
Cine

Jobabo, donde una mina de oro contaminó un pueblo

Mina de oro al aire libre de Jobabo, Las Tunas. (GRANMA)

Los jóvenes periodistas tuneros Niúver Rodríguez y Gianny López Brito han realizado un documental no solo valiente, sino también estremecedor. En apenas diez minutos, Colina 79 consigue articular una historia que impacta y conmueve, que prefiere romper el silencio ante la gravedad de una problemática que ha colocado en riesgo la vida en Jobabo, una comunidad rural en Las Tunas.

Colina 79 nos sumerge en el drama de una población a la cual, hoy día, se le dificulta el acceso al agua potable debido a la contaminación de la presa El Lavado con productos químicos letales, procedentes de las piscinas donde se procesan las tierras de la mina de oro Golden Hill, una de las más antiguas de Cuba.

Según explica el documental, La Colina Dorada (como también se le conoce en su traducción al español) representa el mayor yacimiento de oro en la Isla. Toda la actividad que genera, desde la extracción del mineral hasta su posterior refinamiento en Holanda, aporta cinco millones de dólares cada año a la economía nacional.

Sin embargo, la carencia de una estrategia para mitigar los posibles daños colaterales debido a fenómenos meteorológicos, como es el caso, propició que las intensas lluvias que azotaron a la región hace varios meses desbordaran las piscinas artificiales con tierra extraída de las minas que, en esos momentos, recibían el tratamiento químico para procesar el oro.

El desborde alcanzó a la presa El Lavado y el daño, al parecer, resulta ahora irreversible. De este modo no solo quedó afectada el agua del consumo humano, sino también la fauna del embalse, que tampoco puede consumirse.

Según sostiene el documental, los efectos nocivos de quienes estuvieron expuestos al contagio fueron detectados a tiempo y no hubo que lamentar pérdidas de vidas humanas. Paralizadas las operaciones, se evitó la presencia de altas dosis de concentración de químicos en los habitantes, pues se ha prohibido el consumo del agua contaminada. El deterioro medioambiental afecta todavía a los 50.000 jobabenses que ahora se sirven del agua de los pozos de Birama, trasladada en carros cisternas.

Es este documental el resultado de un excelente trabajo de periodismo de investigación que prefiere romper el cerco del silencio respecto a un tema manejado sigilosamente hasta ahora. Ha recibido el Gran Premio de Difusión de la Realidad en el Festival de Tunasvisión y, posteriormente,  el Premio Caracol en documentales realizados por telecentros fuera de la capital estrenados el año pasado.

Sería interesante que los realizadores abordasen en una segunda parte, como han prometido,  las historias sobre la extracción clandestina de oro que actualmente efectúan los habitantes de la región, los riesgos que enfrentan los excavadores furtivos, los llamados "topos", e incluso, los casos de muerte por accidente debido a los derrumbes en los túneles, construidos con recursos caseros.

La práctica minera alternativa, generalizada en la zona y muy perseguida también por las autoridades oficiales del lugar, ha mejorado las condiciones de vida de quienes se arriesgan a ejercerla sin estar capacitado para ello y sin medidas de seguridad; a otros les ha permitido también emigrar al extranjero.

Hay algo interesante en este documental que merece un comentario final. Se trata de la calidad de su factura, a pesar de los escasos recursos de sus realizadores y los no pocos obstáculos que enfrentaron para llevar adelante este empeño. No es esta una obra que emplea la clásica estrategia discursiva de la entrevista; antes bien prefiere concederle a la imagen todo el protagonismo del relato. De un modo diestro, consigue enhebrar una poderosa capacidad de enunciación. En eso tiene mucho que ver la fotografía de Raúl Verdecie, el acompañamiento del registro sonoro y el buen tino de sus directores para estructurar un relato breve pero intenso, demasiado inquietante respecto al tema que aborda y sobre el cual, dada su importancia social, medioambiental y política, los medios informativos no han mencionado una palabra.

2 comentarios

Imagen de Alex Heny

Vi este documental porque la nota dice que es excepcional, de magnífica factura.  “Excelente trabajo de periodismo de investigación”, dice, que estaba denunciando un hecho atroz y que ha recibido reconocimientos y premios.El documental no dice nada interesante ni novedoso. Es, si acaso, sensacionalista en tono bajo. Es más, solo diciendo que debido a intensas lluvias se desbordó una piscina de contención de residuales peligrosos y se contaminó el agua, sustituye con creces el documental, que ni siquiera explica qué estamos viendo.Yo tengo la suerte de saber lo que vi: es una operación minero metalúrgica de extracción de oro con cianuro por lixiviación en lote, precipitación con zinc (método Merrill–Crowe) y fundición para obtener aleación Doré.Por procedimiento, antes de que la solución de cianuro ya usado pase a las piscinas de contención, debe recibir un tratamiento que convierte el cianuro en especies menos tóxicas y eventualmente en sustancias no nocivas.Y ese debería ser el punto del documental: investigar si se está tratando ese cianuro, y si no, por qué, quién es responsable de tal omisión.En fin, un buen tema mal tratado, porque en lugar de ir al meollo del asunto lo que hace es reportar que se desbordó un estanque por la lluvia.

Imagen de Balsero

Estas empresas canadienses conocen bastante de minería. El problema es que muchas veces usan métodos reñidos con el medio ambiente en aquellos países con alto nivel de corrupción y/o carentes de instituciones fuertes. Por caso, no me imagino a un sindicalista cubano recriminándole a su jefe canadiense por el uso de derivados de cianuro, que por otra parte, con un puñado de billetes bien repartidos compran voluntades.

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