Miércoles, 26 de Septiembre de 2018
Última actualización: 12:54 CEST
ARTES PLÁSTICAS

La Acacia reabre sus puertas con 'La noche boca arriba'

'Por naturaleza', de José Emilio Fuentes (JEFF).
'Sin titulo' (puertas), 2018, de Linet Sánchez.

La Acacia reabrió sus puertas el pasado 16 de junio con la exposición colectiva La noche boca arriba. La muestra, conformada por obras de 44 artistas, se apropia del título de un cuento del escritor argentino Julio Cortázar, el cual sirve de pretexto al equipo curatorial para desplegar un ajiaco de creadores en el céntrico espacio capitalino. En la exhibición se reúnen generaciones y procedimientos creativos diferentes. Múltiples son las obras que en soporte audiovisual, pintura, dibujo, fotografía, escultura e instalación permanecerán a disposición del público hasta el 30 de agosto. 

Emplazada muy cerca del Gran Teatro de La Habana, a un costado del Capitolio Nacional y a pocos pasos del Parque Central, La Acacia reinaugura con la presente muestra su sede original. El emblemático escenario para las artes visuales fue trasladado en 2014 a otro local ubicado en 5ta y 7ma, Miramar, donde continuó con sus actividades, mientras por razones constructivas permanecía cerrada la sede fundacional. Allí se presentó, en la década del 80, la significativa exposición Volumen Uno, símbolo de un período de ruptura en las artes plásticas de la Isla. La muestra que hoy reseñamos nos hace recordar el espíritu de colectividad de Volumen, pero con diferencias notables, como la carencia de obras sobre las cuales poder reflexionar más tarde; algo que sucede con alarmante frecuencia en el actual circuito de galerías.

Aplaudimos la valentía de los responsables de La Acacia, con Tania María Piñeiro Bequet a la cabeza, por arrojarse al vacío e invitar a artistas noveles a un diálogo con figuras ya consagradas, entre las que se incluyen dos premios nacionales. Sin embargo, cuando asistimos a eventos como este, nos inquieta la notable falta de contenido existente en las piezas seleccionadas. Piezas como "El mundo del arte", de Nelson Jalil, y "Sumario", de Duniesky Martín, son ejemplos de un arte facilón, relamido y trasnochado, que no está a la altura de un espacio como en el que son presentadas. En contraposición, "Sin título", de la serie Vitrubie, de Alejandra Glez, es un acierto.

Al repasar las fotografías tomadas el día anterior, revisitamos la muestra y la nómina de artistas de La noche boca arriba, donde se muestra la labor de nombres reconocidos como Marta María Pérez Bravo, José Manuel Fors, José Ángel Toirac, José Ángel Vincench, René Francisco Rodríguez, Henry Eric Hernández, José Emilio Fuentes (JEFF) y Linet Sánchez. Entre los menos conocidos destacan las piezas de Alejandra Glez, Otto Tiell Dias, Pablo Smidt (ARG), Leslie García, Sumie García, Adislén Reyes, Rodney Batista y Frank Mujica. 

A pesar de las firmas de peso en la exposición, solo tres obras llaman activamente la atención; la primera, una escultura en metal titulada "Por naturaleza"de José Emilio Fuentes (JEFF). La pieza, que resuma poesía e ironía, se aleja de los trabajos que el artista ha venido desarrollando en sus esculturas de metal inflado. Si observamos con mayor atención, apreciamos en la parte superior unos extraños rombos estrellados que rompen con la naturalidad de la imagen; en un contexto inesperado JEFF ha colocado el símbolo que identificó en vida a Fidel Castro y que podía apreciarse en las charreteras de sus trajes militares. En la actualidad, y tras su desaparición física, el símbolo es utilizado en innumerables carteles, murales, fotos, camisetas y demás artículos para acentuar su figura como parte de la campaña mediática "¡Yo soy Fidel!", que intenta perpetuar su imagen en los más jóvenes. El artista nos muestra la naturaleza de la muerte física del gobernante y cómo en la inflexibilidad del pasado se intenta perpetuar el futuro. Sin teques, fanfarrias o panfleto, a JEFF le basta con la lírica de un simple y cotidiano objeto ornamental para trasmitir eficazmente sus inquietudes, recurso que podría interpretarse también como un simple homenaje.

La segunda obra, "Juego sucio", de la serie Trampas de cazabobos, pertenece a la artista Leslie García. Si bien trae a colación uno de los grandes problemas que padece el país —la existencia de una moneda propia, sin valor alguno más allá del papel en que se imprime—, la artífice pone el dedo en la llaga al destapar la peligrosa espiral de acumulación de capital acrecentada en un contexto "socialista", donde se supone que "la riqueza debe ser repartida con justicia". Muy al contrario, es la cultura de ganar dinero fácil la que se ha instaurado, junto con la corrupción. 

La tercera obra es una fotografía en blanco y negro hecha por la joven Linet Sánchez, "Sin título" (puertas). La imagen nos invita a entrar a una habitación repleta de puertas que no van a ningún lugar y a todos lados al mismo tiempo. Linet trabaja con los espacios, el vacío y la incertidumbre de la espera. Son los espectadores quienes deben elegir las puertas que quieren abrir, los caminos a transitar. La artista ofrece el medio, la guía, el escape, pero es el público quien debe aventurarse ante el descubrimiento, quien debe buscar las respuestas al otro lado del umbral, donde les aguarda un futuro hipotético, desconocido tal vez pero anhelado por todos.

Esperamos que iniciativas como esta se repitan y artistas noveles dialoguen con otros de más vuelo. Proyectos como La noche boca arriba pueden ser el escaparate ideal. Solo resta que sus organizadores afinen la puntería, pues talento hay en la Isla.