Viernes, 23 de Agosto de 2019
Última actualización: 02:34 CEST
Historia

La República, tal como la cuenta hoy 'Bohemia'

El palacio presidencial, en los años 30.

Con motivo de conmemorarse el pasado año 2018 el aniversario 150 del inicio de las luchas por la independencia de Cuba, la revista Bohemia —ese remedo actual de aquella revista que antes de 1959 era orgullo de la prensa nacional— publicó en dos partes una síntesis de los acontecimientos más importantes del referido lapso.

La primera entrega apareció el pasado mes de octubre, y abarcó el periodo 1868-1901, es decir, la Colonia y la ocupación norteamericana. El segundo número, con fecha enero de 2019 y que trata el periodo republicano 1902-1958, llegó recientemente a manos de los lectores debido al proverbial retraso con que las publicaciones cubanas salen de la imprenta.

En esta ocasión vamos a referirnos a los artículos dedicados a la República, los cuales, por supuesto, fueron escritos con esa especie de ojeriza con que la cultura y la política oficialistas visualizan ese período de nuestra historia.

De acuerdo con el punto de vista de Bohemia, la República nació con una deformidad estructural debido al carácter monoproductor y monoexportador que adquirió su economía en el contexto de las relaciones con EEUU. Perjudicial también habrían sido las elevadas importaciones provenientes de la nación norteña.

Todos los presidentes republicanos —con la peor parte para Fulgencio Batista— fueron denostados  por los articulistas de Bohemia (Estrada Palma fue un cicatero, José Miguel Gómez un as de los negocios turbios, Menocal mató a sangre fría, Zayas manejó mal los fondos públicos, Grau fue cínico y demagogo, Prío practicó la corrupción administrativa), mientras que en lo referido a la actuación de los partidos políticos, las palmas de Bohemia son para los comunistas cubanos.

En lo concerniente a la cultura, este recuento omite nombres y obras que no son del agrado del castrismo. Y, como era lógico suponer, se esbozan las andanzas de Fidel Castro previas a su toma del poder. 

Sin negar el carácter controversial de los Tratados de Reciprocidad Comercial que Cuba firmó con EEUU, justo es consignar que la entrada preferencial del azúcar y el tabaco de la Isla en el mercado norteamericano le permitió a Cuba levantar una economía que había quedado devastada por la contienda de 1895. Además, Bohemia no menciona que durante casi toda la etapa republicana la balanza comercial cubana fue favorable —exportaba más que lo que importaba—, algo que jamás ha conseguido el castrismo con sus bienes exportables. Y sobre las importaciones cubanas provenientes de EEUU, hay que decir que contribuyeron a elevar el nivel de vida de nuestros consumidores, al extremo de que en 1958 Cuba era el sexto país del mundo en el promedio de automóviles por habitantes.

Los comunistas cubanos fueron tal vez los más camaleónicos de la etapa republicana. Por obedecer la estrategia sectaria indicada por la Internacional Comunista, se opusieron al Gobierno de los Cien Días encabezado por Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras, no obstante las medidas de beneficio popular adoptadas por este gabinete.

Después, al cambiar las directivas de Moscú, los comunistas se aliaron a Batista para las elecciones presidenciales de 1940, ocasión en la que Carlos Rafael Rodríguez ocupó una cartera ministerial. No olvidar tampoco que esos comunistas censuraron el asalto al cuartel Moncada, y solo mandaron emisarios a la Sierra Maestra cuando se vislumbraba el triunfo de las huestes de Fidel Castro.

Los articulistas de Bohemia, inexplicablemente, dejaron fuera a Jorge Mañach —esa cumbre de nuestra ensayística— al reseñar la cultura republicana. Claro, nunca le han perdonado sus críticas al giro hacia el comunismo que experimentó la revolución de 1959.

Sospechosamente, y al referirse al historiador Ramiro Guerra, solo tomaron en cuenta su obra de 1927 Azúcar y población en las Antillas, pero obviaron dos de sus libros posteriores —La industria azucarera de Cuba Filosofía de la producción cubana—, en los que Guerra defiende la inserción de Cuba en la división internacional capitalista del trabajo.

Bohemia tampoco se dignó en reseñar los acuerdos y pactos que Fidel Castro firmó —y luego violó— con otras fuerzas políticas en aras de derrocar a Batista. Cómo olvidar, por ejemplo, el dinero aportado por el expresidente Carlos Prío Socarrás para la adquisición del yate Granma.

Este intento de la cultura oficialista de sintetizar los años en que Cuba vivió su República, en resumen,  no hizo más que reafirmar la concepción castrista de la Historia: una visión del pasado que legitime a toda costa el presente.