Miércoles, 20 de Febrero de 2019
Última actualización: 01:49 CET
Construcción

El Pirijod de Manuel, convertido en criadero de mosquitos y de ranas

El Pirijod de Manuel, paso subterráneo, Holguín. (A. RODRIGUEZ PAZ)

Bajo la Avenida de los Libertadores, una de las arterias más importantes de la ciudad de Holguín, existe un paso a desnivel para peatones muy distintivo de esta urbe que, junto a sus hermosos parques y la Loma de la Cruz, la identifican. El paso, sin embargo, está en desuso y por ello la curiosa historia relacionada con su necesidad pública, que dio origen a su raro nombre —Pirijod de Manuel—, hoy se vuelve una paradoja.

"Es un crimen que una obra tan necesaria esté sin prestar el servicio para lo que fue construida, por falta de una pequeña gestión. ¡Es un abandono! Miren que bien remozado está, hasta la pintura está intacta porque hace poco fue restaurado. Pero enseguida tuvo problemas de drenaje y permanece lleno de agua. Y la falta que hace este paso subterráneo aquí en esta área, con mucho tránsito en la avenida y mucha gente pasando constantemente", comenta un cargador de taxis particulares en la piquera aledaña.

El paso a desnivel subterráneo une el patio de la terminal de ómnibus conocida como "Las Baleares" y el área de parqueo y entrada del estadio de béisbol Calixto García Íñiguez. Además del flujo constante de viajeros de casi todos los municipios a la capital provincial están las piqueras de coches, de taxis estatales y de almendrones, más una parada de ómnibus urbanos al frente. A lo que habría que agregar la "candonga" más grande de la ciudad en el patio del estadio, donde venden de todo, principalmente comida.

Todo ello sin hablar de los eventos masivos culturales y deportivos que se celebran fuera y dentro del estadio. En resumen, el flujo de personas es enorme.

Mientras tanto, el Pirijod de Manuel permanece intransitable por estar lleno de agua. "En vez de utilizarse para facilitar el cruce de la calle, lo que sirve es de criadero de mosquitos y ranas. Eso allá abajo es una asquerosidad y no parece tener dueño, a nadie le molesta. Ahora mismo, como anda el dengue, a cualquiera en casa le echan una multa por un carapacho de huevo sin pilar y, sin embargo, por esto a quién le aplican la multa. ¿Quién responde?", comenta un bicitaxista allí estacionado en espera de sus clientes.

Cuentan que el raro nombre se debe a un señor llamado Manuel que vivía en un barrio cercano y tenía que atravesar todos los días la avenida para llevar el nieto a la escuela. Unos decían que por los años 70, otros que en los 80. Y que ante la dificultad en el cruce de la avenida en horario pico se dedicó a plantear en todas las reuniones del Poder Popular la necesidad de un paso subterráneo. Que envió muchas cartas a instancias superiores hasta que su iniciativa despertó el interés del Gobierno local y se construyó el paso peatonal subterráneo.

En homenaje a su insistencia se le puso su nombre a la obra. Dicen que cuando pedía el paso peatonal, Manuel hablaba de "un pirijod", por no conocer el nombre en español de un paso a desnivel subterráneo. Lo decía en ruso. Aseguran los que cuentan esta historia que Manuel estuvo en la Unión Soviética y fue allí donde comprobó la gran utilidad de los "pirijod".

Muy triste estaría el finado Manuel si viera hoy el fruto de su gestión, que al restaurarse fue engalanado con su nombre en letras doradas, convertido en un depósito de agua sucia y hogar de vectores que podrían causar daño a la gente, en vez de ser la obra de utilidad pública por lo que tanto luchó y para lo que fue costosamente edificada.