Domingo, 19 de Noviembre de 2017
21:53 CET.
Opinión

El régimen cubano y la transición venezolana

En una entrevista reciente, la analista venezolana Rocío San Miguel, experta en asuntos militares, definió magistralmente el rol de Cuba en su país. Al respecto señaló: "La sala situacional donde se toman las decisiones estratégicas más importantes —de carácter político y militar, pero también económico y social— está en La Habana. Venezuela es una especie de pecera, un caso de estudio, de permanente seguimiento por la estructura cubana, para mantener a Venezuela como su fuente económica de supervivencia. Todo lo que estamos presenciando en este momento —entre otras cosas, el uso desproporcionado de la fuerza—, la partidización acelerada de la Fuerza Armada Nacional, así como esta propuesta de Asamblea Constituyente, abyecta completamente, espuria completamente, es un modelo cubano".

Semejante influjo constituye una anomalía. Pocas veces en la historia americana —con la excepción del nexo entre la España monárquica y sus colonias americanas— un país menor ha sujetado tan férreamente a otro más rico. Mezclando la influencia del adoctrinamiento —Maduro es un cuadro formado en la escuela del Partido Comunista cubano—, el control policiaco —incluida la vigilancia sobre las elites maduristas— y la febril actividad diplomática y propagandística —mediante embajadas, círculos intelectuales y agentes de influencia—, La Habana sostiene políticamente a Caracas como una suerte de aliado rehén. Cuyo petróleo necesita para apuntalar la economía y gobernabilidad insulares, en la actual coyuntura de sucesión de liderazgo.

Es decir: el régimen cubano es, a la vez, actor —dada su cuota de poder regional e interna— y modelo —por su diseño institucional de raigambre estalinista— para la sobrevivencia autocrática de su par venezolano. Por lo que constituye un factor a considerar en cualquier proceso redemocratizador en la nación sudamericana. Y ningún antecedente —ni el de la Centroamérica de los 80— ofrece lecciones afines.

La duda es si Raúl Castro aceptará, rendido ante evidencias, soltar a su aliado; del mismo modo que un parásito abandona calculadamente al hospedero moribundo cuya suerte rechaza compartir. Porque si alguien tiene hoy un panorama completo sobre los escenarios venezolanos es la inteligencia cubana. Pero sí —y solo si— se sostienen, amplían y articulan la movilización popular, la fractura del oficialismo y la presión internacional, unidos a escenarios de buena negociación política, quizá los militares cubanos y venezolanos decidan que no vale la pena enfrascarse en una guerra civil. Y que siempre es mejor un mal arreglo que una buena pelea.

En Latinoamérica valdría la pena sacar lecciones de estos acontecimientos. De cómo Cuba puede ser hoy, para nuestras débiles democracias, un factor de injerencia tan nocivo como los EEUU de la Guerra Fría. Y de cómo el proyecto progresista de un Estado social de derecho, pendiente en nuestra desigual región, está permanentemente asediado no solo por la empobrecedora agenda neoliberal sino también por la influencia (factual o modélica) del actual modelo cubano sobre diversos sectores antidemocráticos de la política y sociedad latinoamericanas.


Este artículo apareció en el diario mexicano La Razón. Se reproduce con autorización del autor.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 30 ]

Imagen de Anónimo

Recibido de Cuba:Desconfío mucho de este tipo de análisis. Con aparente ánimo esclarecedor sobre el comportamiento del poder militar de la isla  en Venezuela (excluyendo mencionar de pasada lo que antes hizo en todo el continente como abanderado  y díscolo peón del otro bando de la Guerra Fría, por subvertir y destruir débiles democracias y amistarse con dictaduras similares, sobre todo militares, tanto de “izquierda” como de “derecha”,  o transformarlas en estas, cosa que todavía es su brutal empeño como estamos viendo con Caracas), se  manejan términos velados de añejo izquierdismo carnívoro, clavado en el esquema, sobre el “factor de injerencia tan nocivo como los EE. UU. de la Guerra Fría”.  Esto desvirtúa con falsa jerga centrista e hipócrita imparcialidad o lo que realmente ocurre con Venezuela. Al rastacuero imperialismo cubano ya lo que menos le preocupa por perder de Venezuela es el petróleo, sino la plataforma territorial en Sudamérica que muchas veces intentó ( incluso muy recientemente en Ecuador y Bolivia, y otra vez en Chile, lo que su voraz influencia  fue contenida y hasta anulada  por los gobiernos “progresistas” de esos países, asustados con el método subrepticio de colarse con la “ desinteresada ayuda internacionalista” y al final estar manejando todos los poderes públicos desde la sombra, desplazando a sus aliados políticos autóctonos como subordinados, tal como antes comprobaran los sandinistas y los alelados de la Unidad Popular en Chile, por sólo hablar donde pusieron la pata en firme en  este continente.  Creo que el autor de este trabajo, acomodado en una visión esquematizada, aceptada por la intelectualidad latinoamericana en general para los asuntos continentales (Norte vs. Sur) establecida por la misma subversión del régimen militar cubano, repite un esquema que oculta tras esa supuesta disyuntiva lo que realmente se intenta desde La Habana: expandir el régimen cubano con ánimos de vampirismo económico y control político.

Imagen de Anónimo

A Pamela no be una arruga más. Está de truco.

Imagen de Anónimo

No se que línea editorial tiene La Razón, pero me imagino por lo último que escribió Chaguaceda que debe ser de una izquierda cercana al populismo. Para mi gusto, arruinó un buen artículo.

Imagen de Anónimo

Con la pellejeria en la cara de Raúl se pueden hacer todos los instrumentos de "Los Tambores de Bejucal".

Imagen de Anónimo

El último párrafo es para el olvido. O más bien, para recordar que existe, latente, un populismo latinoamericano que aún tiene adeptos. Parece una estrofa sacada de la oratoria mística de Lula o Cristina, dos cuestionados judiciales por corrupción. Hay que abrir los ojos, porque el problema no son "los gringos que nos compran, sino los criollos que nos venden". Todavía hay gente que se cree que ambos salieron pobres de sus gobiernos.........

Imagen de Anónimo

19:48 y 20:49: No se molesten tanto con Chaguaceda, denle más tiempo. Recuerden la diferencia de él hace unos años y lo que ya dice ahora. Hasta los gaticos toman tiempo para abrir los ojos: poco a poco. Sin prisa pero sin pausa.

Imagen de Anónimo

Cualquier médico haciendo un análisis de los dos rostros, hubiese pronosticado que sufren estreñimiento agudo

Imagen de Anónimo

Exacto. La foto es grotesca. En esta misma página vemos a jovencitos ingresando al servicio militar, en su adolescencia tardía, y por otro lado a RC, "disfrazado" de soldado, pudiendo ser el abuelo o bisabuelo de esos muchachos.La imágen de la decadencia senil de la robo-ilusión.

Imagen de Anónimo

Cuba y Venezuela son de un pájaro sus dos nidos.Jaime Blas.

Imagen de Anónimo

Grotesque