Martes, 25 de Julio de 2017
02:47 CEST.
Educación

¿Una población altamente educada?

Desde 1959 el Gobierno de Cuba ha dedicado cuantiosos recursos al sistema nacional de enseñanza. La campaña de alfabetización de 1961, la confiscación de las escuelas privadas, la intervención de las universidades y la creación de nuevas instituciones especializadas eran, según la propaganda oficial, medidas encaminadas a transformar a la Isla en una "potencia mundial en educación". Al mismo tiempo, se trataba de crear un sistema de adoctrinamiento que permitiera moldear el pensamiento desde la más tierna infancia en la ideología marxista-leninista-fidelista.

En el mundo entero los sochantres del castrismo repiten desde entonces que uno de los "logros" de la revolución cubana es el espectacular desarrollo de la educación. Estas proclamas triunfalistas se basan más en las consignas y estadísticas manipuladas que difunde el Gobierno de La Habana que en datos objetivos y verificables aportados por entidades internacionales. 

Sin entrar a considerar el daño antropológico que han causado a varias generaciones de cubanos el adoctrinamiento machacón recibido durante años en las aulas y la necesidad de fingir una adhesión entusiasta a los valores "revolucionarios" para proseguir los estudios, es posible evaluar los resultados del sistema educativo castrista en términos objetivos y mensurables.

Lo primero que salta a la vista es la escasa calidad de la enseñanza universitaria. Cualquiera que sea la clasificación internacional consultada (Shanghai, Oxford o CSIC), la mejor institución cubana, la Universidad de La Habana, no figura ni siquiera entre las 1.000 primeras del mundo.  Por ejemplo, en la clasificación más reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC), la universidad habanera ocupa el puesto 20 en el Caribe, por detrás de instituciones de México, Jamaica y Puerto Rico, y el puesto 1.741 en la clasificación mundial. Es decir, que en el planeta hay 1.740 universidades, algunas de países muy pobres de Asia y África, que superan en calidad al mejor centro cubano de tercer ciclo.

Cabe señalar que los métodos de clasificación de estas entidades son cada año más refinados y tienen en cuenta las diferencias culturales, el contexto económico y la organización interna. La valoración, en términos de notoriedad, repercusión y actividades, se establece mediante una amplia gama de indicadores de prestigio institucional y rendimiento académico, tales como artículos en publicaciones especializadas, resultados de la labor de investigación, edición de material de alto nivel, uso de nuevas tecnologías, reconocimiento internacional, etc. Estos valores, combinados de manera ponderada, arrojan un índice numérico que determina el rango del centro de estudios en la jerarquía mundial. Sería absurdo pensar que estas agencias de clasificación operan coordinadamente bajo instrucciones de la CIA estadounidense con ánimo de desacreditar al Gobierno cubano. Simplemente, las universidades de la Isla no están a la altura de las necesidades pedagógicas y de investigación del mundo contemporáneo.

Este es el resultado de más de medio siglo de inversiones faraónicas, atención preferente al sector educativo, "innovación pedagógica" en la línea de Makárenko y Castro I, y esfuerzos sistemáticos para crear el "hombre nuevo", del que ya apenas se habla en la Isla. Sin olvidar que el punto de partida del sistema educativo cubano —público y privado— en 1960 era relativamente alto para un país de desarrollo intermedio y que la tasa de analfabetismo se aproximaba al 20%, nada escandaloso para la época. Ese año la media mundial era del 40 % (México: 30%; Puerto Rico: 11%; Chile: 10%, Argentina: 9%). Y a pesar de que en alguna página web castrista se afirma que durante la República "cada año aumentaba el ejército de adultos analfabetos", lo cierto es que desde 1902 el número de cubanos que sabía leer y escribir había pasado del 30% al 80% de la población.

Las deficiencias de la enseñanza universitaria no hacen más que resumir y reflejar los males que aquejan al sistema educativo y a la sociedad cubana en su conjunto. En lo esencial, la política educativa del castrismo se ha basado en la extensión y la masificación, a expensas de la calidad. Había que lograr que todo el mundo pudiera leer cuatro consignas y firmar con su nombre, para proclamar a la Isla "territorio libre de analfabetismo" y luego librar la "batalla del sexto grado" para otorgar a todos un certificado acreditativo y finalmente tratar de que el mayor número posible de jóvenes ingresara en la universidad para obtener un diploma, sin parar mientes en los resultados académicos ni la vocación de los estudiantes.

Los efectos de esta política han dado origen a situaciones muy curiosas. En 1980, dos decenios después de que el Gobierno castrista declarara que toda la población había sido alfabetizada, llegaron a Cayo Hueso unos 35.000 exiliados procedentes del puerto del Mariel. Las autoridades estadounidenses comprobaron que alrededor del 7% de los "marielitos" eran analfabetos funcionales, es decir, no eran capaces de leer y entender un formulario sencillo y cumplimentarlo.

Al valorar este dato hay que tener en cuenta que la gran mayoría de los recién llegados provenían de zonas urbanas y eran adultos de entre 20 y 40 años de edad. ¿Cuál hubiera sido en ese momento la tasa real de alfabetización entre los mayores de 50 años que vivían en las zonas rurales de la Isla?  No se sabe, entre otras razones porque el Gobierno cubano nunca ha realizado un estudio de seguimiento para determinar la eficacia de la famosa campaña de alfabetización de 1961 y las recaídas probables en el analfabetismo por desuso ocurridas entre adultos mayores residentes en el campo, que recibieron una instrucción somera durante algunas semanas y luego no volvieron a tocar un libro en el resto de su vida. Este es apenas un ejemplo de los muchos que inducen a tomar con cautela el triunfalismo del régimen en materia de educación.       

Las evaluaciones generales formuladas por agencias de clasificación que utilizan criterios estadísticos para asignar un valor comparativo a los sistemas de enseñanza —algo que puede parecer sumamente abstracto— vienen corroboradas, en mi experiencia particular, por los datos empíricos de casi 20 años de trabajo en la UNESCO. Como todo el mundo sabe, la UNESCO es la organización del sistema de las Naciones Unidas que se encarga de la educación, la ciencia y la cultura.

En el desempeño de mis funciones en la sede de esta organización, tuve que tratar muchas veces con profesionales graduados en las universidades cubanas. Salvo muy contadas y honrosas excepciones, esos diplomados causaban asombro por la vastedad de su ignorancia en temas elementales, el anacronismo de lo que habían aprendido y su falta de cultura general. Algunos de ellos habían sido incluso profesores o catedráticos universitarios, pero  desconocían datos básicos de Historia, Geografía y otras materias que normalmente se estudian en la escuela primaria, redactaban mal en español, incurrían en faltas de ortografía y exhibían obvias limitaciones para trabajar en otras lenguas.

Por su carácter generalizado, estas deficiencias no son atribuibles a la falta de inteligencia o capacidad de los universitarios cubanos, sino que ponen de manifiesto la existencia de lagunas en los contenidos y  métodos de formación.

La calidad de la enseñanza superior en la Isla se ha resentido además por la falta de libertad académica, la politización integral y la imposición de la ortodoxia marxista, una ideología anacrónica, que ya en el siglo XIX había demostrado lo erróneo de sus vaticinios y la debilidad de sus razonamientos. A todo lo anterior, habría que añadir el bajo nivel educativo que arrastran los estudiantes desde la enseñanza primaria a lo largo de todo el ciclo secundario y que los lleva a ingresar en la universidad con las carencias antes señaladas.

A su vez, esta característica está vinculada a la escasez y la mala formación de los docentes. A pesar de que en el último decenio la población escolar disminuye cada año, como resultado de la emigración y la crisis demográfica, los maestros de primaria apenas alcanzan y el Gobierno ha tenido que echar mano de profesores jubilados para cubrir el déficit de personal docente. Al parecer, no hay mucho interés entre los jóvenes por cursar estudios de Pedagogía y dedicarse al magisterio.

La situación se agrava por las pocas perspectivas profesionales que el sistema ofrece a sus diplomados. La masificación y la presunta "gratuidad" de los estudios universitarios han terminado por crear varias  generaciones de gente frustrada, adornadas con un título devaluado que les sirve de muy poco, porque por un lado carecen de los conocimientos suficientes para desempeñar una función a la altura del diploma y, por el otro, la estructura socioeconómica del país no puede ofrecerles un empleo acorde con su titulación. Por eso pululan en las ciudades ingenieros que conducen taxis, exarquitectos que sirven mojitos en los restaurantes o biólogos reconvertidos en guías de turismo, así como una multitud de proletarios y proletarias del sexo que, como dijo Castro I en 1998, "son los más cultos del mundo".

La idea de que en el futuro Cuba podrá desarrollarse rápidamente, una vez superada la era castrista, porque cuenta con "una población altamente educada", es sobre todo una fórmula de consuelo retórico.  Como tantos otros aspectos de ese régimen, el sistema educativo es un fraude gigantesco, al servicio de las necesidades propagandísticas del Estado. Su inspirador no es Makárenko ni Lunacharski, sino el conde Grigori Potemkin, el amante de Catalina la Grande que engalanaba  las aldeas miserables como un decorado de teatro, con flores en las ventanas y campesinos atildados, que saludaban sonrientes al paso del cortejo imperial.

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Comentarios [ 46 ]

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Estimado y nunca bien poderado Luisón (Que no el tuerto, aclaro)Su verborrea infinita es difícl de leer, una entelequia que además no disimula la propaganda de la UCI justificando desesperadamente el desastre nacional, con la que no quiero verme involucrado en un careo sin sentido. Usted escribe humo, mucho humo, y se repite demasiado. Déjà Vu. Se le ve el plumero, oiga…

Imagen de Anónimo

La idea de ponerse a discutir como sera o no sera la Cuba postcastrista es puro consuelo ante la incapacidad para discutir en serio como acabar con el castrismo o aceptar que es invencible

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Educación básica de calidad, ciencias básicas después de un riguroso proceso de selección, hacen de Cuba una cantera, no despiden a profesores por suspender alumnos, pueden ser mas exigentes que en otros países, en Cuba se aplicó la escuela Soviética en ingeniería etc, no es tan mala como se pudiera creer.

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trsitemente esa es al realidad que impera en el sistema educatiovo cubano y con el decursar de lso anos seguira empeorando

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Gracias, Luisón. Y tienes toda la razón cuando dices que los de otros países "nos aprecian muchísimo más que nuestros propios paisanos, queremos ser tan duros con nosotros mismos y nos subestimamos tanto que a veces resulta más patético que injusto". Por ejemplo, a pesar de lo atrasado, violento y maleducado que puede ser el pueblo peruano, cualquiera se creería todo lo contrario si fuese por la imagen que pretenden dar de su país los peruanos emigrados. Y así con casi todos los de AL. Yo en mi trabajo tengo que ver con una amplia variedad de gente latina de toda procedencia, y solo he visto buen nivel profesional en contadísimos uruguayos, argentinos, españoles y colombianos (en ese orden). Pero si por cualquiera de ellos fuera, su gente es lo máximo, lo más fino, lo más culto y lo mejor preparado que ha dado la tierra. En fin, saben de relacionismo público y en todo caso les encanta que nosotros mismos nos critiquemos, para ensalzarse ellos. Y aún así nos aprecian más de lo que nosotros nos apreciamos. La gente no se da cuenta de que cuando emiten una crítica dirigida al castrismo muchos la aplican a toda la nacionalidad cubana.

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Comparto 100% el criterio de los 3 comentarios del Anómimo (08 de Septiembre 2016 - 17:32, 17:53 y 18:04) Esto es lo que yo llamo una opinión razonable, mesurada y basada en el análisis racional de la realidad; sin predisposición negativa, sin resentimientos, despechos y fundamentalismos pasionales. Afortunadamente para los cubanos, los nacionales de otros países nos aprecian muchísimo más que nuestros propios paisanos, queremos ser tan duros con nosotros mismos y nos subestimamos tanto que a veces resulta más patético que injusto. Este artículo independientemente que aborda la realidad de la problemática educacional en Cuba y ofrece información válida, no es imparcial ni justo, hay una sutil intención manipuladora de guiar al lector hacia criterios extremos, prácticamente no se toma el trabajo de detenerse en los logros del sistema educacional cubano, que no es solo el del presente, o el de hace 30 años, ni tampoco es solo el de las aulas. LUISON 

Imagen de Anónimo

Tendrán que esforzarse mucho los defensores de la educación universitaria cubana para justificar los estropicios que se cometieron durante décadas y todavía se cometen en las Humanidades. Filosofía, Letras, Ciencias Sociales, Psicología y otras más... ¿Cómo puede ser una buena educación aquella en que (al menos hasta fines de los 80) en Psicología se estudiaba solamente durante un par de semanas la obra de Freud y de otros psicoanalistas. Y el caso de la vulgata marxista, y las carreras de Letras donde ni se mencionaban a los autores censurados (hubo décadas sin Borges, Vargas Llosa, Fuentes, Paz, Lezama Lima, Piñera, Cabrera Infante, Sarduy y otros), y Sociología, que sufrió el cierre de la facultad... Más el caso de excelentes profesores apartados de su profesión por razones políticas, que no pudieron aportar sus conocimientos... Allá el que se crea las "virtudes" de la enseñanza universitaria cubana.

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(continuación por falta de espacio): También hay mucho de lo que una amiga llama "bruticie" y yo llamo simple necedad cubana: gente de cualquier edad o nivel de formación que si se cae come hierba y, si no hay hierba, come tierra y si no piedras, y encima, entorpece y j..de lo que hacen los demás. Es el yin y el yang cubano, la persistencia del choteo explicado por Mañach, o lo que una señora calificaba de "revoltillo cubano": mientras que tal vez un mexicano o un chileno de poco nivel se dan su lugar y no pretenden estar donde no los llaman, el cubano bruto es lo suficientemente listo y descarado como para querer colarse y estar en todas, por lo que se dan muchos casos de cubanos asombrosamente mal preparados para los cargos o profesiones que desempeñan o pretenden desempeñar (en eso sí nos acercamos más a la "movilidad social" americana). En fin, la cosa es mucho más compleja de lo que da a entender el autor del artículo. Apenas ha empezado a tocar el tema, aunque es válida la crítica a las pretensiones del régimen de ser mucho mejor de lo que es en materia de enseñanza.

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(continuación por falta de espacio): Ahora bien, la supuesta mayor calidad de los profesionales cubanos en comparación con los de "los países" se debe en parte a que estos últimos son unos seborucos y tienden a ser más bien flojos, cantinflescos y fingidores en toda materia, salvo honrosas excepciones. También hay quien dirá que eso era antes, que la situación actual ha cambiado, que los graduados cubanos más recientes están muy mal preparados. Pero al mismo tiempo se nota que siguen saliendo muchas personas excepcionalmente talentosas, lo que a su vez se puede explicar como cualidad personal, fruto del talento, el esfuerzo y otros factores ajenos al sistema cubano. Parte del deterioro es por las razones económicas y el empeoramiento de las condiciones que todos conocemos, pero una gran parte se debe a la tozudez del régimen de no dar acceso libre a Internet, con lo que se impide al profesional cubano mantenerse al día en su especialidad. La supervivencia del talento puede deberse a otros factores en los que aún no se ha profundizado, pero hay que destacar que incluso los niños cubanos que emigran a Miami con algunos años de escolaridad en Cuba, pronto se destacan en las escuelas primarias y secundarias de acá. Cualquier maestro miamiense puede corroborar esto. ¿Qué pasa entonces, cuando un chiquillo que no sabe ni inglés resulta mejor alumno que muchos que siempre han estado en su propio medio? (continuará...)

Imagen de Anónimo

Este tema tiene tantas aristas y formas de verlo, que no solo ha suscitado comentarios inusualmente coherentes de la mayoría de los participantes, sino que todos tienen bastante razón aunque se contradigan entre sí. Por ejemplo, lo que ha dicho Amadeus es mayormente válido y razonable, pero también lo es lo que han dicho otros a quienes él mismo responde críticamente. Por un lado, es cierto que compararse con el Tercer Mundo resulta tramposo si se entiende que el régimen siempre ha pretendido estar a una altura mucho mayor, sobre todo en materia de educación. Por otro, Cuba pertenece estrictamente al Tercer Mundo y, más aún, a América Latina, así que es totalmente lógico compararse con esos países. Olvídense del MIT y de Columbia: los patrones de referencia más adecuados para la educación superior cubana son los de los países menos atrasados de América Latina (Uruguay, Argentina, Chile, México y quizás Colombia) y tal vez se pueda incluir a España en las comparaciones, pero no a Estados Unidos, ni Francia ni Holanda. E, independientemente de la validez relativa de lo que dice el autor, quien haya podido observar a lo largo de décadas el desempeño de profesionales cubanos emigrados o en misión profesional, comparado con el de sus homólogos "de los países" (como a veces decimos para referirnos al grupo mencionado), resulta que los cubanos están por lo menos dos o tres escalones por encima del resto. (continúo...)