Jueves, 29 de Septiembre de 2016
01:28 CEST.
Opinión

Un selfie en las ruinas

En el documental Arte nuevo de hacer ruinas, de los realizadores alemanes Florian Borchmeyer y Matthias Hentschler, basado en el cuento homónimo del escritor Antonio José Ponte, el autor evoca "esa perversidad en sacar sentido del placer de algo que está decayendo". El documental es una exploración de antiguos edificios de La Habana y sus habitantes. Desde luego que alude metafóricamente a la propia historia de Cuba, y más específicamente a la de su larga y decrépita revolución.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek, un icono de la contracultura del siglo XXI, a quien los medios catalogan "el Elvis (Presley) de la teoría cultural", ha referido en entrevistas y conferencias la falta de vergüenza del régimen cubano respecto al estado ruinoso del país

Zizek, que visitó la Isla en el 2001, recuerda cómo un funcionario le mostraba el mal estado en que se encontraba el país como una evidencia de la capacidad de resistencia del régimen ante las dificultades, dándole a esas mismas ruinas un valor ético y moral.

Zizek bromea diciendo: "En teoría de psicoanálisis jactarse de la pérdida en sí misma, considerarla como un símbolo de autenticidad, es un 'movimiento de castración'. No en balde el líder se llama Fidel Castro, cuyo nombre [en tal contexto], puede traducirse como fidelidad a la castración".

Lo que Zizek explica desde la psicología, otros lo miran desde la curiosidad. Es un morbo irresistible que compulsa al ciudadano del mundo a querer descubrir cómo es que tanta gente, un país entero, ha podido sobrevivir prácticamente desconectado de la aldea global que es hoy el planeta tierra. Con los mínimos bienes materiales y por tanto tiempo. Y aunque el turismo que vende Cuba es el de las playas, los puros habanos, la música autóctona, el ron y las mulatas, las ruinas de la revolución y de su gente son hoy por hoy atractivos temáticos buscados por muchos extranjeros.

Desde fuera de la Isla…

Fuera de la Isla, sólo basta presentarse como cubano para que cualquiera, pero en especial personas instruidas de entre 25 y 50 años, mayormente interesadas en otras culturas y por lo general ideológicamente de izquierdas, te asalten a preguntas. Lo he notado en todos los lugares en los que he estado, desde California a Estambul, entre europeos, americanos y asiáticos. Siempre terminan confesando que quieren ir a Cuba antes de que cambie. Quieren ver y vivir —aunque sea superficialmente— el singular experimento comunista-caribeño. Ven en la Isla algo único y diferente.

Hay turistas potenciales con un interés genuino, aunque algo romántico. Gente que no considera al régimen cubano viable para sus países o para el futuro, aunque sí sienten alguna afinidad hacia este, y sobre todo curiosidad, mucha curiosidad.

Después de terminado el viaje, estos ciudadanos educados regresan con una experiencia que contar a los amigos. Está el izquierdista trasnochado e irresponsable que sólo admira al gobierno dictatorial porque ha sabido "enfrentarse" a Estados Unidos sin renunciar a sus presuntos presupuestos ideológicos. Pero aquellos decentes y más razonables usualmente se decepcionan tras su primera visita al comprobar que los cubanos quieren irse en masa de su país y prefieren ser partícipes de un consumismo capitalista al que nunca han tenido acceso.

Esos visitantes se espantarían aún más si pudiesen comprobar cómo los que han promovido el discurso de la resistencia a toda costa son los que mejor viven en la Isla. Y sin grandes responsabilidades, como la de un gerente de empresa o un dueño de negocio en cualquier país capitalista. Esa élite, a fin de cuentas, tiene la protección del autoritarismo y el control absoluto del Estado, del Partido Comunista.

Hombres y mujeres que no podrían vivir sin internet y sin dispositivos electrónicos se muestran fascinados por ese lugar tan raro donde la tecnología y la conectividad son casi inexistentes. La imagen que este turista del siglo XXI tiene de Cuba es la de un paraíso donde el consumismo desmedido de sus países no existe. Sólo aire puro, gente de sonrisa fácil, que desconoce los vicios de la globalización, y música sensual y sonidos arrebatadores por todos lados; autos viejos, puros, ron, taxis de hace 60 años y mucha libertad sexual.

Una isla que representa una suerte de pureza ante el frío alcance de una era tecnológica e hípermaterialista. En ese sentido, es notable el cambio de percepción con respecto al viejo perfil de "paraíso del proletariado". Hoy Cuba es para los cazadores de fotos y autores de selfies, un sitio perdido en el tiempo. Es el paraíso de los olvidados.

Comentarios [ 8 ]

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Yo qusiera ser Un Sunami, que de Cuba nadie iba a hablar mas!!!

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Increiblemente  España, a pesar de ser un país que rinde votos a la monarquía y es católico a la antigua usanza, es decir, con procesiones y misas a la carta, tiene una tendencia a ser admirador de Los Castro y su robolución. Nunca he podido comprender como se puede ser tan procastrista y al mismo tiempo de mente tan convencional . A veces pienso que es por las mulatonas, otras que es porque nunca perdonarán lo que les pasó en la Guerra HispanoCubanaNorteamericana y se la tiene jurada a USA hasta el fin de los tiempos, el caso es que se vuelven locos por ir allá, tirarse fotos entre las ruínas y en los coches llamados almendrones, hacerse santeros y regresar del brazo de una jinetera con el sueño de regresar al siguiente año.

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Excelente comentario Ileana Fuentes totalmente de acuerdo con ud. Porque efectivamente eso solo refleja que esta aldea "global" va hacia des-humanizacion a "con prisa pero sin pausas" y porque : "mientras mas conozco al hombre mas quiero a mi perro" sin lugar a dudas, el "mundo " y sus seres se han convertido en un AZCO o como dijera el tango: "en una prqueria". Gracias,..... Rudy

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Los que viven en su " propio paraiso" son los viejos dinosaurios que bajaron de la "Sierra" con uniformes verde olivos escapularios y rosarios al cuello y con los rostros barbados  para "arremeter" contra la "burgesia" y ellos transformarse en una "nueva burguesia" mas poderosa mas RICA y eterna y con todos los poderes del ESTADO solo en nombre de un "socialismo " en favor de las masas y del PUEBLO,........, AMEN, per secula seculorum !. Gracias,......,Rudy

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Los que  despojaron  a  la antigua burguesia de sus bienes "mal habidos" ahora viven con mayor opuelencia que aquellos. La finca "Cuquines" de Batista era una minima muestra de las que poseen ahora los gobernantes "comunistas". Mientras, el pueblo padece la miseria, las carencias y la represion de las libertades de toda indole, ellos viven en una burbuja paradisiaca. Esa es la realidad cubana.  

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Excelente texto, como excelente el documental y la obra que lo inspira.  Pero cabe señalar que la primera pregunta de un extranjero cuando descubre que uno es cubano es: "Cubano de Cuba, o de Miami?" Si la respuesta es "de Cuba" -o sea, que reside en la isla-, continuará el entusiasta y efusivo interrogatorio. Si la respuesta es "de Miami -o sea, del exilio, de la mafia, de la gusanera-, entonces la respuesta, con crispación total del rostro, es un simple "O..." y te dan la espalda.  Las ruinas van más allá de la mampostería. En ruinas está la inocencia, la ética, el interés genuino, el deseo de conocer. En ruinas está hasta el más elemental sentido de humanidad.  Los visitantes de ruinas no esperan ver a las víctimas de la debable. Con el rastro de las edificaciones, basta. Por eso nuestra tragedia es doble. Porque en Cuba, con las ruinas el turista se topa con los arruinados. Pero no importará. En un país del Tercer Mundo eso es parte del folclore. Y si son "people of color", cuánto más exótico y carnavalesco. Tomarán fotos en la Plaza de la Catedral, y tomarán mojitos en la Bodeguita del Medio. Alquilarán jineteras y pingueros en cualquier naiclú de la capital. Qué maravilla la revolución cubana!! Qué ruinas hermosas ha creado para el disfrute de la extranjería global!    Ileana Fuentes

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Todos esos de una izquierda radical y utópica, cuando van a Cuba, deberian reflexionar para después llorar sobre los últimos despojos de un sistema en el que ellos creyeron sería el destino feliz de la humanidad. Sobre sus espaldas cae la responsabilidad de haber defendido y aceptado como bueno a un sistema carcomido desde sus propias raíces sin un análisis verdaderamene crítico. No puede haber futuro en aquellas ideas que van contra la condición humana y por eso han fracasado los que lo intentaron y los que, a la distancia, los apoyaron. 

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Muy bueno!