Lunes, 11 de Diciembre de 2017
12:11 CET.
Reportaje

Drogas en Cuba: existen

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Según se mire el vaso, medio lleno o medio vacío, es la mejor manera de describir el consumo de drogas en Cuba. Hagamos un recorrido por diferentes barrios de La Habana en los que se expende y consume marihuana, sicotrópicos y cocaína en diferentes variantes.

Emilio fuma marihuana desde los 13 años. "Mi padre me dijo, si vas a tener vicios nocivos, es preferible fumar yerba que beber alcohol". Y no solo fuma marihuana. También la vende. Ahora mismo, oferta marihuana criolla a peso convertible el cigarrillo. Meses atrás vendió varias onzas de yerba "yuma". Un porro de calidad extra cuesta 5 cuc.

"El negocio es próspero. Tú inviertes 400 pesos convertibles y despachando bien al cliente, ganas poco más de la mitad. Eso sí, corres el riesgo de que te pille la policía", cuenta Emilio en una agradable noche de enero.

Contradiciendo lo expresado por el General Raúl Castro en Santiago de Chile durante la Cumbre del CELAC, de que en Cuba no existían drogas salvo "un poquito de marihuana", en el país funciona un cuerpo policial antidrogas, especializado en combatir la venta y el consumo.

Si pescan a alguien vendiendo estupefacientes, las sanciones penales pueden llegar a 30 años. Incluso a cadena perpetúa. Desde 1998, fuerzas combinadas de la policía y la Seguridad del Estado han efectuado operativos relámpagos intentando desmantelar los incipientes carteles habaneros de tráfico de drogas.

En estas razias ha caído gente que hacía años estaba fuera del negocio. Como Samuel, drogadicto consuetudinario. "Yo le doy a cualquier cosa. Cuando ando bien de plata prefiero 'la piedra' o halar polvo. Pero estas drogas son de lujo. Lo habitual es fumar yerba y tragar 'metil' o Ketamina'".

Samuel ha estado dos veces en prisión por tenencia de drogas. "Nunca me he dedicado a la venta", aclara. En la parte vieja de La Habana, probablemente el municipio de más alto consumo de drogas en el país, está de moda "la piedra" y "la melca".

El gramo de polvo anda por las nubes. De 30 a 35 pesos convertibles que costaba hace cuatro años, a 80 y 100 cuc que cuesta hoy. "Y vuela. Los precios se han disparado por la escasez del producto. La policía está haciendo un trabajo mejor. Cada día es más difícil encontrar un pescador o campesino que te oferte cocaína de los paquetes que recalan en las costas", acota un expendedor.

El flujo de drogas en los mares adyacentes al archipiélago cubano es intenso. Personas residentes en localidades costeras se dedican a cazar los bultos extraviados, por accidentes marítimos o debido al acoso de guardacostas, cuando los traficantes se deshacen de su mercancía y la lanzan al mar.

No solo marginales

Chocar con una paca de cocaína flotando en la costa es como ganarse el premio gordo de la lotería. Un kilo de "melca" al por mayor representa una buena cantidad de dinero. Y por eso muchos se rifan el pellejo, sin detenerse a pensar en las nefastas consecuencias que provoca el consumo.

Según una fuente que prefirió el anonimato, otra ruta para que la droga llegue a La Habana es mediante los reclutas corruptos que se apropian de una parte de los estupefacientes incautados. "Cuando se va quemar la droga ocupada, te aseguro, muchas veces falta una parte", afirma.

En la capital viven personas dedicadas al comercio minorista. En Centro Habana, "la piedra", esa letal mezcla de productos químicos con "melca", es muy demandada. También la marihuana "yuma". Los expendedores aseguran que es colombiana.

Las drogas en Cuba no es sola cosa de marginales de arrabal o drogadictos incurables. En el mundo intelectual también es apreciado un porro o un gramo de cocaína. Sobre todo entre la farándula habanera. "Los músicos de reguetón y ciertos artistas de cine y televisión halan más polvo que una aspiradora", asegura un vendedor de melca.

Y es que las drogas, en la isla, no son un fenómeno nuevo. Si en los años 80 consumir marihuana o anfetaminas era cosa de una minoría, en las dos últimas décadas, a vuelo de pájaro, el consumo ha crecido. A falta de cifras gubernamentales, las calles hablan por sí solas.

Preguntados, diez jóvenes en edades comprendidas entre 18 y 26 años le aseguraron a este periodista consumir marihuana con frecuencia. Han inhalado cocaína. Y son fans del metilfenidato, una sustancia que posee similitudes con las anfetaminas, pero que según los médicos, sus efectos farmacológicos son similares a los de la cocaína.

Aunque la prensa oficial apenas habla del fenómeno, en todos los municipios de La Habana existen clínicas para atender a personas enganchadas con las drogas y los sicotrópicos. Existe una línea telefónica anónima para ayudar a los afectados.

También la radio y la televisión emiten publicidad sobre la nocividad de los estupefacientes. Es evidente que la autocracia militar prefiere vivir de espalda a la realidad, alimentarse de un discurso de pureza de la revolución comandada por Fidel Castro que ya no existe.

Las autoridades prefieren ocultar manchas como la corrupción, la prostitución y la drogadicción. Pero, que no se dude, las drogas existen. Su inexistencia en Cuba es otro mito que ya puede lanzarse al cesto de basura.

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