Martes, 27 de Septiembre de 2016
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Opinión

El exilio, entre sueño y pesadilla

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El cubano no visible

No se trata precisamente de una versión tropical del personaje escrito por H. G. Wells en The Invisible Man, sino de quienes queman las naves ancladas en Cuba y se lanzan al mundo, en caída libre, como si fuera un acantilado. Los que se fueron, a la primera, a la tremenda, en estampida, a donde sea, los que dijeron: haré lo que haga falta para sobrevivir, porque no querían volver a pedir permiso para existir más allá de la (ir)realidad cubana.

Mientras los cubanos necesitemos el consentimiento de Papá Estado para entrar y salir de nuestro propio país, peor aún, mientras se siga considerando a un cubano desertor por vivir más de once meses fuera de la Isla, y automáticamente por ello pierda el derecho a residir allí, Cuba es y seguirá siendo una cárcel al aire libre (y no es noticia). Sea por ideología, economía o ilusión de conocer otras realidades, si se ha de comprar la libertad con un permiso de salida, el fenómeno migratorio toma matiz político.

Pasado el mal trago de esperar la aprobación del régimen para viajar, el visado del país en cuestión, y cruzar la frontera que convierte a Cuba en ficción y al mundo en realidad, el "posible emigrante" se transforma en exiliado cuando atraviesa la puerta sin retorno de "quedarse" y se ve obligado a renunciar a su país. Así nace otro huérfano de patria, otro cubano no visible.

Pero el mundo puede volverse otra cárcel para quien no encuentra asideros legales una vez fugado del calabozo isleño. Actualmente Estados Unidos es el único país que reconoce a los cubanos como exiliados políticos, la polémica y criticada Ley de Ajuste representa una vía real para acceder al sistema y poder integrarse al nuevo país donde se pretende vivir. En Europa o América Latina los cubanos en situación irregular se enfrentan a la exclusión, sólo logran acceder a aquello que esquiva la legalidad, en algunos países incluso corren riesgo de expulsión o repatriación, vivir en un limbo legal, no ser ni de aquí ni de allá, la invisibilidad social.

Vivir en Cuba es muy duro porque sólo unos pocos cercanos al poder tienen derechos. Vivir en una sociedad democrática donde casi todos tienen derechos menos unos pocos puede significar la indigencia ciudadana.

Cuando se habla del sufrimiento del pueblo cubano suele enfocarse la mayor parte del debate en quienes residen en la Isla, pero "pueblo cubano" es mucho más, de Nueva York a Hong Kong, donde quiera que haya un cubano. Puede que el orgullo nacional (que a veces se torna arrogancia y hasta ceguera) impida a algunos asumir que el exilio como "sueño de libertad" se puede volver pesadilla. Puede que se quiera ocultar una imagen de fracaso ante quienes quedaron atrás y necesitan sustento, restar preocupaciones a familias que ya tiene bastante con vivir en la miseria y que no entenderían como problema no tener calefacción o agua caliente cuando ni siquiera tienen agua en las tuberías y viven entre apagones. Se abre una abismo entre Cuba y el paria, que comienza a formar parte de una tropa que idealiza y congela en la memoria un país imaginario. Los miembros de esta tropa la pasan mal, algunos conocidos les dirán que pasaron por lo mismo (como si existiera un manual del exiliado y fuera imprescindible vivir las mismas vicisitudes, como si no hubiera crisis en medio mundo, como si nada hubiera cambiado en cincuenta, diez, cuatro años), "saldrás de esta, ¡ánimo!  —palmada en el hombro—, nos vemos".

Sin patria no se tiene casa familiar a la que regresar. Sólo queda encontrar un país de alquiler, integrarse a otra sociedad, arraigarse. Volverse visible.

Madrastra (S)pain

España es el segundo país de la diáspora donde más cubanos residen, sin embargo no existe esa comunidad que hace de Miami una Cuba en miniatura. Y es que el cubano huyendo del totalitarismo también ha huido de su identidad, que no es la salsa, el ron, el tabaco y la alegría, sino el sentimiento de pertenencia a una tierra, una cultura, el compromiso con una realidad que lo marca, de la que forma parte, y que obviarla no la hace menos existente; la primera desilusión del cubano ingenuo que cree que escapó es saber que de la política no se escapa, su aureola alcanza más allá de la geografía. El miedo y la paranoia a sufrir represalias, a no poder regresar ni de turista, hacen que muchos, incluso bien establecidos y con nacionalidad de adopción, opten por el silencio o la indiferencia.

Uno de los grandes logros del castrismo ha sido la desunión, no se trata ya del viejo juego los de dentro vs. los de fuera, sino también entre exiliados políticos y "económicos", entre viejas y nuevas generaciones, entre invisibles y visibles.

Para que un inmigrante en situación irregular obtenga permiso de residencia en España hay básicamente estas opciones: 1) Se contrae matrimonio con un nacional. 2) A través de lo que se denomina arraigo, después de probar que se reside desde hace tres años en el país y se presenta (como condición imprescindible) un contrato de trabajo con requisitos específicos (por el período de un año como mínimo). De no cumplirse estos requisitos, la petición de residencia puede ser declinada o ni siquiera aceptada a trámite.

Teniendo en cuenta la grave crisis por la que atraviesa España, con 5 millones de parados, ¿de qué modo puede encontrar trabajo un sin papeles? ¿Qué opción le queda a un cubano que no puede (ni quiere) volver a la Isla, y tampoco puede integrarse al nuevo país donde vive y del cual no puede salir de manera legal? La marginación, la resistencia, las alcantarillas de la sociedad. El fenómeno se repite con vertientes diferentes, y hasta más amargas, en Ecuador, México, en un aeropuerto en Costa Rica. ¿Qué amparo legal, asesoramiento, ONG, fundación, grupo, partido, ofrece específicamente a los cubanos en situación irregular atención jurídica y humanitaria?

Este 17 de mayo se aprobaron las medidas de recortes en la sanidad pública española que dejarán sin cobertura médica —sólo acceso a urgencias— a unos 153.000 extranjeros sin permiso de residencia en toda España, entre los cuales se encuentran cubanos, por supuesto. ¿Cuántos? Quién sabe. Muchos andarán camuflados. Ninguna persona es ilegal porque no es ilegal respirar, ser un inmigrante en situación irregular no es un delito, es una falta administrativa, pero nunca debe convertirse en un estatus permanente, ya que constituye la anulación del individuo como ciudadano.

El gobierno español reconoce al régimen castrista como una dictadura, pero los cubanos son tratados como el resto de los inmigrantes, sin tener en cuenta las desventajas que poseen debido a la aberrante política castrista. A diferencia del latinoamericano, el africano, el árabe y hasta los asiáticos, el cubano no tiene país-casa a donde volver (así sea a la fuerza) después de cruzado el plazo impuesto por el régimen para el regreso. Que algunos pocos, tras años en el exterior, hayan regresado, no prueba que sea una práctica frecuente —las peticiones de repatriación se aplican fundamentalmente por razones "humanitarias", después de presentar "pruebas documentales" de enfermedad o falta de medios—. Hay quienes no han logrado entrar al país ni siquiera al entierro de familiares. Las experiencias de unos no sirven como plantilla para otros, pero sí podrían ayudar para crear mecanismos que eviten seguir cayendo al vacío sin paracaídas ni red de protección.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de España, 47.381 cubanos poseían nacionalidad española en el año 2010. En 2011 alcanzaron la cifra de 54.265, frente a los 53.917 con nacionalidad cubana que residen en territorio español. Hay cubanos médicos, políticos afiliados a partidos españoles, artistas, escritores, catedráticos, pequeños y grandes empresarios, camareros, enfermeras, profesores, abogados, y por supuesto, jineteras y chulos. Hay restaurantes y bares cubanos, tiendas de santería, pero no hay un centro que ofrezca asesoramiento jurídico a los inmigrantes cubanos en situación irregular.

Rompecabezas Cuba

En la Isla, los jóvenes siguen soñando con irse para conocer el mundo que ven en las fotos que manda el primo de Miami junto a un carro que a lo mejor es del vecino. Las madres siguen lanzando a sus hijas adolescentes en brazos de extranjeros que le den un futuro mejor (a saber dónde y en qué idioma). Por su parte, quien encuentra la manera de entrar y salir se mantiene en la cuerda floja de lo políticamente correcto. En el exilio los conferencistas llevan más de cincuenta años disertando sobre Cuba, los articulistas escriben, hay decenas de blogs y todos sus autores tienen algo que compartir; los cubanos siguen sumando éxitos —como cualquier otro pueblo— aun cuando no sean profetas en su tierra. Los nombres van de la política a la cultura, pasando por los negocios. Personas que han logrado sobresalir internacionalmente y convertirse en ciudadanos del mundo. Individuos que tienen la oportunidad de hablar y hacer por quienes no tienen voz ni voto en ninguna parte.

Pero el cubano es una isla en sí mismo. El optimismo y la alegría imperan en su carácter, pero también el egoísmo, "queremos que las cosas cambien, pero que las cambien otros". Cuesta aceptar el mea culpa como parte del cambio que empieza en los individuos y acaba en la nación.

En La Habana o Palma Soriano siguen apresando a los disidentes frente a vecinos anestesiados por el miedo. Los sin papeles siguen intentando echar raíces en el aire, ahorrando unos euros para ayudar a los suyos, aceptando sacrificios y retos. Entre los 100 Latinos de Madrid siempre hay algún cubano. Cerca de la Plaza Mayor los ex presos políticos y sus familiares desterrados viven a la intemperie esperando una ayuda estatal. Alguien se está montando ahora mismo en un avión y no piensa volver. Puede que sueñe con una nueva vida y quizás la consiga. O no. ¿Se le puede pedir a un prisionero que no huya de la cárcel? Miles de cubanos seguirán tirándose al vacío (tenga éste forma de balsa o avión), tratando de alcanzar un espejismo que puede volverse pesadilla. El sueño de un país plural y democrático no llegará sin el empeño colectivo. Mientras, seguiremos fragmentándonos, como pequeñas piezas de puzzle diseminadas por el mundo, sin llegar a encajar del todo en ningún sitio.