Sábado, 1 de Octubre de 2016
23:57 CEST.
Opinión

La Cuba que visitará el Papa Benedicto XVI

De todos los desastres sufridos en este medio siglo de totalitarismo, el más grave y duradero ha sido el daño antropológico.

Cuba no es la misma de 1998, cuando Juan Pablo II realizó la primera visita papal de nuestra historia. Su gobierno no es el mismo, aunque esencial y estructuralmente, permanece el mismo sistema. Su Iglesia no es la misma en su funcionamiento y liderazgo, aunque también esencial y estructuralmente, permanece idéntica a sí misma. La oposición política no es la misma; aunque permanecen muchos de los grupos y líderes históricos, una nueva generación se ha incorporado, y ha disminuido la cantidad de pequeños partidos, al mismo tiempo que se forman consensos y alianzas. Creo que lo que más ha cambiado es el resto de la sociedad civil independiente.

Al mismo tiempo, el Papa que viene es Benedicto XVI, otra persona y otro estilo de pontificado.

Por eso creo que es muy importante acercarse a la Cuba que visitará el Papa. Es una de las formas horizontales de participar en la preparación de la visita. De la cercanía, el conocimiento necesario y la información de que se disponga, serán más o menos asertivos los mensajes y gestos del Sumo Pontífice, y más o menos objetivos los análisis y evaluaciones que se realicen de su viaje.

Esta es mi visión de Cuba, justo antes de la visita anunciada y esperada:

Visión económica

Los cambios económicos comenzados tímidamente no transforman sustancialmente el sistema centralizado y de propiedad predominantemente estatal. El Estado cubano mantiene para sí el monopolio de las principales industrias y empresas. La tierra no se entrega en propiedad, sino en usufructo, y los trabajos llamados por cuenta propia, solo son permitidos en una pequeña lista de oficios medievales.

La compra y venta de casas y automóviles es solo un cambio para los que más tienen. La crisis económica es fruto de una economía subsidiada primero por la URSS y ahora por Venezuela. El gobierno no libera las fuerzas productivas y bloquea la iniciativa real, abierta y eficiente de todos los cubanos. Por eso el sistema se muerde su propia cola al no reconocer para todos la propiedad privada, cooperativa y mixta, no aceptar la libertad de empresa ni la posibilidad de inversión tanto de extranjeros como de cubanos de la diáspora.

El desempleo aumenta, crece la desigualdad entre los pocos que pueden y los muchos que pierden hasta lo poco que tenían. El pan que falta a la mesa y la libertad, que fue el costo que se pagó durante medio siglo, tampoco regresan. La economía no se hace con ideologías ni con consignas y cosméticos, se hace con economía.

Sin embargo, el Papa encontrará un pueblo que quiere levantar cabeza, que no ha perdido la iniciativa y el carácter emprendedor y que reclama cada vez con más fuerza su derecho a la libertad económica con responsabilidad y justicia social. Para unos y para otros podríamos esperar una palabra de aliento ético y fuerza interior de parte del Papa.

Visión política

El proyecto totalitario de inspiración marxista leninista está agotado. No alcanzó los resultados esperados durante cincuenta años o pacientemente aguantados por los cubanos. Impuso un altísimo costo humano y de reducción de derechos y deberes fundamentales. El paternalismo de Estado transformó al pueblo en masa y cambió a la persona emprendedora en súbdito dependiente que vive en "la cultura del pichón". Como dijera el inolvidable Arzobispo Meurice en Santiago de Cuba cuando la anterior visita apostólica: "un número creciente de cubanos… han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología".

Sin embargo, el Santo Padre podrá encontrar a otro grupo de cubanos comprometidos con la política de su país, con proyectos alternativos para integrar a Cuba en la comunidad de naciones democráticas y prósperas, salvaguardando al mismo tiempo la soberanía ciudadana y la independencia nacional. Para ellos, como para los otros, esperamos un gesto de reconocimiento y una palabra, fundada en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, que sintetice la ética y la política como servicio a la nación. 

Visión social

El Sumo Pontífice encontrará una sociedad que ha sufrido las consecuencias tanto de la crisis económica como del autoritarismo político, por eso ha crecido la desigualdad entre los que tienen acceso a las remesas, o al trabajo en empresas mixtas, o misiones en el extranjero, y la mayoría que no tiene acceso a la moneda fuerte y sobrevive de unos salarios absolutamente insuficientes.

El desempleo multiplica la corrupción, el mercado negro, el relativismo moral y el deterioro de los valores y virtudes propias de la identidad del pueblo cubano. El alcoholismo, la prostitución, el exilio imparable, el suicidio y la desesperanza por no tener proyectos de vida viables, son algunas de las puertas por las que los cubanos que lo sufren intentan escapar de la anomia social.

Sin embargo, el sucesor de san Pedro podrá encontrar también un subsistente sustrato moral, un sentido de la justicia social y la igualdad de oportunidades, una solidaridad que alivia la pobreza aunque no la cura de raíz y podrá encontrar pequeñas iniciativas de responsabilidad social que sostienen la certeza del poder de recuperación cívica de los cubanos, aún bajo la represión cotidiana. Todo esto, entramado en un creciente tejido de la sociedad civil independiente que se articula mejor gracias al uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. Es la Cuba de los proyectos socioculturales autónomos, los blogueros, los periodistas independientes, los grupos de derechos humanos, las reconocidas Damas de Blanco y demás iniciativas.

Para confirmar y animar el progreso de esa recuperación social, esperamos recibir palabras y gestos del Papa que reconozcan el pluralismo y la diversidad como riquezas. Y deseamos que el Pontífice predique en Cuba lo que dice textualmente el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: "La comunidad política está esencialmente al servicio de la sociedad civil y, en último análisis, de las personas y los grupos que la componen. La sociedad civil, por tanto, no debe considerarse un mero apéndice o una variable de la comunidad política: al contrario, ella tiene la preeminencia, ya que es precisamente la sociedad civil la que justifica la existencia de la comunidad política". (Compendio de la D.S.I. No. 418, p. 231. Librería Editrice Vaticana, 2004).

Visión religiosa

El Papa encontrará a una Iglesia más diversa, más presente en la vida pública, más misionera, pero que aún no goza de la auténtica libertad religiosa que no es solo libertad de culto, ni unas relaciones basadas en "los permisos" de la autoridad política. Encontrará, además, una mejoría visible y pública de las relaciones entre la alta jerarquía eclesiástica y la alta jerarquía gubernamental, aunque todavía parte de sus hijos fieles sufran por su fe, por las consecuencias de su compromiso social cristiano y por sus opciones políticas. Una Iglesia que todavía aprende la corresponsabilidad, la unidad construida en la diversidad y la inclusión de todos sus hijos que tienen, como es legítimo, opciones políticas, económicas y sociales diferentes. Una Iglesia que aún aprende a ser verdaderamente madre y maestra, mediadora y solidaria con los oprimidos.

Sin embargo, el Vicario de Cristo también podrá encontrar la profunda matriz cristiana de nuestra cultura, una religiosidad extendida, personal y comunitaria, una sed de Dios y un hambre de trascendencia y vida plena mientras se construye el Reino de Dios en esta tierra. Para todos sus hijos, y no solo para una parte, la Iglesia debería recibir de su Pastor Universal una palabra de confirmación en la fe, en la esperanza y en la caridad que nos una y nos incluya a todos en la diversidad.

Visión antropológica

Algo menos visible, menos estudiado, pero absolutamente más importante y decisivo para el futuro de Cuba, podrá encontrar el Papa en su inminente visita. Se trata del protagonista, sujeto y fin de todo lo anterior: la persona humana que es cada cubano y cubana.

En mi opinión, de todos los desastres sufridos en este medio siglo de totalitarismo, el más grave y duradero es el daño antropológico. Una persona a la que se le ha bloqueado una gran parcela de su libertad interior, se desmorona por falta del oxígeno para su propia humanidad. Una persona que ve sistemáticamente bloqueada, o suplantada, su responsabilidad individual por el autoritarismo y el paternalismo, deja de crecer y se convierte en un adolescente cívico.

El bloqueo de proyectos de vida independientes o comunitarios desmigaja el alma humana y fomenta el desaliento existencial. El bloqueo a la participación personal, libre, responsable, y el bloqueo a los espacios públicos donde esa participación adquiere el carácter comunitario indispensable, provoca un imparable deseo de huir a un exilio externo o a una alienación interna.

Sin embargo, el Papa también podrá encontrar personas que han sobrevivido casi milagrosamente y por su propio esfuerzo, a este desastre antropológico. Personas generosas que han entregado toda su vida al servicio de sus compatriotas y del mundo. Personas que se han sanado de este daño interior y trabajan para sanar a otros cubanos de aquí y de la diáspora. Cubanos y cubanas que son libres y que son responsables y son puente y camino para la unidad y la fraternidad de toda la nación, donde quiera que vivan.

Como la Iglesia es, sobre todo, experta en humanidad, unos y otros deberíamos recibir del Papa ese suplemento nutricio del espíritu que es la fe en Dios inseparablemente unida a la fe en la suprema dignidad de la persona humana. Ese alimento espiritual que no pone parches nuevos en el tejido dañado de los ciudadanos y de la sociedad civil, sino que renueva por dentro el alma de la nación que sufre, trabaja, lucha, ama y espera en la incomparable Isla verde del Caribe.

'Ustedes son, y deben ser, los protagonistas de su propia historia personal y nacional' (Juan Pablo II en Cuba, 1998)

La Cuba que visitará el papa Benedicto XVI es una y plural, menos llana y más compleja. No es tan simple. Es, al mismo tiempo, la Cuba de la fe de unos en Dios y en el mejoramiento humano, y también de la desconfianza de otros en el poder de los hombres. Es la Cuba de la esperanza irrevocable de unos, y de la desesperación de otros, que están cansados de esperar y lo manifiestan de cualquier manera. Es la Cuba del amor que nos une y del odio que nos excluye. Es la Cuba que intenta dialogar entre sus hijos diversos y la misma que reprime a los diferentes. Es la Cuba de la dispersión, única como nación, que peregrina en la Isla y en el exilio.

Fernando Ortiz dijo que "Cuba es un ajiaco". Yo diría que sí pero que, en estos tiempos, el tórrida calor de los trópicos hace que la olla esté en candela, aunque a veces parezca en apagón. Sabemos que irremediablemente estamos llamados a salvarnos todos, unos a otros, de la violencia y de la muerte, y a salvar a nuestra casa común, encaminando a Cuba por los caminos de la convivencia fraterna y de la amistad cívica que, según Aristóteles, "es el mayor de los bienes cívicos, ya que con ella se redimirán al mínimo los enfrentamientos civiles". (cf. www.convivenciacuba.es. Editorial 25).

Por eso, creo con el inolvidable Juan Pablo II que no debemos esperar de fuera lo que debemos edificar dentro. No debemos esperar de arriba lo que hay que construir, bloque a bloque, desde abajo. No debemos fomentar ningún otro mesianismo terrenal ni seudo-espiritual que provoque la fuga mundi. Nada se logrará en Cuba sin la persona de cada uno de los cubanos y todo se debe edificar para que Dios y el mundo, incluido el Papa, puedan encontrar un día cercano una nación cubana sana, libre, adulta, responsable, fraterna y solidaria, abierta al mundo e integrada en la comunidad internacional.

Eso espero. Para eso vivo, trabajo y he decidido, con la gracia de Dios, permanecer en Cuba.