Martes, 12 de Diciembre de 2017
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Economía

La fiebre del oro

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Nicolás, 46 años, tiene un olfato especial para los buenos negocios. Siempre se traza grandes metas. En estos momentos, en su casa bien cuidada del Reparto Sevillano, examina meticulosamente varias prendas y piezas de oro.

Nicolás las va separando en pequeñas pilas de acuerdo a sus quilates. "Aquí tengo no menos de 8.000 dólares", dice, y sus ojos se abren desmesuradamente.

Joyeros como Nicolás, en estos días persiguen frenéticamente el oro. Siempre el metal áureo ha sido un gran negocio en el mundo subterráneo habanero. Pero hoy en día ha cobrado un valor inusitado. Vea usted, de entre 15 y 20 dólares que se cotizaba el gramo de oro 10, 14, 18 y 22 quilates hace un año, el precio se ha disparado a 30 y 35 dólares.

Y se ha convertido en una auténtica fiebre del oro. El negocio deja una tajada suculenta. Los joyeros suelen tener buenos contactos con extranjeros de paso por La Habana que pagan el oro al por mayor casi dos veces más caro que la inversión realizada.

Richard, un canadiense circunspecto con pinta de tipo importante, viene con asiduidad a Cuba para, además de zambullirse en las quietas y azules aguas de Varadero o jugar al golf en un campo de 18 hoyos, comprar todo el oro posible.

Conoce al dedillo cómo funciona el mercado negro en la Isla. Durante un tiempo trabajó para una compañía canadiense que tiene negocios de minería en Cuba.

"Pago el gramo de oro a 52 dólares, tengo amigos que a mi llegada ya me tienen comprado un lote", señala Richard.

La forma en que lo saca del país prefiere no contarla.

Según Mayra, trabajadora de un aeropuerto, es muy fácil sacar oro en prendas o fundido en pequeñas láminas.

"Al mostrar tres billetes de 100 dólares, en la Aduana miran para otro lado y usted puede sacar de la Isla hasta un elefante", dice risueña.

Las leyes vigentes del país sancionan hasta con 5 años de cárcel el tráfico ilegal de joyas y metales preciosos. También se imponen multas entre 500 y 1.500 dólares.

Hace dos décadas, joyería estatales compraban oro a precios ridículos. Demetrio, residente en el Vedado, solía vender orfebrerías de oro y jarrones de porcelana. "Ya no. En la calle los joyeros particulares te pagan mucho mejor. Con el oro que yo vendí al régimen a finales de los 80, me dieron unos certificados que solo me alcanzó para comprar una lavadora, un televisor y un equipo de música. Fue un atraco".

En esa etapa, a pesar de que la tenencia de dólares era ilegal, el gobierno compró y canjeó por pacotillas electrónicas o coches soviéticos, importantes cantidades de oro, plata, porcelana fina y obras de arte. Pero en este verano de 2011 la gente no cuenta con el Estado a la hora de vender oro. Hay un ejército de joyeros privados y personas que invierten su dinero en oro, dispuesto a pagar precios que ellos consideran más justos.

Casi todos los habaneros propietarios de reliquias familiares se las vendieron al Estado. La necesidad imperiosa de reparar sus casas y tener comida en la nevera les obligó a desprenderse de bisuterías valiosas. Con la subida del oro en el mercado internacional, la fiebre por el metal áureo también ha llegado a Cuba. Y los joyeros o personas que trabajan para ellos, se han tirado a las calles a la caza del oro.

"Todavía hay familias que tienen prendas de oro. Además, compramos muelas y hasta viejos relojes rusos Poljot con un baño de oro 22", indica Ramón, joyero de Centro Habana.

Mientras la gente hurga en el armario o en el baúl de los recuerdos en busca de orfebrerías, los joyeros de la capital sacan sus calculadoras.

"Deja buen billete este negocio. Lo que me inquieta es la velocidad con que ascienden los precios del oro. Para diciembre el gramo de oro 18 en Cuba puede alcanzar los 40 o 45 dólares. Para esa fecha, yo comenzaré a vender el oro comprado a contactos que tengo en Miami", señala Nicolás.

Él siempre ha tenido un olfato especial para los buenos negocios.

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