Lunes, 25 de Junio de 2018
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España

Cataluña en su laberinto

El expresidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña, Carles Puigdemont. (ECO DIARIO)

El jueves 21 de diciembre el 80% del electorado catalán acudió a las urnas para votar de manera tranquila y ordenada, en unas elecciones autonómicas realizadas con todas las garantías democráticas, aunque caracterizadas también por algunas anomalías.

De los cabezas de lista de los principales partidos, uno estaba en prisión preventiva (Oriol Junqueras, de Esquerra Republicana de Catalunya) y otro se encontraba prófugo de la justicia en Bruselas (Carles Puigdemont, de Junts per Catalunya). Ambos están acusados de haber proclamado la República Catalana el pasado 27 de octubre, cuando presidían el Gobierno autonómico, saltándose la legalidad vigente y vulnerando la Constitución Española.

El meollo de la cuestión, como se viene planteando desde hace algunos años, es la posibilidad de separar a Cataluña del Reino de España y constituirla en república independiente. En la configuración actual del Estado español, en el que Cataluña es una comunidad autónoma sujeta a las leyes y la Constitución de 1978, esa secesión es imposible. El ordenamiento jurídico vigente garantiza la integridad territorial del país y el concepto de soberanía nacional implica que no bastaría el voto mayoritario de los residentes de una región para que ésta pudiera independizarse.

Ni siquiera una mayoría abrumadora de votos locales podría privar al resto de los españoles del derecho a decidir sobre el conjunto del territorio nacional. Un señor de Ayamonte o una señora de Gijón tienen los mismos derechos a decidir sobre Cataluña —una parte de España, que es su país— que los que tiene cualquier vecino de Badalona a decidir sobre Huelva o Asturias. De modo que solo una reforma constitucional que autorizara el desmembramiento del país mediante un referéndum nacional vinculante podría abrir el camino hacia un divorcio pacífico. Y ningún gobierno, ni de la izquierda ni de la derecha, parece estar dispuesto a acometer un proceso así, que fácilmente podría terminar con la secesión de otros territorios (País Vasco, Galicia, Valencia), la caída de la monarquía borbónica y la desaparición de un país que tiene más de 500 años y que ha desempeñado en el mundo una función histórica y cultural de enorme importancia.

Ante esa situación, los partidos separatistas catalanes decidieron en 2017 oponer a la legalidad constituida una presunta legitimidad constituyente. El problema con que han tropezado es que esa legitimidad que invocaron no era suficiente ni siquiera para reformar el Estatuto de Autonomía y mucho menos para proclamar la independencia. En respuesta, el Estado español aplicó el artículo 155 de la Constitución, destituyó al Gobierno regional y convocó las elecciones que acaban de celebrarse.

El resultado de los comicios era previsible y ha sido muy similar al de años anteriores. Algo menos de la mitad de los votantes apoyó al separatismo y un 52% se inclinó por el constitucionalismo. Inés Arrimadas, cabeza de lista del partido centrista Ciudadanos, ganó en número de sufragios y escaños, pero difícilmente podrá formar gobierno, porque los partidarios de la independencia, al unir fuerzas, cuentan con una exigua mayoría parlamentaria.

Como viene ocurriendo desde hace muchos años, alrededor del 45% de los residentes en Cataluña no quieren seguir siendo españoles. Fue ese sentimiento, azuzado desde el Gobierno autonómico por Puigdemont, Junqueras y sus colaboradores, lo que condujo al referéndum ilegal del 1 de octubre y a la posterior proclamación unilateral de independencia, que terminó anulada por los tribunales y la acción del gobierno central.

Pero entre el fallido referéndum separatista de octubre y la aplicación del artículo 155, ocurrieron tres acontecimientos que no fueron obra del gobierno de Mariano Rajoy y que los independentistas no habían previsto, al menos en la escala en la que efectivamente sucedieron: 3.000 empresas se marcharon de la región, la otra mitad de la población de Cataluña, que se siente tan catalana como española, salió a la calle en dos ocasiones para manifestarse masivamente contra la independencia, y todos los Estados europeos respondieron con una negativa al intento de secesión.

Este baño de realidad desmontó las falacias del relato separatista y, sin embargo, no ha propiciado la solución que el Gobierno esperaba de las urnas.

Cuando el Senado aprobó la aplicación del artículo 155 para hacer frente al golpe separatista que estaba en marcha en Cataluña, Mariano Rajoy tuvo en sus manos la herramienta que le hubiera permitido solucionar el problema, al menos para los próximos decenios. Antes de celebrar nuevas elecciones hubiera sido preciso desarticular la red clientelar que el separatismo había implantado mediante prácticas de corrupción, malversación y prevaricación, intervenir los medios de comunicación a su servicio, sanear el sistema educativo que se había convertido en una máquina de adoctrinamiento nacionalista, purgar el aparato de seguridad, instrumento de los partidos catalanistas que han ejercido el poder durante casi 40 años y, de ser posible, cambiar la ley electoral que privilegia al voto rural, en las zonas donde los separatistas son mayoría. Entre otros fines, esas medidas hubieran permitido que, mientras tanto, los tribunales juzgasen e inhabilitasen a los culpables de la trama golpista, y que la estabilidad política frenara la fuga de empresas y la recesión que amenazaba a la región.

Pero una tarea así habría requerido una intervención prolongada del poder central y la adopción de medidas impopulares. En su lugar, Rajoy optó por la aplicación efímera y homeopática del 155: cesantía de la cúpula gubernamental y convocatoria inmediata de elecciones autonómicas. Para que el nuevo Gobierno se ocupara de acometer la labor que él no quería o no podía realizar. 

En la medida en que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa Occidental ha avanzado hacia la integración y la formación de una entidad supranacional que consolide la paz, la democracia y el desarrollo en el continente, el empeño separatista de una fracción de los catalanes constituye un esfuerzo antihistórico. Como quedó demostrado en octubre, ningún Gobierno europeo apoyaría la independencia unilateral del territorio de un Estado miembro, simplemente porque cada país de Europa contiene en su interior una o varias cataluñas. Si el precedente de una Cataluña independiente se hiciera realidad, Córcega, Padania, Baviera o Bretaña podrían plantear mañana reivindicaciones similares. (El caso de Escocia, que durante siglos fue un reino soberano y luego se unió a Inglaterra por voluntad propia y mediante un tratado revocable, no tiene casi nada que ver con la situación de los otros aspirantes).

Por eso, en el hipotético caso de que la secesión se produjese, Cataluña llegaría a ser exactamente lo contrario de lo que auguraban los dirigentes independentistas: un país dividido y empobrecido, fuera de la OTAN, del euro y de la Unión Europea. Y, como queda explicado, las consecuencias para el resto de España serían aún peores.

Una parte del electorado catalán, cegado todavía por el fervor nacionalista, votó el 21 de diciembre por mantener el pulso al Estado. Los demás, la mayoría, optaron por seguir siendo catalanes, españoles y europeos. Un voto histórico y una lección de democracia. Pero también la prolongación de un conflicto sin perspectivas de solución ni a corto ni a medio plazo.

Comentarios [ 31 ]

Imagen de Anónimo

El único “diálogo” que plantean los independentistas desde siempre es conversar para determinar los pasos a seguir para que Cataluña salga de España. No pretendan engañarnos ahora con que quieren dialogar cuando nunca han contemplado otra vía que la independencia. Miren bien lo que piden que pueda que se les conceda y se vean “independientes” de España, su mercado y sus subvenciones, de la UE y del euro.  

Imagen de Anónimo

Lo que es triste es ver como cubanos que viven en Espana no han aprendidio NADA  d demcracia y derechos fundamentales como LIBERTAD de expresión y civiles. y sigan teniendo en su cabeza conceptos de dictaduras y regimenes totalitarios que nada tienen que ver con el dercho a la independencia de Cataluna. El que cataloga de supremacista a l Procés sabe de politica lo que Rojoy de dialogo e inmovilismo.

Imagen de Anónimo

Con todo mi respeto para este innombrable  ex pdtte no tiene los mas minimos valores etico que un representante del pueblo debia tener...sin palabrar ..En principio la independencia de Cataluña no hay ocasion a debate de ningun tipo, NO ES NO.......Que se busque otra profesion la de politico le quedo muy, pero muy mala

Imagen de Anónimo

Lo triste es ver como cubanos a los que en este caso España (sí, España) les dio asilo y la posibilidad de hacer una nueva vida, siguen tan proclives como en Cuba a que se les lave el cerebro con ideas absurdas y hechos “históricos” falsos para apuntalar una ideología. No han aprendido nada de la experiencia cubana y se siguen dejando manipular una vez más por gente que en el fondo los desprecia y los considera inferiores porque nadie se engañe: el independentismo catalán tiene su base en el racismo supremacista.

Imagen de Anónimo

El auto comienza explicando que la opción política de independencia de una parte del territorio nacional es legítima, ya que la Constitución admite la defensa de cualquier posición política, incluidas las que defienden la desaparición de la misma Constitución. Pero ello ha de hacerse sin cometer delito alguno. Destaca que la causa penal "no se ha abierto para perseguir la disidencia política ni la defensa de una opción independentista", por lo que "no puede hablarse de presos políticos, pues nadie es perseguido por defender una idea, y el sistema permite la defensa de cualquier opción, ofreciendo cauces sobrados para sostenerla".Cuáles son si el Gobierno no quiere dialogar ni llegar acuerdos? Que casualidad que el gobierno plantee lo mismo y no lo haga!!!

Imagen de Anónimo

La Sala indica que no consta que Junqueras haya participado ejecutando personalmente actos violentos concretos, ni que diera órdenes directas en tal sentido, pero "mediante la defensa pública de la independencia unilateral y fuera de toda consideración y respeto a la ley vigente en el Estado del que Cataluña forma parte" ha incitado a los ciudadanos a desobedecer al Constitucional y a movilizarse, "haciendo previsible, con alta probabilidad, que hubiera enfrentamientos en los que apareciera la violencia".Primera muestra de injusticia

Imagen de Anónimo

Recomendación a ddcuba. En aras de ser imparcial o por lo menos aspirar a eso deberían poner articulos de autores que también están a favor del Procés y de la causa de Cataluna. Gente que escribe verdades como: que si son presos politicos y por qué lo son, que en primerísimo lugar no deberían estar presos por las causas que se le imputan, que el problema es poltico y no juridico, que desmienten el tópico de la ley electoral( no tendrían mayoría absoluta pero ganarían la elecciones y con 66 diputados), que en España no hay una democrática separación de poderes(hasta la UE a través de los incumplimientos de España en el temaCORRUPCIÓN y elección de jueces lo dijo y dice), que SÍ LES ROBAN por la politica de regimenes forales y financiamiento y del fondo de ayuda a las autonomías . que el gobierno ha incumplido la Constitución también en temas como los deshaucios, en la elección del CGPJ y la Audiencia Nacional, en la forma de aplicar el 155 y sus alcances, como las obras de Sijena y < un largo etc. 

Imagen de Anónimo

     España un rey sin corona Cataluña y sus vecinos Vascos paises en potencia a los q humillan tal y como los Rusos enmascarados en la URSS Si tan mal esta Barcelona diganme cuanto cuesta un piso ....

Imagen de Anónimo

a h"istoriador" le digo que cuando menos es patetico. Yo no soy el 1341 soy el de la 1545 que le repspondió por lo que usted escribióal del 1341. sepa primero a quien le escribe. y sea coherente. Usted es un ignorante de democracia y no no me interesa donde viva y pero  lea y no se concentre en su "historia" para que vea por que lo dijeY no engane ni manipule más que decir Adeu no signifiva que sepa catalan ni conozca su historia y sentimientos sobre todo. Deje de enganar

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

Desde la epoca de la Republica y la Guerra Civil, los catalanes han demostrado una fuerte tendencia izquierdista. Esa enfermedad es peor que el nacionalismo, pero ademas, en este caso, esta agravada por el nacionalismo. Eso no tiene solucion. Cataluña va a terminar separandose de España.