Viernes, 19 de Abril de 2019
Última actualización: 12:13 CEST
Béisbol

El acuerdo entre Grandes Ligas y la Federación Cubana de Béisbol: dos grandes obstáculos

El cienfueguero Yasiel Puig, actualmente con los Rojos de Cincinnati. (MLB)

El acuerdo firmado entre la Federación Cubana de Béisbol (FCB) y las Grandes Ligas de Béisbol de Estados Unidos (MLB), aunque permite a los peloteros cubanos contratarse con equipos profesionales norteamericanos, sin perder la residencia ni su vínculo con la pelota nacional, enfrenta grandes obstáculos, entre ellos los siguientes:

1.- A diferencia de la Liga Japonesa de Béisbol Profesional, la Organización Coreana de Béisbol y la Liga China de Béisbol Profesional, que son organizaciones y clubes privados con los cuales la MLB tiene contratos similares, la FCB es gubernamental, como lo son todas las asociaciones existentes en Cuba después de 1959.

Higinio Vélez, presidente de la FCB, en una comparecencia televisiva, intentó demostrar que la FCB no es gubernamental. Para ello empleó dos argumentos que nada demuestran: a) que la misma "existe desde hace algunos años" y b) que "está reconocida por organismos como la Federación Mundial de Béisbol y Softbol, la Confederación Panamericana de Béisbol y otros organismos internacionales que rigen los destinos de este deporte".

2.- Independientemente de que el acuerdo entre la MLB y la FCB esté en correspondencia con lo establecido por la Oficina para el Control de Activos Extranjeros, adscrita al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, si el Gobierno norteamericano decide activar el capítulo III de la ley Helms-Burton —nada extraño en el actual contexto— lo más probable es que el convenio sea anulado. ¿Por qué? Porque para esa política sería contradictorio endurecer el embargo contra el Gobierno de Cuba y a la vez mantener un acuerdo que lo beneficie. 

Esos dos obstáculos demuestran que con cualquier intento, sin cambios estructurales en el sistema vigente, resultará imposible la regeneración de la pelota cubana, y que por tanto se impone rectificar el camino que condujo a la desaparición de la pelota profesional, de las asociaciones cívicas y del empresariado nacional que la hizo brillar. 

El profesionalismo de la pelota estuvo presente desde su inicio en el siglo XIX. En la primera mitad del siglo XX existían varios circuitos profesionales y amateurs, con decenas y decenas de equipos, que contaban con dos modernos estadios en la capital: la Tropical y el Cerro, que albergaban 15 mil y 30 mil personas respectivamente. Todo creado y sostenido por empresas privadas y la sociedad civil.

Los cubanos jugaban y ganaban en los topes con equipos profesionales de Estados Unidos; fueron los máximos ganadores en las series mundiales de béisbol amateur que comenzaron en Londres en 1938; se impusieron en la Serie del Caribe en siete de las doce ediciones entre 1949 y 1960; fundaron la Liga Cubana de Pelota Profesional y los Cubans Sugar's Kings ganaron la llamada Pequeña Serie Mundial en 1959; la Liga Cubana era el circuito principal en América Latina y Cubala segunda potencia mundial de pelota profesional y primera amateur.

Después de 1959, junto a la estatización de la economía y el desmantelamiento de la sociedad civil, se creó el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER) y se prohibieron la pelota profesional, las trasmisiones televisivas del béisbol norteamericano, la Liga Nacional, las ligas de verano y los topes con equipos de Grandes Ligas. La pelota quedó subordinado a la política y gracias a las subvenciones de la Unión Soviética se impuso la supremacía en las competencias amateurs.

En enero de 1967 el líder de la revolución expresó: "Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota. Y jamás se soñó que una masa tan enorme de ciudadanos practicara ese deporte, que se pudiera alcanzar en tan breve tiempo tan extraordinaria calidad. Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales".

Al iniciarse los topes con la pelota profesional y perderse las subvenciones soviéticas se evidenció la inviabilidad del modelo totalitario. La supremacía establecida rodó por tierra: en la primera versión del Clásico (2006), Cuba ocupó el segundo lugar; en las siguientes (2009) y (2013) pasó a la quinta posición y en la de (2017), no clasificó. En los topes con las selecciones universitarias norteamericanas Cuba fue barrida en dos oportunidades; mientras la deserción de los peloteros se generalizó. Resultado: la pelota "libre" sucumbió ante la pelota "esclava", lo que generó la deserción masiva de los de peloteros cubanos.

Lo ocurrido en la pelota y en los demás sectores de la sociedad cubana confirma que en la época de la globalización y las nuevas tecnologías de la información, el totalitarismo, por su naturaleza, excluyente es inviable. Por lo cual el daño ocasionado resulta irreversible desde el mismo sistema que lo originó. 

Si cierto es que el actual presidente de Estados Unidos ha endurecido las presiones sobre el Gobierno de Cuba, cierto es también que la administración Obama flexibilizó las medidas, mientras la parte cubana se aferró al pasado. Es una pena que una necesidad tan evidente y justa como la participación de los cubanos como sujetos activos en los destinos de su nación, tenga que ser enarbolada por el "enemigo", cuando está en manos de las autoridades de Cuba la posibilidad de hacerlo y con ello, desmontar el principal argumento del embargo, con lo cual todos ganaríamos, en primer lugar los cubanos.

No hacerlo ha conducido al absurdo de declarar al sistema político y económico de Cuba como "superior" y a la vez establecer acuerdos que permitan la entrada de divisas provenientes del capitalismo —calificado como sistema "inferior"—, lo que ha evidenciado la inviabilidad del sistema "superior", que ante la pérdida de las subvenciones exteriores y la falta de voluntad política para enfrentar los cambios, no le quedó otro camino que la construcción del socialismo con las riquezas del capitalismo.