Miércoles, 21 de Noviembre de 2018
Última actualización: 00:45 CET
Poesía

La cabaña

(SIMPLESOLARHOMESTEADING)

 

Junto a los pilotes donde estuvo

la cabaña de Thoreau

hay un vacío

y la laguna azul

es fría.

No me puedo agachar ya

y haces un cuenco con las manos

para lavar los restos de un helado

que por el sendero avanza

entre mis dedos bajo el sol,

derritiéndolo.

Me parece un azul de siglos,

un azul íntimo: infinito

que promete el verano que vendrá

indiferente

a la inscripción que muere

en la piedra

donde me apoyo para sostener apenas

un cuerpo erguido,

y hubo algo allí:

un desliz de la respiración

entrecortada

o un ritmo insuficiente

donde todo termina.

 

Recostada al árbol

que pudiera ser un jacinto pelado,

las botas se resbalan sobre trozos de nieve

en reserva de un frío mayor

que ya pasó sobre nosotros,

rindiéndonos.

Han sido solo cuatrocientos metros —dices

para convencerme de la veracidad

de una distancia corta,

alargada en la mente

y relativa siempre de lo real.

Pero no es cierto.

Han transcurrido kilómetros desde

donde el jacinto florece para ti,

en la ventana de un comedor ajeno:

una familia, un perro

y donde el pájaro

depredador de una confianza,

por un momento confió en nosotros

cuando retrocedió,

pero no pudo acostumbrarse a su sombra:

porque tal vez no era un jacinto

ni un último azul el de sus alas

tiesas en la maceta ni mucho menos,

un amor.

 

II

 

Habías llorado sobre la vainilla

que recorría el sendero

con su hilo depredador

y el agua de la laguna muerta

sacrificando

aquel vuelco del pasado,

con el susto contra el estómago:

de un barquillo espumoso

cayendo

contra lo que no podrá ser.

 


Reina María Rodríguez nació en La Habana, en 1952. Autora de numerosos libros de poesía, algunos de los más recientes son: O piano /El piano (Lumme Editor, São Paulo, 2014) y Luciérnagas (Fondo Editorial Universidad Autónoma de Querétaro, México, 2017). Este poema pertenece al libro inédito Dársenas.