Martes, 21 de Noviembre de 2017
20:05 CET.
Crítica

En la variedad: el gusto

Por fortuna, tal vez en previsión del ardiente verano que se nos avecina, o solo con la noble intención de endulzar el ambiente literario que lo circunda en la ciudad donde reside, el escritor cubano Juan Cueto-Roig ha publicado recientemente Verycuetos II (Silueta, Miami, 2014), un volumen en que recoge los textos de El Diario Vivir, boletín de noticias y comentarios de todo tipo que él mismo estuvo editando y difundiendo durante siete años (2006-2012).

El número en romanos que figura en el título se debe a que este libro es la continuación de Verycuetos,[1] que los atentos lectores recordarán seguro con suma gratitud, debido al buen rato que pasaron leyéndolo hace unos años (cosa que, sospecho, no les ocurre a menudo).

Este nuevo volumen repite y prolonga uno de los más saludables propósitos de la primera parte: evitar por todos los medios cualquier posible bostezo de esos lectores.  El autor aplica de nuevo, por fortuna infinita, la conocida máxima de que "en la variedad está el gusto".

Los trabajos recogidos en esta edición no podrían ser más diversos, tanto en los temas y géneros como en los tonos y en los modos de expresarlos o analizarlos.  Si nos asomamos al llamado "índice clasificado", que aparece al final del volumen, veremos textos tan disímiles como los llamados "Apuntes literarios", varias "Entrevistas" (en cinco de las cuales responde el propio Cueto-Roig), un grupo de "Frases célebres", "Notas gastronómico-literarias", comentarios sobre "El idioma y sus caprichos", reseñas cinematográficas, musicales y teatrales, además de obituarios y —last but not least— traducciones realizadas por el autor, quien es un reconocido experto en ese campo.[2] Y apuntemos que la sección más extensa de ese índice clasificado es, precisamente, una que se titula "Miscelánea".

El cuerpo del volumen aparece ordenado por orden cronológico, con arreglo a los años en que los textos fueron apareciendo en las entregas sucesivas de El Diario Vivir.  Al seguir ese orden, el lector se verá sometido a los contrastes y sorpresas que ya he señalado y que provienen de la diversidad del material, y pasará —por ejemplo— de leer un hermoso poema traducido del inglés a enterarse de una rara receta culinaria, o encontrará de pronto un comentario sagaz sobre una novela recién publicada.  Eso hará que la lectura no cese de sorprender; al concluir cualquiera de los textos de este libro nunca sabremos qué nos aguarda en la página siguiente.[3]

Sin embargo, ese no es el único modo de leer este singular libro (y ni siquiera sería en algunos casos, me atrevo a sugerir, el más efectivo o fructífero). Habrá lectores que sencillamente cambien de perspectiva y busquen otro orden, y lean por ejemplo todas las citas gastronómicas de un tirón, o todas las reseñas de teatro seguidas, o todos los capítulos de Gibbon juntos.  En realidad, uno de los atractivos excepcionales de compilaciones de esta índole es que se pueden leer como a uno le dé la santísima gana, de atrás para alante o por saltos o con interrupciones arbitrarias: el disfrute siempre será intenso, no cesará el asombro ante la variedad.  A veces, lo confieso, he comparado esa actitud con  lo que siente un comprador glotón al entrar en una dulcería: "No, señora, hoy quiero pasteles de coco; o no, mejor dicho, deme un pastel de guayaba; o pensándolo mejor, deme un éclair de chocolate...", ¡y así sin parar!

El libro está lleno de detalles delicados y sutiles, por ejemplo en las traducciones, donde aparecen pasajes solucionados con notable habilidad y elegancia.  Abundan las páginas en que Cueto-Roig expresa sus puntos de vista y opiniones personales, expresados con pasión, sobre múltiples hechos o ideas de la actualidad; eso aporta un atractivo adicional al libro, pues le confiere más riqueza y una curiosa intensidad: los lectores podrán disentir de lo que él señala o defiende o condena, pero nunca descartarán lo dicho como falto de interés o como exabruptos sin sentido. 

Salta a la vista que este libro es un ejercicio muy personal y sincero, donde por suerte se plasman sin hipocresías ni falsas modestias la personalidad y las habilidades de su autor: Cueto-Roig es escueto, pero nunca parco; en las entrevistas, por ejemplo, responde siempre sin ambages ni evasiones. Además, hay innumerables pasajes jocosos, frases de una ironía afilada, expresiones en que el autor ejerce ese fino y grato sentido del humor que sus amigos le admiramos tanto.

O sea, que hay mucho de dónde escoger.  Cualquiera que recorra esta amena compilación podrá distraerse, aprender y disfrutar a sus anchas. Todo lo que este libro nos trae es agradable lectura, sustancia generosa en una mesa abundante y bien servida.  Por eso animo a todos a sumirse en estos vericuetos, en sus recovecos súbitos e incesantes: no se sentirán defraudados. Este es uno de los libros más entretenidos y llenos de gracia que he leído en los últimos años.




[1] Editorial El Almendro, Santo Domingo, 2007, 417 páginas.  En ese volumen el autor recogió los textos de Cuetocomments, boletín que él había publicado desde 1999 hasta 2005.

[2] Entre otras maravillas, el libro contiene varios poemas de autores angloparlantes en versión al español, en una sección titulada "Oasis", y numerosos capítulos traducidos por Cueto-Roig de The Decline and Fall of the Roman Empire, del célebre historiador Edward Gibbon.

[3] Para esa lectura ordenada y otros propósitos, se echa de menos un índice general, del que esta edición carece.  Está muy bien que aparezca un "índice clasificado", pero ese no cumple las mismas funciones. Por suerte, en el primer volumen, Verycuetos, se incluyeron ambos. 

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

No tenga pena señor anónimo. Es una obviedad que esa imagen no tiene nada que ver con el contenido del artículo.

Imagen de Anónimo

Sin comentarios, por consideración a Juan.