Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
17:23 CET.
Opinión

El Hombre Nuevo y la col (en New England)

En casa nos gusta Trader Joe's. Sin arruinarte demasiado —o justo lo imprescindible que tenemos asignado como clase media en tiempos de crisis— consigues comida saludable —o de apariencia saludable—, hay siempre algún sample apetitoso y empleados con look hippie o hipster según la edad saludan —nadie sabe si de buen grado— mientras te permiten extasiarte mirándoles los enormes huecos en las orejas. Eso es Trader Joe's. Y para mi hijo, además, desde pequeño es algo así como un parque de diversiones alternativo. Aunque cada vez me acompaña con menos entusiasmo, todavía sigue haciéndolo. ¡Qué remedio!, me imagino que se dice.

Y así una tarde de domingo con un average de 50 grados, en que todos los vecinos de mi pueblito en New England insistimos en sonreírnos los unos a los otros porque queremos creer que la primavera va a llegar; un domingo feliz, después de caminatas por los bosques en deshielo, de montar bicicleta en fanguizales, después de los pancakes con maple syrup y sonrientes, después, hemos al fin llegado a Trader Joe's. Rebosan los estantes. Casi caen al piso los panes y los peces. Los clientes andamos por los pasillos corteses porque no está nevando o porque deseamos imaginar que no nevará más. Es una cuestión lógica y por esa misma lógica el supermercado está hoy lleno de señoras altaneras, jóvenes empleados de banco, algún que otro estudiante de medicina, de yoggies y refunfuñantes viejitos que no se entiende por qué coño vienen a hacer las compras durante el fin de semana si disponen de todos los días de su mundo que se acaba para hacerlas, hay aburridas amas de casa, mamitas con babies (histéricas o ennirvanadas), hasta descubrí un soltero de apariencia atendible.

Así andan las cosas hoy por Trader Joe's y, como ya les cuento, también hay sol y mi hijo, luego de probar los samples del día y acaparar un paquete de croissants antes que se acaben, se presenta con un objeto redondo como pelota de football, pero que no lo es.

—¿Mom, por qué nunca cocinas cabbage?

Tras arrebatarle el esférico artefacto de las manos y arrojarlo al carrito sé que le dediqué una mirada demasiado habanera a mi pobre hijo porque desapareció con rapidez desconcertante por entre las frutas, rumbo a los ice creams, y ya no lo vi más hasta llegar a las cajas. Ahora traía un paquete de chips, veggie, por supuesto.

Pero afuera había un sol demasiado radiante, repito, para ser solo principios de marzo; y este era un domingo para al menos aparentar que se es feliz. Así que cuando las bolsas de la compra ya estaban dentro del maletero de mi Corolla azul, habiendo tragado en seco y respirando el aire de promesas veraniegas, una vez que le hube devuelto el saludo a una vecina insoportable, decidí volver en mí tras el atenazante recuerdo del hambre de los noventa y me dispuse a explicarle aquello a mi hijo, eso, lo innombrable, el Periodo Especial.

O explicar más o menos lo que se puede, porque es difícil y no quiere una recordar, en pleno domingo feliz, mientras el Corolla rueda fácil por el pavimento liso y se detiene sin sobresaltos ante semáforos puntuales: agromercados plagados de una sola verdura, la col, que se come en todas sus formas y sabores pero sin nada más que eso, col, hasta en las madrugadas, col y sin respirar, acaso chispaetrén, coles y mucha agua, coles y nada más, col y se me agota el aliento, col, col, col. Y mi hijo que se cansa y no comprende pero prefiere que pare de hablar, ha vuelto a preguntar:

—Entonces, ustedes comían hasta col con crackers, ¿no?

Me salva de la ira que el domingo es hermoso. Con calma y disciplinada, porque a fin de cuentas soy una tax payer en New England, puedo responderle —¿hasta con dulzura?— que no, porque los crackers eran un lujo en aquella época, hijo mío. Porque los huevos, la pasta de oca, el picadillo de soja, porque la pasta de bocaditos hecha con arroz, el hambre, la loma del comedor Machado y la bicicleta china...

Casi sigo con mi letanía de carencias pero comprendo que no vale la pena. El termómetro dentro del Toyota marca 55 grados. Hoy toca sonreír. Sobre todo cuando llego a casa y en mi cocina descubro que también he comprado pulled meat o carne rusa, y junto con aceite de oliva y algunas especies no demasiado exóticas consigo inventar un plato de col con carne que hace bajar a mi hijo corriendo por las escaleras y junto a mí y frente a la cazuela Kitchen Aid exclamar en perfecto spanglish, como jamás lo haría un Hombre Nuevo según el Che Guevara: "Uhmmm, eso huele familiar, mami".

En West Hartford, marzo de 2013

'Picadillo de soya': la receta de NG La Banda

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En el Montreux Jazz Festival: "Agua a la cazuela que... se quema la soya".

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Comentarios [ 31 ]

Imagen de Anónimo

Ese articulo es cursi y para especular nada mas, como deciamos en Cuba. Se sabe que uno llega a aqui y hay de todo, que la vida te cambia, eso lo sabiamos y lo esperabamos, al fin y al cabo entre otras cosas para eso vinimos!! No? No hay que mencionar el Corolla que rueda liso y suave por calles sin baches ni los nombrecitos cursi de los paqueticos que compro. Yo tengo dos hijas que se han criado aqui y vivi tambien el periodo especial, comi mucha col. En esos domingos en espera de la primavera cuando estamos en la casa prefiero hablarles, sin ser canson, de quien fue Benny More, de Jose Raul Capablanca, de Marti, de Maceo, me aterra irme de este mundo y que mis hijas sepan mas de Thomas Jefferson que de nuestros proceres. Las galleticas sabrosas y los croissants estan implicitos, no hay que hacerle una loa a eso.

Imagen de Vctr Fdz

Gracias Iganacio Peralta, yo tambien con el suyo.

Imagen de Ignacio Peralta

Vctr Fdz - 12 Abr 2013 - 9:48 pm: Concuerdo completamente con tu punto de vista. Los estudios e investigaciones, sean del campo que sean, no deberían dar la espalda a la ética, al humanismo y mucho menos obviar los sufrimientos y violaciones a los derechos humanos de todo un pueblo sacando conclusiones engañosamente "beneficiosas" para quienes sufrieron.La crisis de los 90 en Cuba fue un período en la historia de la ignominia castrista que hizo especial daño a los cubanos. La lectura más evidente que al menos yo he sacado es que los Castro están dispuestos a TODO, incluso dejar morir de hambre al pueblo, antes de abandonar el poder.Unos políticos con un mínimo de vergüenza, con un mínimo de sensibilidad para con su pueblo habrían tomado medidas inmediatas para paliar el hambre. No fue hasta después del Maleconazo que los Castro, atemorizados ante la posibilidad de un estallido social incontrolable, aceptaron la liberalización parcial de la producción y comercialización de alimentos. Esa tardanza deliberada fue sencillamente CRIMINAL. Más aun cuando ellos, sus familiares y allegados estaban muy lejos de padecer las penurias que arrasaba a la población. 

Imagen de Anónimo

Que articulo tan de rodeo, reiterativo y arrivista. De que parte de Cuba salio el redactor? Ahh y los viejitos salen a comprar los fines de semana porque viven solos olvidados por los hijos que criaron muchos de ellos sin descanzar ni tomar el sol ese que tanto reiteras. Quieres ver personas en la calle, en los supermercados. Te imagino tomandote fotos en la mesa, esas que mandan a cuba para como dicen alla.. "especular" 

Imagen de Anónimo

No se preocupen que ahora mismo viene el otro periodo especial, el venezolano, cuando elijan a Capriles el domingo.

Imagen de Anónimo

El summum del cápitulo col lo ví en una carcel cubana (Prisión de Ganuza 1993), calabozo para dos viene un guardia y grita "comida", abre la reja y coje una col entera llena de tierra de la caja de madera que trae arrastrando y la tira en el medio de la celda, el tipo cierra y dice "pa los dos" y eso día tras día de lo que duró el castigo, con una infusión de desayuno.

Imagen de Vctr Fdz

Sr. Anonimo. Yo tambien conocí las cárceles cubanas por dentro y 30 años despues, sigo sin encontrarle o verle, el lado positivo. Me parece insultante para quienes padecieron algo tan grave como el período especial, que una publicación, de donde sea, rascando encuentre algo bueno en ello. Sobre todo porque lo por ellos referido es la consecuencia de una situación extrema, no algo que se haya buscado exprofeso y el planteamiento en sí, insisto, echa una especie de sutil veladura sobre la culpabilidad de la dictadura cubana en esa crisis. A mi entender, si tomamos lo referido en la publicación inglesa (lamentablemente ya se está la izquierda española encargando de hacerle eco) como aceptable, éticamente hablando, entonces habría que aceptar otras atrocidades como las cometidas por los nazis en sus experimentos con humanos o, para ser mas "vernáculo", la hambruna y las muertes provocadas por la reconcentración de Valeriano Weiler. Es mi opinión claro está. Respeto la suya, no la comparto, pero la respeto.

Imagen de Anónimo

Para Anónimo - 12 Abr 2013 - 8:21 pm:La frase de Martí (1853-1895): "Sólo podemos dejarle a nuestros hijos raíces y alas" a la que se refiere usted es en realidad casi calcada de la de Goethe (1749-1832): "Hay dos cosas que los niños deben recibir de sus padres: raíces y alas". Curioso ¿verdad?SaludosRicardo

Imagen de Anónimo

Chucha madre! Sí es dificilísimo explicarles. A mi me gusta especialmente la navidad. Me fascinan las luces y los fuegos artificiales y las Posadas, y la gente comprando y los regalos y el olor del pino mmmmm.... Mi hijo no entiende por qué cada año es como una novedad, si según él, siempre es iguaEntre tocó contarle que cuando yo era niña no había navidad. ¿Cómo que no? Y sólo atiné a decirle, "es que había un viejo loco, muy malo, que prohibió celebrar navidad". Ahora ya es un poco mayor. Fuimos a Cuba. Y cada vez que se percataba de algo "diferente" para no decir escaso o faltante, me preguntaba si eso también lo había prohibido el viejo loco. Al regreso me preguntó por qrecaerá tan pobre todo el mundo, si era que el viejo loco les había robado el dinero a todos. Pues sí, en cierta forma, sí. 

Imagen de Anónimo

noooooooooooooo trortures a su nino con esos cuentos de teror PERIODO ESPECIALMENTE HAMBRIENTO  eso es abuso infantil