Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
15:47 CET.
Poesía

Después de Heráclito

Archivado en

παντα ρει, μεδη εστι

 

1

 

Di: el elemento se acaba. Solo basta mirar las fotografías del espejo, algún recuerdo sin pétalos a través de la ventana. ¿No lo ves en el aire? Todo fluye en su naturaleza. Se contamina con el virus del mundo y fluye. La memoria como un río de piedras se enferma al doblar el tallo de los años. El discurso que mueve con sus signos la polea de los sentimientos se borra al hablar. Se apaga el mel (o) drama de la vida. Todo pasa, todo fluye como una melodía grabada en los genes de la mecánica universal. El superior deseo y también el anhelo más bajo. La corona de plata y el fango en la pezuña de los bueyes que vimos pastar en la niñez (Darío). La ceniza sin llamas deposita su aroma en los pensamientos. El abedul también dice adiós en silencio y la hiena que vomita sus lentes de oro a la sombra de un cadáver babea su animal (des)aparición.

 

2

 

Escucha el sonido blanco a través de la quietud, oye sin oír, dibuja en tus labios estos versos: el elemento muere con el tiempo, solo basta cerrar las puertas de la entrada al jardín. Se ha destruido de repente la madera y la sangre del rosal ha cogido polillas. El ojo de cedro con un soplo de agua se pudre, al caer, al caer, despacio.

 

3

 

Lo material y lo invisible, todo se disipa (bajo el cielo o sobre la tierra) en un círculo finito que se repite de manera infinita.


4

 

Se vuelve al revés lo real a ambos lados del cristal de agua que cuelga en la pared. Se endereza lo torcido y la curva se hace recta, cambia de pie el caminante y al moverse permanece en su sitio. Al partir, se inicia el fin del principio. Lo perfecto se quiebra. La porcelana deja de brillar sobre la mesa y se arruga la mente en cada paso que damos hacia atrás. El teléfono deja de sonar a cierta edad y el gas bajo el horno se confunde por el gris con la rata o a veces con la niebla que apenas calienta los recuerdos mientras un periódico nos alumbra a la orilla del té que se enfría en la boca.

 

5

 

Del útero al infierno viajamos en un coche simbólico. Después en el garaje o ya en casa, en el salón, frente al televisor de plasma, el suéter nos da un fuego apenas de cerilla. Muchos de los amigos han partido en la barca que va hacia el cementerio, algunos familiares  también volaron raudos sobre un río de huesos, pagaron su billete de ida sin retorno porque el hombre en esencia se resume en dos puntos con fechas + (más) sus nombres o con otras palabras: encima del sofá se puede resumir la luz del universo, en la foto que mira desde un lago que cuelga de una pared con hielos.

 

6

 

Las galaxias se funden, nacemos y morimos como nidos de arenas, como polvos, moléculas que ahora viajan de espalda o que apenas se mueven del paraíso oscuro que dibujó John Milton al fuego del olvido.

 

7

 

Incluso lo que ves te parece irreal y no por pensar más o menos que una estatua existes en el mundo (¡bello el semen de Fidias!). Descartes como todos era hipócrita y miente. Pero al menos jugamos al disfraz en el patio de los enamorados mientras llega, con su eterno vestido lleno de agujeros a través de los siglos y con una flor en el pico, la señorita Muerte. Se sienta en la butaca, prende el ordenador, le responde al NoDios un correo electrónico sobre el bosón de Higgs, esas bellas partículas del futuro divino que nunca han existido a no ser en los libros de lectores ya muertos.

 

8

 

Por ejemplo: a esta edad (que es ninguna en el tiempo) yo mismo nunca sé lo que me digo a solas. Murmuro pero apenas oigo mi corazón. El juego del lenguaje es solo un laberinto, su meta es confundirnos en la esfera que oculta la fórmula secreta del espacio y del tiempo.

 

9

 

Siempre nos traicionamos de la mente a la boca. Por una simple letra todo cambia de lógica, incluso al ser ilógicos. Nos vestimos de niños que juegan al escriba debajo del manzano, mentimos al hablar.

 

10

 

Al final de este viaje el elemento acaba, el rostro no es un rostro, sino un cuadro de arrugas y experiencias en vano rellenando la tela, al fondo del salón. Porque no hay nada nuevo que alumbre bajo el sol. Creo que ya lo dijo con los ojos de Homero el muerto Salomón: Bajo el sueño y la carne se construye lo humano. Solo el deseo (παντα ρει, μεδη εστι) (todo fluye, nada es) (oh, Cavafis) rejuvenece.


Dolan Mor nació en Pinar del Río, en 1968. Su último libro es Poemas míos escritos por otros (Aduana Vieja, Valencia, 2012), publicado en dos volúmenes.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.