Domingo, 18 de Noviembre de 2018
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Artes visuales

La generación descarriada de los 80

En primer plano, escultura de Tomás Esson, Miami, 2009. (IRREVERSIBLEMAGAZINE)

"Por fin puede hablarse de una generación que ha madurado con una obra que ha nacido aquí", escribía el crítico norteamericano Thomas Hess, refiriéndose a los expresionistas abstractos de Nueva York a finales de los años 50. Hess comentaba un proceso evolutivo en medio de un ambiente fértil, donde aquella comunidad de artistas contaba con el apoyo de intelectuales, instituciones y coleccionistas.

Si contrastáramos la evolución de los expresionistas abstractos con la circunstancia que le tocó vivir a la generación de los artistas de los años 80 en La Habana, advertiríamos más discordancias que similitudes. Me refiero a la historia difícil y precaria de estos últimos, marcada por la censura del sistema totalitario y luego el bregar en un contexto nuevo como el exilio, con más desánimos y percances que triunfos y recompensas.

¿A qué se debe el estancamiento y mutismo de muchos de estos artistas después de establecerse en Miami? Mi deseo no es responder a esta pregunta de manera definitoria, sino darle un curso tentativo.

El arte cubano no tuvo un Marinetti ni un Joaquín Torres García. La revolución de 1959 no provocó una revolución en las artes plásticas; al arte lo que le cambió fue el mensaje de vernáculo modernista republicano a vernáculo modernista socialista. Durante los años 60 y 70 por Cuba no pasaron ni el pop ni el arte conceptual, ni el minimalismo ni la performance. Con la excepción del póster cubano (sustentado por el aparato propagandístico de la OSPAAAL), los años 70 irrumpen con un arte machacón de abstracción surrealista babosa, y lo afrocubano como una especie de primitive made in Cuba. Es la peor década en la historia de la plástica cubana.

En 1981, a raíz de la crisis de la embajada del Perú en La Habana y el Mariel, hace su entrada el grupo Volumen Uno. Sus integrantes son entre otros, José Bedia, Juan Francisco Elso Padilla, Flavio Garciandía, Rogelio López Marín (Gory), Tomás Sánchez, Leandro Soto y Rubén Torres Llorca.

Poco a poco el grupo inicia una exploración de la instalación que incorpora lo conceptual con elementos autóctonos: la santería (Bedia), el kitsch (Garciandía), la onda pop (Torres Llorca) , lo histórico político (Soto), o lo anímico amerindio (Elso). Volumen Uno es el primero en apropiarse y readaptar discursos importantes de la arena internacional durante los años 60 y 70.

Desde 1983, cuando se percibe una institucionalización del arte contemporáneo (con el ISA y el Centro Wifredo Lam y la Primera Bienal de La Habana), hasta 1986, cuando la glásnost de Gorbachov es condenada por Castro como "revolución dentro de la revolución", se coció una oportuna variedad de discursos estéticos en la creciente periferia desafecta cubana.

Teorizar se puso de moda porque era algo así como interpretar la realidad en medio del caos. El gesto, otrora disperso y tentativo, se hizo más participativo. La novedad de "crear en grupo" adquiría un nuevo sentido porque ofrecía eco y amparo en medio de la incertidumbre política. De este contexto salen Arte Calle, el Grupo Provisional y el Grupo Imán. En lo semiótico, el mensaje artístico se hacía más agresivo e irónico. Estos grupos (acaso sin saberlo) estaban haciendo un arte muy atrevido e importante.

Los artistas jóvenes de mediados de los 80 se lanzaron a una aventura que era a la vez happening y performance (género que en esta década ya había desaparecido del mapa internacional). Pero la acción ochentosa era más coordinada. Una iniciativa público artístico-participativa de resistencia al cerco ideológico. El experimento culminó con el famoso evento Nueve alquimistas, en la Galería L con Imán y Arte Calle, donde se hizo evidente que perdía el arte y ganaba la censura.

Eliminada la posibilidad de expresión artística ¿qué quedaba? En 1989, después de la exposición Raíces en acción: Nuevos artistas de Cuba, en el Museo de Arte Carrillo Gil, se produce una emigración a cuentagotas hacia México, que seguramente no pasó inadvertida para las autoridades cubanas, quienes la estimularon como manera de quitarse la presión política de encima. México fue solo un trampolín para llegar a EEUU.

Llegan a Miami y...

El gradual arribo al Miami de los años 90 tuvo un impacto crucial en la ciudad, algo que es reconocido por figuras del arte local como Bonnie Clearwater, directora del Museo NSU de Fort-Lauderdale y el galerista Fred Snitzer, entre otros. Pero la contribución fue más bien simbólica que de asimilación. Para muchos artistas, Miami pintaba como un trampolín a la gran ciudad, Nueva York.

Artistas como Arturo Cuenca, Tomás Esson, y Carlos Cárdenas se marcharon a la Gran Manzana en busca de un paraíso que nunca se materializó. Consuelo Castañeda, Rafael Fornés y Heriberto Mora cambiaron de lenguaje. Otros como Ana Albertina Delgado tuvieron un par de exposiciones y se esfumaron. Ciro Quintana y Adriano Buergo simplemente dejaron de exponer. Juan-Sí, Leandro Soto, Aldito Menéndez y Marcos Abad se exiliaron de Miami.

Tres excepciones son Bedia, Torres Llorca y Glexis Novoa, quienes aprovecharon la coyuntura del mercado del arte de la instalación interactiva que irrumpía en los años 90: el primero desde lo afrocubano, el segundo desde la escultura conceptual, el tercero desde el dibujo utópico.

En general, la ola llegada a Miami confrontaba dos problemas. Primero, el lenguaje pictórico. El experimento cubano había sido rápido y tentativo como reacción a un contexto sociopolítico volátil. De ahí que los estilos predilectos de esa generación fueran el neoexpresionismo y el pop, ambos ya agotados en la esfera internacional.

En Cuba el neoexpresionismo y el pop vinieron como anillo al dedo a una generación que deseaba combatir al realismo socialista —nada raro, en muchos países excomunistas pasó lo mismo—. El neoexpresionismo exaltaba lo grotesco y lo cínico de la utopía pasada o futura. Pero en Occidente dicha tendencia ya era víctima de su propia aporía: por una parte su comercialización banal y, por otra, su retórica de autenticidad fallida. Desafortunadamente, la generación de los 80 llega a una geografía nueva proponiendo tendencias agotadas. Tanto el pop como el neoexpresionismo hicieron metástasis en Miami.

Segundo, resultaba lamentable que los artistas performativos cubanos no continuaran su crítica de carácter sociopolítico, pero ahora desde el contexto de la sociedad de consumo capitalista norteamericana. Comprendo lo difícil de iniciar la diatriba en un país desconocido y más aún, teniendo en cuenta el clima conservador del exilio de Miami de los 90. Entonces ocurrió lo predecible. Muchos reenfilaron la estrategia política contra la Isla; acción que ahora carecía —y contradecía— la eficacia inicial de haberse hecho ya desde adentro.

Hay notas esperanzadoras, algunos artistas de esa generación han evolucionado con estilos muy personales. Vale mencionar la nueva mitología pictórica de Humberto Castro, los "aliens" de Pedro Vizcaíno y la nueva abstracción llena de color de Tomás Esson, entre otros.

Un centro en Miami que ha apoyado la creación de estos artistas de la generación de los 80 es la Farside Gallery del coleccionista Arturo Mosquera, que ha exhibido a artistas como Buergo, Castro, Vizcaíno, Ana Albertina y Castañeda, entre otros.

Ahora quisiera sugerir algunas posibilidades de reinserción válidas y viables fuera del gueto: 1. La performance se mantiene vigente; 2. La instalación, aunque agotada, es aún viable para recontextualizar conceptos olvidados; 3. La pintura cubana moderna puede revalorar su propia historia (la obra de Ariel Cabrera Montejo, llegado recientemente es un ejemplo); 4. El video y el arte digital (con los trabajos de Geandy Pavón), 5. la escultura de viso neomodernista (con Armando Guiller).

Para estos artistas descarriados de la generación de los 80 la situación es aún prometedora. El hecho mismo de su marginalidad y diversidad estética son precisamente elementos a favor para la búsqueda de nuevas formas y contenidos.

El Miami de hoy dista mucho de aquella ciudad de los años 90. La ciudad es probeta de exhibición y experimentación internacional, caldo de cultivo ideal para la formación de cualquier artista. La silenciosa —y silenciada— generación de los 80 puede aún dar mucho que hablar, incluso después de más de 20 años de accidentada biografía.

7 comentarios

Imagen de Olimac_Turing

"...como las tradiciones politiqueras que llevaron al pais a una debacle..." ¿Te refieres a la dictadura de los Castros, esbirro emigrado?

Imagen de Amadeus

Artistas buenos y talentosos hay en todas partes del mundo, no sólo en Cuba, donde el aislamiento en que hemos vivido nos ha hecho creer que lo que todo lo que tenemos es de Sotheby, sin dudas, pero otra cosa es la realidad. Muy pocos artistas cubanos, dos o tres, han podido realmente ganarse un puesto en las grandes ligas, para decir que viven de su obra, y eso no tiene que ver ni con Miami, la cubanía o el castrismo, sino por el talento y la originalidad que ha sido reconocida por los buitres de las galería y museos que han visto en ellos un determinado filón  y de eso va el mundo del arte actualmente. No basta ser famosos en Cuba y ser invitado a expones por galeristas y curadores de instituciones simpatizantes con Cuba, que serlo en New York, Berlin o Paris como en su tiempo lo hicieron Cárdenas o Lam. Muchos son los llamados, pero poco los escogidos.

Imagen de Kreutz

El principal problema es que estos artistas no tienen un pais que representar, aprender un idioma es tambien aprender su cultura, y ellos estan intentando integrarse a un nuevo idioma y una cultura totalmente diferente. Han desaparecido los cuadros clasicos cubanos, los paisajes rurales, el costumbrismo, el arte histórico, incluso en cuanto a tecnicas de pintura se han dejado a un lado los clarososcuros, los fuertes contrastes entre iluminaciones y sombras, incluso tendencias como el impresionismo han sido dejadas a un lado y se ha dado paso a un arte mas directo, mas abstracto y mucho mas raro. A mi por lo menos no me gusta. Prefiero disfrutar de un Goya, un Monet, un Rembrandt o un Renoir que de un Campings o un Mendive. en la arquitectura me pasa lo mismo, cada vez que veo una muestra con latas de cervezas vacias o inodoros viejos o cacharros rotos, solo miro al suelo y me encojo de hombros. La miseria tambien se refleja en el arte. Hace poco vi una muestra de un artista cubano en Mimai y puso un vaso con agua medio lleno como representación artistica. Si Menocal o Mariano o Rene o Carlos Enrique o Amelia Pelaez o Wilfredo Lam o incluso Esteban Valderrama (que quemó su propio cuadro ante las criticas) vieran ese vaso de agua por la mitad llamado "arte", automaticamente regresarian a la tumba.

Imagen de Lector de DDC

Este texto es un obituario, por no decir requiem, de aquellos días maravillosos de Volumen Uno en adelante, plenos de energía política  hasta verificarse la dispersión,  degeneración y agotamiento de un ambiente artístico que nunca –desafortunadamente– generó un ismo, ni siquiera con un gentilicio u otro apellido de muletilla. La carbonización en la nada de tan poderosos artistas, es otro aporte de la revolución, catastrófico por cierto, para la antropología cubana, pues eran el relevo generacional de los grandes maestros de la república. Estoy en desacuerdo que después de 1959 la pintura cubana haya sufrido una caída hasta la aparición de estos grupos, pero odio las polémicas, así que no voy a extenderme en este punto. La nota final de esperanza del señor Triff, aunque noble, no lograr salvar para el optimismo la  triste historia de aquellos jóvenes.

Imagen de Alfredo Triff

Prats-Sariol, gracias por tu comentario. Aprecio tu verbo. Me explico: mi uso de "generación" no está dada por origen geográfico (por ejemplo, la generación "surrealista" tiene miembros de muchas partes, no solo de Francia). Dos puntos: al inicio dejo claro que esty apuntando tentativamene, pero mi pieza comenta específicamente a los ochentosos después de establecerse en Miami. ¿Por qué "descarriados"? Porque la mayoría tuvo que irse de su país. Seguimos...

Imagen de José Prats Sariol

Me gustaría que Triff ampliara su punto de vista a los condiscípulos de Tomás Sánchez que permanecen en la isla y que han tenido un brillante éxito dentro y fuera de Cuba. Sin contrapunteo, como necesaria visión de conjunto, no sectaria. Pienso en Roberto Fabelo, Zaida del Río, Nelson Domínguez, Pedro Pablo Oliva... Todos egresados de la ENA, de la misma promoción, alumnos destacados de Servando Cabrerar Moreno y Antonia Eiriz, y coetáneos del grupo de los 80 que Triff nombra como "descarriados". Quizás haya que evitar clasificaciones exógenas... 

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

Como todo en esta vida, el arte florece donde la tierra es fertil. En Cuba, las tradiciones artisticas estaban tan arraigadas como las tradiciones politiqueras que llevaron al pais a una debacle. Muchos artistas, sin embargo, partieron al exilio. Los que se quedaron, sufrieron la rigidez de un sistema doctrinario que los fue secando poco a poco. No tengo idea exacta de lo que ha ocurrido con las manifestaciones artisticas en Cuba. Lo que veo y lo que oigo, no me gusta. No creo que los artistas jovenes hayan encontrado los hilos que tienen que halar para desenterrar el arte cubano de ayer. Probablemente la desidia y cierto grado de envilecimiento ha prevalecido en las nuevas generaciones. Ahora bien, que ha ocurrido con los artistas cubanos que emigraron? Pues muchos de ellos, los buenos, han triunfado en aquellos lugares donde la tierra es fertil. Bien sea Boston, San Francisco, Nueva York y cualquier otro lugar de los Estados Unidos donde el arte (genericamente hablando) es valorado. Han triunfado en Mexico, en España, en Chile, en Italia. Pero..., no han triunfado en Miami. La ciudad de Miami, la mas importante ciudad de Cuba (por ahora), no ha sido una ciudad fertil para los artistas. Los cubanos exiliados han tratado de triunfar en todo, menos en el desarrollo espiritual de la ciudad. El exilio es duro. Y la respuesta a la pregunta de todos los dias: "Y como le ha ido?", tiene mucho mas que ver con el Mercedes que exhibe frente a su casa que con el paisaje de Tomas Sanchez que pudiera adornar la sala de su casa. La buena noticia, como dice el Sr. Triff, es que eso esta cambiando. Eso también esta cambiando. 

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