Sábado, 21 de Abril de 2018
Última actualización: 02:16 CEST
MÚSICA

El Cigala presenta en el Festival de Cine de La Habana su viaje a los orígenes de la salsa

Diego El Cigala. (EFE)

Sin dejar de lado su estirpe flamenca y gitana, Diego El Cigala ha buceado durante dos años en las raíces de la salsa, un género musical que aunque no goza de su mejor momento es "indestructible", según consideró.

"La salsa nunca va a morir porque es una música muy de verdad, muy de la tierra, del pueblo. Y es muy parecido al mundo flamenco y gitano, en la manera de vivir, en las letras. Es muy de verdad, de corazón", afirmó el artista en la presentación de la película documental Indestructible. El alma de la salsa, reportó EFE.

El filme se estrenó la noche del lunes durante el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

La capital de la Isla ha sido el lugar elegido para la primicia mundial del documental. Aquí fue donde El Cigala comenzó su viaje a esos orígenes de la salsa. Lo hizo con "Los Muñequitos de Matanzas", uno de los grupos que mantienen vivos en Cuba la rumba y el guaguancó, ritmos heredados de los esclavos africanos que desembarcaron en el Caribe.

Con ellos grabó "Homenaje a Bebo", el único tema inédito del disco Indestructible, editado en paralelo al documental, ya que la incursión del cantaor flamenco en la música latina fue gracias a su amigo Bebo Valdés: "Con él empezó todo para mí", señaló.

El paseo por el género continuó por Puerto Rico y Nueva York, donde los boricuas emigrados en los años 70 del pasado siglo hicieron frente a la exclusión social, la pobreza y el racismo del que fueron víctimas a través de la cultura y la música.

En ese contexto nace Fania, una banda y sello musical que contribuyó a expandir las fronteras de la salsa, donde militaron figuras como Héctor Lavoe, Celia Cruz o Tito Puente, ya fallecidos, pero también Larry Harlow, José "Joey" Hernández, Bobby Valentin, Ismael Miranda, Luis "Perico" Ortiz, Eddie Montalvo o Roberto Roena que colaboran con El Cigala en el documental.

Estos músicos, muchos de ellos ya retirados, también decidieron volver al estudio de grabación para participar con El Cigala en el disco Indestructible, a la venta desde 2016 y que ha sido nominado a un Grammy al mejor álbum latino y tropical.

"Yo pensaba 'Dios Bendito, qué es esto', porque no me la podía gozar más. No me podía creer porque estos viejitos, que son unos genios, no solo me dieran su beneplácito, sino que además me digan 'Diego vas bien'", dijo el artista español.

"El documental se llama Indestructible, pero bien podría llamarse Irrepetible, porque creo que será muy difícil volver a juntar a tanta estrella de la salsa y de la música", señaló sobre el metraje, que en España ya se presentó en el Festival Semici de Valladolid.

Fueron los músicos de La Fania los que acuñaron por primera vez el término "salsa" que revolucionó la noche neoyorquina para rechazo de algunos músicos más puristas, como Tito Puente o Justo Betancourt, partidarios de distinguir entre los diversos géneros como la rumba, la guaracha, el guaguancó o la timba.

"Al final la salsa es un cóctel donde se mezcla todo eso", aseveró El Cigala, quien en el documental destaca la esencia "arrabalera, pendenciera y nocturna" de la salsa, algo que comparte con el flamenco que le corre por las venas.

"Hay mucha controversia, pero la idea que defiende el documental es que la salsa al fin y al cabo no es más que música cubana. Llega un momento que los puertorriqueños en Nueva York lo hacen suyo, lo renuevan y acuñan el término de salsa. Pero no es más que música afro-antillana, caribeña y también cubana", destacó David Pareja, director de Indestructible.

Después de pasar por Cuba, Puerto Rico, Nueva York y Miami, el recorrido de Diego El Cigala culmina en Cali (Colombia), donde se ha importado la salsa hasta el punto de que es ahora el lugar del mundo donde el género vive su plenitud.

Allí, los jóvenes se reúnen en espontáneas fiestas callejeras a bailar salsa —al estilo caleño, más rápido y acrobático—, y los conciertos de salseros llenan aforos de 100.000 personas, algo cada vez más difícil en los países donde nació la salsa, asediada por el reguetón que seduce a las nuevas generaciones.