Martes, 26 de Septiembre de 2017
02:31 CEST.
Opinión

'Terco, tenaz, cantando una cancioncilla'

¿Podemos llamarnos cubanos los escritores nacidos en la Isla que seguimos escribiendo en español pero no vivimos —tal vez nunca volvamos a vivir— en un país carcomido por un engendro de socialismo; también víctima de un chantaje —la amenaza de una crisis incontrolable— que toleran EEUU y sus aliados?

Recuerdo que los escritores —como cualquier cubano exiliado— solo disfrutamos el derecho en lo que aún llamamos "patria" de enviar remesas y de paso ayudar a la cara manutención de la elite. O de ir a gastar allá dentro, si no estamos en la lista de personas no gratas. Y aquí entra a cuento —casi de novela gótica— la brújula de este artículo: el verso de "Marcel Proust pasea en barca por la bahía de Corinto", uno de los poemas fuertes en español del pasado siglo, escrito por Gastón Baquero en su piso madrileño, en 1973.

Acabábamos de regresar del acostumbrado almuerzo en casa de nuestros vecinos Guada y José Kozer cuando busqué y releí el más autobiográfico de los poemas que compusiera Gastón en su largo exilio, al desdoblarse en Anaximandro y Proust. Quizás porque entrega una respuesta a la dictadura: "Terco, tenaz, tarareando una cancioncilla". Y porque casi siempre me valgo del musical extrañamiento de una canción para que la roña o la desesperanza no destroce al halar.

De inmediato lo relacioné con otro poema que fortuitamente había leído por la mañana al hojear Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, conseguido el viernes en un raro remate de libros que me cruzaron en el camino para que recordara mis dos bibliotecas perdidas, la cubana y la mexicana… Se trata de "Los cisnes", dedicado a Juan Ramón Jiménez, en cuyo poema eI aparece el siguiente verso: "A falta de laureles son muy dulces las rosas". Del Gobierno y sus instituciones culturales los escritores que vivimos fuera de Cuba no podemos esperar ningún apoyo o reconocimiento. Ningún laurel. Nosotros mismos nos debemos dar las rosas…

Las excepciones justifican la regla, la represión. Hay consenso en que se trata de una maquiavélica política de látigo y zanahoria más vieja que Matusalén, calcada de la Roma de Augusto, cuando el emperador destierra a Publio Ovidio Nasón a Tomis (hoy Constanza, en la actual Rumanía) y allí muere el célebre autor del Ars amandi.

Le conté a Kozer que el pasado mayo se organizó en París una excelente jornada: "Francia en José Lezama Lima", que tuvo por sede la École Normale Supérieure. Los organizadores, encabezados por Armando Valdés-Zamora, fueron magos financieros para garantizar el evento, con diversas colectas y subvenciones de La Sorbonne y otras universidades. Para unos días después se anunciaba en el mismo salón un homenaje a García Márquez, financiado por el Gobierno colombiano y con el apoyo logístico —publicidad, folletos, recepciones— de su embajada en París. Allí le comenté en el pasillo a Abilio Estévez que los cubanos no podíamos contar ni con un vaso de agua en la que se supone sea nuestra embajada en la capital francesa. La misma capital que no hace tanto recibió a Raúl Castro —y al orangután de su nieto— en el Palacio del Elíseo.

Conversé con José Kozer —uno de los poetas vivos más relevantes entre los que escriben en español— que nunca mientras viviera fuera del país recibiría el Premio Nacional de Literatura. Coincidimos en que ni siquiera en su caso. Aunque excepcionalmente ha sido publicada en Cuba, hace varios lustros, una breve antología, en atención a su silencio en temas políticos; lo que trajo como consecuencia que visitara La Habana, colaborara —como otros pocos— a la propaganda del régimen.

Si ni un Kozer "neutral" debe soñar con ese premio —por lo demás otorgado recientemente a gente tan disímil como un etnógrafo, Rogelio Martínez Furé, o un editor, Eduardo Heras León—, ¿qué pueden esperar —en realidad no lo esperan, porque se avergonzarían— escritores como José Triana, nuestro más fuerte dramaturgo vivo; o poetas como Manuel Díaz Martínez, que sí han comprometido su nombre al denunciar las censuras de libros o el nepotismo, las golpizas a las Damas de Blanco?

Una ingenuidad garrafal de los escritores cubanos exiliados sería fabricar esperanzas. La del premio es solo una de ellas… Otra sería no sentirnos tan cubanos, en Miami o París, en Madrid o Ciudad de México, como Roberto Fernández Retamar y demás fanáticos y mayordomos del castrismo. Otra más es creer —le comentaba a Kozer— que la política del régimen cambiará paulatinamente tras la salida de Raúl Castro de la presidencia, porque le haríamos el juego al astuto continuismo.

Lo mejor en 2017 es seguir diciendo que a falta de laureles "patrios" son muy dulces las rosas. Y que terco, tenaz, el legítimo disidente no traiciona su causa. Paga lo que vale sentirse libre. Tararea. Canta con Celia Cruz: "Cruzando fronteras, voy sobreviviendo".

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Comentarios [ 9 ]

Imagen de Anónimo

Los mediocres y envidiosos carecen de principios, les da igual que los premie la dictadura cubana que el PEN de Miami, lo importante es satisfacer su vanidad enfermiza.  Buen artículo contra los oportunistas.

Imagen de Anónimo

Abundan mucho en Miami y en La Habana  los envidiosos del talento de Kozer. Entre más mediocres más miserables. Y dispuestos a pactar con la dictadura de los Castro y con cualquiera que les haga creer que son poetas. El artículo pone el dedo en la llaga de los oportunistas y vanidosos..

Imagen de Anónimo

No creo en premios, aunque deben ser agradables y motivar a quienes los reciben, también les echan a perder el trabajo a veces que se vuelve derivativo o repetitivo. Y la mayoría los adquiere por amistad y relaciones sean políticas o de otro tipo. Allá los que viven creando para ganar un premio y no para hacer algo por la humanidad. Artículo tonto e innecesario, pero muy cubano de ese grupito.

Imagen de Anónimo

Premio Nacional de Literatura YA, para "colaboradores" del régimen en el extranjero. ¿Propuestas del foro?

Imagen de Anónimo

Y Pepito Prats "mandó a matar" a José Kozér, es decir, lo echó pa'lante, reveló sus secretas obsesiones. Ya dejará de invitarlo a almorzar a su casa.

Imagen de Anónimo

El llamado Premio Nacional de Literatura es un medio de recompensar en papel y en metálico (creo que les otorgan 200 CUC al mes de por vida) la obediencia, el aplauso y el silencio de borregos que tienen ciertos autores dentro de la isla de Cuba. Sería difícil encontrar fuera de esas fronteras a alguien que tuviera estrictamente esas virtudes. Además, no quieren que el dinero salga de sus cofres, sino que entre. No dudo, sin embargo, que haya algunos que sueñen y hasta suspiren por que se les de ese premio.

Imagen de Anónimo

 Yo no leí bien o el autor se lamenta de la imposibilidad de recibir alguna vez el Premio Nacional de Literatura. ¿No se da cuenta, a estas alturas, de que recibir el Premio Nacional de Literatura, dado por la nomenklatura cultural de la dictadura, es un sambenito y no un galardón? Cada vez estoy más convencido de que los cubanos tenemos lo que teníamos que tener… 

Imagen de Anónimo

¡Oh, my Gá! El paladín de la justicia poética saca su sable en casa de Kozer, que es como mentar soga en casa del ahorcado. De nuevo su cuentapropismo lingüístico se deja vacilar en expresiones como "ingenuidad garrafal", que descalifica a JPS de cualquier aspiración, no ya a un lauro nativo, sino a un concurso provincial de floristería necrológica.

Imagen de Roberto Madigal

Exiliados, perseguidos, ninguneados, pero libres por opcion personal. Los escritores cubanos que no vivimos en la isla podemos ser lo que querramos ser. El escritor es de donde lo recoja un lector y solamente habita en su obra.Premios, galardones, reconocimientos publicos, no son literatura ni tienen mucho que ver con ella.  Todavia menos lo son los que otorgan las instituciones culturales de las que salimos huyendo. Ese hatajo de censores y amanuenses no son nacion ni la pueden definir. Tampoco pueden hacer mejor al escritor. Ni la obra de Padura, ni la de Heras ni la de Reina Maria ha mejorado tras la concesion del premio.Editores, gobiernos, ministros y comisarios culturales son circunstanciales.Roberto Madrigal

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