Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Literatura

Un siglo sin Rubén Darío

Sus versos y su vida se estudian en las escuelas, se examinan por críticos y eruditos que escriben ensayos para desentrañar sus mensajes y aislar hasta sus hemistiquios. Su poesía se canta todavía como un tango o un bolero en los bares, tabernas y tugurios de América Latina y se declama con solemnidad municipal y al ritmo de sus eses y sus pausas en las tertulias de Tegucigalpa, Cienfuegos, Chillán, Buenos Aires o Guadalajara. Rubén Darío (Matala, 1867-León, 1916) sigue vivo en el mundo hispano, acompañado por sus princesas y sus cisnes, en el primer centenario de su muerte.

Los hombres y mujeres cultos del universo de la lengua española, los borrachines decepcionados, los solitarios, los que siempre han necesitado de la poesía para vivir, se aprendieron sus poemas de memoria porque son la arquitectura y el andamiaje de una ilusión. O de todas las ilusiones. Y porque aquel hombre que venía de algún sitio remoto ha dicho lo que ellos querían decir y expresado con la música de unas palabras que habían estado toda la vida en el castellano pero que él las puso a rimar para que sonaran como una sinfonía.

A lo largo del siglo XX la mayoría de los fervorosos lectores de aquellos poemas que se copiaban a mano o con máquinas de escribir para que otras personas los disfrutaran, no sabían a ciencia cierta de dónde era aquel poeta que lo mismo publicaba en Chile, en Argentina o en España, pero todos estaban seguros de que era un bohemio, un trasnochador enamorado, amante de los alcoholes sublevados que aprovechaba sus resacas para escribir poesía.

Los tormentos de su existencia privada y sus momentos de felicidad comenzaron a conocerse después de su muerte y pertenecen a la experiencia del hombre, del nicaragüense que nació en un pequeño pueblo a finales del siglo XIX con el nombre de Félix Rubén García Sarmiento. Sus padres se separaron y lo entregaron a unos tíos abuelos. El muchacho, inteligente y buen lector desde muy temprano, descubrió enseguida que rimar versos era lo más fácil y divertido del mundo, y comenzó a escribir. Allí tuvo el primer ramalazo de la fama y se convirtió, para sus vecinos, en el niño poeta. Utilizó varios seudónimos para firmar sus piezas y, al final, se apropió del Darío que provenía del bisabuelo de su familia materna. Y, entonces, comenzó todo.

Rubén Darío, que vivió solo 49 años, fue un viajero inusual para la época, un diplomático siempre mal pagado por su gobierno y un brillante columnista que tuvo que acudir al periodismo para sobrevivir, padeció y disfrutó los avatares y los delirios de la gloria literaria. También sostuvo una relación compleja con las leyes de su país: impuso con su tenacidad y empeño la ley del divorcio en Nicaragua y fue condenado por vagancia.

La trascendencia de este nicaragüense singular que igual organizaba un gran jolgorio que hacía un intento de suicidio, tiene que ver con una obra literaria que transformó la poesía. Rubén Darío es el fundador del modernismo, esa corriente renovadora y levemente subversiva que removió y enriqueció la métrica española. El nicaragüense inauguró el camino con su libro Azul, publicado en Valparaíso, en 1888. Lo siguió con sus Prosas profanas y otros poemas, en Buenos Aires (1896), y se estableció y alcanzó su fulgor definitivo con Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas, editado en Madrid, en 1905, por su amigo querido Juan Ramón Jiménez.

Darío comenzó a escribir bajo las influencias de los poetas clásicos de España, vivió una transformación categórica por el contacto con la literatura francesa, especialmente con la obra de Victor Hugo y de Verlaine. Las miles de páginas que han escrito los especialistas sobre la cercanía y las deudas del nicaragüense con la poesía de Francia se resumen en esta frase que dejó escrita el autor de Los raros, La caravana pasa y Tierras solares: "El Modernismo no es otra cosa que el verso y la prosa castellanos pasados por el fino tamiz del buen verso y de la buena prosa francesa".

Sin abandonar su vocación de viajero, Darío vivió la última etapa de su vida entre París y la capital española donde se desempeñó como embajador de su país y corresponsal del diario argentino La Nación. Aquí publicó una selección de las crónicas que escribió para ese periódico con el título de España contemporánea (1901) y en la Casa de Campo conoció al amor final de su vida, la española Francisca Sánchez. Alcoholizado, perseguido por la obsesión de la muerte, a principios de 1915 viajó a Nueva York y luego a Guatemala. En enero del año siguiente estaba en su pueblo natal —que ahora llaman Ciudad Darío— para morirse. Y se murió.

Si bien su obra pura tiene vigencia hoy en la poesía hispanoamericana, es cierto que su presencia se hace más notable por su proyección en el trabajo de otros grandes poetas de la región como son César Vallejo, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal o Nicanor Parra.

Durante todos estos años de silencio muchos escritores lo han atacado por los sueños que inventó para aquella región, su erotismo, sus contradicciones y sus sonetos alejandrinos, la orquestación de su métrica y algún que otro asunto de su vida particular. Se ha llamado a torcerle el cuello a sus cisnes inocentes y misteriosos, pero los herederos que él debía querer le son fieles y lo aman en público y en silencio. César Vallejo, por ejemplo, otro poeta inmortal, le llamaba su padre celestial y solía recitar en las tertulias de amigos estos versos del nicaragüense: "Mis ojos espantosos han visto/ tal ha sido mi suerte./ Cual la de nuestro Señor Jesucristo/ mi alma está triste hasta la muerte". Que empiece ahora otro siglo de eternidad para Rubén Darío.


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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Comentarios [ 12 ]

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¿Alguien me puede aclarar, porfa, si Rubén Darío, además de haberse acostado con Amado Nervo, tuvo otros amantes masculinos? Gracias.

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Caballeros (?) : Déjense de tantas boberías que esto es un sitio de internet, no un foro de la Real Academia. ¿O es que no se puede marcar el centenario de la muerte de Darío sin discutir cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler? ¡Cuánta retórica inútil y exhibicionista de borrachín despedidor de duelos profesional! Lean lo que van a leer y no jodan más la pava.

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Ciertamente, Rubén Darío fue condenado por vagancia en la ciudad de Managua en mayo de 1884. La pena consistía en ocho días de trabajo en obras públicas, pero Darío logró eludir el cumplimiento de la condena, supongo que por influencia de algún funcionario. ¿Se imaginan ustedes dando pico y pala como un condenado al poeta mestizo que renovó la lírica española? Menos mal que pudo evadir la sanción.

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El novelista Pío Baroja abandonó un buen día su profesión de médico. Estaba hasta el forro de atender en provincias tantos casos lastimosos. Pero no dejó la Medicina para poder dedicarse a la literatura con exclusividad, sino para regentear una panadería familiar en la madrileña calle de Goya, llamada aún Viena y Capellanes. De ahí que el autor de ‘Azul’ dijera con sorna en una ocasión: “Las novelas de Baroja tienen mucha miga. Se nota que fue panadero”. A lo que Baroja replicó: “Darío es un poeta de mucha pluma; se nota que es indio”. Saludos, querido RR. Nic

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Ano. 8:40, como usted ha hecho cuestión nacional de la discusión, ahora dice que soy nicaragüense. El sr. Rivero es homófobo porque no habló de un amor de Darío, y yo debo ser nicaragüense porque me empeño en defender un dato que cualquier historia del modernismo da por sentada: Martí precursor y Darío fundador. Pero soy tan o más cubano que usted, que se cree el trompo de la casa, qué ridículo. ¿Por qué, Sr. Trompo, pierde entonces su "precioso" tiempo en rectificar un simple artículo si, como dice usted con tanta cursilería, eso no cambiaría lo que "el mundo entero" cree?  

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La verdad es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Se ve bien que el defensor de Darío, como piedra fundacional del Modernismo, no ha pasado por cátedra alguna ni se ha leído nada sobre los modernistas a partir de libros de inicio del siglo XX. Hoy se sabe, en la actualidad académica, que el fundador del modernismo es José Martí. Ni soy martiano ni la cabeza de un guajalote. Es cuestión de justicia. El primero que escribió en tal estilo fue el cubano. Basta ya de idioteces. Se ve que usted es nicaragüense. Amé, estudié y leí a Martí y a Darío hace muchos años, con profundidad, época pasada. Pero mi mundo es más amplio y no se quedó allí. Sólo digo que hay que darle honor a quien honor merece. Darío era un niño de teta cuando ya Martí escribía versos. Hay que ser un tarado para seguir negando lo que no digo yo, sino los estudiosos: el libro inicial del modernismo, aunque no haya influenciado en los otros, es el Ismaelillo de José Martí. Cálmese y deje de hablar sandeces. Y no venga a bailar en casa del trompo. Y ya no le respondo más. Carece usted de base académica, de erudición, de sabiduría, para seguir gastando mi precioso tiempo. Escriba lo que le dé su gana. El mundo entero, que ve a Martí como el Padre del Modernismo, no va a cambiar porque usted diga aquí un par más de tonterías.

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(Sigue al anterior) Usted aprecia tan mal la obra de Martí que se desespera porque no se le considere el padre del modernismo, y la conoce tan mal que aporta como prueba de escritura modernista un panfleto político con resabios románticos. ¿Por qué, para hacer más grande su ridículo, no aporta "Abdala" como prueba del modernismo prematuro de Martí? Puesto que se habla aquí de un movimiento, y no del valor de las obras, lo importante es saber qué ocurrió entonces, no qué debió ocurrir. Y en ese entonces, Martí no fue leído ni apreciado como poeta, "Ismaelillo" no influyó en "Azul" como sí influyó la prosa de Martí en la de Darío, y la poesía de Darío entonces y ahora reviste mayor importancia que la de Martí, por más que le pese a su provincianismo. Por último, el hecho de que el sr. Rivero no mencione un affaire homosexual de Darío en un breve artículo que alcanza para tan pocos datos biográficos, no lo hace homofóbico. Será mejor que controle su martianismo y su histeria.

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Ano. 6:53, no tiene que agradecerme nada porque su ignorancia es irredimible. Ud. es tan ignorante que cuando se habla de un movimiento literario (modernismo, surrealismo, futurismo) cree que pueden hacerse lecturas anacrónicas, a posteriori, y hacer otras adjudicaciones distintas a la que los participantes en ese movimiento reconocieron. Así, Martí le parece el fundador del modernismo, a pesar de que los modernistas a quien reconocieran fuera a Darío, y no sólo en América, sino  también en España, como es el caso de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Y luego de escritores más cercanos en el tiempo como César Vallejo, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Octavio Paz o Pablo Neruda. Todos ellos dan como padre del modernismo a Darío, gústele a quien le guste y pése a quien le pese... (Sigue en otro comentario)

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Bueno, bueno, señores... Lo que se está recordando aquí es el Centenario de la muerte de Darío, no la de Martí. No confundamos la gimnasia con la magnesia, por favor.

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Ano 5:37 pm. Muchas gracias. No sabe usted cuánto me han iluminado sus sabias y eruditas palabras. Desde hoy no llamaré más pintura rupestre a las que pueblan Altamira. No. Hasta que no aparezca un manuscrito que me diga, firmado por sus autores, que esos bisontes son obras de arte. Y comete usted un error, no fue Breton quien lo nombró así, sino Apollinaire. No por gusto Picasso le rindió homenaje en París, en el jardín de la abadía de Saint Germain des Prés. El Padre del Modernismo fue José Julián Martí y Pérez, le guste o no a usted o a cualquiera. No siempre un movimiento tiene nombre cuando comienza. Tampoco se necesita un manifiesto como el surrealista. Ha dicho usted una puerilidad más grande que el Mar Mediterráneo.