Lunes, 20 de Noviembre de 2017
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Historia

¿Otra amante de Martí?

Mucho se ha escrito sobre las mujeres en la vida de Martí: María García Granados, la niña de Guatemala, Carmen Zayas Bazán, la esposa, y Carmita Miyares, la viuda de Mantilla. De todas ellas la que más ha recibido atención es Carmita, la dueña de la casa donde el cubano vivió cerca de 15 años y cuya hija Martí adoraba.

La primera en destacar la cercanía entre ambos fue Blanche Zacharie de Baralt, que no deja dudas, en su libro El Martí que yo conocí (1945), de que existió una relación amorosa entre ambos. A partir de entonces, y con la ayuda de la misma María Mantilla, quien declaró en una oportunidad que ella era hija de Martí, no han faltado críticos que aseguren que, en efecto, el cubano fue el padre. Sin embargo, en 1989 se publicó en La Habana una carta-borrador de Martí a Victoria Smith, que había permanecido sin publicarse cerca de cien años, en la que el cubano se defiende de los rumores que ponían en duda la relación de amistad entre ambos. Por esto, y otras cosas, pocos investigadores apoyan ya esta tesis y, a lo más, ubican el posible amorío entre los dos mucho más tarde en su vida.

Pero, ¿fue Carmita la única mujer que tuvo Martí en Nueva York? Un artículo publicado en un periódico norteamericano el 18 de julio de 1895 podría servirnos de guía para imaginarnos a Martí interesado en otra mujer que no es ni su esposa ni la viuda de Mantilla.

¿Quién era esta mujer? Su nombre, según The Globe, era Marie Desquez, una muchacha de ascendencia española, que fue una de sus discípulas en Nueva York. El artículo titulado "Martí as a Lover", publica una foto de Martí y otra de Marie, y argumenta que el célebre revolucionario que recientemente había muerto en Cuba, había estado enamorado de ella y le había escrito muchas cartas que, aun traducidas al inglés, mantenían la naturaleza refinada y poética de su estilo. Y a continuación publica fragmentos de dos cartas. Traduzco estos fragmentos:

"En las oscuras esquinas de mi habitación parece susurrar, como si suavemente tratara de disputar con el aire vacío, una pequeña voz que me preocupa. Dentro de mí, como una canción, escucho una voz que ahora no volveré a dejar de escuchar. Conozco, ¡ay!, las realidades de la vida, y las terribles imposibilidades de acomodarla para que cumpla con los deseos de un alma noble; y un hombre compasivo puede vivir hasta mi edad sin estar agobiado por servidumbres y angustias. Pero sé también que la vida es imposible —y más espantosa de lo que puede ser ninguna muerte— si uno tiene que vivir con el alma en soledad, y con cada esperanza rota y cayendo a tierra, como una bandera rota en pedazos. Sé que si uno viviera la vida con dignidad hasta el final, aunque fuera sin llegar a conocer la mayor felicidad, necesita que otra alma llegue en la hora de la agonía y la desesperación, para consolarla y fortalecerla, y darle nueva vida. Yo no estaría ni un instante a tu lado si supiera que te hacía algún daño. Siento que te puedo sostener como un pajarito herido en las palmas de mi mano. Y de nuevo te veo como cuando nos vimos la última vez —caminando lento, lento, como si te negaras a dejarme, y cada paso tuyo es como un beso. Porque después de conocerme, has de sufrir menos; nunca, aun en tu soledad más grande, te sientas sola. Acude a mí y vivirás día y noche en mi corazón —como un pájaro en su nido. He visto los pájaros en sus nidos felices en lo profundo de nuestras montañas, y tú me los recuerdas. La vida más feliz que es posible en el mundo es la del amor y el trabajo. Esta vida, tan natural como la luz del sol: ¡hubiera podido ser nuestra! Pero todavía podríamos haberla conocido lo suficiente para sostenernos y darnos coraje por el resto de nuestras vidas. Tu deseo de verme hoy, tu deseo piadoso y elocuente, me revela que entre tú y yo hay ese poder extraño y divino, nacido solamente del intercambio y unión de dos almas que sufren. Tu cara está enfrente de mí, y parezco llenarme con la luz de tus ojos. Y aquí, con el alma nuevamente iluminada, aquí me siento en mi habitación vacía."

Según el periódico estadounidense, a Marie le gustaba cantar y a veces componía. Y tal vez por esto Martí le dice que sigue escuchando una "canción", un "susurro" o una "pequeña voz" que le recuerda a ella. 

Marie sabía, dice el periódico, que el revolucionario cubano estaba casado, y que tenía una esposa y un hijo en Cuba. Por esto decidió alejarse de él. Un día, cuenta The Globe, Martí fue a visitarla y Marie se escondió detrás de unas cortinas y pidió a una de las sirvientas que le dijera que no estaba. Martí se fue y no regresó más, pero dos años más tarde ambos se encontraron por casualidad en la calle, y el cubano le contó entonces que había hablado en uno de sus mítines de Tampa, que no se explicaba cuánto poder tenía, pero que debía ser porque pensaba en ella.

"Yo te quiero, yo te quiero", le dijo Martí a Marie, y después ambos se fueron cada uno por su lado. Nunca más se volvieron a ver. No obstante, sigue diciendo The Globe, durante esa época Martí siguió escribiéndole, y en la última de sus cartas le decía:

"Puede ser que llegues a amar a alguien. Puede incluso ser que te reconcilies con el novio que te causó tanto dolor antes de conocernos. Puede ser que le creas de nuevo, y consientas en unirte a él de por vida. Y cuando ese momento llegue —recuerda que te he dicho esto— yo estaré en la tierra, muerto, con una bala del enemigo en mi sufrido corazón. De modo que no lo lamentaré y tú podrás ser feliz."

Después de leer estos fragmentos y la historia que cuenta este artículo, la pregunta que se haría cualquier investigador es qué hacer con una historia como ésta. ¿Aceptarla como un testimonio verídico o descartarla por falsa?

Ni en la correspondencia de Martí, ni en el índice onomástico de sus Obras Completas aparece el nombre de Marie Desquez. Ninguno de sus biógrafos hasta ahora ha mencionado su nombre y si nos guiamos por sus críticos, Martí ya tenía una mujer, o mejor dicho, dos mujeres a las cuales rendir cuentas.

A pesar de todo esto, la pregunta creo que es válida. ¿Podría haber pensado Martí en Marie como una opción de matrimonio para cuando terminara la guerra o fue simplemente un amor platónico que nunca cristalizó? Confieso que no lo sé y que sería imposible dar una respuesta a cualquiera de estas preguntas si no sabemos más de ella.  Porque para probar la autenticidad de esta historia habría que empezar por saber si Marie Desquez existió en realidad (cosa que el censo de Estados Unidos tal vez nos pueda decir) y después rastrear sus cartas y poemas a ver si encontramos alguna huella de esta relación al menos de forma indirecta.

El único poema que conozco que pudiera tener un vínculo con esta historia, precisamente por la dedicatoria que lleva, es el de  "Los zapaticos de rosa" que está dedicado a una tal "Mademoiselle Marie", que la crítica ha insistido en que es María Mantilla, la hija de Carmita que a la sazón tenía nueve años.

Por otro lado, podríamos desechar la carta y el artículo de The Globe por parecernos falsos, pero si leemos con detenimiento ambas narraciones, no podemos sino reparar en que hay muchos tópicos aquí que se repiten en sus poemas y cartas, tales como el de la soledad, la angustia, la necesidad de amor, y el sacrificio por el deber. Que incluso Martí compara a Marie con un "pajarito herido" y en varios de sus poemas hace lo mismo para referirse a las mujeres y a las niñas. Por ejemplo, en "Los zapaticos de rosa" (un poema que María Mantilla nunca dijo que Martí se lo hubiera dedicado a ella) Pilar es un "pájaro preso" y más tarde, en el cuento "Nené Traviesa", la niña es "un pájaro que abre las alas para volar".  

A lo anterior se suma que cualquiera que haya escrito ese artículo estaba muy bien informado acerca de la vida privada de Martí, su familia en Cuba, e incluso de su situación laboral en aquella época, ya que afirma que el cubano había asumido la responsabilidad de los consulados de Argentina y Uruguay y que, poco después, España había protestado argumentando que los países que le habían dado este cargo debieron considerar a alguien que no fuera un "agitador".

Según The Globe, al enterarse de esta protesta, Martí pidió su renuncia antes que ninguno de estos países lo despidiera y dijo después "ya no represento a ningún país. A partir de este momento solo soy un patriota cubano". El artículo agregta que, al mismo tiempo que era cónsul de estos países, Martí impartió clases de historia española y arte en una escuela neoyorquina, como en efecto ocurrió en 1890.

¿De dónde sacó el periódico estadounidenses tantos datos de su vida personal? Una explicación podría ser que la misma Marie Desquez se los haya dado. Otra, que la historia y los datos hayan aparecido antes en otro periódico y que The Globe los haya reproducido aprovechando la muerte de Martí para alimentar la curiosidad de sus lectores.

En cualquiera de los casos, nunca sabremos a ciencia cierta los pormenores de esta relación o si en efecto ocurrió de esta forma, ya que, al igual que ocurre con las vidas íntimas y "secretas" de muchos personajes públicos, este tipo de historias suelen pasar inadvertidas, incluso para sus biógrafos. De nuevo, podríamos pensar que se trata de cartas apócrifas sin ningún valor histórico. Si este fuera el caso, el artículo no pasaría de ser un caso curioso de alguien que trata de ganar fama a costa del cubano y para ello va al extremo de imitar su estilo e inventarse una historia de amor.

Pero si estas cartas son, en efecto, de Martí y la relación existió en la vida real, vale entonces preguntarse qué lo llevó a establecer esta relación con ella cuando ya estaba supuestamente en amores con Carmen Miyares. Reparemos además en que estas cartas son una curiosa mezcla de autoconmiseración, como suelen ser todas las suyas, y a la vez un deseo intenso de estar o ganarse el afecto de la muchacha. De otra forma no se explica las veces que Martí le escribe que, a pesar de que acepta su sacrificio, de vez en cuando "necesita que otra alma llegue en la hora de la agonía y la desesperación, para consolarla y fortalecerla, y darle nueva vida".

Esa "otra alma" era, lógicamente, ella, y nunca sabremos cuánto se consolaron. Marie Desquez, dice el periódico, terminó casándose con el novio que tenía antes (tal y como Martí predijo) y él murió en Dos Ríos el mismo día de su boda.

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