Lunes, 25 de Junio de 2018
Última actualización: 12:11 CEST
Fin de Año

Tras el puerco del festín

Carne de cerdo en un establecimiento privado de La Habana. (M. GUERRA PÉREZ)

Un cerdo de raza canadiense y 300 libras permanece de pie, atado a un poste en la calle 240 de Jaimanitas. A su alrededor, un grupo de personas espera para comprar su carne.

"Ese puerco ya está vendido completo", anuncia Walter, el carnicero, mientras afila un cuchillo. "De hecho, todos los puercos que mataré en los próximos días ya están encargados. Es una locura cuando se acerca el fin de año, porque escasean los puercos para tanta gente".

Andrés, economista retirado del sector de comercio, hace recuento de cuánto ha cambiado el precio del plato principal de fin de año en las últimas décadas.

"El valor del cerdo ha sido referente histórico para tantear el estado de los precios", dice. "En los 80, cuando Cuba estaba integrada al bloque socialista, la libra costaba solo cuatro pesos; pero en 1993, con el período especial, una libra llegó a valer más de 120 pesos. Hoy oscila entre los 30 y 50 pesos, en dependencia de la parte del animal".

Marta, ama de casa, asegura que el año pasado le fue "imposible encontrar puerco".

"Tampoco había naranja agria para el asado y la yuca con mojo. Tuve que recurrir al limón y al vinagre".

"Yo compro los puercos en pie", explica Walter, con el cuchillo listo. "Ese que ves ahí me costó 3.500 pesos (moneda nacional). Pero al detalle calculo que voy a sacarle 8.000 pesos, aproximadamente".

En el grupo, los hermanos Sánchez acordaron con Walter desde el día anterior los cuartos traseros, las partes más preciadas del cerdo. Una mujer que acudió al lugar con su hijo es la dueña del lomo. Las paletas pertenecen a Wilfredo, un mecánico automotriz, quien apunta: "Es mejor garantizar desde ahora, guardarlo en el refrigerador y olvidarse. Aunque es difícil, porque cuando el hambre aprieta uno se olvida del fin de año".

Adelaida, trabajadora del círculo social Los Marinos, advierte que hay que ir guardando también las ensaladas, las viandas, las sazones y los vegetales.

"Yo cobré el 12 de diciembre y he tenido que inventar para no gastar los 600 pesos de mi salario. Una cena discreta de una familia de cuatro personas como la nuestra, sumándole las bebidas y los dulces, no baja de 50CUC, 1.200 pesos. Estamos obligados a escoger una fecha, Navidad o fin de año, y hacer algo sencillo".

El Gobierno revolucionario quiso suprimir del pueblo celebraciones como la Navidad, pero no lo consiguió. Muchas familias continuaron realizándolas, al principio a escondidas y después abiertamente.

"Pero son costosas", dice Fabio, chofer de ómnibus que está de vacaciones. "En mi casa jamás renunciamos a las tradiciones, aunque en enero quedamos con una mano alante y la otra atrás. Así somos los cubanos, tiramos la casa por la ventana y después ya veremos. Lo mío es el cogote, la mejor parte para asar, porque es la más jugosa".

Las costillas del cerdo corresponden a Lázaro, el cartero. La cabeza es de Carlos, el pintor. Las cuatro patas se las llevará Anita la peluquera. La barrigada, la lengua, el hígado, el corazón y los riñones son de "Chocolate", el muchacho que ayuda a Walter en la matanza. Lo que quede de vísceras está reservado para Rambo, el perro del delegado. Así ha quedado repartido el cerdo, que ha seguido con atención la conversación y ve acercarse a Walter con un bate de béisbol, dispuesto a golpearlo en la cabeza para atontarlo y hacer más fácil el sacrificio.

El animal, que intuye la tragedia que le espera, salta con todas sus fuerzas rompiendo la soga y echa a correr por la calle, con varios hombres tras él como si fuera un criminal. Algunos perros callejeros que ladran furiosos se unen a la persecución, encabezada por los hermanos Sánchez, seguidos del cartero, el mecánico automotriz y "Chocolate", que aprovecha un patinazo del animal y lo agarra por el rabo. Pero es un cerdo fuerte y logra zafarse para continuar la carrera, esquivando a la gente. Finalmente se cansa, consiguen acorralarlo contra un muro y muchas manos lo derriban y lo sujetan.

Entonces llega Walter, cuchillo en mano, y se abre paso. Con destreza de carnicero experimentado, le propina la puñalada mortal que pone fin a la existencia del animal.

Con alivio, los compradores escuchan los chillidos del cerdo, que comienzan a apagarse. Esta victoria les asegura el plato fuerte del 31.

Comentarios [ 8 ]

Imagen de Anónimo

Coñoo,pero este carnicero es doblemente criminal,después de tener el cuchillo en la mano le explica al pobre puerco quienes devorarán sus partes en un festín navideño,este sobrepaso al che guevara en la cabaña,cuando con un tabaco en la boca rescostado a un muro se ponia a vacilar a los escogidos por el para fusilarlos ///el bobo alipio*+

Imagen de Anónimo

Cronica de una Muerte anunciada!!!!

Imagen de Anónimo

QUE ASCO DE PAIS, QUE ASCO DE GENTE, PRIMITIVOS, DEVORADORES DE CARNE, SIN VALOR PARA LUCHAR POR SU LIBERTAD, COMER, DEFECAR, BEBER RON Y TENER SEXO, PUROS ANIMALES DE CORRAL, ESE ES EL CUBANO ACTUAL.

Imagen de Anónimo

Los paises desarrollados tienen graves problemas, problemas de exceso de productividad que pueden dejar sin trabajo a millones de personas. Pero la islita del barbu todavia tiene a la gente engañada conque le van a dar un vasito de leche a cada uno y la calne puelco va a bajar a 20 pesos, patetico. Y lo peor es que todavia hay quien le cree a la china. 

Imagen de Balsero

La nota está tan cruda como la realidad del cubano. 

Imagen de Anónimo

Maduro le prometió / a venezolanos giles / que les daría perniles / pero el barco no atracó.

Imagen de Anónimo

Muy triste todo, hasta la muerte del cerdo. Yo nunca celebré navidad hasta mediados de los noventa. Todavía hoy no sé si en navidad la gente se felicita o no. Lo que no aprendes de niño te cuesta integrarlo como costumbre luego. Yo nací en 1976. No vi un árbol de navidad hasta que tuve unos trece años, y lo recuerdo perfectamente, porque era en una gran casa y era un árbol de verdad. Luego en los noventa en mi casa empezamos a poner unos trozos de pino ridículos y con bolas de cartón, porque mi primo menor estaba obsesionado con los árboles de navidad, que supongo que le eran más familiares de lo que me lo habían sido a mí. Para aquel árbol tullido mi abuelo sacó bolas de los años cincuenta. En fin. No hace mal recordar, pero al hacerlo uno se da cuenta de lo mal hecho que estuvo y está nuestro país.

Imagen de Anónimo

El tratamiento del Cerdo en la escritura correana es sencillamente genial.