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Relaciones Cuba-EEUU

Miembros de la inteligencia de EEUU en Cuba, entre las primeras víctimas de los 'ataques acústicos'

También están entre los que han sufrido los daños más severos, incluyendo lesión cerebral y pérdida auditiva.

Washington

Los ataques contra el personal estadounidense en La Habana afectaron al corazón de la red de inteligencia de Washington en Cuba, informa la AP citando a funcionarios de Washington.

Efectivos de inteligencia estuvieron entre las primeras víctimas y las más afectadas, indica la agencia en un reporte.

No fue sino hasta que los espías estadounidenses que trabajaban bajo cobertura diplomática reportaron oír extraños sonidos y sufrir efectos físicos que Estados Unidos detectó que algo iba mal, dijeron personas familiarizadas con la investigación.

Los ataques comenzaron días después de la elección de Donald Trump en las presidenciales de noviembre de 2016. La cronología exacta de los acontecimientos sigue sin estar clara. Tampoco lo está si los agentes de inteligencia fueron los primeros blancos o simplemente los primeros en reportar lo que ocurría.

Hasta la fecha, la Administración Trump ha dicho de forma general que las 21 víctimas eran personal de la embajada de Estados Unidos o "miembros de la comunidad diplomática". Esa descripción sugirió que solo los diplomáticos y sus familias fueron afectados, sin ninguna motivación lógica más allá de afectar las relaciones entre ambos gobiernos.

Sin embargo, los investigadores inmediatamente comenzaron a buscar explicaciones en el mundo más turbio del espionaje y el contraespionaje, dado que muchos de los primeros casos reportados involucraron empleados de inteligencia. Esa revelación, que según la AP ha confirmado media docena de funcionarios, añade otro elemento de misterio a una saga que ya dura un año.

La agencia dijo que el Departamento de Estado y la CIA no quisieron comentar esta información.

Los primeros informes inquietantes de ruidos agudos y fuertes, así como de padecimientos físicos inexplicables apuntaban a ataques deliberados contra la red de inteligencia del Gobierno estadounidense en la Isla.

Pero Estados Unidos pronto descubrió que los diplomáticos en la embajada también se estaban viendo afectados.

De los 21 casos confirmados, espías estadounidenses sufrieron algunos de los mayores daños, incluyendo daño cerebral y pérdida auditiva, dijeron varios funcionarios que no están autorizados a hablar públicamente sobre la investigación y exigieron el anonimato. Los afectados escucharon un sonido inquietante dentro y en algunos casos fuera de sus casas en La Habana, descrito como similar al que hacen los grillos. Entonces comenzaban a sentirse mal.

Con el tiempo, los ataques evolucionaron. En muchos de los más recientes, las víctimas no oyeron ruidos y ni supieron que se estaba produciendo un ataque, y solo sintieron los síntomas más tarde.

Eso ha generado preocupación entre los investigadores de que los ataques podrían ser cada vez más sofisticados y difíciles de detectar, dijeron personas al tanto de la investigación.

Aunque el Departamento de Estado ha dicho que todos los casos están "confirmados médicamente", varios funcionarios estadounidenses creen que no está claro que todos los síntomas de las víctimas estén vinculados de manera concluyente a los ataques. Considerando el profundo sentimiento de alarma entre los estadounidenses que trabajan en la embajada, es posible que algunos empleados atribuyan enfermedades no relacionadas a los ataques, indicaron.

Casi nada de lo que ha ocurrido en La Habana está claro. Pero así suelen ser las cosas en Cuba.

Estados Unidos no puede garantizar que la amenaza haya terminado. La semana pasada, el Departamento de Estado recomendó a los estadounidenses evitar viajar a Cuba y ordenó la salida indefinida de más de la mitad del personal de la embajada. Anteriormente, Washington había dado a todo el personal la opción de volver a casa, pero incluso la mayoría de los afectados por los misteriosos ataques optaron por quedarse, dijeron personas familiarizadas con la situación.

Para los que se quedan y los recién llegados, Estados Unidos está dando instrucciones sobre qué ver y escuchar para identificar un ataque en curso. El personal también está aprendiendo pasos a seguir para reducir el riesgo, dijeron funcionarios.

Pero Estados Unidos no ha identificado ningún dispositivo que sea responsable del daño. Las investigaciones del FBI no han arrojado resultados.

Para identificar mejor los patrones, los investigadores crearon un mapa detallando áreas específicas de la capital cubana donde se han producido ataques, dijeron varias personas familiarizadas con el asunto. Tres "zonas", o grupos geográficos, cubren las casas donde viven diplomáticos estadounidenses y varios hoteles donde ocurrieron ataques, incluido el Capri.

Tras la primera revelación de la situación, en agosto, Estados Unidos había evitado la palabra "ataques" y los llamaba "incidentes". Ahora, el Departamento de Estado los considera "ataques específicos" dirigidos contra los estadounidenses asignados en La Habana, sin decir qué nueva información, de haberla, dio lugar a la certeza de que han sido deliberados.

El motivo más obvio para atacar a los estadounidenses en La Habana sería crear fricción entre Washington y La Habana. Si ese es el caso, la estrategia parece tener éxito.

La reducción de personal en la embajada ha molestado a La Habana, y la advertencia de viaje amenaza con reducir el turismo, una de sus principales fuentes de ingresos.

En la capital cubana, los diplomáticos estadounidenses están vendiendo frenéticamente sus cosas —desde colchones hasta artículos enlatados y juguetes para niños— y buscando empleo y lugares para vivir en Estados Unidos. Muchos han pasado años en el extranjero y no tienen un hogar en su propio país.

Para los cubanos la reducción del personal estadounidense en La Habana significa principalmente que la tramitación de visados queda suspendida de forma indefinida.

El Gobierno cubano ha negado participación o conocimiento de los ataques, y algunos funcionarios de Washington creen que puede estar diciendo la verdad.

Cuando Raúl Castro negó cualquier culpabilidad en febrero, lo hizo al margen de una reunión en La Habana con cinco legisladores estadounidenses que estaban de visita, según la AP. Estados Unidos había denunciado los ataques a La Habana unos días antes a través de canales diplomáticos.

Pero los legisladores no sabían nada de los ataques. Tampoco sabían que el general aprovechó también el encuentro para hablar en privado con Jeff DeLaurentis, entonces el máximo diplomático estadounidense en Cuba, y decirle que su Gobierno estaba igualmente alarmado y dispuesto a ayudar.

Todos los legisladores se negaron a hacer comentarios.

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