Domingo, 25 de Septiembre de 2016
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el país que desapareció

La calzada de las ruinas

El Cerro se formó, a partir del siglo XIX, con las casas fabricadas por los habitantes más acomodados de la ciudad, en forma de mansiones, residencias y casas quintas con jardines y patios arbolados, donde pasaban los meses de mayor calor o las habitaban todo el año, trasladándose a La Habana únicamente para sus ocupaciones y negocios.

En realidad constituía un barrio extramuros, separado por espacios despoblados. Fueron famosas en su tiempo las casas quintas de los condes de Fernandina, Santovenia, Peñalver, Lombillo y Villanueva, la del marqués de Esteban, la de Leopoldo González Carvajal —marqués de Pinar del Río— y la de doña Leonor Herrera. Por lo general eran casas elegantes y construidas con calidad, casi todas de una sola planta.

Con el tiempo el Cerro fue decayó, debido principalmente a la insalubridad de la Zanja Real, que constituía un foco contaminante. Muchas familias pudientes se trasladaron hacia el nuevo barrio del Vedado.

El Cerro pasó entonces a ser un barrio ocupado por comerciantes, hombres de negocio y diplomáticos, encontrándose en el mismo las residencias de los cónsules alemán, inglés y ruso y, ya en el siglo XX, la embajada de Estados Unidos en la antigua quinta de Echarte, en la manzana comprendida entre las calles Falgueras, Domínguez, Santa Catalina y San Pedro, a unos cien metros de la calzada, inmueble del que hoy sólo quedan las ruinas.

Posteriormente, las principales edificaciones fueron transformadas en comercios, empresas industriales, colegios y casas de salud. El Cerro, en sus momentos de esplendor, llegó a atesorar el conjunto de arquitectura del neoclásico colonial más importante del país.

Para adentrarnos en la Calzada del Cerro, hay que comenzar por el llamado Camino de Guadalupe, que salía del extremo de la calle de la Muralla, después de la Puerta de Tierra, al cual se le denominó así porque pasaba junto a la primitiva ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, que ocupaba la actual esquina de Monte y Águila.

Posteriormente, este primer tramo hasta el Puente de Chávez, que se encontraba a la altura del matadero, recibió el nombre de Calzada de Monte; el segundo, desde este lugar hasta el barrio del Pilar, que entonces se llamaba del Horcón, Calzada del Horcón; el tercero, desde este lugar hasta el Puente de Cotilla, que se encontraba entre la Calzada de Palatino y la calle Zaragoza, Calzada del Cerro. El cuarto tramo, que es una continuación de la Calzada del Cerro, se denominó Calzada de Puentes Grandes. Las cuatro calzadas, después reducidas a tres, poseen una única numeración continua en sus edificaciones. En resumen, la Calzada del Cerro se extiende desde la Esquina de Tejas hasta la Avenida de Rancho Boyeros o de la Independencia, como también se conoce.

En la Esquina de Tejas se hallaba la quinta del conde de Villanueva, ya inexistente, con el número 1217 la del marqués de San Miguel de Bejucal, hoy en estado ruinoso, y con el número 1220 la quinta San José, que aún se mantiene en pie, aunque maltratada. Con el número 1257, aparece la que fuera lujosa residencia de los condes de Fernandina, construida en 1819 y después ampliada, quienes la perdieron por problemas económicos, más tarde utilizada como centro de salud y hoy sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular. El inmueble se encuentra en avanzado estado de deterioro, con apuntalamientos en muchas de sus áreas, en una muestra palpable de la desidia estatal: si así se trata por las autoridades que la ocupan esta casa de valor histórico y patrimonial, qué se puede esperar para las restantes.

En su entorno, la mayoría de las edificaciones se encuentran en igual o peor situación. Avanzando un poco, aparece la quinta del marqués de la Gratitud, también en estado deplorable, y el local, tapiadas sus puertas y ventanas con bloques y repello, de la que fuera la clínica La Bondad, con el número 1263.

Un poco más adelante, con los números 1357-1359, la residencia de Leopoldo González Carvajal —marqués de Pinar del Río—, con sus dos leones de mármol blanco. En el número 1424, la quinta de los condes de Santovenia, la más elegante y lujosa residencia de su tiempo —donde se hospedaron el archiduque Alejo, hijo de Alejandro II, zar de Rusia, y también dos príncipes de la Casa de Orleáns, que luego serían reyes de Francia con los nombres de Luis Felipe y Carlos X—, desde hace años, por suerte, convertida en un asilo para ancianos atendido por las Hermanas de la Caridad, del cual forma parte también la residencia de Leopoldo González Carvajal.

Unos metros antes de llegar a ella, en aceras opuestas, la vieja casona convertida hace muchos años en la fábrica del ron Bocoy, con sus balaustradas de bronce en forma de cuellos de cisnes pintadas ahora de esmalte blanco, y la instalación que fuera la fábrica del famoso calzado Bulnes.

Después, lo que queda de los magníficos pabellones de la conocida Quinta Covadonga, actualmente denominada Hospital Docente Clínico Quirúrgico "Salvador Allende", que fuera la casa de salud del antiguo Centro Asturiano, ubicada en la quinta que perteneciera a doña Leonor Herrera. Por el área de terreno donde se asentaba, era considerado el mayor centro de salud de Cuba, sólo superado por el Hospital General Calixto García.

Otras ruinas: la quinta del conde de Lombillo, donde residió después José de Armas y Cárdenas, más conocido como Justo de Lara, seudónimo con el que firmaba sus trabajos; el antiguo Centro Benéfico Jurídico de Trabajadores de Cuba en la esquina de la calle Lombillo; la iglesia de San Salvador del Mundo, más conocida como del Corazón de María; una antigua casa con el número 1854, de amplio portal y balaustrada, que se caracteriza por elevarse más allá del nivel de la calle con dos escaleras piramidales de acceso que parten desde la acera; los locales de los cines Maravillas y Edison, ambos en la actualidad cerrados y en estado de abandono.

En la esquina de la calle Zaragoza, lo que queda del edificio con la doble hilera de columnas más numerosa de la calzada, algunos precarios comercios, tanto estatales como particulares, y aún más decadencia.

A continuación, con el número 2202, la magnífica edificación que fuera residencia de José Melgares desde 1858; después, desde 1890, alquilada por los condes de Fernandina, donde en 1893 fue recibida la infanta Eulalia de Borbón, hermana del rey Alfonso XII de España, y su esposo el infante Antonio de Orleáns; a partir de 1914 en poder de los marqueses de la Real Campiña y adquirida en 1924 por la Asociación de Católicas Cubanas para instalar un hospital, conocido entonces como las Católicas del Cerro, hoy denominado Hospital Pediátrico del Cerro.

A continuación, algunas escuelas, la intersección con la calle Primelles, donde existió un importante bodegón español, y la Avenida de Rancho Boyeros o de la Independencia, donde termina la Calzada del Cerro.

Las autoridades, por un lado, haciendo demoliciones, adaptaciones y remodelaciones arbitrarias, sin ningún respeto a las edificaciones ni a sus diseños originales, y la población por otro, con necesidades de viviendas irresueltas y acumuladas durante años, ejecutando por su cuenta modificaciones y agregados, han creado, según algunos importantes urbanistas, una especie de "ar-kitch-tectura", que hoy es notable a todo lo largo de la Calzada y en sus inmediaciones, conviviendo con las numerosas ruinas y los inmuebles en peligro de derrumbe, dándole un aspecto anárquico, con formas, materiales y colores faltos de estética y agresivos a la vista.

En este proceso, muchas residencias se han convertido en ciudadelas, habitadas por decenas de familias en condiciones precarias. Una pérdida sensible ha sido la continuidad de los portales, que permitía transitar por ellos con seguridad, debido a la estrechez de la mayoría de las aceras, además de proteger del sol y de la lluvia. Hoy es imposible, obstaculizados como están por rejas, muros y otras instalaciones que impiden el paso, en un desmedido individualismo ciudadano, donde cada quien se ha hecho dueño de un espacio, aunque sea de un metro cuadrado, y lo defiende con saña.

La Calzada del Cerro, que una vez fue señorial y hasta industrial, ya no es ni lo uno ni lo otro.

Se ha convertido en un triste muestrario de ruinas y de edificaciones a punto de colapsar, peligrosas para quien transite ante ellas a pie o en vehículo. Sus calles aledañas, que también poseían importantes residencias señoriales de valor patrimonial, se encuentran aún en peor situación. Huérfana de planes de rescate, su terrible destino  parece estar ya sellado.

Comentarios [ 17 ]

Imagen de Anónimo

Recuerdo una casona que se cayó hace pocos años a causa de su nulo mantenimiento, cerca de una Cadeca, y la gente que pasaba iba a ver que podía rescatar entre ladrillos y ruinas. Con sus jabas, se llevaban escasísimos materiales, maderas, etc.

No me lo contaron. Parecía una escena de Haití.

Imagen de Anónimo

Si quieren saber como era el Cerro antes de la debacle, les recomiendo el libro "Memorias de una habanera del Cerro" que se puede bajar en PDF en este enlace: http://www.centropablo.cult.cu/libros_descargar/nostalgiade_unahabanera.pdf  

A pesar de estar escrito por una comunistona llamada Sonnia Moro, es uno de los libros más contrarrevolucionarios que se ha publicado en Cuba. En él se describe la vida cotidiana de una familia normal y corriente en el Cerro, en los años 40 y 50.

Un matrimonio de una enfermera con un payaso, que luego falsificó un título y se hizo laboratoristas. Trabajaban en la Clinica La Bondad, mencionada en el artículo y se podían dar el lujo de tener criada, enviar sus dos hijas a escuelas privadas y clases de música particulares, viajar a USA de vacaciones y un montón de cosas más que hoy son impensables, hasta para una familia que tenga muchos CUC.

Este libro ganó un premio y  parece escrito por una gusana.

Imagen de Anónimo

Esperemos que el proximo articulo sea mas amplio y lleve por titulo: La capital de las ruinas.

Imagen de Anónimo

Anónimo - 8 Sep 2014 - 3:29 pm.

Aquí mismo en DDC hay un artículo hablando de la Calzada de 10 de Octubre. La casa de la cultura, a la que Ud. se refiere antes fue la Clínica Lourdes, recuerdo muy bien la estatua del negrito con la farola que estaba al pie de las escalinatas, y anteriormente la casa fue residencia de los Párraga.

Imagen de Anónimo

gran cronica del desastre en que esta convertida la habana. seria interesante que el autor, o algun otro, hiciera una cronica igual pero de la calzada de 10 de octubre... que es el otro ejemplo clasico de la descojonacion de la ciudad. yo conozco bastante bien la calzada de 10 de octubre, pero no se de quien eran las casas antes... por ejemplo, alguien sabe de quien era la casa de la cultura de 10 octubre?

Imagen de Anónimo

Sin embargo, en la antigua Plaza Cívica, hoy "de la Revolución", el edificio que ocupa el Comité Central del partido es remozado de forma casi permanente por brigadas de obreros que cuentan con todos los materiales de primera necesarios. Si sumáramos lo que el castrismo ha invertido en este edificio durante medio siglo, la Calzada del Cerro estaría en pleno esplendor. Solamente con los mármoles que se quitan y renuevan en el CC del PCC ya habría una enorme suma de dinero. Pero téngase en cuenta que en Calzada del Cerro, como en el resto de la ciudad, quienes viven no son de la élite gobernante.(HEREJE33)

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

Casualmente estamos visitando las ruinas de Ephesus (Turquia). Se ven mas vivas y limpias que las ruinas de La Habana. 

Imagen de Anónimo

Yo vivi en Falgueras , esquina San Pablo , justo en esa esquina nos sentabamos los socitos del barrio a pasar las horas. Lo que era la embajada americana fue o todavia es un edifico multifamiliar que cuando subiamos al segundo piso no podiamos caminar por el medio sino por las esquinas pues el peligro de derrumbe era inminente. Siempre me atemorizo ese edificio pues era un peligro.

                                                                  El pelotero de Falgueras.

Imagen de Anónimo

Caballeros, Que mierda es el Comunismo

Alvarez Guedes.

Imagen de Anónimo

Sería fantástico que alguien que viva fuera de Cuba --son los que tienen un poco de plata-- diera un poquito de dinero y todas estas crónicas de lo que fue La Habana se llevaran a un modesto librito.