Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
12:27 CET.
El país que desapareció

De paseo por Paseo

Paseo comienza en la calle 1ra de El Vedado, donde estuvo el demolido en la década de los años cincuenta Palacio de los Deportes, con una extraña fuente denominada "de la Juventud", que solo echó agua por sus surtidores cuando fue inaugurada y hasta unos pocos meses después.

Caracterizada por un diseño plano en forma de flor, solo observable desde los pisos altos de los edificios que la circundan o desde un helicóptero (servicio de transporte que aquí no existe), y no así por los transeúntes, la plaza no cuenta con arbolado en su entorno ni con lugares donde descansar, constituyendo un proyecto fallido, cuyo resultado ha sido un espacio urbano árido.

A un lado, el hermoso hotel Havana Riviera inaugurado en los años 50, hoy venido a menos y bastante deteriorado, con áreas clausuradas y escaleras en peligro de derrumbe y filtraciones y, en su exterior, las blancas esculturas de Gelabert clamando por el agua de sus estanques.

Al otro lado, el garaje que fue de la Texaco y, cruzando la calle 1ra, las moles de cristal del hotel Meliá Cohiba y de Galerías Paseo, según algunos arquitectos "edificados para resaltar aún más la belleza del Havana Riviera".

Después, algunas viviendas y edificios de apartamentos, las ruinas de la popular cafetería La Cocinita, el club Los Violines y, llegando a Calzada, lo poco que queda del histórico Hotel Trotcha, donde se alojó temporalmente el general Máximo Gómez al entrar en La Habana, y cuyos maravillosos jardines fueron descritos en una crónica por el poeta Julián del Casal, convertida hoy toda el área, incluyendo donde existió el viejo cine Vedado, en un raquítico remedo de parque.

Más adelante, el monumento al mayor general Alejandro Rodríguez, el primer alcalde que tuvo la ciudad (por cierto, el único monumento existente en esta avenida) y, ya en Línea, el edificio Naroca, donde Mirta de Perales tenía su famoso salón de belleza y desde donde desarrolló su línea de cosméticos, hoy utilizado el local como oficina de correos.

Al cruzar Línea, en los bajos del edificio que hace esquina, el otrora famoso restaurante francés Potin, el cual perdió todo lo que tenía de francés, desaparecidos el restaurante, la repostería, la tienda de exquisiteces y especialidades francesas y hasta su expendio de libros y revistas extranjeros, transformado durante años en un  pobre establecimiento gastronómico con ofertas mínimas, abundantes moscas y aburridos dependientes y, desde hace algún tiempo, después de remozado, tratando de atraer clientes.

Subiendo Paseo, las grandes residencias como Villa Litta, donde hoy se encuentra el Museo Servando Cabrera Moreno, y la casa de Pablo González de Mendoza, utilizada actualmente para diplomáticos, con su piscina romana bajo techo y sus hermosos jardines, la embajada de Corea del Norte (ni popular ni democrática), el Centro Cardiovascular —una edificación de nueva construcción—, un policlínico y la casa de Juan Pedro Baró y Catalina Lasa en Paseo y 17, verdadera joya arquitectónica, nacida del amor entre dos seres singulares para su época, convertida primero en Casa de la Amistad Cuba-URSS y, cuando esta declinó, simplemente en Casa de la Amistad, hoy establecimiento gastronómico con jardines alquilados para fiestas, entre mármoles blancos de Carrara, rojos del Languedoc y amarillos de Siena y Port-Oro, arena roja del río Nilo, cristales de Lalique y otros tesoros, que deberían estar mejor protegidos por  constituir un valioso patrimonio de la nación.

Continúan las suntuosas residencias hasta llegar a la calle 23, donde se encuentra el edificio de ladrillos rojos a vista del antiguo Colegio del Apostolado y, cruzando, el convento y colegio, del cual solo queda en manos de las católicas el primero, ya que el segundo fue intervenido cuando la nacionalización de la enseñanza.

En 25, el edificio de un viejo hotel de apartamentos parecido al de G y 25, con el original puente peatonal ya inexistente y, llegando a la calle Zapata, el que fuera restaurante-bar Paseo Club, en cuyo portal por Zapata se instaló el primer puesto de fritas de La Habana, que hizo famoso a su dueño, un gallego nombrado Sebastián Carro, que después prosperó abriendo las cafeterías Boulevar 23 y La Cocinita. Hasta aquí la Avenida Paseo original.

En la década de los 50 se prolongó, como una gran explanada sin bulevar central, extendiéndose hasta la calle Ayestarán, atravesando la denominada Plaza Cívica en construcción. A su derecha surgió una interesante edificación para la venta de automóviles, con una única columna central de hormigón, donde se apoyaban  dos grandes alas también de hormigón, sostenidas por dos cables de acero. Después de 1959, alguien con iniciativa y poder, cerró el espacio abierto de las alas con paredes de bloques, convirtiéndola en un adefesio arquitectónico.

Mejor suerte no tuvo esta prolongación de Paseo, que se transformó en una gran pista para desfiles civiles y militares y concentraciones, al mejor estilo totalitario, bordeada por el Teatro Nacional, el Monumento a José Martí con su obelisco de 141,95 metros de altura, la Biblioteca Nacional y los edificios de la Alcaldía de La Habana y de la Lotería Nacional, convertidos después en del MINFAR y de la JUCEPLAN.

De haberse respetado el proyecto original premiado, el centro de la Plaza hubiera sido una gran área con paseos peatonales, fuentes, jardines, césped, arbolado, bancos, glorietas y otras instalaciones para el disfrute de los ciudadanos, en definitiva un espacio concebido para oxigenar la ciudad y no el árido desierto de asfalto y cemento actual. Tal vez en un futuro, cuando las concentraciones y los desfiles dejen de ser instrumentos de propaganda política, se conviertan en cosas del pasado y se restablezcan las formas y métodos democráticos, se retome, actualice y materialice el proyecto original del centro de la Plaza, y hasta Paseo pueda contar con  bulevar desde el inicio hasta el final.         

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Comentarios [ 8 ]

Imagen de Anónimo

 Paseo ha aguantado el vendaval  mejor que la mayoría, el que haya menos edificios de viviendas, menos bodegas, escuelas y más mansiones destinadas a ministerios y otros fines ha contenido el abordaje. El diseño de los parques es exquisito y  los añejos laureles  frondosos, un botín, aún con tantos palos que le ha dado la vida, sigue siendo la avenida más agradable del vedado.    

Imagen de Joshua Ramir

personalmente disfruto mas de G.Paseo me trae malos recuerdos, desde las concentraciones y desfiles del 1ro mayo, del pueblo combatiente, las ''ferias'' del EJT con la vendedera de cebollas y cerveza a granel etc. hasta ser el camino por donde se veia a FC  a menudo en sus mercedes a alta velocidad, antecedido por los jeeps con las ametralladoras afuera, obligando a transeuntes y carros a detenerse., que sensacion tan aplastante cuando uno de esos HP's te apuntaba con el AK... Por ahi vi a Gorbachev y después a Juan Pablo II, breves momentos de esperanza... El patio de Maria, convertido en el patio del regueton, en fin, no la extraño ni un poco.

Imagen de Anónimo

Una de las avenidas más lindas de la ciudad  y que a su favor comparándola con  la calle G por lo menos no le han cortado los árboles, cuántos recuerdos del Naroca en casa de mi socia, en esa calle dejé  bastantes suelas y sueños, desde La Cochinita en 1ra, hasta La Conchinchina en Zapata, donde recalabamos a comer empanadas de queso, abierto las 24h. 

Imagen de Anónimo

Dos detalles omitidos. Si la Calle G lleva también el nombre de Avenida de los Presidente, Paseo tiene también el suyo: Avenida de los Alcades. En su intercepción con Zapata se encontraba el monumento a la hispanidad, que después fue trasladado a la esquina de Ayestarán y 19 de Mayo. Un conjunto escultórico bellísimo, que queda bien en cualquier lugar que se le coloque pero que como entrada a la enorme Plaza Cívica, tenía un mayor impacto. La Plaza es un complejo arquitectónico inacabado y horrendo que necesita un remodelación completa más adecuada a los nuevos tiempos y que la dote de una perspectiva visual mucho más agradable.

Imagen de Anónimo

Que se me quedaba en el tintero. Igual que G se llamó Ave de los Presidentes, Paseo se llamaba Avenida de los Alcaldes.

Imagen de Anónimo

Muy bueno el recorrido por Paseo. Dentro de los límites de un artículo no se puede pedir más, aunque tal vez se hubiera podido añadir brevemente la fecha de construcción de dicho bulevar. Si no me equivoco, fue construido (o remodelado) durante el machadato, c. 1930, por el ministro Céspedes, el Dinámico, siguiendo la misma concepción de jardín longitudinal de la calle G. Debe verificarse este dato. NIC

Imagen de Anónimo

Excelente articulo. Solo una correccion como ex inquilino del Naroca. Mirta de Perales no ocupaba antes el espacio del correo que da a la calle Linea sino tenia su local del otro lado con puerta externa a Paseo y otra interna al lobby del Naroca. Es solo un detalle y mil gracias por esta entrega.

Imagen de Anónimo

Excelente artículo. Paseo es una de las avenidas más agradables de transitar en la Habana, sea a pie o en carro. Lamentable que no se haya podido llever a cabo el proyecto original del centro de la Plaza cívica, realmente daría más visibilidad y belleza a la avenida si se hubiera concretizado y lamentable también el abandono de locales como la Cocinita y el Potin, Riviera y otros edificios. Un triste capítulo de nuestra história.