Opinión

Es Miami, no La Habana

Intelectuales y artistas de ambas orillas se han montado un 'tumbao' de la neutralidad entre lo que ellos llaman los ortodoxos de allá y los ortodoxos de aquí.

Las filosofías permanentes y las grandes religiones insisten en que las cosas sean llamadas por sus nombres. Cuando las cosas dejan de llamarse por lo que verdaderamente son vemos que al derrumbe de la lógica sigue el de la moral. Así en Cuba.

Esta tara concierne por efecto a los cubanos de adentro y, por defecto, a los de afuera. Para no provocar a la dictadura, los de adentro hablan la lengua muerta de los esclavos. Para no provocar a los esclavos, los de afuera ahora nos inhibimos de hablarles en la lengua viva de los hombres libres. De ese vacío ético se nutren los Castro y sus agentes descubiertos y encubiertos. Candente en la forja va cobrando figura una reconciliación nacional (a costa de las víctimas) entre verdugos y testigos mudos.

En los trópicos la tragedia suele resolverse en picaresca. Con sus diferentes grados de riqueza, notoriedad, seso y sexo, algunos intelectuales y artistas de ambas orillas se han montado un "tumbao" de la neutralidad entre lo que ellos llaman los ortodoxos de allá y los ortodoxos de aquí. Para aliviar la mala conciencia (y la mala fama) de convivir con el opresor se ningunea al oprimido. Sobre todo, al oprimido que se opone a la  opresión. Asombra que una pose tan frágil mueva una industria tan sólida.

Miami es una patria especular. En este espejo, todavía Cuba se refleja desnuda. Todavía. Apenas pone pie en el aeropuerto, el esclavo contempla, acaso por primera vez, su aterradora deformidad. Hay quien no lo soporta y da el salto. Ah, ya lo sabemos, es un triple salto mortal. La libertad no fía. Aquí, si no cantas, no eres cantante. Si escribes mal, olvídate de los cócteles en las embajadas, los premios y la jaba de la UNEAC. Este es el extenso territorio donde estamos constantemente desafiados en los límites materiales y espirituales de nuestra mediocridad.

De modo que la mayoría se lo piensa dos veces. En ciertos casos, un breve período de prueba basta para enfrentar al trovador de la Tribuna Antiimperialista con el fatigoso destino de un nómada timbalero. Dos semanas de zapatear la ciudad y ojear las revistas convencerá a las ambiciosas actrices de que aquí salir en cámara no significa precisamente salir de pobre ni, por lo general, salir del anonimato. Entonces, frente al terror de saltar la cerca y el imperativo de un oportunista regreso, se hace menester acomodar la sensación de derrota.

Marx lo establece en una máxima que merece figurar en el manual de todo vago: a cada cual según sus necesidades y de cada cual según su capacidad. Allá ellos si quieren validar unas prometidas reformas destinadas a perpetuar el yugo. Allá ellos si para reclamar el derecho a comprar un carro se obligan a clamar por la libertad de los cinco espías y el levantamiento del embargo. Se entiende que no quieran pagar el desgarrador precio de rebelarse. (Nadie, por cierto, tiene derecho a pedírselo.) Pero entre la corajuda rebelión y la apología de la servidumbre abundan las opciones, y los ejemplos, de un decente silencio.

La moral construye identidad. A su vez, la identidad exige memoria. El día que los exiliados perdamos la identidad y la memoria seremos una emigración económica. Desenmascar la impostura de estos visitantes está lejos de ser un fratricidio. Sin acto de repudio, sin aplanamiento de discos ni quema de libros, la coherencia dicta que no permitamos que el esclavo venga a decirnos lo que renunciamos a escucharle al amo. Mucho menos que se nos retrate como ortodoxos extremistas por pedir lo que ellos no se atreven a pedir: la salida del poder de la familia Castro y su mafia vasalla, así como su posterior enjuiciamiento por sus muchos y repetidos delitos.

Toda esta comparsa de vocalistas que desafinan, obispos que bailan con una cruz de cartón, pintores que no pintan, intelectuales formados en la cultura del retazo y vedetes preñadas de una precoz celulitis, debía entrar a Miami de puntillas, tan solo por consideración a que nosotros vestimos, curamos y damos de comer a la Isla. Nosotros sí somos el amor. Nosotros sí somos la reconciliación. Puede, yo diría que, por desgracia, no seamos la Cuba de mañana. Somos, con nuestros errores y hasta nuestras corrupciones, lo mejor de la Cuba posible.

Conformada a una función parasitaria, la cultura cubana ofrece en estos visitantes el degradado espectáculo de una innecesaria sumisión. El cínico retruécano de sus argumentos no consigue disimular su incapacidad de despegarse del seno repugnante pero firme de la esclavitud. Si tuvieran lo que hay que tener lo dirían a las claras: la dictadura también es madre. Dicho en buen cubano, pues, que se vayan al seno de su madre.       

Comentarios [ 79 ]

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Anónimo de las 8.02. Entre las atracciones mas exóticas que suelen ofrecer los circos estan las contorsionistas. Por alguna extraña razón -seguramente por tradición- suelen ser coreanas. Es sorprendente ver esas niñas con el púbis apollado graciosamente en la cabeza, sonriendo plácidamente como si de la  cosa mas normal y conseguible se tratase. Y he ahí, que llega Ud, un supuesto exquidistante demócrata que el la profusión de su prosa tan honestamente equidistante parece mas una eme que una equis, consigue, en favor de un sentido ta altamente democrático como los tacones de Channel con que las nietísimas del dictador se pasean por New York, lo que ninguna contorsionista coreana ha logrado jamás: autoinflingirse un osculo. Negro. (No engaña Ud,  sabemos que las galletas maría de su natilla están envenenadas). 

Ud. se siente esto: https://www.youtube.com/watch?v=oC7oX5ud3Kw

Pero es esto: https://www.youtube.com/watch?v=w8kiMCeudLg

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Para Anónimo - 12 Mar 2014 - 12:58 am.

Dice usted : "No se si lo usaste a proposito ojear, pero se dice hojear una revista. Por lo demas un articulo brillante"---Las dos formas son correctas dependiendo en qué sentido se usan.

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PARA Anónimo - 11 Mar 2014 - 8:02 pm.

Chersburgo es un tipo que molesta bastante a los de la UCI, por eso se entiende la virulencia de los ataques disfrazados de corrección política.  Usted por otra parte no se escapa de la fiebre cuando nos trae esta vieja perla: …"aprovechar esos contactos para producir un cambio político“.  O sea, de pronto el régimen se conmueve en los más profundo de su ser por los "contactos e intercambios" y decide el martes a la 3.17 pm, que a partir de ese momento ya habrá democracia y libertad, libre empresa y relajo para todo el personal. ¿Y usted se cree que después de más de medio siglo de oportunidades perdidas lo hará ahora por unos "contactos e intercambios" de la nada?

Lamento decirle que hasta este momento la ciencia no ha podido demostrar que las aves maman.

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El articulo es muy bueno porque define la doble moral de no solo de los intelectuales y artistas, si no tambien de una gran parte del pueblo que prefiere nadar entre dos aguas tibias, a quemarce en una o congelarse en otra.  No hay que ser un ortodoxo o un extremista para enfrentar la verdad de cara al sol. Llamar a las cosas como son, y hacer justicia a la barbarie de los comunistas, porque sin justicia jamas habra una verdadera comunicacion y entendimiento entre los que prefieren el agua caliente o los que prefieren el agua tibia de la ignominia.

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No se si lo usaste a proposito ojear, pero se dice hojear una revista. Por lo demas un articulo brillante.

Saludos

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Anónimo - 11 Mar 2014 - 8:02 pm. 100% de acuerdo. ¡Vaya, una voz de cordura entre tanta locura!

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Anónimo - 11 Mar 2014 - 10:28 pm.

En 1952 no hubo elecciones porque Batista dió el golpe dos meses y medio antes de las elecciones y sí era candidato en ellas, pero con pocas probabilidades de ganar. A Prio quien lo hizo renunciar fué el Golpe de Estado del 10 de Marzo. Hasta ese dia fué el presidente constitucional. De todas maneras, los Ortodoxos eran los favoritos según las encuestas. FC era del Partido Ortodoxo.  Eso de que Batista acabó con la corrupción es de risa. Batista la prolongó para beneficio suyo y de su grupo.

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Batista no participó en ninguna elección (que no hubo) en el 1952. Batista vivía en el extranjero y ante las denuncias del Presidente Prío Socarrás que acusaba a los mismos politicos  y aristocracia de corruptos, estos hicieron a Prío renunciar (todos los partidos politicos incluyendo al socialista y al comunista de Marinelo y Blas Rocas) y mandaron a buscar a batista; pero no le hablaron claro (para que si era un indio)  y este creyó que  lo habían escojido para terminar con la corrupción.....así que empezó a cortar la corrupción y se ganó el odio de los aristócratas y los politicos....FIJENSE BIÉN......A  BATISTA  LO ODIABAN  LOS RICOS!  Y A LOS CASTROS LOS POBRES........Si miran bien (si quieren) veran que la mayoría de los sufridos son los negros aquí y allá.....Porque aquí para prosperar, el negro tiene que lamer la bota castrista y son ignorados por los blancos cubanos.....Sin discutir, entren en Facebook  y  véan cuantos .... 

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Anónimo - 11 Mar 2014 - 6:21 pm.

Tu post refleja sensatez, profundidad y sabiduría. Desafortunadamente, virtudes muy escasas entre los cubanos, sobre todo los que suelen comentar acá. Tu opinión es aire fresco en medio de tanto calor anti-todo.

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Equivado artículo de principio a fin, con la renovada retórica patriotera y victimista del viejo exilio. Los tiempos son otros y de lo que se trata no es de cortar el intercambio, ni de someter a los de la isla a juicios políticos, sino de aprovechar esos contactos para producir un cambio político. Claro, esto último es más difícil porque requiere de paciencia, serenidad y constancia, tres virtudes que no abundan en los cubanos, de un lado o el otro, de una generación o la otra. Más fácil será siempre darse baños de pureza y pulsar el do de pecho de la "integridad moral". En el fondo, detrás de estas actitudes demagógicas, de envolverse a la menor provocación en la vieja bandera de la intransigencia, lo que hay es una gran subestimación de sí y una sobreestimación y hasta una mistificación del castrismo, que ya está de salida. La decadencia final del castrismo está a la vista de todos, pero hay quienes no quieren verla porque, sin castrismo, pierden el sentido de toda una vida en el exilio. Y esto es un grave error político porque significa ceder a las nuevas élites de la isla toda la iniciativa en el presente del país, con la esperanza milagrera de que pase algo brusco, mágico, como un levantamiento popular o una intervención de Estados Unidos, que ponga las cosas en su sitio. Como ese milagro no va ocurrir el exilio está obligado a elegir entre el lamento y la acción, el testimonio y el trabajo serio por la democratización de Cuba.