Congreso de la CTC

Un congreso obrero sin sindicatos

Comienza este jueves en La Habana el congreso de la CTC. Los trabajadores cubanos siguen en manos del Partido Comunista.

El jueves 20 de febrero seremos testigos de un acontecimiento, que por repetitivo no deja de ser insólito. Ese día se iniciará en La Habana un congreso obrero sin sindicatos.

Surgidos para defender los intereses de los obreros frente a los patronos, con métodos que van desde las huelgas hasta las negociaciones colectivas, los sindicatos constituyen una expresión de la modernidad. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX, en los conflictos en la industria tabacalera, la fundación de los primeros periódicos obreros y la creación de las primeras asociaciones.

Aunque ya en 1887 se celebró un congreso obrero, fue a partir de la Ley General de Asociaciones de 1888 que se generalizó. En 1892 tuvo lugar el primer congreso con delegaciones de casi todas las provincias y en 1899 se fundó la Liga General de Trabajadores Cubanos (LGTC), la cual desempeñó un destacado papel en la lucha por la disminución de la jornada laboral y el aumento salarial.

En la República, con los derechos-libertades refrendados en la Constitución de 1901, los paros laborales se extendieron por toda la Isla. Desde la huelga de los aprendices en 1902, iniciada contra la exclusión de los aprendices cubanos en las tabaquerías, pasando por la huelga de la moneda en 1907, para reclamar el pago en moneda norteamericana, hasta la de los centrales azucareros de la zona de Niquero en 1912. Resultado de esas luchas, en 1903 se declararon los días feriados; en 1909 la jornada de ocho horas para los mecánicos, operarios y jornaleros empleados del Estado; y en 1910 se promulgó la Ley Arteaga, que prohibió el pago de salarios en los vales o fichas que obligaban a comprar en determinados establecimientos.

En las siguientes décadas, con el fortalecimiento y la generalización del sindicalismo cubano aumentaron las huelgas y surgieron nuevas formas de lucha. Por ejemplo en 1924, para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar, se dictó la Ley que creó las Comisiones de Inteligencia Obrera en todos los puertos del país —con poderes legislativos y ejecutivos—, integradas por patronos y obreros y presididas por el Juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

Cinco ejemplos ilustran la fortaleza adquirida por el sindicalismo: La creación en 1925 de la Confederación Obrera de Cuba (CNOC), primera institución de ese tipo con carácter nacional; el decisivo papel desempeñado en el derrocamiento del gobierno de Gerardo Machado en 1933; la huelga de los empleados de la Secretaría de Comunicaciones en 1934, que fue respaldada por otros sectores y terminó con el triunfo; la creación de la Secretaría del Trabajo en 1934; y la huelga de marzo de 1935, que comenzó por una protesta de maestros y estudiantes y terminó con características de levantamiento popular.

Esos y otros muchos episodios se concretaron en las legislaciones obreras que comenzaron con el Decreto 276 de enero de 1934 y culminaron con el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. Esos logros se complementaron con la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba en enero de 1939 y la promulgación de la Constitución de 1940, la cual refrendó en 27 artículos los derechos individuales y colectivos del trabajo obtenidos en las luchas, desde el salario mínimo hasta el derecho de huelga, pasando por el descanso retribuido de un mes por once de trabajo, la jornada máxima de ocho horas y las semanas de 44 horas de trabajo con pago de 48.

En 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región. Muchas de sus demandas se convertían en leyes. Y se adquirieron locales propios como el edificio de Carlos III, construido por el Retiro de Plantas Eléctricas y arrendado a la Compañía de Electricidad; el Habana-Hilton, construido por el Retiro Gastronómico; un reparto para trabajadores emprendido por el sindicato de Artes Gráficas, y el inició de la construcción del Palacio de los Trabajadores, con aportes de los afiliados.

Del golpe del 52 a la 'CTC-Revolucionaria'

El Golpe de Estado de 1952 propinó un fuerte golpe al sindicalismo. Su Secretario General, Eusebio Mujal, ordenó una huelga contra el golpe, pero después de una entrevista con el Ministro de Trabajo retiró la orden a cambio de conservar los derechos adquiridos por los trabajadores, respetar en sus cargos a los dirigentes sindicales y mantener el statu quo de la CTC. El miedo a la fuerza de los sindicatos hizo que Fulgencio Batista dictara algunas medidas de beneficio para los trabajadores, como fueron la prohibición de la mecanización del torcido del tabaco y el aumento del salario mínimo en 1958, para disuadir a los trabajadores de participar en la huelga convocada por el Movimiento 26 de Julio, medida con la cual el salario de los trabajadores urbanos de la capital se elevó a 85 pesos, en otras ciudades a 80, y fuera del perímetro de la ciudad a 75, cuando un peso equivalía a un dólar.

Aunque en diciembre de 1958, bajo la dirección del Movimiento 26 de Julio, se celebró la Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros, mediante un Decreto emitido por el recién instalado gobierno revolucionario, el 22 de enero de 1959 la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC-Revolucionaria, que constituyó el primer paso en el proceso de desnaturalización del sindicalismo.

En el X Congreso de la CTC-R (noviembre de 1959) el candidato para Secretario General, David Salvador, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución, y en franca violación del  convenio 87 de la OIT[1] se procedió a la elección de la directiva en presencia del jefe del Gobierno, mientras el Ministro del Trabajo fue investido de las facultades para despedir dirigentes sindicales e intervenir sindicatos y federaciones. En el XI Congreso (noviembre de 1961) por vez primera se postuló un solo candidato para cada puesto y se renunció oficialmente a casi todos los logros alcanzados. Para el XII Congreso (agosto de 1966), la propuesta de su celebración fue sometida al Buró Político del Partido Comunista. En este congreso Lázaro Peña fue sustituido, pero por la decadencia del sindicalismo fue devuelto al cargo en el XIII Congreso (1973) y bautizado como Capitán de la clase obrera, como si la CTC fuera una unidad militar. Finalmente la pérdida de autonomía asumió carácter legal en la Constitución de 1976, en la que se declara que todo el poder pertenece al pueblo trabajador, pero ignorando los logros reconocidos en la Carta Magna de 1940.

Derechos y libertades

Tres hechos son suficientes para demostrar la ausencia de sindicatos en Cuba.

1- En  septiembre de 2010 la CTC apoyó los despidos laborales con un documento que decía: "Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía", sin mencionar nada respecto a los verdaderos problemas de los trabajadores.

2- Durante los preparativos del XX Congreso, el miembro del Buró Político y vicepresidente del Consejo de Estado, Salvador Valdés Mesa, ha reiterado: que entre los principales retos del evento estará definir la real participación de los trabajadores en la gestión económica; que la plataforma económica, política y social de "la revolución" quedó definida en los Lineamientos aprobados en el último Congreso del Partido; y que al movimiento sindical le corresponde movilizar a los trabajadores para materializar esos acuerdos.

Finalmente, en el Pleno 93 del Consejo Nacional de la CTC de mayo de 2013, presidido por el Segundo Secretario del PCC, se designó a Ulises Guilarte, primer secretario del PCC en la provincia Artemisa, para presidir la Comisión Organizadora y en consecuencia ser el próximo Secretario General de la CTC.

La autonomía al sindicalismo es lo que el oxígeno a los seres vivos. Para que un evento obrero en Cuba se pueda denominar como congreso obrero, hay que comenzar por restituir los derechos y libertades para su existir, funcionar y representar a los trabajadores y no los proyectos de ningún gobierno o partido político.




[1] La OIT, Organización Internacional del Trabajo, agencia especializada de la ONU, cuyos principales objetivos son mejorar las condiciones de trabajo, promover empleos productivos y el necesario desarrollo social, y mejorar el nivel de vida de los trabajadores. La OIT fue fundada en 1920 como una sección autónoma de la Sociedad de Naciones y en 1946 se convirtió en el primer organismo especializado de la ONU. Su sede radica en Ginebra.

 

Comentarios [ 5 ]

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Dimas Castellanos, gracias por el articulo, la clase y el analisis!!!

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Gracias Dimas, articulos como este ayudan a que las nuevas generaciones de trabajadores tomen conciencia y aprendan a decirle no al NEOESCLAVISMO instituido por los biranences, este congreso es para asegurarle la espuela en el talon a los herederos y sujetar a Liborio para que no brinque cuando lo pinchen. Tenemos que salir de esta Edad Media de latigo y anestesia, nunca fuimos tan mediocres y aguantones.

                El Guajiro de Tibisial

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Muy buen análisis de Dimas con un enfoque histórico y con las conclusiones esperadas de la ausencia de autonomía de los sindicatos cubanos.

Otro Congreso, otra pérdida de tiempo y recursos pero la élite cubana necesita los rituales de control social y político.

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Obreros ¿para que?......¡¡¡¡

el bobo alipio

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el primer descarado  de la ctc es el salvador valdes , ese prieto nunca ha disparado un chicharo