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Azúcar

'La caña está a tres trozos': el azúcar en el habla de Cuba

'Dar cuero', 'agilar', 'echar un palo': muchas son las palabras y frases que la industria del azúcar trajo al habla popular de los cubanos.

Madrid
Un campesino con una caña.
Un campesino con una caña. El Comercio

Es indudable que en el conocimiento de la evolución de la industria azucarera en Cuba aparecen las causas que definen gran parte de su paisaje rural y la conformación de los pueblos que tuvieron su génesis en el ingenio azucarero, en función de su ubicación geográfica, las tipologías arquitectónicas empleadas y el diseño urbano, quedando reflejadas también en la toponimia. De ahí el origen de los nombres de localidades como Hershey, en Mayabeque; Australia, en Matanzas; Portugalete, en Cienfuegos; Cunagua,  en Ciego de Ávila, entre otras. Con el desarrollo de la industria azucarera se explica a su vez parte de la arquitectura colonial citadina, el desarrollo de la red ferroviaria y portuaria del país, y la proyección de Cuba hacia el mundo.

La influencia de este cultivo en el lenguaje popular cubano ha sido minuciosamente estudiada por Manuel Moreno Fraginals, en especial lo proveniente del lenguaje azucarero esclavista, que hasta hoy ha pervivido y tiene profundo arraigo. El historiador elaboró un glosario de términos de gran utilidad, que resume un valioso y profundo análisis de antropología lingüística, incluido en su libro El Ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar. En él reconoce la marca que han dejado en el hablar cotidiano frases como "trabajar como un negro", para referirse a una ardua faena; las "vacas gordas", para nombrar  los días de bonanza económica o por qué en los tiempos malos "la caña está a tres trozos". También ha descifrado el origen de expresiones empleadas para referirse al acto de fornicar como "dar un cuerazo" (término esclavista) y "echar un palo" (término productivo azucarero). En este último caso porque en la tonga los esclavos echaban los palos destinados a la máquina de vapor, y era este acto una excusa y la tonga un escondite para otros propósitos.

Resulta muy interesante comprobar que la mayoría de los términos provienen de procesos industriales, instrumentos y acciones que tuvieron lugar en el ingenio y en el batey, y de personajes que integraron los grupos sociales y laborales que en ellos se establecieron. Algunos fueron asumidos literalmente y otros han perdido su significado original u ofrecen otra connotación. Por ejemplo, el negro esclavo no era considerado cubano y la trata lo deshumanizaba, por lo que a sus hijos se les llamaba "cría". Esta es una voz muy utilizada, sobre todo en las zonas rurales de Cuba, para llamar a la descendencia, y que actualmente ha perdido la connotación racista.

Otro ejemplo es la palabra barracón, que luego de la esclavitud se mantuvo para nombrar la vivienda del trabajador más humilde. Debe decirse que durante la República los barracones que existían en los centrales sirvieron de residencia a cubanos e inmigrantes solteros que generalmente eran contratados durante la zafra. Estos constituían cuarterías de pequeñas habitaciones adosadas y con baños colectivos, por lo que nada tenían que ver con los de la Colonia.

Existen otros términos de uso habitual que pueden dar una idea de la apropiación de vocablos asociados al mundo del azúcar. Entre ellos varios estaban relacionados con el esclavo, como "agilar" o "ajilar" que proviene del acto de ponerlos en fila para salir rápidamente al trabajo; o "bocabajo", que cuando significa sumisión apunta a su relación con el castigo aplicado a los esclavos. Asimismo sucede con "dar cuero", que en sentido figurado implica azotar o burlarse de alguien; o más directamente "dar fuetazos" para referirse a un golpe fuerte y rápido, y que proviene de pegar con el fuete o látigo. También se mantienen los nombres de "cimarrón" y "mayoral", empleados en sentido figurado para distinguir a una persona rebelde y a una mandona.

Otros vocablos estaban asociados a procesos industriales, tanto de la cosecha como de la obtención del azúcar. Algunos ejemplos son: "tumbarse", acostarse, que viene de cosechar la caña cortándola con el machete; y "jan" o "dar jan" que significa hacer trabajar, dar guerra. Esta palabra originalmente se refería a la herramienta utilizada para abrir hoyos durante la siembra. También está el verbo "guataquear" empleado como sinónimo de adular, que  viene de la costumbre de algunos campesinos pobres de desbrozar con la guataca el campo ajeno gratuitamente para obtener favores.

"Aguaje" o "formar aguaje", es para el cubano de hoy sinónimo de especular o dramatizar algo intrascendente, aunque proviene de un proceso de purgar el azúcar. Así también el decir que una bebida "está bomba" significa que está tibia, y por analogía, cuando se dice de una persona implica que es pesada o cargante. Su origen está en un proceso de enfriamiento. También están los términos "amelcochar", de melcocha, producto del azúcar, que como verbo significa que un objeto se funde o se abrazan personas durante un rato con mucho cariño; y "cachaza", término despectivo que subraya la calma o lentitud de una persona y que antes nombraba un proceso de clarificación de impurezas.

Tal vez por su origen asociado a la esclavitud y al trabajo, una buena parte de los términos sugieren algo negativo, salvo aquellos relativos al dulzor del azúcar y a otros productos derivados, así como a la zafra y al central en sí mismos. Tal es el caso de expresiones coloquiales de gran arraigo en la cultura cubana, como la que afirma que "quien tiene amigos tiene un central", o que "hacer zafra" es tener éxito o conseguir muchos beneficios o cosas. Así, de muy disímiles maneras, ha quedado el legado de una industria que fue vida y estandarte de una nación, que identificó sus campos, fraguó su comercio y marcó a su gente. Es la huella profunda de la caña que el Indio Naborí llamó "columna vertebral de la dulzura,/ hueso principalísimo del cuerpo de mi Patria,/ mástil de enseña verde,/ vena del pan de cada día".

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