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Libros

Dolan Mor: 'Todo funciona como dentro de un espejo, nada es real, ni la muerte misma'

El autor de 'Larvalar', publicado por Candaya, habla en esta entrevista de su libro, de enfermedades, literatura y muerte.

Zaragoza
Dolan Mor.
Dolan Mor. Cortesía del entrevistado

Sé que en algunas entrevistas anteriores a la mía te han preguntado por tus inicios como poeta y narrador, pero a mí no me interesa hablar de ese detalle contigo. Prefiero conversar del poemario que recién te ha publicado la editorial Candaya. Empecemos entonces por ese título tan musical y extraño. ¿Por qué Larvalar?

En uno de los correos electrónicos que inician Larvalar se explica muy bien el origen de dicha palabra. Alina Mora, el personaje que envía el correo, se lo revela a otro personaje de nombre Orlando Mora. La palabra "larvalar", dice Alina, contiene "lar" (que significa sitio de la lumbre en la cocina o casa propia), "larva" (símbolo de una futura metamorfosis, por ejemplo, en las mariposas), y también los "valar" (personajes espirituales en las novelas de Tolkien que descendieron y tomaron cuerpo lo mismo de hombre que de mujer).

En el idioma turco "larvalar" significa larvas, pero yo no tomé el término de esa fuente idiomática. En realidad "larvalar" es una palabra que inventé o que armé solo para el libro, y obedece a lo que dice el personaje Alina en su epístola o correo electrónico. La palabra "larvalar" se relaciona también con la estructura general del poemario (o con el libro de relatos). Todos los poemas llevan los títulos de "Lar", y los relatos de "Valar".

Es verdad, ya me había dado cuenta al leer los títulos de los poemas y de los relatos, pero también el lector se encontrará con unos dibujos porno… Por cierto, dichos dibujos llevan los títulos de "Satisfyer", como el nombre del juguete sexual femenino.

El libro está compuesto por 12 poemas (12 "Lar"), 12 relato (12 "Valar"), y doce "Satisfyer" o 12 dibujos porno. La suma de todos da 36 secciones o fragmentos de la estructura general. Pero el libro también contiene una introducción, una sección de correos electrónicos (como si fueran epístolas actuales, debido a internet), un epílogo y una adenda.

En total, la estructura del libro lo forman 40 fragmentos o "escalones" que se relacionan unos/as con otro/as. Por supuesto, esto no lo planifiqué bajo el efecto de un azar constructivo. En el primer manuscrito había dos epílogos, pero como se eliminó uno, por razones que no quiero exponer aquí, tuve que agregarle la adenda, o de lo contrario se descompletaba el número cuarenta de la estructura, que era y es esencial para sostener todo el libro, desde lo invisible, o desde lo que no se dice o nunca se explica, ni en los poemas ni en los relatos del libro.

Puedes explicarme por encima cómo funciona el número 40 en Larvalar.

Lo intentaré, sin extenderme mucho… Si te fijas en la dedicatoria del libro, dice "para mi mujer, en el agujero". Lo de agujero, por ejemplo, puedes tomarlo como un momento difícil que uno atraviesa o en el que uno se encuentra. También tienes que fijarte después en el exergo del libro porque no se cita a un narrador ni a un poeta, sino al físico Wolfgang Pauli, quien fue paciente de Jung y quien es mencionado por Jung en su libro Psicología y alquimia.

No quiero referirme al concepto de las sincronicidades debidas al físico Wolfgang Pauli, sino más bien al hecho de que pude, en la dedicatoria, escribir "para mi mujer, en el desierto" (lo escribí y después lo borré) porque 40 fueron los años que tardó el pueblo judío en atravesar el desierto. Por esa razón aparecen varios nombres bíblicos dentro del libro.

De ahí viene el número 40. Yo lo utilizo como un símbolo. También el agujero puede referirse a un agujero de gusano que facilite la comunicación rápida entre dos lugares distantes del universo o entre dos personas. Esto guarda relación con la física cuántica y con la fórmula de Dirac que es citada al final del libro, en la adenda.

También son 12 las tribus de Israel, como 12 son los poemas, los relatos y los dibujos…

Exacto. También el número siete es muy importante. En siete días creó Hashem, el Dios judío, los cielos y la Tierra. Siete son los correos electrónicos que le envía Orlando Mora a Alina Mora al inicio del libro. El número ocho, relacionado con el cambio en la sangre, el prepucio, etcétera, sería el e-mail de respuesta que Alina le envía a Orlando explicándole el título del libro, como ya te expliqué.

Pero Larvalar poco tiene que ver con la religión judía, a no ser esos detalles ocultos que mencionaste ahora. En Larvalar uno encuentra transformismo (la imagen de la portada, o sea, ese tigre furioso con tacones de mujer y alas de mariposa resulta muy sugerente), también hay sexo prohibido, ludopatía, el nombre de un juguete sexual femenino, se insinúa el tráfico de droga, se mencionan varias enfermedades, ocurren suicidios, etc.

Debido a esa razón irracional viene como anillo al dedo el exergo del libro. ¿Qué es la realidad? ¿El lenguaje atrapa la realidad o se le escapa, la tergiversa? Una cosa que ya pasó en el tiempo, ¿es real o solo es parte de nuestra memoria? Y si es solo parte de nuestra memoria, ¿qué es en esencia la memoria? ¿Cuánto hay de subjetivo en lo objetivo (y al revés)?

Mientras más años cumplo, más ignorante me siento y más admiro a Wittgenstein con sus teorías sobre el lenguaje, y a Lewis Carroll con sus laberintos matemáticos y mentales, con sus lógicas (o antilógicas). Por cierto, Alina es un diminutivo de Alicia, y Alicia se cae por un agujero en la obra de Carroll. Pero hablando de Larvalar y del mundo judío, en el Antiguo Testamento el rey David era el mesías de los israelitas, pero, como era un hombre de carne y hueso pecó, cometió adulterio con la mujer de Urías.

Entiendo lo que me quieres decir…

Una cosa no quita la otra, o una cosa va unida a la otra. Yo intenté reflejar en Larvalar el momento actual, la "película" que vivimos en este mundo, pero desde mi ventana, desde mi silla. Y no lo hice solo como autor, sino usando los diferentes narradores o personajes que hay dentro del libro o las distintas voces poéticas que hablan en los poemas.

¿La Metamorfosis de Kafka y el Orlando de Virginia Woolf te ayudaron a la hora de reflejar esos cambios?

También el Homo ludens de Huizinga llevado, más que a la cultura intrínseca del hombre, a la necesidad de sobrevivir en un mundo implacable con los más débiles. ¿Sabes?, existen muchos autores detrás de cada poema o de cada relato, desde Pessoa o Bufalino hasta Carver, pasando por Pirandello y terminando incluso con una página que se refiere a la fórmula de Dirac.

Y las enfermedades que mencionas en el libro, ¿responden a una experiencia real?

No hablo de nada que no sepa, al menos en su esencia más ligera o como testigo. Ese consejo lo dio Hemingway en una entrevista, si mal no recuerdo. Conozco las enfermedades mentales por mi mujer y por mi padre. También por un amigo, a quien quiero como a un hermano menor, y a quien le dedico un poema dentro del libro.

Fui un animal sexual, un adúltero, un promiscuo en mi juventud. No padezco la ludopatía como la padece un personaje dentro de uno de los relatos porque no tengo dinero como para llegar a enfermarme en un casino; pero, al igual que el poeta argentino Escudero, y por simple curiosidad, he entrado alguna vez a un salón de juego.

No, no soy un especialista en la ruleta rusa como Escudero. Tampoco me he suicidado (o eso parece), y no sé si lo haré algún día, pero el suicidio es un fenómeno de rebeldía contra el mundo que me atrae muchísimo, al igual que la demencia en su estado más “mágico” o turbio, de evasión.

¿Es tu mujer la que padece depresión, verdad?

Sí, desde hace ya algunos años padece depresión y le dio también un infarto. Mi padre es bipolar y mi amigo, un esquizofrénico.

¿Y tú? ¿Padeces alguna enfermedad de las que se mencionan en tu libro?

Soy un loco que se escapó del manicomio... No, ahora en serio: tuve un tumor en la amígdala derecha, como dice uno de los personajes, pero al final el especialista me dijo que era un simple quiste y que desaparecería con el tiempo.

¿Ya desapareció?

Sí, ya solo queda una estrella blanca en el cielo de la boca.

¿Le tienes miedo a la muerte? No me respondas con las mismas palabras de Quevedo.

No, no repetiré lo mismo que dijo Quevedo, aunque por desgracia o por gracia ya nací, para bien o para mal… En la literatura todo funciona como dentro de un espejo, nada es real, ni la muerte misma… Esa fantasía que roza lo demencial o la ingenuidad es maravillosa desde mi punto de vista, ¿no? Siguiendo esa misma lógica de la demencia, esta entrevista, por ejemplo, tampoco sería real. Y ni tú ni yo existimos.


Dolan Mor, Larvalar (Editorial Candaya, Barcelona, 2022).

Clara Mesa Ochoa, poeta y narradora colombiana, reside en Medellín.  Es autora de los libros de poesía Primer vuelo (2020), Segundo vuelo: Ojos de papel (2020) y Alas mojadas: Tercer Vuelo (2022), y del libro de relatos El oficio y otros cuentos (2022).

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