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Argentina

Alberto Fernández encuentra en el kirchnerismo su nuevo adversario por el acuerdo con FMI

La vocera del presidente de Argentina ha reconocido que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner no responde las llamadas de Alberto Fernández.

Brasilia
Cristina Fernández de Kirchner abraza a su hijo Máximo Kirchner.
Cristina Fernández de Kirchner abraza a su hijo Máximo Kirchner. AFP

No le ha bastado a Alberto Fernández decir "el presidente soy yo". La respuesta del kirchnerismo este 24 de marzo fue decirle al jefe de Estado: "pero nosotros tenemos la calle". La tensión entre el mandatario y su vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, si bien tiene cocción por largos meses, ha encontrado en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un punto de ebullición.

Argentina ha presenciado una seguidilla de señales que vislumbran una ruptura en la cúpula que gobierna el país, cuando precisamente el FMI ha demandado acuerdos políticos sólidos para poder llevar adelante un programa de ajustes como parte del compromiso para refinanciar una deuda por 44.500 millones de dólares, que en 2018 contrajo el entonces mandatario Mauricio Macri.

El presidente Fernández logró reunir una base de apoyo en el Congreso, donde el peronismo ya no tiene el control político, tras perder las elecciones legislativas de medio término en noviembre pasado. Si bien se aprobó el 17 de marzo el acuerdo con el FMI, con el voto en contra de 13 senadores peronistas alineados con la corriente del kirchnerismo y que según la prensa bonaerense responden directamente a la vicepresidenta, quien ya ocupó la jefatura de Estado por dos periodos entre 2007 y 2015.

"Cuando me propusieron estar a cargo sabía que iba a tener que tomar decisiones y esperaba que me acompañaran y no me acompañaron", se quejó el presidente Fernández este martes 22 en una emisora de radio identificada con el peronismo. "Yo escucho a todos, pero el presidente soy yo y el que tiene que tomar las decisiones soy yo", remató.

La corriente del kirchnerismo, que tiene como figura emblemática a Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta y del fallecido presidente Néstor Kirchner (2003-2007), respondió con una manifestación pública, con la bandera de los derechos humanos y la memoria en torno a las atrocidades de la última dictadura militar (1976-1983), pero en el fondo fue una demostración de fuerza. El kirchnerismo tiene la calle, parece haber sido el mensaje de este jueves.

Previamente, Máximo Kirchner había renunciado a la jefatura del bloque de Diputados del Frente de Todos (peronismo), en febrero pasado, para dejar constancia de su rechazo a los términos del entendimiento entre el Gobierno de Fernández y el FMI.

Claramente el kirchnerismo ha marcado distancia con el actual presidente, que, en los dos últimos años de gestión, hasta las elecciones de 2023, deberá gobernar sin mayoría parlamentaria, aplicando un programa de ajustes económicos y teniendo a lo que fue su base de apoyo haciéndole oposición.

En septiembre del año pasado, cuando los resultados de las elecciones primarias dejaban en claro que el peronismo viviría una derrota en las legislativas de noviembre, Cristina Fernández de Kirchner manifestó su primer disgusto público con el presidente Fernández y le recordó a este que había sido ella quien lo había seleccionado para encabezar la fórmula presidencial.

Hace una semana, al ser increpada por la prensa, Gabriela Cerruti —vocera del presidente Fernández— reconoció que Cristina Fernández no le respondía las llamadas al jefe de Estado.

En 2019 la iniciativa de Cristina Fernández de sacar a Fernández de una suerte de ostracismo y devolverlo a la arena política, y con ellos reunificar al peronismo, fue una formula exitosa para evitar la relección del liberal Macri. Las encuestas dejaban constancia de que el rechazo hacia Cristina, como se le llama comúnmente en las calles del país, estaba en un punto alto y ella por sí sola no lograría volver al poder.

Aunque Alberto Fernández podría optar por la reelección en 2023, para un segundo periodo de cuatro años, esta posibilidad luce inviable si no tiene el respaldo del kirchnerismo, que sin ser todo el peronismo es definitivamente quien tiene la capacidad de movilización popular. Aun siendo una figura polémica, Cristina Fernández conserva respaldo popular.

El diario El Cronista reseñó que a la vicepresidenta sus seguidores este 24 de marzo le llamaban "La Jefa" y en varias pancartas pintadas le pedían que fuese candidata. Ella ha optado por tener apariciones públicas fugaces y ha dejado que su hijo Máximo tome la batuta. En 2023 el hijo de los dos ex presidentes tendrá 46 años y muchos analistas consideran que ya no es "el chico" de otrora y que podría ser parte de una formula presidencial.

Aunque desde el Gobierno y diversos sectores de la oposición consideran que es inevitable aplicar ajustes y resolver el tema de la gigantesca deuda con el FMI, desde el kirchnerismo sacan cuentas electorales y creen que una crisis que se agudizará en un año electoral terminará por llevarlos a una derrota segura en las elecciones presidenciales del año próximo. Y todo apunta a que dejarán solo a Alberto Fernández en la etapa final de su gestión.

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2 comentarios

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Ay, Argentina... ese tango interminable...

Es una verguenza, un bochorno nacional, que esta corrupta bandida llamada Cristina, mujer sin ética ni escrupulos, sea tan popular. Es muy decepcionante. No habla nada bien del culto pueblo argentino.