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Opinión

La empatía y la dictadura

'Lo peor que le puede pasar a un país es que sus ciudadanos pierdan la empatía. Recuperándola, le ganaremos la batalla a los malos cubanos'.

Ciudad de México
Caricatura: 'Cubantidiálogo'
Caricatura: 'Cubantidiálogo' ALEN LAUZAN

Lo peor que le puede pasar a un país es que sus ciudadanos pierdan la empatía, que no es otra cosa que la habilidad tanto cognitiva como emocional o afectiva de los individuos de ser capaces de ponerse en sintonía emocional con otros, con la intención de comprender sus sentimientos, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que sienten otros. La empatía hace que las personas se ayuden entre sí y está estrechamente relacionada con el altruismo —el amor y preocupación por los demás— y la capacidad de ayudar.

Es por eso que las dictaduras, del signo ideológico que sean, han históricamente promovido el fin de la empatía entre los sujetos de su opresión. El miedo y la necesidad de supervivencia en un ambiente adverso han sido las herramientas más eficaces de los regímenes totalitarios en la supresión de las capacidades humanas de sentir el dolor o el sufrimiento ajeno, eliminando en amplios sectores de la población el deseo de ayudar y de actuar bajo principios morales. Un individualismo atroz de sobrevivir a costa del sufrimiento ajeno, que se podría denominar antipatía social, se impone y alimenta a su vez los engranajes despóticos que mueven a los gobiernos tiránicos.

Esto explica cómo en el caso cubano, pero aplicable a otras dictaduras tanto de derecha como de izquierda, tantas personas se presten a realizar, consentir, justificar o simplemente aceptar y normalizar actos deleznables y amorales, como el asesinato, la golpiza, la tortura, el acoso, la detención arbitraria, el confinamiento forzado, el descrédito, el aislamiento social, o el exilio forzado de personas que simplemente difieren y se resisten al discurso oficial impuesto por el gobierno opresor.

La buena noticia es que la empatía es contagiosa. Basta una acción empática a nivel individual o colectivo para romper la inercia de la antipatía. Una vez esa inercia poderosa es echada a andar es imparable, y las dictaduras lo saben. Por eso arrecian la represión hacia aquellos que promueven las acciones empáticas como respuesta desesperada ante un virus de bondad. Esto explica el porqué la lectura de poesía como arma ante una injusticia, o las demandas pacíficas de artistas por libertad de expresión son consideradas como actos terroristas y desestabilizadores. Lo son para estos monstruos del egoísmo porque buscan derribar el mayor soporte de su sistema: la antipatía.

Por eso en este día de los derechos humanos, busquemos promover la empatía como arma de lucha buscando la elevación de los valores afectivos sobre el odio. Solo así le ganaremos la batalla a los malos cubanos. Llevará tiempo, pero valdrá la pena.

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3 comentarios

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Los que dicen que no se necesita empatía para cambiar Cuba que le pregunten a los que le caen a palos en la calle o le hacen actos de repudio mientras la gente pasa por su lado sin ni siquiera mirar. El dia que la gente tenga empatía, se preocupe por el que repudian o le caen a golpes y se levanta ante esas injusticias defendiendo al repudiado, ese dia empieza a caerse la dictadura. Muy bueno el artículo.

Profile picture for user Gualterio Díaz

Lo peor que puede pasarle a un país es que haya gente que piense mejorarlo convocando a la empatía.

si los " boinas negras" son muy empaticos....