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Opinión

Los gallos de San Isidro

El régimen ha agotado casi todos sus recursos antiincendios. Solo le queda la violencia para derribar lo que surja de las cenizas.

Miami
Huelga de hambre en la sede del MSI, antes de ser allanada por la policía.
Huelga de hambre en la sede del MSI, antes de ser allanada por la policía. MSI

"Hay gente haciendo todo para que este año, marcado por las angustias de una pandemia mezclada con las mil vueltas de tuerca que ha experimentado el bloqueo, termine mal para Cuba". Lo anterior es un texto publicado por Cubadebate, una de las principales trincheras ideológicas del régimen, a tono con el avatar de San Isidro. Suena a algo así como que nos quieren jorobar la poca alegría que nos queda.

Otro autor, un ideólogo-comisario, escribe que la actitud de los muchachos de San Isidro recuerda el Malinchismo, la traición de la esclava Malinalli a favor del conquistador español. Por supuesto, el autor no menciona el dato histórico irrebatible: el imperio azteca merecía eso y mucho más por su conducta genocida y tiránica con otros pueblos, y con el suyo.

Como nunca, excepto a inicios de la llamada revolución cubana, los medios de comunicación del país han desatado una ofensiva mediática contra quienes dentro y fuera de la Isla mantienen una opinión diferente al canon comunista. Como es tradicional, quienes adversan al régimen son apátridas, mercenarios, agentes de la CIA, delincuentes y enfermos mentales. Esta vez no son ni artistas.

Las páginas del diario oficial están dedicadas, casi en su totalidad, a fusilar la reputación de los jóvenes disidentes y resaltar la vigencia de lo que llaman "socialismo".

Es relativamente fácil ponerse en los pies de quienes hoy desgobiernan el país. La alegría con la cual recibieron la noticia de la derrota de Donald Trump comienza a tornarse agria. Los mismos autores intelectuales del deshielo obamista han declarado sentirse burlados con la respuesta a la apertura norteamericana. Hoy lo harían diferente por dos razones: perderían el apoyo de su partido en las próximas elecciones de medio término, y Cuba no da señales de prepararse, al menos públicamente, para una segunda temporada de derretimiento.

El régimen sabe bien la gravedad de lo ocurrido en San Isidro. Sabe, por ejemplo, que es un movimiento espontaneo, pacifico, sin agenda política definida, lo cual lo hace un blanco móvil, difuso, escurridizo. No es la disidencia habitual. No es un movimiento liderado por economistas, ingenieros, ex comunistas, abogados y periodistas que viven en Miramar, Nuevo Vedado y la Víbora. Su peligrosidad radica, precisamente, en que sus protagonistas son, casi todos, desconocidos. San Isidro no es un barrio. Es toda una ciudad. Un país en bancarrota que vive para resolver el plato de comida diario, y el vasito de leche, que nunca llega.

El régimen sabe que San Isidro no es obra del imperialismo. El miedo no es hacia los huelguistas, los yanquis, los habitantes de un barrio marginal. A fin de cuentas, estos solo tienen sus cuerpos para luchar. No hay tanques, aviones, fusiles. El terror es con los malinches que recorren el Palacio de la Revolución, los cuarteles y las estaciones de policía. Es con los intelectuales y los profesionales, frustrados porque no ven la luz: sus hijos y sus nietos viven y vivirán peor que ellos. La Malinche fue consecuencia, no causa.

El dilema de San Isidro no se trata solo de que es una chispa en un mar de combustible. Es que el régimen ha agotado casi todos sus recursos antiincendios. Solo le queda la violencia para derribar lo que surja de las cenizas. Sea de nuevo Trump, o míster Biden, el régimen enfrentara como nunca a la opinión internacional democrática, los deudores del Club de Paris, la escasez de aliados en el Continente y en Europa. Ni el Caso Padilla, el caso CEA, o la guerrita de los emails han evidenciado tanto la falta de liderazgo, la orfandad de discurso e ideas, la ausencia de un proyecto social y económico coherente, la presencia silente —y muy cabreada— de oposición dentro de sus propias filas.

La concentración de cientos de artistas y escritores en la sede del Ministerio de Cultura debería alertar a los mandantes de que se están armando consensos en la sociedad civil. Los llamados malinches parecen no querer aceptar mansamente el sacrificio de sus familiares en el Teocali insular a nombre de una casta infalible, divina, eterna. Una casta que sabe, como nadie, cuánto los desprecia la mayoría de los cubanos nacidos y crecidos bajo su férula.

San Isidro vuelve a ser historia. Esta vez no se trata de Alberto Yarini, llamado el Gallo de San Isidro por ser un famoso chulo ascendido a mito urbano después de su muerte. Los muchachos del Movimiento San Isidro no tienen armas, no son hijos de políticos, no visten con la elegancia de aquel ni practican el proxenetismo. Parafraseando a Picasso frente a los alemanes y ante la pregunta del autor del Guernica: esto lo hicieron ustedes. Gallos nuevos —y gallinas— que están cantando. Y cuando un gallo canta, muy pronto va a amanecer.

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8 comentarios

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Profile picture for user Weston

Esto es lo más importante de este artículo: " la presencia silente —y muy cabreada— de oposición dentro de sus propias filas."
Cualquier protesta, un joven solitario caminando por San Rafael con un letrero pidiendo libertad, un performance vacío de la Brugueras, o un sucio campamento de jóvenes semi-desnudos buscando cámaras, con hambre o sin ella, ayuda a mover la correlación de fuerzas dentro del gobierno a favor de cambios reales. Eso es lo que pudiera mover el país y evitar un maleconazo.

Profile picture for user Amadeus

Da igual si la huelga de hambre fue un simulacro o no; o si la abandonaron, lo importante es el hecho que revela la contestación y la protesta y que apareceen las primeras planas; eso es lo importante, que la situación en Cuba se haga visible. Esos jóvenes fueron ayer los pioneros de "seremos como el Che" que ahora se rebelan contra al totalitarismo castrista Punto.

El artículo debía llamarse Las Gallinas de San Isidro. Y no jodan más, en ese antro de pervertidos jamás hubo ni un simulacro de huelga de hambre, sólo vimos muchos mensajes ambiguos y selfies de unos atrincherados que más bien causaban risas.

Blablabla, màs de lo mismo. Ni Cuba es Tùnez, ni los cubanitos de estas generaciones tienen la disposiciòn al sacrificio del humilde vendedor de frutas que se dio candela alli! Una huelga de hambre operàtica que acabò en desalojo y abandono voluntario del ayuno, un asomo de protesta ciudadana ante el Mincult abortada por los mismos que la organizaron con sus cartas estùpidas tratando de imporner condiciones. Allà los que crean ver en estas cosas el germen de un proceso de revoluciòn. Mientras la opiniòn pùblica en Cuba continùe apoyando mayoritariamente al règimen allì no pasarà nada. Por eso la campaña en los medios es màs importante de lo que dice Almagro.

Demasiado directo su comentario al mío como para no tomarlo en cuenta y agradecerlo. Recuerde cuántos pueblos estuvieron "apoyando mayoritariamente al règimen" hasta el día anterior a la caída. Es que en los totalitarismos no es posible medir el real descontento dada la simulación para sobrevivir. Personalmente, como no tengo madera de militar, opto por la otra diplomacia, la de las palabras.

Los héroes surgen en toda generación cuando identifican la fuente del mal y desaparece la luz al final del túnel. Sin embargo, más que por la desobediencia civil, confío que la solución venga del sector reformista al entender el peligro que corren en Palacio e impulse los cambios. Es muy triste que un grupo de ancianos enfermos de épica tenga paralizada a Cuba y privada de sus derechos civiles. Saludos.

Profile picture for user Nico

Un gusto leerte.

En Cuba, como dijera Sartre, se han trastornado las nociones de lo posible con lo imposible. Hoy existe un estado del espíritu en la población que hace peligrar la obediencia civil. No hace falta recordar aquellas revueltas que estallaron por la venta de carnes podridas en Rusia, o los abusos fiscales contra las pescaderas de París, o aquel barbero etiope o el carretllero de frutas tunecino, terminando todas en revoluciones que derribaron el poder.

Hoy en Palacio se enfrentan a una situación revolucionaria que los amenaza desde las calles. Individuos humildes o encumbrados, sin nombres, acechan, prestos a dar su primer grito. Es la vieja eterna pesadilla de los gobiernos anclados en el poder a perpetuidad. Pero el peor de todos estos desosiegos para el régimen viene de sus propios hombres dentro del poder, individuos cuya inteligencia les hace sentir la necesidad de un cambio urgente para sobrevivir.

Reciba estimado doctor Almagro mi aprecio y admiración siempre por sus artículos.

Profile picture for user László

Esperanzador y optimista espero que cierto