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Crítica

Gustavo Wojciechowski: un tipo lenguaraz

El poeta uruguayo aprovecha con eficacia el balbuceo burlesco y gracioso de los nativos del sur y pone a funcionar un pastiche de dichos, frases, y construcciones lingüísticas que subvierten toda seriedad.

Santiago de Cuba
Gustavo Wojciechowski.
Gustavo Wojciechowski. Paola Scagliotti

Lengua a raz (y sus satélites naturales), el más reciente constructo del big Gustavo Wojciechowski "Maca" (Montevideo, 1956), es un esfuerzo por volver al lenguaje  inaugural de una raza, a esa zona tenaz de aprendizaje que nos enfrenta a nuestros problemas de comunicación: "Montevideo se caribó/ me brindó mi maca ron". Leí en "Migrantes en el sur" y me sentí centrocampista en este juego; un juego que apunta hacia un mundo, en el que la comunicación es ese algo que se traba y se pierde en el camino.

No analizar, sino representar. Poner en marcha una realidad que dé lugar a otras realidades, a otras formas, otro estilo. A veces nos resulta fácil rechazar una forma, un estilo. Lo difícil es entrar en el poema y  hacerlo nacer de un ritmo desafiante y complejo. Lengua a raz nos deja ver desde el inicio, el correlato de  la muerte y nacimiento de una lengua.

Gustavo Wojciechowski, es descendiente de judíos  cristianos que atravesaron "tuitos los atlánticos" y recalaron en las fangosas aguas del río de la plata, a "bordo de su colifata maleta pazza y fané". Migrantes que intentaron establecerse y levantar cabeza en un territorio que les mostraba  su rostro  ajeno y hostil. Empoderados tan solo de "una corvina  lengua/ aquella lengua la tan guardada/mudada muda que no deja de colearle/ aunque no diga ni medio padre posta/ polska cosa fiera la coriente poslkeando", lograron  abrirse paso en el oriente.

La poesía del Maca certifica la reinstalación, la insistencia, y la centralización del yo como instancia a la que el poema no puede dejar de servir. Cada pieza dejar ver la reconstrucción de  los gestos, los atributos, los nudos de una historia de desarraigo y de conquista, sin la abolición de un contexto lleno de injertos, calcos y derivaciones. Los migrantes polacos devienen americanos. Se mezclan, se borran, se convierten en portadores de una longaniza de lenguajes que dan lugar a la posesión de una lingua, franca o no: "resulta que/ G.W./ yo también soy/ G. W./ América/ no fundé un imperio/ mi rostro no sonríe/ en un billete/ pero soy/ G. W./ América", dice el Maca, ratificando las consecuencias de aquel recalo.

Maca aprovecha con eficacia el balbuceo burlesco y gracioso de los nativos del sur y pone a funcionar un  pastiche de dichos, frases, y construcciones lingüísticas que subvierten toda seriedad; nos muestran a un individuo al que le repugna comprometerse: "mezclados en el mapa/ polacos turcos armenios y tuitas las yescas del cerro/ del montevideu del güen ayre/ ventolina lenguaraz/ fugaz estrella: el cielo/te revuelvo en el guiso".

En sentido general, su poesía no canta, no se queja, no es lírica ni confesional pero no rehúye de serlo; no privilegia la sátira ni la elegía, pero sí está cargada de risa y de nostalgia. Es una poesía que reescribe una sociedad postiza, de prestado. Revela el desparpajo de un tipo que no intenta vivir el drama de su entorno, pero que tampoco se reprime hurgar en él.

Su manera de experimentar a nivel formal y de lenguaje, me recuerda ciertos poemas del Oliverio Girondo de En la masmédula (1956), donde se podía observar una voluntad plástica, que volvía los textos cada vez más abstractos y reconcentrados en la materialidad del lenguaje y en el uso de un yo deformado. También a Cummings, cuya originalidad radicó en haber expresado la potencia de un mundo propio —a ratos intraducible— a través de la desfragmentación y la subversión de la forma.

Por eso la palabra subyace: hace a la imagen; no al revés. Por eso hay un Maca de la palabra (que vierte poemas) y otro de la imagen (que diseña y crea tipografías). Para él, un libro de poemas va más allá de la disposición de los textos en la caja. Cada tomo responde a una filosofía que sincroniza tipografías, espaciados, puntajes, color de la página, diseño interior. Se asume el todo como un objeto de arte. Como pieza que trasciende sus fines literarios.

La primera parte del volumen está atravesada por excavaciones en lo que se puede llamar: descubrimiento y conformación de una lingua, a partir de la obsolescencia de una lengua ya inservible, no utilizable, como lo fue la lengua de sus ancestros. En este compartimento pueden leerse pasajes de excelencia, como este perteneciente al poema "Ne me quitte pas": "un lenguetazo el amor/ estrella/ fugaz el deseo/ (…) ahí troden tro/ seguirá moviendo el idioma de todos los idiomas/ el placer/ es lo único que merita versar/ : me mengua lenguando el guen añoro/ la doña dueña de mis sueños/ estrella fugaz el placer/ no me quitte pas/ sin lenguar".

Hay poetas que persiguen una expresión antiintelectual y alteran o modifican el uso de las palabras con el objetivo de trasvasar su cosmos personal a uno público. Se vuelve a una expresión que permite juntar aquellas palabras que creemos que son una sola pero que en verdad van separadas, y por separarlas cuando en realidad van juntas; y por transformar los verbos regulares en irregulares.

Lengua a raz es una experiencia singular de lectura donde uno se encuentra  pequeños homenajes a poetas contemporáneos que le interesan o que han motivado su escritura y también a clásicos como los miembros de la beat generation, pero de modo más explícito a Allen Ginsberg, uno de sus personajes más excéntricos: "1956/ tú aullabas/ mientras/ yo daba el primer/ lengüetazo a la teta/ de mi drema ("Así").

Moviéndose a otro extremo, echa manos  del poeta romántico francés Gerard de Nerval: "Nerval: cúmulo de nervaduras/ dura realidad que dura/ pero Gerardo no cree en deficitarias" ("Paris").

El humor que se despliega en la versificación de Maca, es materia viva del conjunto. Es la sustancia que permite narrar e historiar sin que se resienta el ritmo y la dramaturgia del volumen. Esto no es detalle simple. Ese humor —no cinismo, no ironía—, sino gracia del decir, tan reacio a tantos poetas y parlanchines, constituye el puente para la transición hacia la parte segunda y final; sesión más grave en el tono y el tratamiento de los temas. Sesión de mayor intimismo y solemnidad.

Es en esta serie de nueve poemas donde se hace manifiesta la ingle vallejiana del autor. Poemas como "Cifras": "Me quedé sin preguntarte/ a qué edad murió tía Ana/ cómo se llamaba tu hermanito que/ ninguno de los dos conocimos/ de qué parte de Italia era el abuelo/ ni cómo desentrañar el entuerto/ la espesura de la ausencia.// Desde las entrañas mismas te extraño".

O "Alpaca": "haberá malabarista de la nada/ disimulando lo que no/ hubo ni había/ plata no hay/ pero el plato/ no se ausencia niente/ yo servido como hijo/ y los posibles/ fueron posibles/ que nunca falte/ que agradecer/ lo que vendrá/ era.  

Esa conexión con el cholo, le insufla a esta parcela de cierre, un aire de añoranza, una fuerza visceral y humana que eleva el volumen. Se puede verificar el contrabandeo con el lirismo y la música triste del autor de Trilce y Poemas humanos.  Maca quiere atrapar esos momentos sin distanciarse de lo que le ha producido ese sentimiento tan personal que le anuda la lengua, y que  solo se desata en un lenguaje personal. Rompe con estructuras gramaticales, formales, pero no sentimentales. Respeta esos sentimientos; sin ellos sería vana su expresión y no prevalecería su yo ante las formas, ni se manifestaría con sus huesos y musculatura ante el lector. Leemos el último texto del libro "Morfina" y nos parece estar asomados a una ventana, a través de la cual podemos observar,  el paisaje íntimo y tenaz, que suele pervivir en un sobreviviente.


 

/ Paternos

diantes de ser abuelos aquellos que la guerra rajó
chiflándole el ombligo / vacío como un océano vacío
recalaron en estas pampas alguna américa / cualquiera
con una lengua ya inservible cuchara agujereada
gauchisáronse pa tener a resguardo sótano
con provisiones / previsiones
                                          los polacos pobres / se plantaron
todo lo que hubiera / un cacho e tierra / un gallinero / y
dieron hijos gajos juntos Félix y Anna / abuelaron
/ la cuchara de alpaca

 

/Alpaca

no somos pobres tampoco ricos / dirá mi madre
/ con su cuarto año de escuela y tuvo que pincharse los dedos
entretela y percalina / coser y sobrehilar y coser
/ cuando lo más escaso le arañe los tobillos
casi se le escapando algo por la manga ranglan /
el doble ancho de otra angustia / tendrá que cortar
otra vez contar las cucharas para llegar a fin de 31
/ remendar la semana / ya que había
vecina con una taza de azúcar / y la olla
generosa desconocerá discriminaciones / nada
se tira / tampoco nada desbordando cuando hubo heladera
/ haberá malabarista de la nada / disimulando lo que no
hubo ni había / plata no hay / pero el plato
no se ausencia niente / yo servido como hijo / y los posibles
fueron posibles / que nunca falte / que agradecer
lo que vendrá / era

 


Gustavo Wojciechowski, Lengua a raz (y sus satélites naturales) (Ediciones Yaugurú, Montevideo, 2020).

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